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11/07/2012
Relación paterno-filial IV. Enfrentamientos padre-hijo
El orden de filiación frente a las pretensiones de omnipotencia.

Hoy es muy frecuente encontrarnos con lo que podríamos llamar un "matriarcado social", matriarcado que en absoluto favorece al correcto y equilibrado desarrollo de los hijos, porque potencia personalidades individualistas y narcisistas, ya que la madre no es, por lo general, capaz de limitar los deseos de omnipotencia del niño.

El padre, sin embargo, permite al hijo adquirir el sentido de los límites, marca las prohibiciones, le sitúa en el lugar que le corresponde, le impone el orden de filiación frente a sus pretensiones de omnipotencia y le ayuda a madurar integrándose en el universo del adulto y en la realidad. El padre impone la “ley simbólica de la familia”, de tal manera que el hijo-niño con tendencia a la tiranía, comprende que no le compete a él dictar la ley, sino a otra instancia exterior representada por su padre.

El niño que no ha experimentado el conflicto edípico –chocar con el padre y sus corolarios sociales– tiene muchas posibilidades de lanzarse en su juventud a comportamientos asociales, violentos, agresivos e incluso a tendencias homosexuales. Estos jóvenes no encuentran el límite a su psicología y son violentos para ocupar, a la manera primitiva, un territorio.

La intervención del padre coloca al niño en la realidad: este niño aceptará mejor el límite, la disciplina, no será más el tirano que vemos todos los días y será, por fin, un adolescente más sereno.

Es por medio de la intervención paterna como el niño choca contra el mundo del adulto y sufre los dolores de tropiezo con una realidad –siquiera sea fragmentaria– que ya no es su propia realidad, la realidad por él creada, sino LA REALIDAD. Lo cual, sin duda, favorece la conducción de la infancia a la hombría. El padre es la “no-madre” que ha de mostrar al hijo cómo funciona el mundo y cómo ha de encontrar su lugar en él. El padre es  el “puente humano” que une al hijo con la vida pública y adulta de compromiso y responsabilidad.

Corresponde sobre todo a los padres “disciplinar” a los hijos. Diversos estudios demuestran cómo los varones responden mejor a la disciplina cuando ésta viene impuesta por otro hombre. El padre tiene un papel decisivo en el desarrollo del autocontrol y la empatía del niño, dos elementos esenciales e imprescindibles para la vida en sociedad. La capacidad de controlar impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, la capacidad de resistir los impulsos…

Es éste un componente crítico de la conducta responsable del individuo en sociedad, pero no el único. Es también necesaria la capacidad de registrar y tener en cuenta los sentimientos de otras personas, es decir, tener capacidad de empatía.

Un trabajo de investigación basado en un seguimiento de niños y jóvenes durante 26 años reveló que el mejor indicador de empatía en el adulto es haber tenido un padre involucrado. Más que cualquier variable asociada a la conducta de la madre, la empatía, que da la posibilidad de tener un buen registro del sufrimiento del otro, y así inhibir la agresión, es nuevamente un tema de función paterna.

Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y preparase para la vida adulta, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza. Y de este modo no se logran ciudadanos adultos libres y responsables.

Muchas madres tratan de evitar los “conflictos” padre-hijo, sin percibir que son procesos necesarios en la configuración de la personalidad de los varones. Su relación está sometida a competencia constante, tensión y confrontación. Cada uno intenta marcar su territorio y límites. Sin embargo, estos choques esporádicos acaban generando una unión paterno-filial fuerte y sólida cuando el chico pasa la adolescencia. Si la madre no comprende esto y los mantiene separados para evitar los conflictos estará rompiendo sin darse cuenta una fina línea de comunicación que quizá nunca vuelva a restablecerse.
 
(Fuente: temesdavui.org)
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