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(Del lat. incunabula, cuna). Se llama i. a todo impreso en el s. XV; es decir, desde los primeros ensayos tipográficos hechos por Gutenberg (v.) hacia 1434, hasta cualquier obra editada con anterioridad al día 1 de enero de 1501. Sin embargo, por extensión se denominan también i. a las publicaciones que ven la luz a lo largo de la centuria en que se introduce la imprenta en un continente o país determinado. Así se habla de i. americanos, aludiéndose a las impresiones realizadas en el s. XVI en México y Perú; de norteamericanos a los salidos de sus tórculos entre 1639 y 1701, o argentinos, los aparecidos en los territorios del Río de la Plata en la centuria siguiente. Según Ohly, la denominación i., parece haberse usado por primera vez, en la obra de B. von Mallinckrodt (1591-1664) quien escribió en 1635 De ortu el progressu artis typographicae. A. Millares Carlo dice que este término latino fue aplicado por primera vez por C. van Beughen, en su repertorio publicado en Amsterdam, en 1688, titulado Incunabula typographiae.
Precedentes de la tipografía incunable. Ya los caldeos (v.) y asirios (v. ASIRIA) utilizaron sellos con caracteres grabados en cilindros de piedra. Por su parte los chinos entre los s. VI y ix emplean la llamada imprenta tabelaria, de la que es muestra representativa la «Sutra del diamante», conservada en el Museo Británico. En este mismo país, en el s. XI, Pi Chang inventó el procedimiento de grabar independientemente los caracteres. Pero como la escritura china consta de infinidad de signos, y la imprenta necesita manejarlos todos, la utilidad de los signos movibles no parecía ser demasiado clara. Sin embargo, ninguna o muy remota y escasa influencia pudieron tener estos antecedentes sobr.; el descubrimiento de la tipografía occidental.
Los i. pueden dividirse en xilográficos y tipográficos; los primeros se obtienen grabando el texto en planchas de madera, los segundos son impresos con caracteres movibles. Los xilográficos, por ser los más antiguos, se les da el nombre de «protoincunables». La producción de impresos comprende obras de toda índole, aunque predominando los de carácter religioso. Actualmente se conocen aproximadamente 35.000 i., con un total de alrededor de 450.000 ejemplares; se estima que la producción de piezas bibliográficas son de unas 40.000, y entre 500.000 y 600.000 los ejemplares impresos, según datos estimativos de la Comisión que empezó a publicar en 1904, el Gesantkatalog der Wiegendrucke, obra inconclusa que llega solamente hasta la palabra «Federicis».
J. Gutenberg, pertenecía a una familia burguesa de los Genfleich, nació en Maguncia entre 1395 y 1399, más tarde pasó a Estrasburgo donde residía en 1435. Desde 1436 a 1439 le vemos asociado con tres vecinos de esta ciudad, A. Dritzehn, J. Riffe y A. Heilman. Al parecer, en 1437, se ocupaba en trabajos de imprenta. En 1444 regresa a Maguncia, donde imprime un poema sobre el juicio universal y una veintena de fragmentos de la Gramática de Donato. En 1450 se asoció con el banquero J. Fust, y a partir de 1454 toma a su cargo la confección de las Bulas de indulgencia, concedidas por Nicolás V, para la guerra contra los turcos. De la unión de Gutenberg con Fust, salió la famosa Biblia de 42 líneas o Biblia mazarina, en 1455.
Difusión de la imprenta. A la escuela maguntina le cabe no sólo la gloria de haber sido la cuna del libro, sino también el honor de haber formado una pléyade de artesanos. En 1460, J. de Mentelin se establece en Estrasburgo, y A. Fischer, en Bamberg. La toma y saqueo de Maguncia, en 1462, por Adolfo, elector de Nassau, debió de contribuir a la dispersión de obreros maguntinos por Alemania, Italia, Francia y otros países. En Colonia entra por primera vez la imprenta en 1466; Etwill (1467); Ausburgo (1468); Nuremberg, Treveris y Münster (1470); en Spira (1471); y Ulm (1473). En Italia entra la imprenta por Subiaco hacia 1464, por los tipógrafos Schweiynheim y Pannartz, instalándose en el monasterio benedictino de esa localidad; en 1467 se trasladan a Roma. Venecia tiene imprenta por primera vez en 1469; Foligno (1470); Ferrara, Milán, Florencia, Bolonia, Génova, Perusa y Treviso en 1471; Padua, Mantua y Parma (1472); Lucca (1477); Palermo (1478); Pisa (1483); Capua (1489) y Cagliari (1493). En Francia, París es la primera ciudad en que se introduce la imprenta, gracias a la iniciativa de dos profesores de la Univ.
de la Sorbona: J. de la Pierre y G. Fichet. Otras ciudades francesas fueron Lyon (1473); Toulouse (1476); Aviñón (1479). Por Basilea (Suiza) entra el nuevo arte tipográfica en 1468; por Utrecht (Holanda), en 1470; por Alost (Bélgica) y Budapest (Hungría) en 1473; por Cracovia (Polonia) y por Pilsen (Bohemia) en 1476; Westminster (Inglaterra) en 1477; por Viena (Austria) en 1482; por Estocolmo (Suecia) en 1483; por Faro (Portugal) en 1487; y por Copenhague (Dinamarca) en 1493.
La imprenta en España. Con una producción de 856 ediciones, España se coloca en el tercer lugar después de Alemania e Italia. No está muy claro el año preciso en que se introdujo la imprenta, parece ser que lo primero que se imprimió en España fueron las Actas del Sínodo celebrado en Aguilafuerte (Segovia), en las postrimerías de 1472 (en Segovia o sus cercanías). En Valencia, el 11 de febrero de 1474, se celebró un certamen literario, que, según De la Serna, habría sido impreso durante el curso de ese año, Les obres o trobes... Zaragoza y Barcelona tuvieron imprenta en 1475; Sevilla y Tortosa en 1477; Lérida (1479); Mallorca y Valladolid en 1480; Salamanca (1481); Zamora, Guadalajara y Montalbán (1482); Gerona, Huele y Santiago (1483); Tarragona y Toledo (1484); Hijar y Burgos (1485); Murcia (1487); Coria (1489); Monterrey (1494); Mondoñedo (1495) y Granada (1496).
Características de los incunables. Los incunables y los manuscritos son muy semejantes en su presentación. Los tipos de letras eran muy variados, prevaleciendo en el conjunto los llamados góticos, aunque por su mayor legibilidad con el tiempo se adoptó los romanos o redondos. A semejanza de los códices, llevan muchas abreviaturas y ligazones. Los primeros incunables eran de gran formato, in folio, con el correr de los años aparecieron más pequeños, in 4° o in So. La portada rara vez se ve en los incunables, el primer ejemplo se da en el Calendario de G. de Monteregio, impreso en Venecia, en 1476. La encuadernación se hacía con planchas de madera revestidas de piel o de ricos tejidos. El papel era el material predominante, aunque algunas veces se tiraban ejemplares en vitela. Signaturas: Con el fin de ayudar al encuadernador en su tarea, se les indicaba el orden de sucesión de los cuadernillos. Se usaron dos tipos de signos: Convencionales (asteriscos, calderones, etc.), y letras del alfabeto. A estos signos y letras acompañaban números que aparecen en la primera mitad de cada pliego, para lo cual la primera hoja se señalaba «A» que significaba que aquélla pertenecía al primer cuaderno. En la segunda hoja se encuentra «Aii», etc. En el segundo cuadernillo se señalaba «B», «Bii», etc., hasta agotar las letras del alfabeto. Si era necesario se duplicaban, triplicaban, etc. Foliación: Los libros más antiguos no tenían numeración de páginas, el primero que la usó fue A. der Hoernen, impresor de Colonia, en 1470. La numeración era por hoja, y tenía validez para el reverso de la misma. Reclamo: Palabra o fracción de palabras que se colocaban al final de cada página, y que era la misma con que comenzaba la primera línea de la página siguiente. Colofón: Nota final con las indicaciones correspondientes a nuestras notas tipográficas. Abundan en los colofones las invocaciones religiosas, agradeciendo el feliz término de la impresión. Registro: Era una nota que se colocaba al final del libro, en las que se copiaban la primera palabra de la primera mitad de las hojas de cada cuadernillo, con la indicación de si los pliegos eran duernos, ternos, cuaternos, etc.
V. t.: LIBRO I. |