| El sexagenario Donald Sully Sullivan es un trabajador de la construcción que sigue siendo tan animado, encantador, adulador y rebelde como cuando era joven. De hecho, el mayor problema de Sully es que se niega a crecer y por ello ha abandonado sus responsabilidades familiares. Además de unos diálogos muy brillantes y de una sobresaliente definición de personajes, el guión de Benton ofrece reflexiones certeras sobre el drama del divorcio, las relaciones padres-hijos, el papel de los abuelos, el valor de la amistad y de la solidaridad, y el sentido del trabajo. El enfoque realista de estos temas resulta un tanto agridulce, aunque acaba dominando la historia un agradable optimismo, lleno de humanidad, que defiende decididamente la capacidad de redención del ser humano. Esta atractiva conjunción de elementos sólo desentona, por exceso, en algunos breves pasajes: por el lado idealista, se cae a veces en el sentimentalismo; por el realista, se recurre en ocasiones a diálogos o situaciones groseras, como en la partida de cartas final, cuyo exhibicionismo erótico resulta ridículo. |