Primer periodo. Literatura tradicional. Durante los primeros siglos de vida estatal rumana (s. XIII-XVI), la lengua cultural fue el eslavo (v.), y el mismo idioma sirvió para las formas cultas de la literatura. De la poesía tradicional, mencionada desde el s. XIV, no se han conservado textos antiguos, pero se colige de los testimonios que pertenecía a los géneros que se cultivan actualmente. Los más característicos son la balada épica (cintec bñtrinesc, cantar antiguo) y el canto lírico (doina). La balada, comparable hasta cierto punto con el romance ibérico, debe tener origen histórico, pero su historicismo queda muy difuminado; algunas, tales como Miorija (La ovejuela), de ambientación pastoril, o Mecterul Manole (Maestro Manuel), de raigambre folklórica internacional, son obras maestras de honda resonancia y de un arte acabado; la doina se caracteriza por sentimientos y melodías cargadas de añoranza y ternura. También pertenecen a la literatura tradicional los cuentos populares, muy abundantes y representativos, y el teatro primitivo del Vicleim (Belén), fundado en el episodio de la matanza de los Inocentes.
Del s. XVI al XVIII. La literatura escrita en lengua vulgar empieza en el s. XVI con la traducción de los textos sagrados, primero por efecto de la propaganda luterana, con la compilación de las crónicas nacionales y con la versión de lecturas piadosas y novelescas. Estos textos proceden: de la tradición oriental: Varlaam ci Ioasaf (Vida de Buda), Sindipa (Historia de los Siete Sabios); de la tradición clásica: Etiópica de Heliodoro; Alexandria, Esopia (fábulas de Esopo); de la literatura bizantina: Cronógrafo atribuido a Doroteo de Monembrasia; Irotocrit (poema de Vicente Cornaro), que alguna vez representa modelos caballerescos occidentales (Imberie si Margarona, versión bizantina de Pierre de Provence et la belle Maguelonne). Estas obras, novelescas, moralizadoras, didácticas o enciclopédicas, han circulado en manuscritos y sólo se han impreso después de 1800; se conocen con el nombre de cárji populare (libros populares), porque tienen relación con el folklore, por haberse alimentado de él o por alimentarlo. Entre los autores religiosos antiguos destacan
Coresi, clérigo de Valaquia que imprimió de 1557 a 1581 una serie de textos rituales, con la ayuda económica de los reformadores sajones de Transilvania, pero con gran beneficio de la lengua; Dosoftei (1624-93), metropolitano de Moldavia (1671), traductor en verso del Salterio (1673); los hermanos Greceanu, traductores o compiladores de la monumental Biblia de Bucarest (1688); Antim Ivireanul (m. 1716), metropolitano de Valaquia (1708) y autor de las primeras prédicas conservadas en rumano.
La larga serie de los historiadores humanistas está ilustrada en Moldavia por Gregorio Urechie (m. 1647), autor de la crónica del país hasta 1594, continuada (1594-1661) por el humanista Miron Costin (1633-91) y luego (16611743) por el pintoresco loan Neculce (1672-1745). En Valaquia, la cultura humanista está representada, sobre todo, por Udri§te Násturel (1596-1657), traductor de De Imitatione Christi al eslavo (impreso en 1647) y del libro popular Varlaam si Ioasgf al rumano (1649), y por Constantin Cantacuzino (1645-1716), autor de una historia de la conquista de Dacia por los romanos. En Moldavia destacan Nicolás Milescu (1636-1708), de sorprendente erudición, autor de obras en rumano, griego y ruso, y célebre sobre todo por su diario de una embajada a China (167578), y el no menos célebre Demetrio Cantemir (16731723), autor del primer tratado de filosofía moral, Divanul (1698), de una novela alegórico-histórica, Istoria ieroglificá, de la importante Descriptio antique et hodierni status Moldaviae (1715) y de una historia latina del imperio otomano, que gozó de prestigio durante el s. XVIII.
Segundo periodo: de 1775 a 1840. Con el último cuarto de ese siglo empieza la segunda fase de la literatura rumana, que dura aprox. hasta 1840; representa la transición del tradicionalismo poético y del humanismo erudito a la nueva orientación de la cultura y un mayor acercamiento a las corrientes occidentales. Este acercamiento se realiza por varios caminos a la vez. En Transilvania, debido a la unión de parte de los rumanos ortodoxos con la Iglesia de Roma (1698), se establece un contacto continuado con Italia y su cultura y se produce, por la orientación académica y eclesiástica, una corriente cultural de ambientación católica, latinista e italianizante, conocida con el nombre de Escuela latinista. Sus representantes principales son Samuel Micu (1745-1806), filólogo y traductor, el gran historiador George Sincai (1754-1816), el historiador y filólogo Pedro Maior (1754-1821) y el humanista y poeta Juan Budai-Deleanu (1762-1820), autor del poema heroico-cómico Tiganiada (La Gitaniada), obra original, inspirada en modelos italianos. La poesía lírica tradicional se individualiza en cintece de lume (cantos de sociedad), que se siguen transmitiendo según el modo tradicional, pero se deben a poetas cultos, en estrecha relación con el neoanacreontismo griego y, a través de él, con la lírica pastoril y prerromántica francoitaliana. Los poetas más conocidos de esa generación son Ienache Vácárescu (1730-99) en Valaquia, y Constantino Conachi (1777-1849) en Moldavia.
La influencia francesa llega directamente a partir de finales del s. XVIII y produce en la generación siguiente una corriente romántica, representada por poetas menores tales como Basilio Cirlova (1809-31) y Alejandro Hrisoverghi (1800-37). En la labor de asimilación de la cultura occidental han jugado un papel importante Jorge Asaki (1788-1869) en Moldavia, Juan. Heliade Rádulescu (180272) en Valaquia, y Jorge Barnujiu (1812-93) en Transilvania, todos herederos espirituales de la Escuela latinista, fundadores de la prensa literaria e implantadores de la enseñanza superior en lengua rumana. Con la generación romántica se inaugura también una especie de democratización de la literatura; debe tenerse en cuenta que los escritores anteriores a 1800 aquí mencionados pertenecían a la más alta aristocracia. Durante esa misma época de transición se preparan los instrumentos de la nueva literatura, el abandono del alfabeto cirílico, la adopción de nuevas formas métricas, el enriquecimiento de la lengua por medio de derivaciones neológicas, la organización del teatro permanente, primero en francés y luego en lengua nacional.
Tercer periodo: de 1840 a 1904. La tercera época, hasta alrededor de 1904, está dominada por la síntesis definitiva de las dos corrientes antes mencionadas, la tradicional y la modernista, o, desde otro punto de vista, la folklórica y la occidental. Su base ideológica ha sido proporcionada por la doctrina y el ejemplo de la rev. «Dacia literará» (1840), por su director Miguel Kogálniceanu (1817-91), conocido sobre todo como historiador y político, renovador de la historia nacional, y por su principal colaborador, el gran poeta Vasili Alecsandri (v.). Este último ha dado el tono de toda la poesía del siglo, asociando la inspiración popular con la romántica, y asentando la base social de toda la literatura, al establecer el axioma de que la vida nacional se confunde con la vida del campo y que el campesino, con su arte, su folklore, sus problemas, es la talpa Járii (base de la nación) y el modelo predestinado de la literatura. Los principales escritores de la primera generación heroica son, además de los citados: los poetas Gregorio Alexandrescu (1812-85), cultivador de la fábula política, pero en realidad espíritu lírico de tendencia meditativa; Demetrio Bolintineanu (1819-73), autor sobre todo de baladas inspiradas en la historia nacional; César Bolliac (1813-80), poeta y periodista político; Alejandro DepáráJeanu (1835-65), primer traductor del Romancero español. En la prosa destacan: Constantino Negruzzi (1808-68), notable cuentista; el historiador romántico Nicolás Bálcescu (1819-52); y Nicolás Filimon (1819-65), primer novelista, preocupado por la problemática social y hasta cierto punto discípulo de Balzac.
La segunda generación se distingue por tendencias críticas más acusadas y está dominada por la corriente formada alrededor de la sociedad académica y literaria Junimea (La Juventud) de lasi y de su rev. «Convorbiri literare» (Conversaciones literarias, 1867-1945). Sus escritores se caracterizan por la propensión a hacer inclinar el fiel de la balanza en favor del esteticismo y del espíritu crítico, aunque sin condenar por ello el etnicismo y la inspiración de raigambre folklórica. Sus principales representantes fueron sus dos promotores, el crítico y filósofo Tito Maiorescu (1840-1917) y el director de la revista, Jacobo Negruzzi (1808-68), así como el poeta Eminescu (v.) y el cuentista Creangá (v.). A su lado se desarrollan corrientes afines y opuestas. Alejandro Odobescu (1834-95), prosista exquisito, aunque algo rebuscado, pertenece más bien, por sus ideas literarias, a la generación anterior, así como Bogdan Petriceicu Haedeu (1836-1907), personalidad polifacética (v. XIII) y de excepcional erudición, filólogo, poeta, dramaturgo, polemista y hasta filósofo del espiritismo, y Alejandro Xenopol (1847-1920), el mejor representante de la historiografía de tendencia filosófica. Barbu Delavrancea (1858-1917), autor dramático inspirado en la historia nacional y prosista sentimental; el novelista Juan Slavici (1848-1925), de tendencias realistas; y el fértil poeta Jorge Co1sbuc (1866-1918) se relacionan también, en grado diferente, con el tradicionalismo. Alejandro Vlahutá (1858-1919) es un seguidor de Eminescu, como la mayor parte de los poetas líricos de fines de siglo, mientras Ale¬jandro Macedonski (1854-1920) representa el modernismo esteticista y la penetración del simbolismo en la literatura rumana. En la prosa destacan sobre todo Juan Ghica (1817-97), con sus sabrosos recuerdos de la sociedad pintoresca y efímera de la época de transición, y Duilio Zamfirescu (1858-1922), con su ambicioso fresco de la vida social. Juan Lucas Caragiale (1853-1952) ocupa un lugar aparte, tanto en la narrativa como en el teatro, y es el pintor mordaz e inquieto de su época, con una precisión despiadada e irresistiblemente cómica a la vez.
Cuarto periodo: de 1904 a 1945. Corresponde idealmente a la continuación de las corrientes ya esbozadas en la época anterior; la diferencia estriba en que ahora se agudizan los conflictos entre tendencias opuestas y en que el interés por la clase campesina, aumentado por una preocupación hacia la problemática burguesa, de nostálgico se vuelve realista y social. El tradicionalismo está representado por la rev. «Semánátorul» (El Sembrador), 1901-10, y por su director, el historiador y polígrafo Nicolás Iorga (1871-1940), con la colaboración de los poetas Stefan O. losif (1877-1913) y Panait Cerna (1881-1913); en prosa, su máximo representante es M. Sadoveanu (v.), en cuya evolución se observa mejor la transformación antes indicada. La tendencia opuesta, que supone-la primacía de lo estético, pero curiosamente combinada con un ahondamiento de la problemática social, está representada por la revista de lasi «Viaja Románeascá» (La Vida rumana), 1906-45, dirigida por el crítico Garabet Ibráileanu (18711936). Se distinguen en la prosa: Liviu Rebreanu (18851944), realista de excepcional valía y fuerza épica; César Petrescu (1892-1916), pintor vigoroso de la actualidad social; Mate¡ Caragiale (1884-1936), escritor y artista; Camil Petrescu (1894-1957), que también se ha dedicado al teatro; el realismo algo cruel de Gib Miháescu (18941935) y de G. M. Zamfirescu (1899-1939) y la prosa lírica de Ionel Teodoreanu (1897-1954), el amplio fresco social de Constantino Stere (1880-1937) y la inquietud indagadora e intelectualista de Mircea Eliade (n. 1907).
En poesía, el simbolismo está representado por Demetrio Anghel (1872-1914), Juan Minulescu (1881-1944), Adrian Maniu (n. 1891) y Juan Pillat (1891-1945); este último poseedor de una gama muy extensa que va del romanticismo a los experimentos modernos más atrevidos. La inspiración tradicional vuelve en formas nuevas con Octaviano Goga (1881-1938) y con el misticismo de Nichifor Crainic (n. 1889) y Basilio Voiculescu (1884-1963). La poesía moderna está ampliamente representada entre las dos guerras, con Arghezi (v.), Blaga (v.) y Juan Barbu (1895-1961), poeta hermético de altos vuelos y de gran perfección. El teatro poético, con A. Davila, Víctor Eftimiu, Miguel Sorbul, el drama con Juan Luca y Blaga, la comedia con Jorge Ciprian y V. I. Popa, que han cosechado grandes triunfos. El ensayo y la prosa crítica han sido ilustrados por Eugenio Lovinescu (1881-1943), Basilio Pirvan (1882-1927) y Emanoil Bucuta (1887-1941). La época que empieza en 1945 aún no ha dado resultados importantes, a no ser la contribución de los desterrados rumanos a la literatura universal, con Mircea Eliade, C. V. Gheorghiu, Eugéne lonesco (v.), Vintila Horia y, en España, Alejandro Busuioceanu, Aron Cotruy, Jorge Uscatescu, cte.
V. t.: BIBLIA VI, 9 B. |