Una de los argumentos más usuales en contra de prohibir la prostitución es que, legal o ilegal, este negocio seguirá existiendo. Un razonamiento parecido han hecho algunos de los habitantes de Rasquera, el pueblo de Tarragona que acaba de aprobar en referéndum la plantación de cannabis en sus tierras. Uno de los votantes del “sí” declaraba al periódico El País: “No estoy de acuerdo con las drogas, pero de lo contrario las plantaciones irán a otros pueblos; para eso, que se queden aquí”.
Otro de los recursos retóricos para amparar el dinero del vicio es utilizar expresiones que soslayen la cruda realidad del negocio. Se utilizó en La Junquera cuando se hablaba de “locales de ocio nocturno” para referirse a los burdeles. También ha ocurrido en Rasquera: la pregunta para votar sí o no a los cultivos de cannabis estaba redactada en unos términos bastante oscuros: “¿Estás de acuerdo con el desarrollo del plan anticrisis 2012, aprobado por el Ayuntamiento de Rasquera en la sesión plenaria del 29 de febrero?”. Además de opaca, la pregunta parece pensada para inclinar hacia el “sí”, por la alusión a medidas contra la crisis económica.
Otra fuente de “viciodólares” son los casinos. Últimamente, el nombre de moda es Eurovegas, el enorme complejo recreativo que el magnate Sheldon Adelson –dueño de gran parte de los casinos de Las Vegas– se ha propuesto construir en España. Madrid y Barcelona se han ofrecido como sedes ante las generosas promesas de Adelson: Eurovegas generará 164.000 empleos directos y 97.000 indirectos, según los cálculos de Boston Consulting, empresa a la que Adelson encargó una estimación. El complejo albergará, cuando se terminen todas las fases del proyecto, 36.000 plazas hoteleras, además de 5 casinos, varios campos de golf y un enorme teatro. El nombre no engaña: Eurovegas pretende convertirse en Las Vegas del Viejo Continente.
Por eso mismo, vale la pena echar un vistazo a Las Vegas originales, en el estado de Nevada, y más en general a las ciudades norteamericanas que han hecho del juego una de sus principales fuentes de ingresos.
Uno de los mayores obstáculos al analizar el impacto de los grandes casinos es la dificultad para medir los costes sociales, al menos en términos que puedan ser comparados con los beneficios económicos a corto plazo, como el turismo o los nuevos puestos de trabajo generados por estos macrocomplejos. Desde hace más de 15 años, el debate sobre el juego ha sido planteado frecuentemente en Estados Unidos. También en Canadá, el Canadian Consortium for Gambling Research ha estudiado a fondo la cuestión.
Quizás, la iniciativa más conocida para evaluar los beneficios y los costes del “living Las Vegas” fue la creación en 1996 de una comisión nacional (NGISC: National Gambling Impact Study Commission) por parte del entonces presidente Bill Clinton. Tres años después, la comisión publicó su informe: en él aclaraba que aún faltaba mucha investigación para poder dar un veredicto definitivo, pero aun así recomendaba que se aplazaran los proyectos de apertura de casinos que varios estados estaban considerando.
Este informe destacaba, por ejemplo, cómo la posibilidad de convertirse en un vicioso del juego (las categorías que el estudio denomina jugador con problemas y jugador patológico) aumentaba en más de un 75% si se vivía a menos de diez millas de uno de estos casinos gigantes. También señalaba que un 13% de los clientes habituales de estos casinos terminan por desarrollar ludopatía. Según la American Psychological Association, entre un 2% y un 4% de los adultos norteamericanos tienen un problema de adicción al juego; en estados volcados con la industria de los casinos como Oregón, Mississippi, Louisiana o Nevada el porcentaje dobla ampliamente a la media nacional.
La relación del juego con el comportamiento delictivo parece bastante clara según la mayoría de los estudios, aunque otros aclaran que las cifras de jugadores patológicos tienen que ver también con otros factores: por ejemplo, dicen, las ciudades del este tienen en general una tasa de criminalidad más alta. También se señala que la cantidad de delitos tiene más que ver con el turismo que con la propia actividad del juego.
Con todo, algunos datos aportados por la NGISC son muy significativos. Por ejemplo, el porcentaje de los que han sido arrestados alguna vez en su vida aumenta según su mayor relación con el juego: son el 4% de los no jugadores, el 10% de los jugadores ocasionales, el 21% de los jugadores frecuentes y más del 30% de los jugadores con problemas y de los jugadores patológicos.
Se podría pensar que el aumento en el porcentaje de los detenidos no tiene por qué suponer que lo hayan sido por su relación con el juego. Sin embargo, otros datos confirman que, si el juego no es la causa directa, al menos sí cabe formar un perfil del jugador como un ciudadano poco ejemplar –y, desde el punto de vista económico, bastante gravoso para la sociedad–.
Un 19% de los jugadores patológicos y un 10,3% de los jugadores con problemas ha estado en bancarrota alguna vez en su vida, por solo un 3,9% de los que no juegan nunca o casi nunca; un 16,1% de los problemáticos había consumido drogas más de cinco veces en el año en que se realizó el estudio (1999), por solo un 2,4% de los no jugadores y un 5,1% de los jugadores ocasionales; los patológicos y los problemáticos también pierden con más frecuencia sus trabajos, sufren más episodios depresivos, desarrollan más trastornos maníacos y se divorcian tres veces más que los no jugadores. Además, un 20% de los adictos al juego comete suicidio, un porcentaje superior al de cualquier otra adicción.
Si se estudia el impacto de la industria de los casinos en ciudades o estados concretos, los resultados son igualmente reveladores. El estado de Nevada, donde se encuentra Las Vegas, tiene la mayor tasa de desempleo de Estados Unidos, es el estado con más ejecuciones hipotecarias por viviendas y detenta una de las tasas de criminalidad más altas. En Atlantic City (Nueva Jersey), los suicidios aumentaron abruptamente coincidiendo con la apertura de varios macrocasinos.
El informe de la NGISC no hace un cálculo global entre beneficios económicos y costes sociales de los casinos, pero lo han intentado otros investigadores. Los autores del estudio Business profitability versus social profitability, dos profesores de economía de las universidades de Illinois y Georgia, estiman que los costes sociales de la industria del casino son 1,9 veces mayores a los beneficios económicos que producen.
(Fuente: Aceprensa) |