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Nombre dado a los poetas italianos del movimiento más representativo del periodo de entreguerras, que sucedió al futurismo (v.) y alcanzó su auge en la década 1930-40. Coincidente en formas y aspiraciones con la «poesía pura» (v.), ligado asimismo a tendencias simbolistas (v. SIMBOLISMO II) y surrealistas (v. SURREALISMO I), el hermetismo ha significado, en su enfrentamiento con la tradición, una renovación del lenguaje poético, cuyas consecuencias iban a ser todavía perceptibles en la última posguerra. La denominación dada a este movimiento, y que hace directa referencia a su indiscutible oscuridad expresiva, se debe a un afortunado libro, de 1936, del crítico Francesco Flora, titulado precisamente, y no sin intención polémica, La poesia ermetica. Intensificando y potenciando los valores de la palabra esencial, la capacidad de sugestión de pausas y silencios, e intentando desvelar oscuras relaciones entre impresiones de esferas bien distintas mediante la creación metafórica, evita los ritmos consabidos, los elementos sintácticos inertes y el desahogo de sentimientos triviales. La dificultad es consecuencia de condensación expresiva, de la pretensión de sugerir más que de comunicar, de hacer del poema una instantánea iluminación o revelación del misterio de las cosas y del hombre.
En cuanto a los nombres que se pueden adscribir a esta tendencia, se observa en la crítica alguna pequeña divergencia que, paradójicamente, se refiere a los que, por otra parte, son sus máximos representantes: Giuseppe Ungaretti (v.), Eugenio Montale (v.) y Salvatore Quasimodo (v.). En efecto, para algunos críticos, Ungaretti no es más que un precursor; Montale es, para otros, el poeta representativo de nuestro tiempo, en conexión con el decadentismo europeo, pero con logros muy personales; en cuanto a Quasimodo, que abiertamente evolucionó después de la guerra con afán de accesible comunicabilidad, precisamente cuando alcanzó el premio Nobel (1959), es a veces considerado iniciador de la escuela que culminará en torno a 1930. En sentido, pues, más estricto son herméticos (o ermetici) los representantes de la última fase de la nueva lírica correspondiente a la segunda década del ventenio fascista. Y entran de lleno con Quasimodo, en esta culminación de la lírica hermética, poetas que van desde Alfonso Gatto (n. 1909) y Mario Luz¡ (n. 1914), quizá los más conocidos, a L. Sinisgalli (n. 1914), V. Sereni (n. 1913), A. Parronchi (n.1914) y P. Bigongiari (n.1914); estos dos últimos, con M. Luzi, acreditan el papel representado por el grupo florentino de este movimiento.
Paralelamente a los poetas, se habla también de críticos herméticos para aludir a quienes, en un intento de identificación con el texto literario, que significativamente suele ser contemporáneo, pretenden expresar su personalísima y hasta incontrolada reacción de lectores. Bajo esta denominación se comprenden personalidades bien distintas, desde un crítico militante, como Carlo Bo (n. 1911), un maestro de la filología, como G. Contini (n. 1912), un gran hispanista, como Oreste Macri (n. 1913) y hasta un poeta, como el mencionado P. Bigongiari. |