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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Eliot, Thomas Stearns
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Poeta, dramaturgo y crítico literario norteamericano y británico: una de las figuras más eminentes de la literatura moderna occidental. E. n. en St. Louis (Estados Unidos) en 1888, de una familia culta de Nueva Inglaterra, y estudió en las Univ. de Harvard, París y Oxford. Su formación fue cosmopolita, si bien no tanto como para que no encontrase en su conciencia norteamericana un fuerte eco de la cultura inglesa. Inglaterra, pues, será pronto su patria (1927), y mientras ahonda en sus raíces tradicionales, ella le servirá de plataforma desde donde observar e interpretar en bellos poemas la aparente fealdad y la falta de propósito de la civilización contemporánea. Nadie podía hacer la crítica de la Inglaterra y la Europa históricas mejor que un norteamericano prudente y equilibrado como E., ni criticar el mundo moderno norteamericanizado mejor que el concienzudo europeo que había en él. La cultura rural inglesa y la tradición poética que constituía su expresión desde el Renacimiento se quebraron con la primera Gran Guerra y con ella se desmoronaron también importantes valores morales y religiosos. A partir de entonces amaneció un mundo nuevo para Europa: la vida de las grandes urbes con todo lo que este hecho significa. Para expresar estas nuevas experiencias de un modo efectivo, que se agarrase a la imaginación, hacía falta una poesía difícil y compleja, alusiva, indirecta, distinta de la tradicional. La labor no dejaba de ser ardua, y al lanzarse a realizarla, E. demostraba que era el primer poeta de categoría que se daba cuenta de la situación, y el que tenía más posibilidades de manifestar en términos imaginativos la crisis de la Europa y el mundo modernos tal como la concebían las mentalidades más preclaras y sensibles de alrededor de 1920. Su poema La tierra baldía, tan poco comprendido a su aparición en 1922, expresaba poéticamente el disgusto de E. por la civilización moderna, a la vez que creaba el poema-símbolo de nuestro mundo actual.

      En sus primeros años de Londres encontramos a E. vinculado al grupo de los intaginistas con Ezra Pound (v.) y R. Aldington (1892-1962), y su poesía primeriza responde a esa tendencia estilística. Sin embargo, por tener una intuición histórica (cultural, intemporal) de la poesía, más bien que local y anclada en un momento, sus intereses le desplazaban de la pura fórmula poética a los valores literarios contenidos en los dramaturgos ingleses isabelinos, en los poetas del s. XVII inglés, en Baudelaire (v.) y los simbolistas franceses (v. SIMBOLISMO II), en la figura universal de Dante (v.). E. no era un hombre que se adaptara a las formas efímeras de una época, sino un poeta de visión que tiende a revelar las raíces perennes de la misma, a base de experiencia y sinceridad. Personalmente E. poseía una gran vivacidad intelectual, era en extremo respetuoso e independiente, y hacia los 40 años descubrió que el cristianismo constituía el motor generador de la cultura europea. E. enseñó una temporada en la Highgate School (N. de Londres), fue empleado en el Lloyds Bank, en la City, fundó y dirigió la revista «The Criterion» (1922-39), entrando después en la editorial Faber and Faber, de la cual fue director literario hasta su muerte, ocurrida en Londres el 4 en. 1965. En 1948 le fue otorgado el premio Nobel de Literatura.

      La obra poética de E. puede esquematizarse en tres secciones que son casi cronológicas. Una sintetiza la reacción crítica del poeta ante el ambiente social y cultural contemporáneos: Prufrock and other Observations (Prufrock y otras observaciones), 1917; The Rock (1934). Otra, constituye una crítica de la historia europea, a la vez que un esfuerzo para penetrarla, sintetizarla e incorporarla en su conciencia de hombre occidental: Poetas (1920) y La tierra baldía (1922). La última ofrece una visión religiosa (como litúrgica y musical) de la existencia: Aslt Wednestkry (Miércoles de Ceniza), 1930, y Cuatro cuartetos (1935-42). Prufrock constituye un importante mojón en la poesía inglesa. Aquí el poeta se deja absorber en el ambiente descriptivo representado por la estupidez, la fealdad de la vida urbana de un Londres gris y monótono, vacío de ideales; y con este burdo material, utilizado con una intención objetiva, el artista saca resultados que revelan su ironía, su curiosidad imaginativa de poeta, su aguda mordacidad de crítico.

      El poema más importante de la segunda actitud de E. es La tierra baldía. Es un intento cara a la creación de un poema en gran escala (433 versos) y un memorable esfuerzo para presentar una visión del mundo . de la posguerra, una sociedad abatida de ideales, que ha negado y prescindido de la vida del espíritu. Es un poema difícil, en el que sirviéndose del material pasado y presente que le proporcionan las asociaciones imaginativas, E. hace un reportaje de la vida moderna, mediante un crucigrama de imágenes rotas sacadas del montón de ruinas de nuestra civilización. La impresión que el poema produce en nuestra imaginación es definitiva. Si bien evade la total intelección y desprecia la concatenación lógica, se agarra con poderosos zarpazos en la conciencia. Sus conceptos fundamentales son la impotencia sexual y el miedo a la vida, utilizados como símbolo de la enfermedad espiritual del mundo moderno.

      Alrededor de 1927 E. empezó a escribir una clase de poesía que representa una retirada del inundo exterior y una exploración de la vida interior a la luz del cristianismo. Ash Wednesday (1930) es el primer poema importante escrito por E. después de su acercamiento a la Iglesia anglicana, y representa una positiva reorientación en este heroico viaje que es la vida. En él encontramos una humilde actitud, una insistente repetición de frases en forma de oración, como la letanía. Y a pesar de ser una complicada alegoría de la vida espiritual, o de la vida y de los problemas y esfuerzos realizados por un hombre en busca de la fe, un poema de experiencias íntimas y de metáforas acaso necesariamente oscuras, el significado general es sorprendentemente claro. La señora, la hermana velada, simbolizan la Iglesia. La religión histórica, por tanto, vendría a regar y refrescar los parajes desiertos de una vida árida, y restablecería la perdida visión de la niñez, redimiendo el pasado, como anhelaban Vaughan y Traherne, los poetas metafísicos (v.) ingleses del s. XVII. El poema termina con una nota de suave sabiduría, un profundo consejo paradójicamente sencillo para la vida, que E. a partir de aquí iba a repetir con diverso ropaje verbal:

      Bendita hermana, santa madre, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,no dejes que nos engañemos con falsedades; enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos; enséñanos a sentarnos quietosincluso entre estas rocas,con nuestra paz en Su voluntad; y aun entre estas rocas, hermana, madre,y espíritu del río, espíritu del mar, no dejes que permanezca separado. Y deja que mi grito llegue a Ti.

      Los Cuatro cuartetos es el poema más ambicioso y conseguido de E. Su título mismo expresa su estructura musical, basada en esta agrupación de instrumentos de cuerda. Consta de cuatro poemas (unos 1.000 versos en total) y en cada uno de ellos se suceden unas alternancias meditativas y líricas, combinadas con limpia precisión. La forma de los Cuartetos supone un éxito sobresaliente, siendo más sutil, compleja y controlada que en ninguno de sus poemas anteriores. Los Cuartetos constituyen un poema alegórico, de carácter filosófico y religioso, en el que E. expone sus conclusiones sobre la vida, y en el que desgrana en forma poética y musical la solución personal del problema de su propia existencia. Aquí la división inicial del alma del poeta, ocasionada por su disgusto por una vida que sobrellevaba, pero que no compartía, queda superada por una aceptación estoica de fondo cristiano, una comprensión intelectual y emotiva de base definitivamente religiosa. La influencia mística de S. Juan de la Cruz sobre el poema es evidente, y en algún punto, concreta y admitida. Como todo gran poeta, E. es experimental, cuyas obras tienden a la solución de problemas propios, y de paso, por ser humanos y generales, dan solución o ayudan a resolver muchos problemas de sus semejantes. Los Cuatro Cuartetos es obra de selección, por lo concentrado de la emoción y el pensamiento. Cada Cuarteto contiene un contraste entre la vida temporal y el momento sin tiempo, o el punto de intersección de lo intemporal con el tiempo, motivo que puede considerarse como un reflejo de la intervención del Verbo -el Hijo de Dios- en el mundo. El argumento central de todo el poema consiste en una auténtica percepción de lo intemporal en nuestra vida, a la vez que se comunica la trascendental condición de nuestra temporalidad.

      Los Cuatro cuartetos es una exploración en el reino del pensamiento intuitivo, que trata de dilucidar emotivamente unas esencias últimas de la vida. No es un debate argumenta( ni una exposición afirmativa; es un avance en forma de tanteos en que, partiendo de unas proposiciones previas, la mente se proyecta a la conquista de tentadoras verdades, regresando de esta aventura, si no con hallazgos concretos, con algo que acaso sea más importante todavía: con el alma sosegada por la estancia en unos climas de paz que puede hagan innecesario cualquier descubrimiento.

      E. es además un crítico y dramaturgo importante. Pero ninguna de estas actividades supera a la de su creación poética, a pesar de su certera visión de crítico y analizador de la poesía y su función, y del esfuerzo que puso en la renovación del drama poético. E. empezó a ensayarse como dramaturgo con obras menores como Sweene Agonistes (1932) y The Rock (1934), y más adelante el deán de Canterbury le encargó un drama para ser representado en dicha catedral en 1935. La obra fue el Asesinato en la catedral, sobre el tema histórico de Thomas Becket y la colisión entre los poderes temporal y espiritual. El éxito fue rotundo, pues su visión religiosa de la vida, el enfoque cristiano del tema, la solemnidad de la versificación y el marco ambiental catedralicio ofrecieron al acto un acondicionamiento espiritual parecido al de los dramas religiosos medievales. Es de tener en cuenta lo que supone el hecho de lanzar en la Inglaterra de los años treinta un drama poético de cuño catolizante. Se trata más bien de un poema dramatizado, de clásico y lento movimiento; aun así, sigue siendo su mejor obra dramática. Sin embargo, en vez de ahondar con más soltura en esta vena histórica y trascendental que acababa de descubrir, E. cambió de rumbo y trató de adaptar el drama poético a situaciones ordinarias de la vida moderna. Esta dirección empezó con The Family Reunion (1939), un drama complicado, en verso, que lleva un contenido ideológico y poético más grande del que el autor consigue expresar. Se trata del caso de un joven acusado de un complejo de culpabilidad, del cual tendrá que librarse él mismo con la conveniente información que una tía suya le dará sobre el pasado de sus padres, y cuyo extraño comportamiento ningún otro miembro del grupo familiar logrará comprender.

      The Cocktail Party (1949) es otro drama en verso, de expiación y búsqueda de un ideal, en el que un matrimonio separado encuentra la solución mediante la aceptación de los inevitables defectos individuales de cada uno; y en el que una joven, insatisfecha del amor humano, busca su camino en el sacrificio ejerciendo de enfermera de una orden religiosa en un país pagano, en el que muere crucificada y después es venerada como una diosa. E. quiere mostrar en este drama que la forma de sacrificio y el ideal de la vida no es el mismo para todos los mortales: que hay dos mundos para vivir y para morir.

      Si el aliento poético y el ritualismo literario tradicional son casi inexistentes en el drama interior, en The Confidential Clerk (El secretario confidente), 1953, desaparecen por completo y nos encontramos con un teatro realista cuyos personajes no consiguen serlo. Consiste en un problema de elección de vocación profesional. E. no pretende aquí ser trascendental, sino intencionadamente ordinario. Si el hombre no es capaz de imponerse a las circunstancias, tendrá que amoldarse a lo que éstas le ofrezcan.

      The Elder Statesman (El anciano político), 1958, el último de E., también es un drama monótono, aunque ambicioso y aleccionador. Es el problema del político famoso que, una vez ha abandonado la plataforma pública, y sintiendo cerca la muerte, se enfrenta con la certidumbre de que su vida ha sido una continua evasión de las exigentes realidades, y en consecuencia le sobreviene un angustioso sentimiento de culpabilidad. Como se ve, la trayectoria dramática de E. es de tono descendente, desde la poesía a la realidad, y aun descendente en el terreno artístico. Sin embargo, la línea teológica de la concreta aceptación del ordinario destino del hombre y el reconocimiento por éste de sus cualidades, y sobre todo de sus culpas y fracasos, es de una continuidad absolutamente rectilínea. Algunos de estos dramas presentan reminiscencia del teatro griego en estructura o temática.

      Los estudios críticos de E. pueden considerarse entre lo más consistente de nuestra época y se encuentran en el extremo de la gran tradición inglesa que desde Dryden y el Dr. Johnson, llega hasta él a través de M. Arnold. En sus múltiples trabajos críticos, E. se preocupó de revalorizar algunos dramaturgos isabelinos, así como de despertar el interés por la poesía metafísica inaugurada por Donne. Ha tratado con clarividencia algunos poetas clásicos y modernos, ampliando las dimensiones de la crítica hacia los campos religioso y cultural. Sus primeros escritos en esta línea empezaron con títulos tan expresivos como Tradition and the Individual Talent (1919) y The Function of Criticism (1923), en los que expresa a la vez la perennidad y la relatividad de la obra literaria, la influencia del pasado literario en el presente y viceversa, y aconseja que la crítica tiene que ser objetiva y no dirigirse al autor sino a su obra, lanzando la valerosa opinión de que el gran arte se da la mano, y todo gran artista, como representante de su época, se expresa objetivamente con ella: sólo el artista de segunda fila busca expresarse a sí mismo, separándose de la actitud común. La crítica de E. suele ser clásica y serena, y en ella se confiere un máximo valor a la tradición cultural y religiosa, como conformadora y orientadora de toda educación artística.
ESTEBAN PUJALS.
    BIBL.: T. S. ELIOT, Collected Poems 1909-1962, Londres 1963; ÍD, Collected Plays, Londres 1962; JD, On Poetry and Poets, Londres 1957; ÍD, Asesinato en la catedral, Madrid; ÍD, Poemas, Madrid 1946; ÍD, Cuatro Cuartetos, Madrid 1951; ÍD, La tierra baldía, Zaragoza 1965; ÍD, Función de la poesía y función de la crítica, Barcelona 1965; ÍD, Criticar al crítico, Madrid 1967; F. O. MATTHIESSEN, The Achievement of Eliot, Nueva York y Londres 1947; H. L. GARDNER, The Art of Eliot, Londres 1949; E. DREVV, T. S. Eliot. The Design of his Poetry, Nueva York 1949; J. M. VALVERDE, T. S. Eliot desde la poesía americana, Madrid 1952; G. WILLIAMSON, A Reader's Guide to Eliot: A Poem-by-Poem Analysis, Nueva York 1953; D. E. JONES, The Plays of T. S. Eliot, Londres 1960; E. PUJALS, Un poeta con misión: T. S. Eliot, en «Nuestro Tiempo», 149, Pamplona 1966.

     

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