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Introducción.
La palabra a. procede del latín abortus o aborsus, derivados de ab-orior, opuesto a orior, nacer. Aplicado con frecuencia en la literatura latina al ocaso de los astros, ese término significa la muerte o la desaparición prematura, y ahora se utiliza prevalentemente para designar la expulsión prematura de un embrión o feto (v. EMBRIOLOGÍA II) no viable. Es de notar que la importancia médica, jurídica y ética del a. humano no reside materialmente en la expulsión del producto de la concepción, sino en su muerte; si se define el a. por el hecho de la expulsión, es por ser éste el más aparente, y porque -tratándose de un feto no viable- la expulsión del seno materno va unida a la muerte del embrión: bien porque la expulsión sea la causa misma, o bien porque -una vez muerto el feto- el organismo materno tiende a desembarazarse de la materia muerta, y la expulsa. De ahí, p. ej., que el a. voluntario sea en esencia un homicidio (v. HOMICIDIO II) y pueda cometerse aun antes de que el embrión ya muerto sea expulsado, e incluso sin que externamente se presenten las características del a., como sucede, p. ej., en los que se efectúan en los primeros días o incluso en las primeras horas después de la fecundación (v.).
A continuación se hace un estudio del tema desde el punto de vista médico, jurídico y moral.
I. MEDICINA. Desde el punto de vista médico, a. es la interrupción prematura del embarazo (v.), concretamente antes de la 28 semana de su evolución; a partir de esa fecha se habla de parto (v.) prematuro, puesto que el feto es ya viable. En realidad, como ha dicho, se debe definir el a. como interrupción del embarazo con muerte fetal, pues no interesa tanto el criterio temporal (existen interrupciones de embarazo a las 22 semanas con feto vivo) sino el resultado pretendido o no de la interrupción: la muerte del feto.
Sus formas. Se distinguen tres formas de a.: 1) espontáneo; 2) provocado; 3) terapéutico. El primero es secundario a lesiones maternas u ovulares que provocan alteraciones que pueden conducir al defectuoso desarrollo e incluso a la muerte del huevo, en cuyo caso éste es expulsado espontáneamente. En general se expulsan completos, pudiéndose observar con cierta frecuencia lesiones placentarias que alteran la nutrición fetal, dificultando su desarrollo y conduciendo a la muerte del mismo. En estos casos se expulsa el huevo rodeado de la masa placentaria en mayor o menor extensión, según el tiempo de su desarrollo; es más extensa cuanto menos desarrollada está.
Si ocurre en las primeras seis semanas de embarazo se expulsa el huevo completo, en el que existe el embrión rodeado de la placenta (v. EMBRIOLOGÍA II) y las membranas ovulares. Cuanto más avanzado sea el embarazo. el desarrollo de la placenta es mayor en espesor y menor en extensión (fig. 1).
En el a. espontáneo lo difícil es el esclarecimiento de las causas que lo han determinado, pues además de las maternas y fetales adquieren gran importancia los factores genéticos de orden hereditario y muchas veces otros relacionados con el sexo.
El a. provocado constituye un acto criminal. Por ello está prohibido por la ley en la mayoría de los países (v. II) y no es aceptable desde el punto de vista médico ni moral (v. III). En el primer aspecto, ordinariamente es el que da lugar a complicaciones y problemas a veces graves. Tanto es así que, mientras el a. espontáneo plantea el problema de conocer su origen o causa, el provocado plantea el de su evolución, con los peligros que acarrea.
En la terminología médica y jurídica de algunos países se denomina a. terapéutico a aquel que se provoca para evitar los riesgos, reales o supuestos, en una mujer cuyo embarazo puede comprometer su salud. Este tipo de a. desde el punto de vista moral merece la misma consideración que el provocado (v. III). Hay que decir además que esas supuestas razones médicas en realidad son prácticamente inexistentes: Son tales los adelantos de la ciencia médica que puede afirmarse que hoy día no existen prácticamente casos en los que una mujer embarazada, bien cuidada, no sea capaz de llevar adelante la gestación.
En el momento actual son muy frecuentes los a. espontáneos y provocados, los cuales, juzgados desde el punto de vista médico, social y moral, conducen a las siguientes conclusiones:
1) Desde el punto de vista médico, el a. espontáneo plantea el problema de su origen y pronóstico. En cuanto a su evolución es benigno. El a. provocado crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, desde el punto de vista del pronóstico, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de complicaciones genitales (amenorreas persistentes, procesos inflamatorios tubo-ováricos, esterilidad secundaria).
2) Desde el punto de vista social, el a. espontáneo es una enfermedad, mientras que el provocado es un crimen.
Sus fases. Clínicamente en el a. cabe distinguir dos fases: el periodo inicial o de amenaza de que se produzca, en el que aparecen pequeñas metrorragias (hemorragias fuera del periodo menstrual) indoloras acompañadas, en algunas ocasiones, de discreto dolor discontinuo y en relación con la aparición de ligeras contracciones uterinas. Durante este periodo no se aprecia todavía modificación del cuello uterino, el cual permanece cerrado y con aspecto normal. El a. en plena evolución está caracterizado por la aparición de metrorragias cada vez más intensas, el dolor aumenta en intensidad y frecuencia y está en relación con el incremento de las contracciones del útero. En este periodo de evolución aparecen modificaciones de cuello (acortamiento y dilatación progresivo), cuya significación clínica es grave en cuanto a la evolución del embarazo, pues nos indica la tendencia a la expulsión del huevo. Es decir, el primero constituye la fase de amenaza y el segundo la de a. inevitable.
El mecanismo de la expulsión del huevo es diferente según se trate de un huevo de 1 a 8 semanas o de 8 a 24. En el primer caso se expulsa el huevo rodeado de vellosidades coriales que le confieren el aspecto de una castaña, y en el segundo se desarrolla la placenta en espesor, pero disminuye en superficie. En este momento aparecen las membranas con el líquido amniótico en su interior, el cual va en aumento. Por ello, en estos casos la expulsión puede tener lugar globalmente, es decir, con la placenta, membranas ovulares íntegras y en su interior el embrión, o bien puede tener lugar la rotura de las membranas con la expulsión del líquido amniótico y, por tanto, la rotura de las membranas ovulares significa que el a. es inevitable.
El origen del a. espontáneo puede ser materno o fetal. Los factores maternos pueden ser de origen genital: anomalías del desarrollo del aparato genital, tumores genitales, sinequias uterinas, secundarias, muchas veces, a legrados uterinos y otras a lesiones tuberculosas de endometrio (v. EMBARAZO I), alteraciones de orden funcional del istmo uterino, el cual permanece entreabierto; de orden general: sífilis (cuarto-quinto mes), infecciones agudas (gripe, colibacilosis, tifoidea, incompatibilidad sanguínea feto-materna del sistema Rh, diabetes, cardiopatías, hemopatías, síndromes vasculorrenales, hipertensión, nefritis crónica), alteraciones endocrinas y traumatismos.
Las factores fetales tienen también interés y entre ellos deben destacarse las anomalías de la inserción placentaria, alteraciones degenerativas de las vellosidades coriales (mola vesicular, fig. 2), malformaciones ovulares o embrionarias, que alcanzan la cifra de 48% según Hertig, las cuales se estima que están en relación con la célula ovular o del espermatozoide (esta última en caso necesario puede estudiarse con facilidad), déficit vitamínico en la alimentación, alteraciones genéticas frecuentemente relacionadas con el sexo, etc. No es raro el hallazgo de modificaciones cromosómicas que se pueden observar en el estudio del cariotipo (dotación normal de los cromosomas).
Terapéutica. Diagnosticado el a. se plantean varios problemas: 1) La determinación de si se trata de un a. espontáneo o provocado. 2) En el primer caso saber exactamente si está en la fase de amenaza o de a. inevitable. Si se está en fase de amenaza hay que observar reposo general, genital y, además, tratamiento adecuado según sea su origen. Posteriormente al a., deberá someterse a la enferma a un examen completo, para tratar de conocer la causa de la interrupción de la gestación y obrar según sea el resultado. En el segundo caso, pensar siempre en las posibles complicaciones, desde la perforación del útero hasta la aparición de procesos infectivos, a veces graves y siempre enojosos. Los antibióticos (v.), unidos a los occitócicos, ayudarán extraordinariamente a solucionar el a. provocado con retención placentaria.
Únicamente se deberá proceder al legrado uterino en aquellos casos con retención placentaria posta-bortum, acompañada de metrorragias que indiquen la necesidad urgente de extracción de aquéllos, como un medio eficaz de evitar la hemorragia (v.), pero en los que no exista fiebre secundaria a un proceso séptico genital. En este último caso, la enferma deberá ser sometida a un tratamiento previo con antibióticos y occitócicos, hasta lograr que la curva de temperatura sea normal. En casos de perforación de útero, algunas veces mediante el empleo de antibióticos asociados con occitócicos, podrá evitarse el tratamiento quirúrgico radical, pero en otros será inevitable.
Consideramos necesario aludir también al llamado a. diferido o missed abortion. En realidad, se trata de la presencia de un huevo muerto durante los primeros meses de la gestación, retenido en el útero. Puede ser secundario a las causas que provocan la muerte fetal y también, cuando se produce en las primeras fases de desarrollo, puede desaparecer el embrión y formarse una mola carnosa que ordinariamente se expulsa espontáneamente. En este caso siempre debe esperarse la expulsión espontánea del huevo muerto, salvo en aquellas ocasiones, poco frecuentes, en que pueden surgir complicaciones hemorrágicas que obligarán a un tratamiento con antibióticos asociados al uso de occitócicos, es decir, estimulantes de la contracción uterina, ya sea por vía oral o mediante inyección fraccionada o perfusión por vía endovenosa.
V. t.: EMBARAZO I; EMBRIOLOGÍA II; REPRODUCCIÓN II. |