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1. El concepto de movilidad social. Es un viejo tema de la historia de Occidente, pero en el sentido en que emplean el término los sociólogos es un fenómeno característico de la sociedad industrial. Esta delimitación histórica del ámbito de la m. ha influido en la definición y evolución de fondo que experimentó el concepto en los últimos 50 años. En su estudio Movilidad y estratificación social (México 1927), Pitirim Sorokin (v.) definía en sentido amplio la m. como «la transición de un individuo, objeto o valor social -cualquier cosa que haya sido creada o modificada por la actividad humana- de una posición social a otra» (145). Posteriormente el autor se desentiende de los «objetos y valores sociales» y reduce el fenómeno «al paso de un individuo de una posición social a otra en una constelación de grupos y estratos sociales» (Sociedad, cultura y personalidad, Madrid 1960, 620). Este es, con ciertas matizaciones, el punto de vista más generalizado entre los sociólogos actuales.
Algunos acentúan el hecho de que las posiciones sociales están polarizadas en determinadas variables o dimensiones que tienen carácter estructural y describen-la m., como S. M. Miller, K. Joung, R. Mack o S. M. Lipset, diciendo que es «el movimiento de personas, individuos o grupos a través de la estructura social» (S. M. Miller, The Concept and Measurement of Mobility, en transactions of the Third World Congress of Sociology, III, Londres 1956, 144-154). Otros especifican cuáles son estas variables: S. M. Miller estima que «la movilidad implica un movimiento importante en el orden económico, político o social», y S. M. Lipset y H. L. Zetterberg hablan de la ocupación, el consumo, la clase social, el poder y la autoridad como «dimensiones de la movilidad» (A Theory of Social Mobility, en Transactions of the Third World Congress of Sociology, III, Londres 1956, 155-177).
La mayor parte de los sociólogos tienen también en cuenta la cultura social, esto es, el hecho de que las posiciones sociales están valoradas y jerarquizadas socialmente en una escala de prestigio. «El término movilidad social -dicen S. M. Lipset y R. Bendix-, hace referencia al proceso por el cual los individuos se mueven de una posición a otra en la sociedad, posiciones que por acuerdo general tienen valores jerárquicos específicos. Cuando estudiamos la movilidad social, analizamos el movimiento de los individuos desde posiciones que poseen cierto rango a posiciones más altas o más bajas en el sistema social» (Movilidad social en la sociedad industrial, Buenos Aires 1963). Así también B. Barber, A. M. Rose y otros muchos.
Finalmente, otros sociólogos destacan los aspectos psico-sociológicos y estudian la m. como un fenómeno humano que se produce a consecuencia de una decisión personal de cambiar de posición, tomada por individuos que interiorizan ciertos valores y disponen de un limitado repertorio de posibilidades de cambio. Está, pues, superada la pretensión de algunos sociólogos que consideran la ocupación como índice único de la «posición total» y reducen la m. s. a la m. ocupacional.
La m. s. aparece actualmente como un fenómeno pluridimensional que debe ser estudiado en múltiples aspectos distintos y complementarios. Podemos integrar todos estos aspectos en una definición de carácter sintético, diciendo que la m. s. consiste en un proceso por el cual los actores sociales, individuos y grupos, se trasladan en un tiempo y espacio dados de unas posiciones a otras según las variables que constituyen la estructura social (v.) y en el sentido que imponen la misma estructura social, la cultura y las motivaciones psicológicas.
2. Clases de movilidad social. La literatura sociológica sobre la m. destaca la unidad de análisis, el móvil social, el actor que cambia de posición y puede ser un individuo, una familia, un grupo, una comunidad, y distingue la m. individual de la m. colectiva. De acuerdo con la variable o dimensión estructural en que acontece el cambio, se habla de m. ocupacional para referirse al desplazamiento de los actores sociales de una rama de actividad o de una categoría laboral a otra, se aplica el término de m. económica a los cambios de posición en la estructura de la renta, del consumo y en los mecanismos económicos en general, y el de m. política si el desplazamiento posicionel se produce en relación a las instituciones, las afiliaciones políticas, la administración o los partidos.
Las investigaciones señalan también el sentido de la m., es decir, el hecho de que las posiciones sociales están valoradas y se ordenan socialmente de arriba abajo en una jerarquía de prestigio (v. ESTRATIFICACIÓN SOCIAL). Cuando los actores sociales cambian de unas posiciones a otras que tienen el mismo prestigio, la m. se dice horizontal; si su prestigio es diferente, se trata de m. vertical. Ésta, a su vez, puede ser ascendente o destendente, según que el desplazamiento sea respectivamente hacia posiciones más altas o más bajas en la escala de estimación común. Teniendo en cuenta los estímulos inmediatos de la acción, se distingue la m. objetiva de la m. subjetiva: la primera es la que acontece de hecho; la segunda es la deseada, la que el actor quiere realizar según sus tendencias, actitudes y su estimación de las oportunidades de promoción personal. Por último, la m. acontece en un tiempo y espacio dados. Si el cuadro de referencia es el espacio, se habla de m. geográfica o espacial. Ésta puede implicar el cambio de residencia a otra área cultural con cierto carácter permanente o no; en el primer caso se produce una migración; en el segundo, m. geográfica en sentido general. En relación con el tiempo, la m. puede ser intrageneracional, cuando el periodo considerado es el que corresponde a una generación y se comparan las posiciones que los actores han recorrido durante ella, e intergeneracional, si los periodos considerados son más amplios y se comparan las posiciones ocupadas por personas pertenecientes a generaciones distintas, generalmente padres e hijos.
Las formas de m. son, pues, en esquema, las siguientes: según la unidad de análisis: individual o colectiva (familia, grupo, comunidad). Según la dimensión o variable en que se produce: ocupacional, económica, política, religiosa. Según la dirección o sentido: horizontal, vertical, vertical ascendente, vertical descendente. En relación al espacio: m. geográfica, migración. En relación al tiempo: intrageneracional, intergeneracional. Según los estímulos: objetiva y subjetiva.
Conviene establecer no sólo la cantidad o proporción de personas que se mueven horizontal o verticalmente en cada una de las dimensiones, sino también la distancia que recorren, el número de posiciones hacia arriba o hacia abajo que ocupan sucesivamente; porque, como advierten Ch. Westoff y otros sociólogos, «la sola cantidad de los que abandonan un estrato o nivel (out-flow) y penetran en otro (in-flow) puede sugerir una apertura mayor de la que existe realmente en una sociedad, si se tiene en cuenta la distancia recorrida».
La m. s. se distingue conceptualmente de la promoción social (v.) que hace referencia a la elevación general del nivel de vida de los grupos y comunidades humanas por una más amplia participación en los bienes de la cultura y del confort.
3. La movilidad social en la sociedad industrial. El esquema de las formas de m. sirve de guión para exponer ordenadamente las conclusiones generales de los sociólogos sobre las características que ofrece el fenómeno en las sociedades modernas. Conviene señalar desde el principio que la mayor parte de las investigaciones se ocupan de la m. s. de los individuos, y que la familia, los grupos o la comunidad aparecen más como cuadros de referencia que como unidades de análisis.
Sin embargo, algunas características de la familia (v.) están especialmente vinculadas a la m. s. LL. Warner y P. S. Lunt señalan, p. ej., que en Yankee City, la ciudad norteamericana que les sirvió como campo de trabajo, el ascenso a un nivel alto en la jerarquía de prestigio está condicionado por el grado de abolengo de la entidad familiar o el clan de origen, mientras que a niveles inferiores la intercomunicación entre familias se apoya menos en factores de parentesco. Los estudios realizados por E. Litwak sugieren que la familia prolongada es más fácil a la m. ocupacional y funcional que la familia nuclear aislada (Occupational Mobility and Extended Family Cohesion, ASR 25, 1960, 21), y los de R. Curtis demuestran que la movilidad económica ascendente de las familias está asociada a la estabilidad ocupacional de las mismas; «los ingresos de los cabezas de familia estable tienden a ser más altos que los de cabezas de familia móvil hacia arriba o hacia abajo, y la relación emerge progresivamente con el aumento de edad» (Income and Occupational Mobility, ASR 25, 1960, 727). En términos más generales, y teniendo en cuenta la evolución histórica de algunas grandes familias europeas, explica J. Schumpeter los cambios de posición como consecuencia del diferente grado en que están cualificadas para resolver los problemas que les plantea el contorno situacional: «Las clases o grupos suben o bajan de acuerdo con el éxito que tienen en el desarrollo de su función propia y de acuerdo con la subida o bajada de la significación de su función o de las funciones que los miembros de la clase quieren o son capaces de aceptar» (Imperialismo y clases sociales, Madrid 1965).
La literatura sociológica se ocupa fundamentalmente de la m. de los individuos en la estructura de las ocupaciones. Este tipo de m. está asociado a la industrialización (v. INDUSTRIA; INDUSTRIALISMO) y se presenta, en primer lugar, como un aumento del número de personas que ejercen actividades de trasformación y de servicios, e, inversamente, como una reducción constante de las que se ocupan en el sector primario. Este proceso se desarrolló masiva y aceleradamente en los últimos años, de manera que la proporción de personas ocupadas en actividades primarias en los países más avanzados representa en 1967 menos del 15% de la población activa total.
Pero la industrialización implica además que ciertas posiciones se destacan como funcionalmente más importantes o más estimadas y los individuos tienden a ocuparse en ellas. Así sucede que en los países industriales aumenta el porcentaje de trabajadores especializados, semiespecializados, administrativos y profesionales, y que otros grupos decrecen o se estabilizan en su importancia numérica. A. J. Reiss señala que la proporción de profesionales y de semiprofesionales en el conjunto de la población activa de Estados Unidos ascendió de 4,3% en 1910 a 7,2% en 1950; la de administrativos y vendedores pasó de 2,9% en 1870 a casi 5% en 1950; la de obreros semiespecializados lo hizo de 14,3% a 20,9% en el mismo periodo de tiempo; los especializados y los capataces mantuvieron una proporción estable de 11,3% y 12,9% entre las mismas fechas, y los no especializados descendieron de 21% a 17,5% de la población activa en la misma época. Se calcula que desde 1947 a 1957 el total de empleados técnicos y profesionales aumentó en un 60% y en un 43% en los diez años siguientes, con una velocidad dos veces y media superior a la del sector obrero (A. J. Reiss y P. K. Hatt, Cities and societies, Glencoe 1957, 424-431). A conclusiones semejantes llegan N. Rogoff en su estudio sobre Indianápolis y otros investigadores de Gran Bretaña, Suecia y diferentes países europeos.
También se produjo en España un trasvase masivo de población del sector primario al secundario y terciario durante el s. XX, y el crecimiento de ciertos sectores ocupacionales y reducción de otros. La proporción de profesionales, técnicos y asimilados pasó de 3,3% en 1950 a 4,1% en 1960; la de vendedores de 3,2% a 6,1%, la de transportistas y empleados en comunicaciones de 1,8% a 4%; la de artesanos y empleados en la producción de 24,2% a 26,3%; la de empleados de servicios, deportes, etc., de 7,3% a 8,3%. En sentido inverso, disminuyó el porcentaje de administradores, gerentes, empleados de oficina, de 7,3% a 6,8%; el de agricultores, ganaderos, etc., de 48,5% a 39,8%; la de los miembros de las Fuerzas Armadas de 1,8% a 1,2% y permaneció prácticamente estable el de mineros y asimilados, 1,4% y 1,5% respectivamente (Instituto Nacional de Estadística, Censo de la población y de la vivienda, Avance 1960, Madrid 1962).
Este tipo de m. y su importancia «se induce estructuralmente» como afirma N. Rogoff, pero el fenómeno se presenta también en forma de desplazamiento de los actores sociales a través de la estructura considerada como estable. En este sentido, la m. se diversifica según la naturaleza de las posiciones por las que pasan los individuos, el número de cambios de posición de uno u otro tipo y el tiempo durante el cual se producen esos cambios. M. Lipset y R. Bendix señalan en relación con la m. intrageneracional que, aunque existen muchos desplazamientos de un grupo ocupacional a otro, especialmente en los estratos inferiores, éstos se dan en su mayor parte dentro de grupos de status similar. Los trabajadores manuales pasan el 80% de sus carreras laborales en ocupaciones manuales y emplean entre el 45% y 55% de su tiempo en grupos ocupacionales distintos de los que integran actualmente. El 75% de las carreras laborales de trabajadores no manuales discurren en ocupaciones no manuales, y pasan entre el 20% y 60% de su tiempo en grupos ocupacionales distintos de los que integran actualmente (M. Lipset y R. Bendix, o. c. 37, 57, 183, 184).
Existe una tendencia generalizada a que los hijos tengan la misma ocupación que los padres: esta tendencia es más intensa en las élites empresariales en las que una proporción, que oscila entre 50% y 60% en Gran Bretaña, Estados Unidos, Holanda, Suiza y Suecia, procede de padres empresarios y sólo entre 10-15% de la clase obrera manual o administrativa. Rogoff, en su estudio de Indianápolis, nota que existe también cierta rigidez en la trasmisión de las ocupaciones profesionales y semiprofesionales y de las no especializadas. En el primer caso, por el deseo paterno de trasmitir a los hijos las recompensas sociales asociadas a su posición y, en el segundo, por la falta de oportunidades económicas y de educación que pueden ofrecerles. El trabajo especializado y semiespecializado parece más indiferente al origen social de los que entran en él. Otras investigaciones demuestran que de una generación a otra, aproximadamente entre un cuarto y un tercio de la población no rural, pasa de la clase obrera a la clase media, y en sentido inverso, una minoría, que oscila entre 13-38%, desciende de posiciones no manuales a posiciones manuales (J. J. Linz y A. de Miguel, Movilidad social del empresariado español, Madrid 1964, 75-76).
No es posible estudiar aquí con detalle las formas de m. económica, política o religiosa, cuyo estudio corresponde a las sociologías especiales y que, por otra parte, han preocupado menos a los sociólogos. La m. económica se identifica con la evolución de los niveles de renta y de consumo y suele ir asociada a la m. ocupacional; el ascenso o descenso en la primera corresponde generalmente al ascenso o descenso en la segunda. Curtis señala que entre personas activas, los ingresos medios más elevados en cada grupo de edad de 20 a 29 años y sucesivamente corresponden a aquellos que son ocupacionales estables. Los ingresos de personas móviles hacia arriba o hacia abajo tienden a ser inferiores. Tampoco podemos detallar aquí las particularidades que puede ofrecer la m. política. P. S. West ha estudiado los cambios en las afiliaciones políticas de los graduados en relación con los cambios en los ingresos económicos. En los años de juventud, el hombre que se hace a sí mismo suele ser políticamente más independiente que el privilegiado, pero a medida que aumenta la edad reducen de manera notable las diferencias en la afiliación política y en la evolución de las rentas personales.
4. Condicionamientos sociales de la movilidad. Muchos sociólogos, como N. Foote, P. Hatt, K. Svalastoga y S. M. Lipset destacan la industrialización como factor de fondo de la m., puesto que amplía el número de las posiciones sociales disponibles y ofrece mejores ingresos económicos asociados a los niveles de ocupación, estimulando así el proceso de m. El fenómeno paralelo de la urbanización influye también en la m. s. Numerosos trabajos recogidos por S. M. Lipset y R. Bendix les permiten concluir lo siguiente: 1) Existe más movilidad ascendente y menos movilidad descendente en las ciudades grandes que en las pequeñas. 2) Cuanto mayor es la comunidad en. que ha crecido el hijo de un trabajador, mayores son sus oportunidades de m. ascendente, relación que no se aplica a los hijos de padres no manuales. 3) El efecto positivo de haberse socializado en una gran ciudad, en cuanto a oportunidades ocupacionales, es observable entre aquellos que tienen una educación de nivel inferior a la escuela secundaria. Para los que tienen nivel de educación secundaria o superior, el tamaño de la comunidad de orientación no guarda relación positiva con la disponibilidad de mayor número de oportunidades (S. M. Lipset y R. Bendix, o. c., 230).
El nivel económico y ocupacional de los padres influye de manera directa en las oportunidades reales de ascensión de los hijos, hasta el punto de que como notamos antes, sólo una tercera parte de obreros no rurales suele pasar a la clase media. Los niveles de renta de los padres ofrecen a los hijos determinadas posibilidades de educación que se abren a su vez hacia un repertorio limitado de opciones. Resulta así que la educación superior es difícilmente asequible a personas que proceden de grupos económicos deprimidos y que la falta de preparación limita la selectividad del campo ocupacional (A. Perpiñá, Encuesta universitaria sobre clases sociales, Madrid 1963, 24),Los sociólogos notan que esta conjunción del nivel económico de los padres y posibilidad de educación de los hijos es el factor más discriminatorio de la m. s. no sólo en relación a los niveles superiores de educación sino también en cuanto a la educación básica (v. EDUCACIÓN X; ENSEÑANZA). H. Becker, G. S. Counts, LL. Warner, A. Davis y otros investigadores reconocen que «las escuelas son avenidas de movilidad social y ofrecen uno de los instrumentos a través de los cuales niños de buena posición mantienen la posición de sus padres y los niños de los pobres suben a estratos nuevos y más elevados en la escala social; pero, al mismo tiempo, el sistema y los métodos de educación desarrollados en general por personas que pertenecen a la clase media no se adaptan enteramente a la mentalidad de los niños de clases bajas y son discriminatorios en cuanto a las posibilidades futuras de educación y promoción (v. PROMOCIÓN SOCIAL).
Los sociólogos destacan, pues, la importancia de la familia como factor condicionante de la m. s. La familia influye en este proceso a través de la sociabilidad y de las conexiones estructurales con otros elementos, especialmente en las sociedades primitivas, en que el sistema de, parentesco constituye el canal más originario de ascenso o descenso de los individuos. En las sociedades industriales el status familiar se asocia a las formas deorganización del trabajo, a la capacidad económica y al nivel de preparación intelectual para ofrecer a cada persona un determinado elenco de posibilidades de ascenso. Como advierte B. Barber, «la cantidad y calidad de su instrucción tienen una influencia importante en las oportunidades del individuo para el éxito ocupacional y para conservar o mejorar su posición de clase», pero estas oportunidades dependen casi enteramente de la riqueza. Ésta dificulta o facilita, de manera indirecta, la m. y lo hace a veces directamente comprando posiciones socialmente elevadas. La literatura sociológica describe también la influencia de los factores políticos en los procesos de m. en el interior de las estructuras gubernamentales o de partido y en otras de carácter profesional, educativo o laboral sobre las que el poder ejerce algún control (C. W. Mills, La Élite del poder, México 1963). Estos factores se implican mutuamente y actúan en la m. a través de mecanismos institucionalizados, pero es frecuente también el empleo de otros instrumentos ilegítimos de ascensión personal: el abuso de poder, la adscripción arbitraria de posiciones sociales, la educación, el fraude, etc. (B. Barber, Estratificación social, México 1964, 413-414).
Ch. Westoff y otros sociólogos señalan los factores subjetivos y culturales que influyen en la m. s., como los sistemas de valores, la intensidad del deseo de promocionarse, el nivel de aspiración, etc. Por último L. Schnore, E. Sibley y A. Feldman describen las relaciones existentes entre la m. s. y ciertos aspectos demográficos, como el diferente grado de renovación que tienen los varios grupos sociales producido por las diferencias de fertilidad y mortalidad, la incidencia de las tasas de la inmigración, etc. (L. F. Schnore, Social Mobility in Demographie Perspective, «American Sociological Review», 26, 1961, 407-423). |