Este libro está diseñado recogiendo la experiencia de un amplio abanico de personas a las que la coordinadora pregunta por su experiencia de noviazgo y de matrimonio a través de las siguientes cuestiones: “Si ya existe una relación estable afectiva, ¿por qué esperar a estar casados?”, y “¿con qué argumentos defenderías las ventajas de las relaciones sexuales exclusivamente dentro de un contexto matrimonial?”. Los interrogados son los médicos Javier Lluna (J.Ll.), Fernando Trullols (F.T.), Paloma Chorro (PC), Dolores Voltas (DV), Ana Otte (AO), Pascual Llop (PL), Victoria Donet (VD) e Ignacio Gómez; una psicóloga Isabel Seguí; una estudiante, Ana, e hija de estos dos últimos (IGIS); un licenciado en filosofía, Rafael Campos (R.C.); los economistas César Romera (C.R.) y Cristina de Lasala (C.L.); el catedrático de Psicopatología, Aquilino Polaino (A.P.); dos sacerdotes, Juan Andrés Talens y Joaquín Briones; la pareja formada por Quique e Inma Contell, profesor y enfermera respectivamente que responden con una opinión conjunta (QIC); una periodista, Merche Peralta; una doctora en Farmacia, Gloriuca Tomás; un licenciado en Historia, Edi, su mujer Inés, de profesión ama de casa; un ingeniero, Guillermo Pascual, y su mujer María Jesús Romera, pedagoga; la maestra A. Soriano Bayarri; y finalmente las profesoras Blanca Rosa Martínez y Amparo Vázquez.
El cuestionario ha seleccionado personas que piensan igual, y, en concreto, que creen que para tener relaciones sexuales es mejor esperar a estar casados. Se pensará que esta selección no es ponderada, pero eso no importa ahora si consideramos que, hoy día en algunos países, la opinión contraria está muy extendida y asumida sin menor elemento crítico. Aún así, en la última de las entrevistas, se muestran comentarios de los defensores de la relaciones sexuales prematrimoniales, pero son más opiniones que argumentos basados en la libertad afectiva. El libro se dirige a personas que piensan de buena fe que no hay ningún problema en tener dichas relaciones ya que tienen un cierto compromiso de casarse después, y que por tanto no habría necesidad de esperar, y sería mejor seguir el dictado de los sentimientos; es más, se trataría de una buena prueba y experiencia para asegurar el matrimonio. Por tanto, la coordinadora Sánchez Merchori asume que no es fácil dar una solución fácil o convincente en estos casos, aunque de hecho, creemos que lo consigue a través del abanico de respuestas que ofrece.
Gracias a la gentileza de la editorial Desclée De Brouwer, S.A., de Bilbao, que nos ha permitido reproducir parte de los textos, vamos a exponer en las páginas que siguen algunas de las ideas de dicho libro (en realidad hay muchas más) citadas por lo general al pie de la letra, para que se vea mejor la frescura expresiva de cada uno de los entrevistados. De todos modos, hemos reorganizado el texto de manera que se pueda leer de un modo más sistemático. Así empezaremos con las razones de tipo práctico, es decir, las que muestran la conveniencia de no tener relaciones sexuales prematrimoniales, bien por razones negativas (para evitarse problemas), o bien, por razones positivas (para adquirir una serie de beneficios). Naturalmente, estos argumentos si bien pueden ser convincentes en un momento determinado, son los que menos valor esencial tienen ya que si uno sabe como evitar los problemas que pudieran aparecer, entonces no habría razón para no tener dichas relaciones; a su vez, si a uno no le importan los beneficios que ofrece la abstinencia, entonces tampoco habría razón suficiente para privarse del sexo antes del matrimonio. Por eso, se pasa a mostrar después como más relevantes las razones de tipo ético, y luego las de tipo moral, expuestas por los entrevistados, aunque naturalmente no siempre una respuesta pertenezca exclusivamente a la categoría en la que se encuentra.
Razones prácticas (motivos de conveniencia)
a) Negativas, es decir, para evitarse problemas. Como dice el sacerdote Juan Andrés Talens: “El miedo ha sido históricamente un fiel aliado de la castidad” (p. 53), y eso ha hecho que mucha gente se abstuviera del sexo prematrimonial. Es lo que nos recuerda la doctora en Farmacia Gloriuca Tomás cuando cita a Cervantes en su respuesta: “Que es de vidrio la mujer, pero no se ha de probar si se puede o no quebrar, ¡porque todo podría ser! Y no es cordura ponerse en riesgo de quebrarse lo que después de romperse ya no puede soldarse” (p. 75). Vamos a mostrar a continuación algunas de las respuestas “prácticas-negativas”, aunque expresadas con un lenguaje más moderno que el cervantino.
1. “Las relaciones fuera del matrimonio conllevan la posibilidad de un embarazo sin que se den las cualidades necesarias para afrontarlo: medios económicos, estabilidad emocional y estabilidad familiar” (EC, p. 56).
2. “Precipitarse en este tema es un error, ya que en la mayoría de los casos la mujer sale perjudicada... Si en una noche, ya está todo ¿qué queda? En tres meses te has aburrido; más bien, él se ha aburrido, la chica al revés, se ha enamorado ya que nosotras metemos más afectividad en el tema” (CL, pp. 47-48).
3. “El ‘sexo afectividad’ te puede enganchar e impedirte ver las cosas más importantes del noviazgo: ¿me pone como una prioridad?, ¿me cuida?, ¿se sacrifica por mí?, ¿somos compatibles?, ¿es un chico maduro?... yo creo que el sexo, siempre que vaya por delante de la relación, es una venda que no te deja ver (CL, p. 8).
4. “Las relaciones afectivas, como demuestra la experiencia de muchas personas, no son por sí mismas ni consistentes ni estables... por lo que muchas relaciones de ‘amigos fuertes’, se interrumpen y no dan origen a la formación de una pareja (AP, p. 49).
5. “Si nuestro noviazgo no llega a cuajar y decidimos separarnos, las relaciones que hemos mantenido no caen en saco roto, dejan una marca en nuestro ser que no se olvida (nos atrevemos a decir que en la mujer esta huella resulta mucho más profunda que en el hombre), que condicionará nuestras futuras relaciones” (QEC, p. 56).
6. “Sé, por amigos nuestros, que cuando una pareja de novios empieza a acostarse y a mantener relaciones sexuales, es algo que no se puede cortar, una vez se empieza ya no puede pararse y sé también que eso en ocasiones destruye a la pareja... Tu sexualidad tiene que estar intacta para que esa persona la estrene mental y físicamente [en el matrimonio]” (SB, p. 90).
7. “Si cuando uno se casa ya ha experimentado todo, ¿qué queda para el matrimonio?, una casa preciosa, bien puesta (desde las cortinas hasta... todo lo imaginable), etc., ¿y qué más?... ilusión... muy poca” (J Ll, p. 36).
8. “El sexo puede ser usado con seriedad para construir algo o con frivolidad para echarlo todo a perder” (AO, p.107).
a) Positivas, es decir aquellas que te pueden ayudar a crecer como persona. Toda ellas inciden en la idea de que el sacrificio, es decir la espera, ofrece un tipo de premio que se aprecia después, durante la época de casados; así como un crecimiento interior que te hace llegar mejor preparado al matrimonio. Aquí estarían algunas de las respuestas:
9. “No tener relaciones en el noviazgo es una muestra [de amor] mayor que tenerlas. Lo fácil es tenerlas y lo difícil y costoso es no tenerlas. Y lo que cuesta cobra mayor valor” (MP, p. 71).
10. “La continencia prenupcial puede ser propuesta como una expectativa alegre, como un futuro lleno de promesas, como prueba anticipada de amor y fidelidad” (RC, p. 43).
11. “Renunciar a un placer inmediato y fácilmente extensible por un placer pleno y que te haga único(a) para ella (él) es cosa de sabios” (CR, p. 46).
12. “Si un chico me hubiera dejado por el tema del sexo, pues bien, de buena me he librado... No es apto para ser el padre de mis hijos. Fuera. Y, a la hora de la verdad, nunca te dejan, sino que te valoran más (CL, p.48).
13. “La búsqueda del placer conduce a la soledad y a no encontrarlo; la entrega a través del autodominio conduce a la felicidad, y encuentra por el camino, no como fin sino como medio, el placer” (FT, p. 60).
14. “En el matrimonio surgen ocasiones en las que se nos exige continencia (por motivos de enfermedad, distanciamiento de la pareja, por motivos de trabajo, etc.) haber tenido una experiencia previa nos va a ayudar a afrontarlo de nuevo” (QEC 55).
Razones éticas (arraigadas en la naturaleza humana)
15. “A partir del matrimonio el marido y la mujer están unidos, contrayendo una serie de derechos y deberes (fidelidad, ayuda mutua, educación de los hijos, derecho a heredar, inclusión en la seguridad social, etc.) ... Así, no es lo mismo la infidelidad, el abandono, las deudas, las riquezas, etc., antes del matrimonio que después” (J Ll, p. 30).
16. “¿Qué pasa si te doy lo más preciado de mi persona, lo que más deseas, lo que más nos une, antes de “firmar el contrato” y luego no nos casamos? ¿Qué me queda? (J Ll, p. 33).
17. “Pienso que lo más importante para que mi relación sentimental funcione es ponerme a mí como una prioridad. Me explico, si yo no me respeto la que más, nunca aspiraría a que me respetaran los demás, ya que se lo estaría transmitiendo sin darme cuenta” (CL, p. 47).
18. “Ante la posibilidad de que venga un nuevo ser al mundo, como consecuencia de la relación sexual, es lógico que se garanticen un mínimo de condiciones que aseguren su superviviencia. El nuevo ser es un ser desvalido que necesita de un padre y de una madre, a los que tiene derecho, que le acojan, cuiden de él y le eduquen... [y que no ocurra, como en el caso del] 50% de embarazos en adolescentes americanas, que acaba en aborto” (AP 49-50).
19. “Considerando que cualquier chico o chica se sentiría celoso, infeliz y desgraciado si pensara, durante la relación sexual, que la otra persona también tiene esa misma relación con otras personas, podríamos concluir que la relación sexual genera un compromiso de unidad, exclusividad y fidelidad. Pero, si aún no se está casado, ¿en razón de qué uno está seguro de cumplir lo que ni siquiera se ha prometido, ni mutuamente exigido formalmente? Es más, sin compromiso no hay traba para realizar un cambio de pareja si surge una atracción fuerte por otra persona” (elaborado a partir de AP, p.50).
20. "En el noviazgo se conserva la intimidad, porque todavía no ha habido una entrega. La entrega de la intimidad es un regalo que sólo se puede hacer una vez, por eso uno se entrega cuando hay un ambiente de seguridad y confianza, lo cual solo ocurre en el matrimonio. Lo contrario introduce inestablidad en la vida de los novios" (MP, 70).
21. “Si más tarde se lleva a cabo el matrimonio, unas relaciones previas pueden crear ciertos ‘fantasmas’ en los cónyuges, sobre todo en situaciones de crisis de pareja. Entonces, al recordar el periodo de novios y que el otro nunca puso trabas a las relaciones sexuales y ahora sí las pone, es fácil que surja el “fantasma de la desconfianza” (¿me querías realmente o lo hiciste para cazarme?), o el ‘fantasma de los celos’ (si antes no podías esperar, seguro que ahora tampoco y te vas fuera a buscarlo)” (resumido a partir de QEC, p. 57).
22. “Los hombres somos bastante egoístas, puesto que la mayoría de nosotros buscamos para casarnos una mujer que no haya tenido relaciones sexuales. ¿Tal vez para asegurarnos de que somos “especiales” para ella? ¿No es justo pensar que una mujer debe pensar lo mismo en un hombre?” (GP, 87).
23. “Nadie busca los servicios de gente que cambia con frecuencia de profesión”.
Razones morales (que te llevan a practicar virtudes)
La diferencia entre ética y moral a veces no está clara, aquí entendemos por moral lo que rige la conducta en referencia a aspectos trascendentes, es decir a un Creador y por tanto a ser mejor hijo de Dios. La moral, así entendida, sin duda se relaciona fácilmente con ideas religiosas.
24. “En la etapa de noviazgo, pienso que un signo de querer a Dios en medio de tu relación es intentar no acostarte con tu novio hasta no haber pasado por el altar” (CL 47).
25. “Por el contrario, en la crisis de pareja también se puede pensar de modo positivo del otro, confiando en el otro: “si entonces fuiste capaz, ahora también debes estar siéndolo” (QEC 57).
26. “La moral católica dice que todo acto genital debe mantenerse dentro del matrimonio, pues el amor conyugal es la expresión y comunión entre un hombre y una mujer, lo que implica pertenecerse el uno al otro exclusiva y definitivamente... Esto en el noviazgo no ocurre ya que los novios están todavía no-compometidos. Por muy buena voluntad que haya de contraer matrimonio, objetivamente se está en condiciones de volverse atrás” (IGIS pp. 63-64).
27. “A la luz de la fe, la relación sexual en el matrimonio es signo del don total que Cristo hace de sí mismo a la Iglesia. La unión sexual del hombre y la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del creador” (IGIS pp. 64).
28. “En la castidad, el esfuerzo, el sacrificio, pocos jóvenes ven ventajas. De todas formas sí se puede hablar de la gran ventaja de una conciencia en paz y tranquila (personas sensibles y religiosas lo entienden), ...pues son “felices los limpios de corazón”. [Además, de este modo] tengo la ventaja de seguir, aunque me cueste, lo que me dicen Jesús y la Iglesia..., y eso me da felicidad” (JB p. 80).
29. “Consideramos que la estabilidad en la pareja necesita de un “algo” muy fuerte que cimente la unión y que pueda sortear los embates de discordia y desestabilización de la pareja, y para nosotros es la Iglesia la que aporta ese asidero, ese cimiento profundo sobre el que sí puede asentarse una estabilidad afectiva, emocional, psicológica, sexual, paternal, en la que cuando vienen los fuertes vientos de la tentación, la pareja se abraza a Jesucristo, que va a ser quien mantenga por gracia del sacramento del matrimonio, la establidad profunda en sus raíces” (PLLVD, p. 96).
30. “El matrimonio pasa muchas veces por negarse a sí mismo, por respeto a la dignidad del otro; no te quiero más porque me gustas más o me das más placer, sino que te quiero porque soy capaz de sufrir por ti y no hacer mis gustos sino los tuyos; por eso aprender a tener ‘dominio de sí’ y ejercer la castidad es una preparación estupenda para luego ser fiel en el matrimonio y no vivir de lo que ‘te apetece’” (IGIS, p. 65).
31. “Los matrimonios no fracasan porque antes no tuvieran relaciones sexuales. Fracasan porque en sus vidas no aprendieron a ser generosos. ¡Cuánto egoismo sobra en muchas parejas! Fracasan porque existe la infidelidad, porque no han aprendido a aguantarse mutuamente y a perdonarse, fracasan por la ausencia de muchos valores, entre ellos los valores cristianos” (JB, p. 79).
¿Son las relaciones matrimoniales realmente un ensayo?
El doctor Javier Lluna señala que establecer relaciones prematrimoniales para ver si funcionan, para ver si existe una compenetración, etc., es una actitud de una persona inmadura, egoísta, cómoda, perezosa y cobarde (p. 33), y esto lo justifica comparando situaciones semejantes. Por ejemplo, sólo se empieza a disfrutar de un piso tras firmar el contrato, ningún propietario ofrece un piso a prueba. (J Ll, p. 30), lo mismo cabría pensar para casos como ejercer como médico, arquitecto o sacerdote. Otros entrevistados indirectamente contribuyen a reafirmar dicho argumento, así, en el caso de la inmadurez, el doctor Fernando Trullols se pregunta: “¿Es propio de personas maduras realizar un acto trascendente sólo porque me apetece, es placentero o hay que probarlo?” (p. 59). Para el caso del egoísmo, el problema más frecuente, el propio Fernado Trullols indica: “Las relaciones prematrimoniales buscan más satisfacer hoy y ahora una demanda, natural por otra parte, de nuestra biopsicología aún inmadura, sin ningún tipo de compromiso interpersonal y cuya finalidad es más bien egoista” (p. 60). Señalemos por último algunas respuestas directas a la pregunta que encabeza este apartado:
32. “En la vida cuando eliges una profesión, ¿te dedicas a ella sólo como “prueba”, o haces de ella un modo de vida? Lo lógico es que te formes para ejercer con profesionalidad y tiendas a mejorar siempre” (JL, p. 33).
33. “En la vida cuando se tiene (o se adopta) un hijo, no se tiene (o adopta) a prueba, de modo que si no te gusta lo abandonas y pruebas con otro.
34. “Las relaciones matrimoniales no necesitan “ensayos”. Ya dentro del matrimonio se irá mejorando, si de verdad hay amor, en esa entrega mutua, en ese compartir signos de amor. En el matrimonio hay cosas más difíciles que no se pueden “ensayar”, como la educación de un adolescente, ¿habrá que alquilar a un niño para aprender a educar antes de casarse?” (JB, p.79).
35. “El querer probar “a ver si funciona” es un engaño, porque normalmente el simple acto funciona muy bien. Lo que hay que ver es si funciona el matrimonio a pesar de mil problemas y dificultades y si uno está dispuesto a pesar de los pesares a sacar las cosas adelante. Eso no se puede comprobar en unas semanas o meses de convivencia sin mayor compromiso, cuando existe la posibilidad de coger la puerta y decir adiós cuando surge el primer contratiempo” (AO, p.107).
Fidelidad matrimonial
El libro no se dirige en principio a personas que defienden una libertad sexual total que pueda facilmente devenir en promiscuidad, ya que en este caso lo que se debatiría es una cuestión de tipo ideológico, no de aplicación de principios éticos dentro de un sustrato ético común judeocristiano. Por eso la respuesta a la segunda de las preguntas ocupa menos espacio entre los entrevistados, pues, hoy por hoy, la mayor parte de la gente entiende que la fidelidad matrimonial es mejor que la promiscuidad. Seleccionemos, no obstante algunas respuestas a dichas preguntas:
36. “Todas las culturas —o, al menos, las de nuestro ámbito— se han preocupado de institucionalizar de divesas maneras (civil y religiosamente) la unión del hombre y de la mujer por medio del matrimonio, ya que dicha unión tiene una repercusión social que afecta a toda la comunidad, ya sea ésta la familia, el clan, la tribu o el Estado” (RC, p. 41).
37. “No deja de sorprender la rápida extensión del SIDA. Se contabilizan 26 millones de afectados que pueden llegar a los 40 en los comienzos de este siglo en personas de 20 a 40 años. El SIDA es una enfermedad muy grave que podría evitarse; no depende de las condiciones del sujeto sino de un concreto género de vida que es necesario y evitable. Se contrae exclusivamente del sexo o de la sangre infectada, por eso dos personas que no estén infectadas, si se casan y son fieles a su cónyuge, jamás serán víctimas del SIDA. Los adolescentes padecen además con mucha frecuencia otas enfermedades de transmisión sexual. En estas enfermedades ni siquiera el preservativo ofrece medianamente una protección, ya que no cubre las zonas afectadas. Al parecer el 20% de las mujeres entre 14 y 18 años está infectada por el virus del papiloma que no produce síntomas hasta un estado muy avanzado y 3 de cada 4 tienen cepas asociadas al cáncer del cuello de útero” (AO, p. 109).
38. “Existen —y de forma alarmante— enfermedades de transmisión sexual y no solamente el SIDA, sino la domidia, la sífilis, etc., que se pueden contraer con sólo haber tenido una única relación sexual con la persona enferma. A veces las secuelas no se manifiestan hasta años después y en ese caso una misma puede contagiar a la persona con la que se haya casado (pudiendo ser causa incluso de infertilidad). ¡Qué pena llevar ese lastre al matrimonio! ¡Ah, se me olvidaba! Aunque te digan que hay “sexo seguro”, es mentira” (AV, p. 104).
Podemos acabar con una apreciación hecha por Gloriuca Tomás que pone de manifiesto las dos vertientes donde se manifiesta el amor, el noviazgo y el matrimonio: “Todo lo valioso merece una protección; así lo vivimos tradicionalmente: desde la cajita para guardar la joya, a la funda de un ordenador portátil, pasando por las finísimas membranas que recubren nuestros órganos vitales; sólo desde la belleza de la sexualidad cabe pensar en una educación de la misma; para eso está el matrimonio; como una especie también de marco de protección, de lugar idóneo de amor” (GT, p.75).