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11/07/12
El bosón de Higgs. Qué interesante es hablar de lo que nadie entiende.
La semana que viene ya no hablaremos del bosón, ni de Higgs, ni de la antimateria, pero hoy estamos todos encantados de lo bien que lo hemos hecho. A disfrutar

Interesante fenómeno de opinión pública. Hoy en las conversaciones de café europeas   la gente habla, entre bromas, de ese descubrimiento increíble que nos ayudará, ni más ni menos, a la “comprensión del universo” y que ”nos abre las puertas del mundo subatómico” (El País) después de “una aventura de más de 20 años” (Le Monde), que nos ha llevado a ese “Momento Eureka” que hizo que el “futuro Nobel” Peter Higgs rompiera a llorar (The Times).

No tenemos ni idea de lo que hablamos, pero hablamos de ello.

Todos sentimos fascinación por lo que ni se ve ni se entiende. “La partícula de Dios”, “el bosón,” la “antimateria,” el “big-bang”… fascinante precisamente porque para el común de los mortales es difícil de entender.

Las buenas historias tienen esas tres fases: comienzo, desarrollo y final. En este caso, las fases están muy bien definidas. Desde que el tal Higgs, un venerable científico de avanzada edad, formulara su hipótesis, hasta ayer en que los científicos en Ginebra dieron su aplauso cerrado, han pasado casi cincuenta años de investigación con un montón de científicos trabajando en sitios distintos. Por cierto, la hipótesis fue formulada por seis investigadores, pero hablar del “bosón de Kibble, Guralnik, Hagen, Higgs, Englert y Brout,” sería un crimen. Que lo dejen en el “Bosón de Higgs,” que cabe en un titular y está fenomenal.

Sería terrible haberse gastado 6.000 millones de euros en un acelerador de partículas, un tunel de casi 30 kilómetros y miles de salarios de investigadores y no ofrecer resultados más o menos “tangibles.” El CERN, recuérdese, anunció hace unos meses que la teoría de la relatividad de Einstein quedaba refutada, y que probablemente podríamos viajar a través del tiempo (literalmente). Luego tuvo que desdecirse. El experimento estaba mal hecho.

La Iglesia Católica salió rápido a explicar que la partícula de Higgs no era contradictoria con la existencia de Dios. Un interesante debate en el que la gente se siente  proclive a participar,  aunque sea dando vueltas sobre un asunto sin salida.

Los periódicos se llenaron de imágenes que tratan de explicar lo invisible, con metáforas como la de la sardina y la ballena o el hipopótamo en el agua… Buen objetivo para periodistas y “todólogos” y buen material de entretenimiento: hacer mínimante comprensible lo que nadie entiende, excepto Higgs, sus colegas y quizá un par de cientos de los mil que había sentados en Ginebra.

El atajo de confiar en los expertos es inapelable. Si mil físicos de todo el mundo  hacen noche a las puertas de la sede del CERN en Ginebra, abarrotan la sala y terminan con un aplauso, eso debe ser algo grande. Aunque mañana ya la cosa no vaya a más para la gente corriente, confiamos en que esos tipos sepan de qué hablan.

Y una excelente comunicación bastante fácil de conseguir,  porque el asunto tiene ribetes de ciencia ficción muy atractivos: esos mil científicos campechanos reunidos con la presencia de Higgs, los esquemas y las explicaciones preparados, la entrevista con Higgs en The Times, los portavoces por países… Va a ser que el CERN necesita un Nobel.

La semana que viene ya no hablaremos del bosón, ni de Higgs, ni de la antimateria, pero hoy estamos todos encantados de lo bien que lo hemos hecho. A disfrutar

Todo lo anterior es más o menos lo que venía a decir El 5 de Julio, Luis Arroyo: uno de tantos miles de sorprendidos con el efectazo que había tenido el Boson de Higgs. Tan pequeñito, y nos trae a todos en jaque. El post de Luis, como siempre, combinaba el ingenio con lo interesante y con lo curioso. Siempre se agradece que alguien nos saque de la termomix en la que nos meten los periodistas.

¡Ah!, y sobre el peculiar nombre:«La partícula de Dios”, remitimos a un interesante artículo de Aceprensa:

 

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