Tratamos aquí el conjunto de la literatura de expresión neerlandesa (v. vi), tanto en territorio belga como en H. Para la literatura posterior a 1830 en Bélgica, V. FLAMENCA, LENGUA Y LITERATURA.
Precediendo a las primeras obras escritas en neerlandés medieval, se supone una amplia literatura oral, pues de otro modo sería inexplicable la perfección con que brota en el s. XII. La épica caballeresca y las novelas cortesanas de inspiración francesa están al principio copiosamente presentes en versiones neerlandesas, elaboradas con más o menos originalidad. Sin embargo, el poema Karel ende Elegast (Carlomagno y Elegast), conservado en su integridad, parece ser original neerlandés. Tiene ya una gran perfección formal y un profundo sentido humano. El neerlandés medieval, en la encrucijada de las rutas de comercio y cultura, supo adaptar temprano las nuevas técnicas provenzales (v. PROVENZAL). Así es que el primer autor conocido, Hendrik van Veldeke (ca. 1170), ejerció mucha influencia entre los poetas alemanes de la época cuando vivió en la corte de Turinga.
Alcanza máxima importancia la epopeya animalesca Vanden Vos Reynaerde (Reynaerd, el zorro), ca. 1200; aunque podía recurrir a una larga tradición (Esopo, Fedro, Isengrimus), es la primera obra estructurada, con un equilibrio completo entre la «personalidad» animalesca ,y la sátira humana. Aparecen versiones en varios idiomas. La mística también presenta un nivel muy alto: la beguina Hadewych, en espléndida prosa y poesía, trasmite su inspiración neoplatónica, a otras regiones y épocas; más teológico y didáctico es J. de Ruysbroeck (v.), con su obra capital Die Chierheit der Gheesteliker Brulocht (El atavío de la boda espiritual). De él emanan influjos hacia los movimientos místicos de Alemania, Francia y España en particular, y hacia la Devotio Moderna, en cuyos círculos Tomás de Kempis (v.) escribe la Lmitatio Christi. El s. XIV, por lo demás, ofrece una gran producción anónima de lírica y canciones de toda clase. De mediados de siglo datan las primeras obras de teatro profano, Esmoreit, Gloriant, Lanseloet, etc., mientras en otras literaturas apenas existe todavía. Es extraño el hecho de que no haya rasgos de un teatro eclesiástico, pues ello contradice las teorías acerca del origen del teatro (v.).
En el s. XV aparecen las Kamers van Rhetorijke (Cámaras de Retórica), reuniones de ciudadanos que se dedican a las letras nobles y organizan entre sí auténticos concursos. Allí se producen las dos obras cumbres del teatro neerlandés medieval: E1ckerlijc (Todo hombre), en el género de las «moralidades», probable fuente de una versión inglesa (Everyman) y alemana (federmann); Mariken van Nieumeghen (Mariquilla de Nimega), perteneciente al teatro de «milagros», pero más realista, movida y no alegórica, anuncia en toda su estructura el Renacimiento (v.).
El s. XVI es una época de transición, aunque se ve animada con el debate que trae consigo la Reforma, y, relacionada con ella, la lucha por la independencia nacional. Producto de esta situación son, a partir de 1565, las canciones de los Geuzen (desharrapados por la fe). El enfoque de las Cámaras de Retórica se cambia bajo la influencia de las traducciones de Erasmo (v.) y otros neolatinistas. La técnica del nuevo ambiente humanista es, en principio, una mezcla; pero, con la ayuda de las enseñanzas del grupo de la Pléyade, alcanza su madurez alrededor de 1600. A su vez, el alemán aprende a través del neerlandés la adaptación de las leyes renacentistas a la estructura germánica (Opitz, Gryphius, v.).
Empieza el Siglo de Oro de las letras neerlandesas, junto a la pintura, ciencia y comercio, con las figuras de Hooft, Bredero, van den Vondel (v.) y Huyygens (v.). Hooft (1581-1647) es el primero que asimiló por completo las teorías de la Pléyade y las superó con una nueva fuerza creadora. Su lírica testifica la natural incorporación de las nuevas técnicas. Muy joven, escribe el primer ejemplo de teatro pastoril en neerlandés: Granida; después, expone sus ideas políticas y constitucionales en dos obras teatrales. Fruto del estudio de los 20 últimos años de su vida son las inacabadas Nederlandsche Historién, que describen la historia de la revolución contra España entre 1555 y 1587. En la poesía de Bredero (1585-1618) resuenan los ecos de la canción popular tanto como las formas más ambiciosas del Renacimiento, como demuestra su Boertigh, Amoureus en Aendachtigh Groot Liedboeck (Gran Cancionero cómico, amoroso y edificante). Varias obras teatrales suyas se inspiran en el Palmerín de Oliva, y Den Spaanschen Brabander (El brabanzón), el Lazarillo de Tormes (v.). La exuberancia del siglo culmina en van den Vondel (v.).
La época neoclásica y romántica no produce grandes figuras, aunque poetas como Lyken (1649-1712), Pootl (1689-1733) y Staring presentan unos valores puros en sus himnos a la vida simple y la naturaleza. La explosión violenta de sentimientos románticos está personificada en Bilderdijk (1756-1830). La colaboración de dos autoras, Betje Wolff (1738-1804) y Aagje Deken (1741-1804), establece el género de la novela epistolar en H., con dos producciones que se han hecho clásicas: (La historia de) Sara Burgerhart (1782), y de Willem Leevend (1784-85). Como autor de novelas históricas destaca van Lennep (v.). La crítica literaria e histórica se renueva con Potgieter (1808-75) y el ensayista Busken Huet (1826-86), quien legó una capital síntesis cultural del país: Het land van Rembrandt (El país de Rembrandt). Mientras tanto, la novela Max Havelaar (1860) de Eduard Douwes Dekker (1820-87; conocido como Multatuli) había significado una revolución literaria (y casi política). Es la historia autobiográfica de un administrador colonial en Indonesia que toma partido por los indígenas, en contra del gobierno holandés. Aparentemente arbitrario en su construcción, el libro contiene varios niveles de estructura que garantizan la viveza y emoción.
Definitivamente, la renovación irrumpe con la fundación de la rev. De Nieuwe Gids (La nueva Guía), 1885, donde los «ochocentistas» proclaman, en contra de preocupaciones morales y romanticismos, la supremacía de los valores estéticos y sensoriales. La originalidad de Kloos (1859-1938), Verwey (1865-1937), van Eeden (v.) y van Deyssel (1864-1952) da testimonio de ello; pero la obra más original que plasma en verdad «un sonido nuevo» es el poema-narración Mei (mayo), 1889, de Gorter (1864-1927). Al margen de la revista, Couperus (v.) amplía las dimensiones psicológicas de la novelística.
Tres poetas dominan la primera mitad del s. XX: Adriaan Roland Holst (n. 1888), J. C. Bloem (1867-1966) y Martinus Nijhoff (1894-1953), cada cual con una orientación diferente. Se podría incluir al vitalista Henri Marsman (1899-1940). El polifacético y productivo Vestdijk (1898-1971) indaga, en su serie de novelas con el protagonista Anton Wachter, las trascendentales consecuencias del amor de la adolescencia. En otras logra crear, alrededor de los más variados protagonistas, el ambiente cultural correspondiente, como ocurre en Het Vijfde Zegel (El quinto sello), dedicada a El Greco en el trasfondo de las intrigas de la Inquisición.
Nuevas tonalidades y estructuras aparecen a partir de la 11 Guerra mundial, como el movimiento poético de los «experimentalistas», hacia 1950. Se han logrado imponer, en buena parte gracias a la poesía visionaria de Lucebert (n. 1924). Algo aparte está la gran figura de G. Achterberg (1905-62). En cuanto a la prosa, el cambio de forma y contenido es importante. G. K. van het Reve (n. 1923) expresa por primera vez en De Avonden (Entre la tarde y la noche), 1947, el hastío y despecho de la generación de posguerra, al mismo tiempo desprende un compasivo humor; De Taal der Lielde (El lenguaje del amor), 1972, prosigue en un lenguaje grandioso la búsqueda del misterio del amor entre mayores y jóvenes. W. F. Hermans (n. 1921) es el novelista actual más importante por la gama de situaciones complejas que evoca. Mientras van het Reve muchas veces sólo sugiere, Hermans se enfrenta ante el definitivo hecho indescifrable. Nooit meer slapen (Ya no dormir jamás), 1966, es su obra más equilibrada, ya que Herinneringen van een Engelbewaarder (Memorias de un ángel de la guarda), 1971, no está lograda por completo, por la introducción de un elemento religioso que queda en lo anecdótico. Jan Wolkers (n. 1927) expresa con toda lucidez el abismo sobre el concepto humano entre las últimas generaciones en Terug naar Oegstgeesi (De vuelta a Oegstgeest), 1965, y en Turks Fruit (Frutas confitadas), 1969, la conversión de un deseo sexual bestial en amor. lacques Hamelink (n. 1939) penetra en la incertidumbre de la identidad personal con sus cuentos Het Plantaardig Bewind (El dominio vegetal), 1964. En su epopeya mítica Ranonkel ol de geschiedenis van een verzelving (Ranúnculo o destrucción es reorganización), 1969, traza con colorido exuberante una identificación inversa entre lo personal, lo social y la naturaleza. |