Sinopsis:
La novela es la invención de la vida no vivida de un niño judío, de nombre Hurbinek, que muere en Auschwitz a la edad de tres años. Mencionado en "La tregua" de Primo Levi como alguien de quien no se sabe nada en absoluto, en "El comprador de aniversarios" García Ortega hace una recreación de los años anteriores al nacimiento de Hurbinek y de los posteriores, en los que se cuenta cuál habría sido su vida, de haber sobrevivido. La novela se convierte en una sobrecogedora fábula de todo lo que rodeó la funesta historia de Auschwitz y el Holocausto, y deja sin aliento al lector.
El lector, atrapado por una narración absorbente, percibirá asombrado que nada de lo que ha leído hasta ahora se parece a esta novela.
Crítica:
Adolfo García Ortega (Valladolid, 1958), director actual de la editorial Seix Barral, ha obtenido el Premio Dulce Chacón de narrativa con El comprador de aniversarios.
Su inspiración fueron unas breves líneas en La tregua, de Primo Levi.
La obra es una fábula sobre Hurbinek, un niño de tres años que murió en el campo de Auschwitz sin que nada se supiese de él, salvo que tenía las piernas atrofiadas y que su mirada era su único asidero a la vida. Hoy tendría tendría 59 años. El autor nos cuenta aspectos de su vida desde que nació e intenta imaginar qué habría sido de él si hubiera sobrevivido. De esta forma, nos acerca al "horror en su estado más puro", como ha señalado el mismo autor.
Lo novedoso del libro es que está escrito no por un testigo directo de la masacre nazi, sino por un espectador, por así decir, extranjero que se conmueve ante el holocausto judío, sobre todo de víctimas como la representada en este niño.
En palabras del escritor y académico Antonio Muñoz Molina, es "un nuevo tipo de novela en la que el autor utiliza la imaginación como conocimiento y cumple legendarias funciones de este género literario, como hacer héroes de gente marginal y de personas sin nombre ni voz, y contar lo que no pudo ser contado".
No tiene la fuerza de los testigos directos, ni tampoco hay referencias a Dios; sin embargo, ayuda a despertar la conciencia de horrores cometidos por el hombre contra el mismo hombre: “Es fácil matar a un niño, es más fácil aún matar a miles de niños, pero no es nada fácil eliminar la memoria de los niños, cuando son masacrados. No sé la razón, a veces creo que es porque las vidas de los niños muertos son vidas no vividas que han de cumplir su existencia como fábula, en una especie de limbo sin tiempo ubicado en la historia, y cuya presencia irredenta vuelve para cobrarse una venganza justa. Si de verdad creyera en los fantasmas, sólo creería en los fantasmas de los niños masacrados”.
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