Modalidad de reportaje (v.) periodístico. Dícese también interviú, anglicismo derivado de interview. En esencia, se trata de un género informativo en el que se reproduce por escrito el diálogo mantenido con una persona. Dicho de otro modo: reportaje cuya fuente es el diálogo o la persona con quien hablamos.
Como tal reportaje informativo, la e. o interviú nos dice quien es, cómo es, y lo que dice, piensa o hace la persona entrevistada. Con las naturales reservas, po. dría aceptarse el siguiente concepto perogrullesco: una entrevista debe ser simple reflejo de lo que ha sido. Lo que podríamos traducir diciendo que a este género periodístico se le puede aplicar perfectamente aquel lema estampado en el capítulo XIII de la famosa novela de Stendhal Rojo y negro: «una novela es un espejo que discurre a lo largo de un camino». En efecto, una de las cualidades esenciales de la e. debe ser la de reflejar fielmente lo sucedido. Lo cual no quiere decir que el periodista, al escribir, se convierta en una cinta magnetofónica combinada a una cámara tomavistas. Todo periodista, en cuanto hombre, selecciona siempre y, aunque no juzgue, sólo en el modo de enfocar, llevar y desarrollar la entrevista está interpretando lo sucedido. Todo escritor (y el reportero lo es, debe serlo), aun el más objetivo, es siempre un intérprete de la realidad.
Clases de entrevistas. En realidad hay tantas clases de e. como interviús posibles; tantas como hombres entrevistados; tantas como sean los periodistas entrevistadores. No obstante, con las naturales limitaciones de toda clasificación, podrían admitirse dos tipos o especies principales que serían la informativa o de noticia y la de personalidad (de carácter o psicológica).
La más frecuente, dentro del periodismo, es la informativa, es decir, aquella en virtud de la cual se dice al lector lo que piensa el personaje entrevistado acerca de un problema de actualidad. Sea, p. ej., el caso de la e. mantenida con un sabio doctor al que acudimos para que nos diga lo que sepa de una noticia médica reciente, el trasplante de riñón, p. ej. Aquí, lo que interesa destacar no es la personalidad, temperamento o carácter del doctor, sino su opinión y conocimientos en torno al tema en cuestión. Ahora bien, si a este mismo doctor se le otorga el Premio Nobel, automáticamente se convierte en noticia humana; no es lo que piensa o sabe de Medicina, sino él como protagonista de la interviú, lo que más interesa destacar. Y lo mismo podría decirse de un escritor o de un pintor. Estamos entonces ya, en este segundo caso, ante. la entrevista de personalidad (de carácter o psicológica) en la que se analiza, estudia y muestra todo lo que tenga interés humano de nuestro personaje: cómo vive, en qué se ocupa, sus gustos o aficiones, su hobby (si lo tuviera); cómo es su casa, su familia, etc.
Así como la e. informativa apenas tiene dificultad y por ello suele ser el género con que se inician los alevines del periodismo, la e. psicológica requiere especiales condiciones. Se trata de pintar, de describir -en dinámica descripción- a una persona tal como nosotros la hemos visto y tal como es en realidad. Pero describir, pintar, a una persona, hacer un auténtico retrato psicológico no es tarea fácil. De ahí que sean pocos los periodistas capaces de salir airosos en esta difícil tarea.
Algunos autores hablan de otros tipos de e. que aquí, por razones de espacio, sólo podemos mencionar: la e. al hombre de la calle, la casual, la e. por teléfono, la preparada (con preguntas escritas que se entregan al entrevistado para que las conteste también por escrito), la rueda de prensa (que propiamente no es una e.) y... la e. fallida (de la cual sólo cabe decir que puede aprovecharse para hacer un reportaje sobre este fracaso).
Método en la entrevista. Siguiendo con nuestra clasificación, la e. informativa o de noticia apenas requiere especiales conocimientos técnicos. Basta con saber reproducir lo que de interesante y digno de ser divulgado nos diga la persona entrevistada. Tal información puede hacerse en estilo directo puro, reproduciendo lo más fiellnente posible el diálogo mantenido, o en estilo indirecto, resumiendo lo que se nos ha dicho en un párrafo o varios párrafos informativos, sin necesidad de recurrir al fácil expediente de las preguntas y respuestas. La e. de carácter o de personalidad sí que requiere un método especial. Brevemente resumiremos lo más importante al respecto:
Estudio de la persona. Conviene tener muy en cuenta que un hombre no es una simple suma de rasgos, sino algo que se mueve, que actúa. Retrato, pues, dinámico. Y, naturalmente, análisis psicológico profundo, calando en la personalidad del entrevistado.
Estudio del ambiente. Y ello porque el ambiente es marco y reflejo de una personalidad. La casa, la vivienda, la familia, etc. En verdad, somos en parte como en nuestra casa o nuestro cuarto de trabajo. Nos reflejamos en nuestros muebles, en nuestros libros, en nuestra discoteca... Descripción selectiva. No se trata de hacer un inventario.
Estudio biográfico. Conviene conocer previamente algo de la vida del personaje. No ir en blanco a la e. (Todos somos, en parte, lo que fuimos). Con tal conocimiento las preguntas serán más certeras y, consecuentemente, las respuestas más reveladoras.
Habilidad conversadora. Conversar es un arte; saber escuchar, otro; y provocar una respuesta interesante, un arte específicamente periodístico. No se trata de ser un preguntón, ni de hacer preguntas indiscretas: la locuacidad no es recomendable al reportero (v.); no es él quien tiene que hablar, sino su personaje. Lo que se exige es persuadir a otra persona para que hable. Y esto se consigue a veces con hábiles afirmaciones mejor que con preguntas incisivas que pueden poner nerviosa a la persona objeto de la entrevista.
Selección de datos. A la hora de escribir sólo debe reproducirse lo que se considere psicológicamente revelador. Interesa aquí lo que dice la persona entrevistada como reflejo de su personalidad. Por ello. también vale recoger el cómo lo dice, sus gestos y ademanes.
En esencia, podríamos resumir lo expuesto diciendo que el arte de la buena entrevista de carácter reside en conseguir un retrato vivo sin necesidad de que el periodista haga demasiados juicios valorativos. El personaje se retrata a sí mismo por lo que dice, por lo que hace o por cómo dice o hace. Describir un gesto de nerviosismo indominable (un tic) es periodísticamente más eficaz que tildar de nervioso. Añadiríamos que, mientras se desarrolla la e., se pueden o no tomar notas; se puede o no se debe recurrir a la cinta magnetofónica. Todo depende del momento y de la persona en cuestión, y también del modo de actuar habitual del periodista. Se deben evitar, finalmente, las preguntas standard y procurar un lenguaje llano, natural, espejo fiel de la e.
Observación deontológica y axiológica. La e. debe ser siempre respetuosa y justa. Nunca debe servir de trampolín al periodista para lucirse a costa de la persona entrevistada. No deben prodigarse los elogios innecesarios: desprestigian al escritor y... al elogiado sin motivo. «Lo que verdaderamente alaba son los hechos», dijo La Bruyère. No debe olvidarse tampoco el gran valor formativo e informativo de este género periodístico. Por lo que tiene de ejemplo humano y de enseñanza, la e. puede ser considerada como uno de los trabajos más agradecidos, además de ser prácticamente inagotable, ya que son muchos, muchísimos, los hombres que cada día pueden asomarse a las columnas del periódico para decirnos su enseñanza, su lección científica o humana. |