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Viernes, 3 de Septiembre de 2010
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Quechuas II. Lengua y Literatura.
Categoria:
Literatura
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Lengua. La lengua q., kechua, quichua, queshwa o ketschua, según los diversos lingüistas, o runa-simi (según los propios q.-parlantes), inga o ingano es, como muy bien dice A. Mason (o. c. en bibl., 6,197) la que corresponde en Sudamérica, en importancia, al nahua o azteca en Mesoamérica. Los orígenes históricos son controvertidos (v. I), y los lingüísticos, como pasa con gran parte de las lenguas indígenas de América, son aún más difíciles de precisar, por falta de emparentamiento claro con otras lenguas, incluso las más próximas geográficamente.
      La extensión territorial del q. es tan grande que dificulta la localización de su probable origen. Era una idea muy difundida, antes del progreso de los estudios quechuistas, que el q. había sustituido, al ritmo de la conquista incaica, a las lenguas primitivas, las cuales, como se lamenta Garcilaso el Inca (Comentarios reales), renacen vigorosas en muchos sitios al hundirse el imperio del Tahuantinsuyu (de los cuatro suyus o regiones), identificando con ello lengua y política, idioma y conquista. Pero la conquista se inicia en Cuzco, y las propias tradiciones incaicas relatan, y admiten, que los incas (v.) no eran originarios del Cuzco, sino que llegaron a él después de una larga peregrinación por los altos de la sierra. ¿Fue Paccari-Tampu o Paucartambo el lugar originario de los incas? ¿Era el q. una lengua privativa de ellos, como pretende Garcilaso? Las opiniones más juiciosas, como la de V. Tschudi, piensan que antes del establecimiento de los incas, gran parte de las tierras serranas hablaban ya el q. Lo que es indudable, sin embargo, es que el q. se convierte en la lingua franca de la conquista incaica y, como el latín con Roma, en el idioma oficial de la administración del imperio cuzqueño, lo que indudablemente hizo ganar al q. regiones que anteriormente lo desconocían.
      La existencia del q. antes de la conquista imperial sería la explicación de las concomitancias del q. con otras lenguas vecinas, como el aymará (v. AYMARÁS II). Algunos autores, como Jijón y Caamaño (El Ecuador Interandino y occidental.... Quito 1941-43), piensan que, del mismo modo que se habla de un tronco, hoka-siux, podría hablarse de otro q.-aymará. Tienen ambas lenguas, por otra parte muy diferentes, muchas palabras en común, verdaderos préstamos lexicales; hay pueblos que las hablan indistintamente o bien mezcladas; para esta lengua híbrida se ha propuesto el nombre de kechumarán.
      A. Masón opina que la zona originaria debió de ser una estrecha faja entre el Alto Apurímac y Urubamba, y que sólo hacia 1450, con las grandes campañas de Pachacuti, se extendió hasta alcanzar los límites del Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina, donde todavía hay poblaciones quechua-parlantes (v. ARGENTINA VI). Todos los autores reconocen el curioso fenómeno de que también los españoles, en especial los misioneros, utilizaron el q. como vehículo de entendimiento, como lingua franca, que dio lugar, en plena zona amazónica, al nacimiento de una lengua de general conocimiento por parte de diversas tribus, que poseían su idioma propio, pero que se entendían entre sí con el ingano. Este fenómeno ha determinado que se distinga, en las clasificaciones, no sólo el q. de las diversas zonas geográficas, o formas dialectales, sino que se pueda establecer, como se ve a continuación, otra clasificación de tipo cronológico, de antes y después de la conquista española. Esta prolongación del uso del q., que llega a nuestros días, no es sólo popular, de los contingentes indígenas del Perú, Bolivia y Ecuador (y en parte también de Argentina y Colombia), sino que tuvo una inesperada consecuencia literaria, al haberse podido escribir la lengua q. (hablada por un pueblo ágrafo, como la casi totalidad de los indígenas americanos prehispánicos) con caracteres latinos.
      La lista de tratadistas, desde la época colonial hasta el presente, que se han ocupado de lo q. y su lengua es muy amplia; destacan Middendorf (1890) y Rivet y Crequi-Montfort (1951-56), pero la sistematización más exacta y exhaustiva es, como para muchas otras lenguas, la del checo C. Loukotka, que extractamos a continuación:
      a) Dialectos    antiguos y    precolombinos:    gosgo-si mi, cuzqueño o q. imperial, el más antiguo, clásico y literario, usado en el departamento del Cuzco. Qollaiva-simi o collagua, hablado en el dep. de Abancay. Chinchaysuyu o tampish, idioma o dialecto del Perú central, desde el Cerro de Paseo hasta el río Macará. Huancayo, wankasimi o mantaro, del dep. de Jauja. Ayacucho o chankasimi, del dep. de Ayacucho. Huancamarca o wankamarca-simi, del dep. de Huancavelica. Sansa-simi, en el valle del río Apurímac. Tarmatampu, en torno a la ciudad de Tarma, dep. de Junín. Hirka-simi o junín, del dep. de este nombre. Huánuco, wanuku-simi, o xalqa, del dep. de Huánuco. Pillku-simi, hablado en Huánuco, Ambo y valle de Pachitea, dep. de Huánuco. Panao-simi, del río Panao, en el dep. de Huánuco. Ancash o chegyan-simi, hablado en la mayoría del dep. de Ancash. Huari o warisimi, en torno a Huari, dep. de Ancash. Huaylas, conchucu o waylas, provincia de Huaraz.
      b) Dialectos modernos y poscolombinos: cajamarca o gahamarka-simi, aldeas próximas a Cajamarca. Huamalí, de la ciudad homónima, dep. de Huánuco. Lamano, en el río Mayo, dep. de San Martín. Mayna, nauta o manoutas, en el río Marañón, cerca de Nauta, en el dep. de Loreto. Quiteño, el principal dialecto q. del Ecuador, hablado en torno a Quito. Inga, en Santiago, dep. de Nariño (Colombia). Aponteño, de Aponte, dep. de Nariño (Colombia). Napeño, en el río Napo, dep. de Loreto (Perú). Almaguero, de Almaguer y Sibundoy, dep. de Nariño (Colombia). Canelo, del río Canelos, dep. de Oriente (Ecuador). Quijo, en el río Quijos, dep. de Oriente (Ecuador). Andoas, en la población de este nombre, dep. de Loreto (Perú). Ayavaca, en torno a esta ciudad, dep. de Piura (Perú). Ucayali, en este río, dep. de Loreto (Perú). Boliviano, en torno a Cochabamba (Bolivia). Catamarca o cusco, de los diaguitas (v.) quechuizados de la provincia de Catamarca (Argentina). Santiagueño o pampa-simi, de los indios quechuizados de Santiago del Estero.
      Loukotka presenta unos elocuentes cuadros de las variedades dialectales:Dialectos precolombinos español cuzqueño ayacucho chichaysuyu huancay    junín    ancash agua yaku yaku unu yaku yaku yaku piedra rumi rumi rumi lumi lumi rumi uno suk huk suk xuk so xukdos iskai iskay iké ishkai ishkai iskei Dialectos poscolombinosespañol quiteño ingan nauta boliviano santiagueño agua uno yaku unu yakun unu piedra rumi rumi rhomi rumi rumi uno shuk suk so ush suh dos ishkai iskay isga iskai iskay
      Literatura. En el sentido de creación, de redacción, existe realmente una literatura q., o composiciones en lengua q., pero compuestas para ser recitadas, para su aprendizaje memorístico y repetición verbal, y que de este modo llegaron, por tradición oral, hasta los españoles, que las vertieron a una escritura con litteras (letras). Aunque se ha discutido si hubo algún sistema de escritura entre los incas (Montesinos afirma esta tradición en sus Memorias antiguas, historiales y políticas del Perú, Madrid 1882), que se hubiera suprimido en tiempos de Pachacuti, o si las decoraciones geométricas de los keros o vasijas de madera tienen un carácter de verdadera escritura, se puede afirmar que los incas no tuvieron escritura, y que los quipus fueron un sistema de contabilidad e inventario, incapaz de representar sonidos, ideas o palabras (v. INCAS 1, 6). La literatura q. fue recogida por cronistas y misioneros españoles que, habiendo alcanzado gran conocimiento de la lengua q., transcribieron en su forma original lo que el pueblo cantaba, recitaba o recordaba. De muchas de las leyendas, sin embargo, se recogió el texto, es decir, su contenido, pero no en su lengua, sino que se expuso en castellano. Como, no obstante, los relatos en q. habían sido aprendidos de memoria, reproduciendo un texto fijo, podemos saber con bastante exactitud en qué consistía la literatura de esta lengua.
      Los estudios de J. M. Arguedas (v.), Basadre (o. c. en bibl.), Cossío y otros han salvado del olvido gran número de estos textos, y se han podido conocer incluso las melodías que, supervivientes, han llegado hasta nuestro tiempo (d'Harcourt, o. c. en bibl.). Algunos yaravíes indígenas estaban en uso todavía en el s. XVIII y fueron reproducidos por el obispo de Trujillo, Martínez Compañón (original inédito casi por completo en la Real Biblioteca de Madrid). La producción literaria q. se ha clasificado (pues obedece en líneas generales a las mismas manifestaciones que otras literaturas del mundo) en prosa y poesía. Ésta es religiosa y lírica. La primera en general está vinculada a la grandeza del régimen incaico, de sus emperadores o de los dioses de la religión oficial del imperio, como la oración al Sol, o la oración por el inca, aunque no faltan oraciones a las huacas, o lugares sagrados, que no fueron generalmente bien vistos por los incas del Cuzco. Una muestra de esta poesía religiosa es el himno a Manco Cápac: «Viracocha,/poderoso cimiento del mundo,/tú dispones: /"sea éste varón,/sea ésta mujer"./Señor de la fuente sagrada,/tú gobiernas/hasta el granizo./¿Dónde estás/-como si no fuera/yo hijo tuyo-/arriba,/abajo,/en el intermedio/o en tu asiento de supremo juez?/ ...» (Jesús Lara, La poesía quechua, México 1947, según Santa Cruz Pachacuti).
      La poesía lírica es de fuerte sentimentalismo, como ¿Es cierto, paloma?, del Cuzco, en que el entristecido amante se interroga: «¿Es cierto, paloma; /intentas irte/a extrañas tierras ,/a no volver?», terminando con otra interrogante exclamación: «¿Hasta dónde/mi corazón huérfano/por ti vagará?».
      La prosa es didáctica o narrativa. Entre los ejemplos más característicos de la primera está La sabiduría de Pachacuti y Nací como un lirio en el jardín, fuertemente interpolada por la versión castellana. La prosa narrativa podemos subdividirla en la de leyendas y la histórico tradicional, ambos tipos recogidos por cronistas y misioneros, o por mestizos. El primer tipo tiene un delicado contenido poético, aunque la forma en que nos ha llegado sea en prosa; destaca la amorosa aventura del pastor Acoya-Napa y la «hermosa y discreta Chuquillantu, ñusta hija del Sol» y la que cuenta el origen de Las islas de Pachacamac. Sabiendo que la propia historia (elaborada pacientemente por los amautas o sacerdotes-profesores incaicos, para mayor gloria del incario) se enseñaba en las escuelas incaicas, con textos fijos, podemos incluir como prosa narrativa todas las versiones que, en diversos puntos del Perú, recogieron los cronistas como Cieza, Murúa, Montesinos y otros, sobre los orígenes de los incas, sobre sus conquistas y organización político-social y económica. Los largos discursos de incas soberanos, generales y grandes sacerdotes, que incluyen los cronistas, podían hacer creer en la existencia de una oratoria, que sin duda existió, pero que es sospechosamente parecida en su forma a la de los historiadores españoles contemporáneos. Un caso aparte es el de la pieza teatral o drama Ollantay, que hace creer a muchos en la existencia de un teatro q., lo cual no es digno de crédito, al menos en la forma adoptada. Parece la escenificación clerical de una tradición incaica (V. OLLANTAYTAMBO).
M. BALLESTEROS GAIBROIS.
    BIBL.: C. LOUKOTKA, Classification of South American Indian Languages, Los Ángeles 1968; P. RIVET y G. DE CREQUI-MONFORT, Bibliographie des langues aymara et kicua, París 1952; CONDE DE LA VINAZA, Bibliografía española de lenguas indígenas de América, Madrid 1892; J. ALDEN MASON, The Languages of the South American Indias, en Handbook of South American Indias, 6, Washington 1950; L. HERVÁS Y PANDURO, Católogo de las lenguas..., Cesena 1804; J. ALCINA FRANCH, Floresta literaria de la América indígena, Madrid 1957; íD, Poesía americana precolombina, Madrid 1968; J. M. ARGUEDAS, Canto Kéchua, Lima 1938; íD, y F. IZQUIERDO Ríos, Mitos, leyendas y cuentos peruanos, Lima 1947; J. BASADRE, Literatura inca, París 1938; R. D'HARCOURT, La musique des incas et ses survivances, París 1925; E. W. MIDDENDORF, Die einheimischen Sprachen Perús, 6 vol. Leipzig 1890-92.
     

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