1. Prensa. La imprenta fue introducida en Río de la Plata por los jesuitas a finales del s. xvII y principios del XVIII, después de México y Perú. Se estableció en Córdoba. El 6 oct. 1780 se llevó a cabo la primera impresión en Buenos Aires y se convirtió en un poderoso instrumento de propaganda para la independencia del país. El primer periódico se fundó en 1801: Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Histórico del Río de la Plata; fue su creador y primer director Francisco Antonio Cabello y Mesa; apareció entre 1 abr. 1801 y 17 oct. 1802. En este último año le sucedió el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, redactado por Hipólito Vieites. Mayor importancia tuvieron El Correo del Comercio de Buenos Aires, aparecido en 1810, y fundado por varios criollos; La Gaceta de Buenos Aires, aparecida el 7 jun. 1810 y que siguió publicándose hasta 1821. En 1833 existían ya 33 publicaciones.
El creador del periodismo moderno es Manuel Bilbao, que inspirándose en el periodismo francés fundó La República en 1865; bajó los precios del ejemplar y empezó la venta callejera. Pronto aparecerán los colosos de la prensa argentina. El Dr. José C. Paz funda La Prensa el 18 oct. 1869, y el ex presidente Bartolomé Mitre funda La Nación (v.), en 1870. Estos dos periódicos han figurado siempre a la cabeza del periodismo argentino. Los hermanos Gutiérrez fundaron La Patria Argentina y dieron a la noticia un corte más sensacionalista.
El apogeo informativo llega con la inauguración del cable telegráfico entre Buenos Aires y Martín García el 22 sept. 1875, que fue la base de la comunicación con Europa. La Prensa y La Nación fueron los primeros que utilizaron el telégrafo como fuente de información, sirviéndose de la Agencia Havas-Reuter, a la que se fueron sumando otras nuevas, como la Galvestón. Al cambiar el siglo aparecían en A. 587 diarios y otros periódicos, destacándose Buenos Aires con 279 y su provincia con 144; le seguían Santa Fe con 54 y Entre Ríos con 39. Entre 1930 y 1940 existían 200 diarios políticos que, sin ser órganos oficiales de los respectivos partidos, defendían los intereses de conservadores, radicales o socialistas. Sólo los socialistas y el partido popular tenían algunos órganos del partido, pero eran de poca importancia y difusión reducida. El centro de la provincia era Buenos Aires con 37 diarios, siendo el de mayor importancia La Prensa con una tirada de 400.000 ejemplares diarios.
Legislación. La primera disposición ordenadora de la libertad de prensa apareció en el «Reglamento de la Junta», expedido el 20 abr. 1811: «los organismos y personas particulares tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencias», y el 26 de octubre el primer tribunal del país la ratificó. El ejercicio de la libertad de prensa es el único al que la Constitución de 1853, con las reformas de 1860, consagra dos artículos. El art. 14 reconoce el derecho de «publicar las ideas por la prensa sin previa censura» y el art. 32 prohíbe «dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ellas la jurisdicción nacional». En 1934 el Senado de la nación aprobó un proyecto de ley calificado como de «amparo a la prensa», pero la Cámara de Diputados no lo trató, por lo cual la iniciativa no surtió efecto alguno. Las únicas excepciones del régimen de libertad de prensa han sido las de Juan Manuel de Rosas (v.) y de Juan Domingo Perón (v.). El primero dispuso en 1832 que «nadie podrá establecer imprenta ni ser administrador de ella sin el expreso previo permiso del gobierno»; pero tal decreto fue abolido por el gobierno provisional. Las mayores dificultades para la prensa llegarían como consecuencia de la revolución social de junio de 1943, especialmente con la subida al poder de Perón en 1946. Después de su elección, la suspensión y cierre de periódicos, hecha en tiempos de su antecesor Farrell, se abandonaron temporalmente, pero a fines del mismo año, y especialmente en 1947, el gobierno dispuso de nuevo medidas administrativas contra la prensa de tal manera que, prácticamente todos los periódicos de la oposición, excepto La Prensa y La Nación, habían quedado sometidos al gobierno.
En 1949 la reforma del Código fue usada como instrumento adicional para el control de la prensa, especialmente en sus art. 219 y 244. Las armas de que se valió Perón para ello fueron el Comité de Actividades Antiargentinas, fundado en agosto 1949; la Ley de Seguridad y de Desacato; los controles financieros por medio del Banco Central, monopolizador de los créditos a todos los periódicos del país; el Instituto Argentino para la promoción del Comercio, único organismo capaz de importar y distribuir el papel periódico; las presiones sindicales de la CGT; las reglamentaciones sanitarias y técnicas, e incluso la fuerza de los saqueos y destrucción de maquinaria. Durante el régimen de Perón, A. ha sido el país de Iberoamérica que ha sufrido las violencias y restricciones más rigurosas en su prensa. Confiscó un total de 100 periódicos y cerró casi 70. Donde encontró mayores dificultades fue en el diario de Buenos Aires La Prensa, declaradamente independiente, y que antes de que lo cerrara y pasar a manos del gobierno, difundía 460.000 ejemplares durante la semana y 570.000 los domingos. El periódico, que en otro tiempo había defendido la causa de Perón, fue perseguido con toda clase de restricciones y controles, hasta que el 20 mar. 1951 tomó posesión del caso el Comité de Actividades Antiargentinas, que condenó a la cárcel a su director, el Dr. Paz. Con su desaparición, sólo La Nación y El Clarín mantuvieron cierta independencia.
La libertad de prensa se recuperó con pocas excepciones durante los gobiernos provisionales que siguieron a la caída de Perón en 1955. Las elecciones de 1958 se vieron rodeadas de un ámbito de libertad y, tanto la prensa como la radio, fueron libres de expresar sus opiniones, excepto las favorables al régimen derrocado. Los periódicos confiscados por Perón pasaron a manos de dirigentes políticos antiperonistas y más tarde se fueron restituyendo a sus antiguos propietarios. Al subir al poder el presidente Onganía, en junio de 1966, en su Programa de Ordenamiento y Transformación anunció proyectar una ley destinada a «garantizar el ejercicio de la libertad de prensa». A pesar de ello, a los pocos meses secuestró 23 publicaciones de izquierdas y han sido numerosos los actos de arresto contra periodistas. De ello ha surgido una situación ambigua en la que se interpreta la ley en términos generales. Se ha actuado enérgicamente, a finales de 1967, contra todo intento de la prensa favorable a la división de las fuerzas armadas, a las disensiones del poder y a la destrucción de las bases de la Revolución.
Estructura actual de la prensa. Existen 196 diarios, de los cuales 27 aparecen por la tarde. La circulación en 1965 fue de 3.312.000 ejemplares para 143 diarios analizados. Mientras que el número de diarios ha disminuido considerablemente, pasando de 346 que tenía en 1946 a 233 en 1959, su circulación ha ido aumentando lentamente en los mismos años: 1956=3.162.000; 1959=3.186.000 ejemplares. La proporción de ejemplares por cada 1.000 habitantes ha oscilado sensiblemente; mientras en 1956 era de 159 y en 1957 ascendía a 180, en 1958 descendía a 155 para bajar a 148 en 1965. 'La prensa argentina está muy desarrollada y descentralizada. En las provincias se encuentran los 2/3 de los periódicos del país; sin embargo, Buenos Aires y Rosario absorben el 70% de su circulación, mientras que su población sólo representa el 30%. Casi todas las capitales de provincia tienen su diario, y algunos de ellos con gran importancia en el país. Buenos Aires tiene 25 diarios que circulan seis o más días por semana y uno con cuatro; Mendoza (109.149 hab.) posee siete diarios; Posadas (37.588 hab.) y Rosario (761.300 habitantes) poseen seis; Córdoba (635.000), La Plata (410.000) y Mar del Plata (270.000 hab.) tienen cinco. La Nación y La Prensa, con 285.240 y 263.000 ejemplares, respectivamente, son los dos diarios de difusión nacional. La Razón, con 466.600 ejemplares, es el de mayor circulación del país. El resto se distribuye en la ciudad en que aparecen o en su provincia. Existen, por otra parte, 231 periódicos no diarios con una tirada de 2.904.000 ejemplares y 878 de diferente aparición con 12.907.000 ejemplares. La prensa técnica y especializada está experimentando un resurgir muy rápido a partir de los últimos años. La prensa económica ha comenzado con Competencia, la primera revista argentina de negocios, aparecida a principios de 1967.
Aparecen más de 250 publicaciones en idiomas diferentes al oficial: italiano, inglés, francés, árabe, hebreo, croata, ucraniano, georgiano, letón y alemán; destacan los diarios Buenos Aires Herald, fundado en 1876, con una circulación superior a 25.000 ejemplares y Freie Presse en alemán, fundado en 1945, con una difusión de 12.000 ejemplares.
Prensa católica. Experimentó un gran impulso tras el Congreso de la Buena Prensa, celebrado en 1918, de tal manera que en 1922 se publicaban 17 periódicos, entre los que destacaba La Unión. Actualmente, Reina y Madre, fundada en 1914 y que ha cambiado varias veces de nombre, es la más antigua de las revistas de mayor difusión entre la prensa católica argentina. En Córdoba aparece un diario católico: Los Principios. Uno de los semanarios católicos más recientes es Esquiu, que aparecido en 1959 ha conseguido en la actualidad la cifra de 90.000 ejemplares; está dirigido por el P. Luchia Puig. Existe una Asociación Nacional de Prensa Católica Argentina.
2. Agencias de información. La más antigua es Agencia Noticiosa Saporiti (ANS) fundada en 1900; tiene 26 oficinas en todo el país y distribuye sus informaciones a 150 diarios y a siete estaciones de radio; intercambia con AFP y Reuter. Telenoticiosa Americana (TELAM) fue fundada en 1946 y tiene 13 oficinas en el país y una en Montevideo; distribuye un boletín de 10.000 palabras a 20 diarios, 15 emisoras de radio y tres de TV.; intercambia con Reuter y UPI. La Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) fue fundada en 1956 y distribuye un boletín semanal a 17 diarios y a cinco emisoras de radio; durante sus primeros 10 años de existencia ha distribuido 15.000 noticias en 6.000 p. policopiadas. La Agencia Noticiosa Telpress (Telpress), empresa privada fundada en 1957, distribuye sus servicios a 137 diarios y a casi todas las emisoras de radio y TV. Diversas agencias extranjeras, entre ellas la española EFE, distribuyen información en el país; algunas de ellas utilizan Buenos Aires como centro de retransmisión hacia otros países latinoamericanos. Reuter, AFP, UPI y AP tienen oficinas en Buenos Aires, y la agencia Tass mantiene un corresponsal. AP centraliza en Buenos Aires las noticias de A., Paraguay y Uruguay y las transmite a Nueva York por cable, por telex o por radioteletipo. Hasta 1960 estuvo funcionando Prensa Latina, ocasión en que el gobierno la mandó cerrar como consecuencia de la declaración de la Sociedad Interamericana de Prensa, demostrando que era un instrumento de propaganda castrista.
3. Radio. Existen 5.800.000 receptores de radio en el país (1966). Su crecimiento ha sido continuo, pasando de 3.094.000 en 1957 a 5.500.000 en 1961. El número de emisoras ha pasado de 64 en 1956 a 69 en 1961; actualmente pertenecen al Estado 13 emisoras de onda media y tres de onda corta y 65 son de empresas privadas. Aparte existe un pequeño número de emisoras universitarias. En conjunto, su potencia es de 1.100 Kw. Están extendidas por todo el país, desde las regiones tropicales del norte junto a la frontera con Bolivia, hasta Río Gallegos, junto al estrecho de Magallanes. Radio Nacional (LRA) destina el 60% de su tiempo de emisión a música selecta, 15 a música popular y ligera, 10 a arte y ciencia, seis a noticias, cinco a teatro y cuatro a programas infantiles. Aparte de su programa nacional, Radio Nacional difunde un programa internacional dirigido a Europa y América del Norte, en alemán, inglés, francés y portugués. Los programas educativos, financiados por el Ministerio de Educación, son transmitidos todos los días de clase a más de 300 escuelas. Todas las emisoras del país dependen de la Secretaría de Comunicaciones de la Nación, y existe una Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas, órgano activo de la Asociación Interamericana de Radiodifusión.
4. Televisión. Existen 1.700.000 receptores en todo el país (1966). En 1958 se habían instalado 220.000, en 1961 pasaron a ser 700.000 y en 1964 eran ya 1.500.000. En relación al número de habitantes supone 11 por cada 1.000 en 1958 y 21 en 1960. La primera emisión televisada argentina tuvo lugar en noviembre de 1951 y su definición es de 625 líneas. El número de emisoras ha ido aumentando con los años. Existió una sola hasta 1960 en que funcionaban tres; en la actualidad existen 11. Todas pertenecen a empresas privadas y sus fondos provienen exclusivamente de la publicidad. La mayor parte de ellas está instalada en Buenos Aires, una en Mar del Plata y otra en Mendoza. La Univ. de Córdoba tiene a su cargo una emisora experimental con un repetidor en Rosario, que transmiten los programas de una de las estaciones de Buenos Aires. Una de las emisoras de la capital transmite durante 15 horas diarias, mientras que el resto emite durante cinco y 12 horas al día. Los programas se hacen generalmente en directo y constan de producciones dramáticas, variedades, operetas, óperas, obras de teatro y deportes.
5. Actividad editorial. Existen 43 editoriales dedicadas a la publicación de libros, algunas de las cuales son delegaciones de editoras extranjeras, especialmente españolas. La producción de libros ha experimentado una oscilación muy variada. Las primeras ediciones han ido aumentando hasta 1956 con 2.435 títulos hasta 1960, año en que apareció el mayor número de libros a la venta (4.603), para descender luego hasta 3.539 en 1965. Sin embargo, han aumentado notablemente las traducciones de libros extranjeros: mientras que en 1957 se tradujeron 337 títulos, en 1960 pasaron a ser 421, y en 1964 eran 517 los libros traducidos. De entre los mismos dominan las versiones del inglés, que representan aproximadamente el 50°,ó de los traducidos en el país; le siguen en importancia los libros franceses.
6. Cine. El número de salas de proyección era de 2.535 para 35 mm. y 400 de 16 mm. en 1957. En 1960 habían descendido a 1.803. La asistencia anual a las mismas fue de 77.400.000 entradas en 1957 que representó 3,9 por cada hab.; en 1959 se estimó en 158.000.000, lo que supuso un aumento de hasta 7,9 entradas por hab.; en 1960 descendió a 145.000.000 y supuso 7,2 entradas por hab. al año. A. ocupa el tercer lugar entre los países productores de cine en Iberoamérica, después de México y Brasil. El año en que mayor número de películas de largo metraje se produjeron fue 1948 con 44 películas de más de 1.800 m., en 1957 sólo se llegó a 15 -de las cuales una era en coproducción-, y en 1965 se estrenaron 32 películas nacionales, incluida una coproducción. El año en que mayor número de coproducciones se estrenaron fue 1961 con nueve. La importación de películas es cuantiosa; en 1962 se proyectaron 217 de USA, 49 de Italia, 39 de Francia, 23 de Alemania Occidental, 33 de Inglaterra, 18 de España, 16 de México y 58 de otros países.
En 1957 el gobierno adoptó una nueva legislación reglamentando todos los aspectos de la industria cinematográfica, de los cuales el más importante fue la creación del Instituto Nacional de Cinematografía, que se ocupa de los problemas relacionados con el cine, concede préstamos a los productores -que no exceden el 50% de los gastos de producción- y otorga premios a las mejores películas del año. En virtud de un decreto, las salas de estreno deben proyectar películas nacionales una de cada 13 semanas, y las de reestreno una de cada cuatro. En septiembre de 1966 se estableció una nueva legislación de cine, cuya finalidad principal era evitar la anterior distorsión económico-financiera que sufría el Fondo de Fomento del Instituto Nacional de Cinematografía, y que amenazaba paralizar gran parte de la industria del cine. Además, se establecían premios artísticos para las mejores producciones de corto y largo metraje y se fomentaba el cine infantil.
Historia. A. ha sido de los primeros países en conocer el cinematógrafo. La primera proyección se llevó a cabo en el Teatro Odeón de Buenos Aires el 28 jul. 1896. En 1900 se abrió la primera sala de cine en Buenos Aires, y al año siguiente se efectuó el primer ensayo de cine-teatro con Eugenio A. Cardini. También en 1901 la Casa Lepage realiza el documental Revista de la escuadra argentina y en 1907 Eugenio Py improvisa el primer «estudio» del país. Entre 1896 y 1907 nace el cine argentino como realidad material, económicamente humilde, pero con sentido de empresa. El 24 mayo 1908 se estrena la primera película de argumento, El fusilamiento de borrego, dirigida por Mario Gallo. Las primeras imágenes del cinematógrafo serán de exaltación patriótica y tendrán poca duración: La bandera argentina, Visita del general Mitre al Museo histórico, Revista de la escuadra argentina. En la búsqueda de lo nacional, el cine encuentra el mayor éxito del cine mudo. El 13 ag. 1915 se estrena Nobleza gaucha, que inicia la posibilidad de una industria del cine; la película fue dirigida por Humberto Cairo y estaba rodada en escenarios naturales.
Con la llegada del cine sonoro se consigue resucitar la producción, que pasa de cuatro o cinco largometrajes a un promedio de 45 a partir de 1937. Se hace todavía un cine eminentemente popular con Tango, de Moglia Barth, que constituye un éxito (1931). Le seguirán varios realizadores sin demasiadas preocupaciones intelectuales, pero con sentido del espectáculo: Manuel Romero, Leopoldo Torres Ríos, Daniel Tinayre, Luis César Amador¡, con obras como Madreselva, El pobre Pérez, Adiós Buenos Aires, La rubia del camino, La vida es un tango, Mujeres que trabajan. Entre todos ellos destaca Romero por su talento, estilo inconfundible, medido dentro de lo populachero, ágil, y que introducía siempre canciones que el público coreaba durante la proyección. En estos años se creó en A. un estilo propio de star system con figuras que atraían a la multitud: Luis Sandrini, Libertad Lamarque, Pepe Arias y Nini Marshall. Sin embargo, la burguesía argentina prefería el cine norteamericano o europeo con subtítulos, lo que hizo surgir una serie de realizadores con mayor actitud intelectual: Mario Soffici con Viento del Norte (1937) y Prisioneros de la tierra (1939); Luis Saslavsky con Historia de una noche (1941) y Alberto de Zavalia con Malambo (1942). Pero no tardará en especializarse en películas rosas con una mujer rubia de protagonista; el ejemplo es Los martes orquídeas, de Francisco Múgica.
El cine argentino da un gran paso por su avance técnico y se realizan obras dignas de mención: las superproducciones de Lucas Demare La guerra gaucha, Su mejor alumno, Pampa bárbara sobre la historia patria, y La dama duende, de Saslavsky. En el decenio de los años 40 se precipita la crisis de la que difícilmente se levantará. Con Torre Nilson y Fernando Ayala, y una nueva ola de jóvenes que empieza a trabajar en 1960 surge el cine argentino actual. Esta nueva generación renuncia a conquistar el mercado iberoamericano y se contenta con el nacional, o se encamina hacia perspectivas internacionales, hasta que el cortometraje Diario consigue el primer premio internacional para la cinematografía argentina en el Festival Internacional de Berlín, donde se le concedió el Oso de Plata. Ayala realiza El jefe, El candidato, Sábado a la noche: Cine, aunque no ha logrado en ellas un estilo consistente y personal. En cambio, Torre Nilson, el «Orson Welles de los pobres», es autor de importancia que, sin ser realista, utiliza la realidad para formar composiciones maestras: El crimen de Oribe, La casa del ángel, La mano en la trampa y La terraza. Los dos directores han sido reconocidos por la crítica internacional y sus películas forman parte del repertorio obligado de los cine-clubs. La nueva generación ha incorporado al cine la novelística contemporánea nacional y está renovando la temática y el estilo de la cinematografía argentina: José David Kohon con Tres veces Ana y Prisioneros de una noche; Rodolfo Khun con Los jóvenes viejos; Fernando Birri con Los inundados; Manuel Antín con La cifra impar; Ricardo Alventosa con La herencia.
7. Teatro. El primer local dedicado a representaciones teatrales data de 1757, cuando se puede empezar a hablar de un teatro propiamente nacional. En el teatro de «La Ranchería» o «Casa de las Comedias», inaugurado en 1783, se estrena Siripo de Lavardén (1789), que es prácticamente la primera obra nacional. En 1804 se inaugura un nuevo coliseo, que se llamará Teatro Argentino a partir de 1838. La Sociedad del Buen Gusto del Teatro, creada en 1817 y protegida por las autoridades, fomentó la actividad teatral y durante su existencia empezaron a representarse obras extranjeras. En la actualidad el centro de la vida teatral es Buenos Aires, con una actividad que sólo se ve superada por Nueva York y Londres. En 1953 existían en la ciudad 33 teatros comerciales y 12 experimentales, a la cabeza de los cuales estaba el Teatro Colón, inaugurado en 1909. A partir de los años 50, y especialmente en 1959, empieza a notarse una regresión de la actividad teatral como consecuencia de la TV y de las nuevas técnicas del cine. Por otra parte, la afición al teatro nacional va disminuyendo desde 1930. Todo ello hace que los teatros vayan desapareciendo y que los autores nacionales sean muy pocos. Sólo en 1959 se cierran tres teatros importantes: Apolo, Variedades y San Martín, aunque se inaugura el nuevo Teatro Los Andes. La crisis actual del teatro argentino no pudo solucionarse ni siquiera con el apoyo del gobierno que, entre otras medidas, instituyó el Día del Teatro Criollo Rioplatense. A pesar de que se sostiene heroicamente, las dificultades económicas son muy cuantiosas.
|