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Acumulación de pus en los tejidos orgánicos, producida por microorganismos. La inflamación local tiene siempre como escenario el tejido conjuntivo y su origen es múltiple: físico (calor, radiaciones), químico (cáusticos, irritantes), o biológico (virus, bacterias), que es el más frecuente. En realidad, aunque la inflamación sea aséptica en su origen, es fácil su contaminación con bacterias existentes en la vecindad o en la sangre circulante. Ello plantea una lucha entre elementos agresores (bacterias) y defensivos (leucocitos, células plasmáticas); los detritus producidos en esta lucha se van imbricando en los fenómenos de reparación tisular en diversa proporción, ocasionando sucesivamente celulitis, flemón difuso y circunscrito, etc. Cuando la licuación de los detritus produce el pus, éste tiende paulatinamente a confluir, lo cual es exactamente el fenómeno de la abscesificación. Es decir, el a. es el resultado final de una infección local, que ha llegado a supurar, cuando el pus tiende a confluir y coleccionarse.
A los síntomas locales clásicos de la inflamación (calor, rubor, tumor, dolor, impotencia funcional), se añade uno nuevo: la fluctuación, que consiste en provocar con una leve percusión una oleada en el líquido purulento, que puede ser recogido y eliminado siempre que el a. sea accesible.
Aunque el a. es un fenómeno fundamentalmente local, da síntomas generales, que dependen de su localización, tamaño y gérmenes responsables. Éstos son unas veces aerobios, otras anaerobios, dando lugar a un pus de distinto color, olor y trabazón. Los más corrientemente encontrados en una supuración son los estreptococos, estafilococos, gonococos, neumococos, colibacilos, etc.
Un a. puede producirse dondequiera que haya tejido conjuntivo; el parénquima o tejido noble no participa en la inflamación: la padece, experimentando destrucciones que afectan diversamente su función. Cuando un a. evoluciona hacia la cronicidad, se establece una zona limítrofe, que se transforma en una capa fibrosa, formando al a. una verdadera cápsula que separa perfectamente el pus del tejido circundante. En esta fase se llama absceso encapsulado, y en ella desaparecen los fenómenos generales, quedando únicamente los síntomas de tumor (v.).
Sin enumerar todos los a., citaremos algunos de los más conocidos o frecuentes:
Absceso subcutáneo. Es el más común, el de diagnóstico y tratamiento más fácil. Su origen es corrientemente una infección de piel o mucosas, como el furúnculo, que se extiende al tejido celular. Una zona de localización preferente es la región isquiorrectal y perianal, lo que se comprende por la septicidad de la misma, su suciedad, y la frecuencia de la patología anorrectal (fístulas, hemorroides).
Absceso cerebral. Casi siempre se halla encapsulado y apenas da más síntomas que los de la ocupación de espacio intracraneal, o tumorales. Su origen más frecuente son las encefalitis, otitis y sinusitis.
Absceso de mama. Llamado también mastitis, suele presentarse en la mama lactante y tiene su origen en grietas del pezón y contaminación directa del tejido subcutáneo, muy abundante.
Absceso de pulmón. La supuración del pulmón es fácil por contaminación de un foco de neumonía, de un infarto o de una zona parasitada (hidatidosis), por los gérmenes que pululan por las mucosas respiratorias.
Otros. En hígado (amebiano o poshidatídico), bazo o riñón, y en general en cualquier víscera. En cambio, es excepcional en la pared del estómago. En los huesos recibe el nombre de osteomielitis.
Cuando el pus se halla enclaustrado en una cavidad natural el a. se llama empiema (de vesícula, de pleura). En el peritoneo puede localizarse una supuración en alguno de los recesos naturales, recibiendo el nombre de a. subfrénico, a. subhepático, del fondo de saco de Douglas, etc.
Tratamiento. El tratamiento médico se basa en los antibióticos y en la mejoría de las condiciones generales y locales del paciente. El tratamiento quirúrgico consiste en la incisión, dilatación y drenaje al exterior del pus (ubi pus, lbi evacua). A veces se extirpa la zona abscesificada, como en el a. de pulmón.
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