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Sábado, 18 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Gran Bretaña (Great Britain) VIII. Historia de la Literatura.
Categoria:
Literatura
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    La literatura inglesa es una de las más importantes de la literatura universal y la más antigua de las modernas. Con sus 1.300 años de antigüedad constituye un inmenso receptáculo de aventuras materiales y espirituales, y esta experiencia de siglos, trasvasada en términos estéticos, ofrece al mundo una producción literaria de primerísimo valor. En este artículo se da una visión general de la literatura en lengua inglesa; para las literaturas particulares, véase por países (p. ej., AUSTRALIA VIII; ESTADOS UNIDOS VII, etc.).

      Edad Media. La literatura inglesa empieza en el s. VII con el periodo anglosajón y comprende textos en prosa y en verso, sobresaliendo la poesía, puesto que la prosa de esta época alternaba con el latín, y las obras religiosas, doctrinales o científicas, se escribían generalmente en esta lengua. La poesía anglosajona es, por lo general, anónima y tiene un valor estético mayor del que ordinariamente se le adjudica, ofreciendo a la vez una humanísima lección de tesón y persistencia. Sería una errónea descripción hablar de poesía inglesa antigua pagana o cristiana, puesto que casi toda ella está permeada por las concepciones cristianas de la vida. Mejor sería dividirla en poesía de temas no cristianos y propiamente tales. El poema más importante escrito en inglés antiguo es Beowulf (ca. 700), una obra de tema escandinavo, adoptada por los anglos y compuesta en Inglaterra por un poeta anglosajón. Consta de 3.183 versos y es un poema de gran humanidad y brío, que, a pesar de los aspectos fantásticos que se combinan en su estructura, cautiva por su fuerza poética, la belleza de sus audaces metáforas marinas y bélicas y su moraleja, que consiste en el enfrentamiento del héroe con el monstruo del mal en beneficio de la comunidad.

      Alrededor de Beowulf, hay poemas nostálgicos y de amor que denotan una gran finura de concepción y originalidad en la composición. The Ruin puede ser un lamento a la un tiempo famosa ciudad romana de Bath. The Wife's Lament (El lamento de la esposa) y The Husband's Message (El mensaje del marido) parecen vincularse temática y estilísticamente, y si la primera expresa la opresión y congoja de la amante, la segunda contiene la llamada salvadora del marido, interpretada con suma originalidad mediante la personificación de la propia carta. La poesía inglesa antigua de tema cristiano la constituyen los poemas llamados caedmonianos, que consisten en una poetización de los pasajes bíblicos sobre la creación del mundo; el ciclo de Cynewulf, sobre la vida de Cristo y poemas biográficos de santos; y otras composiciones, entre las que sobresale The Dream of the Rood (El sueño de la cruz), emocionante y bellísimo poema en el que, utilizándose el procedimiento aludido en la carta del marido, es la misma cruz, como protagonista, la que explica la divina aventura que le tocó vivir. La poesía anglosajona está escrita en verso más bien largo, aliterativo, separado por una cesura hacia la mitad.

      El aspecto novelesco de la literatura anglosajona queda absorbido por la poesía, y lo que hoy día entendemos por prosa imaginativa no existe sino de un modo incipiente en forma de anécdotas o cuentos muy fragmentarios utilizados por los historiadores, biógrafos o predicadores para ilustrar sus temas. La prosa de este periodo es sobre todo histórica y doctrinal, e interesa por su propio contenido didáctico. Las figuras más importantes de esta época son Beda (v.), historiador y autor de vidas de santos; Alcuino (v.), que llevó la cultura inglesa de su tiempo a la corte de Carlomagno; el rey Alfredo (849-901), traductor y fomentador enciclopédico de la cultura europea en la Inglaterra anglosajona; los beneméritos redactores y recopiladores de la Anglo-Saxon Chronicle, que registran hechos desde los principios de la Era cristiana hasta 1154; y los escritores y predicadores religiosos Aelfric (950-ca. 1020) y Wulfstan (m. 1023), que se dirigen al pueblo en lengua vernácula para su mejor provecho moral y espiritual.

      La conquista normanda (1066) lleva de momento una confusión lingüística y literaria, de la cual tardarán más de un siglo en salir airosas la lengua y la literatura inglesas. Cuando el juglar Taillefer cabalga al frente del ejército invasor entonando los versos de la Chanson de Roland (v.) y del poema Roncesvalles, el hecho supone la entrada en Inglaterra de la cultura mediterránea y de las formas poéticas romances. La literatura de este periodo, aunque vasta, no posee cualidades eminentes. Definitivamente, la poesía no se puede comparar con la del periodo anglosajón. Pero la introducción de la rima y de los motivos y artificios poéticos romances son elementos que la poesía inglesa en su día sabrá aprovechar. En poesía aparecen los ciclos de poemas caballerescos, cuyo principal exponente arturiano es Sir Gawain and the Green Knight (Sir Galván y el caballero verde, segunda mitad del s. XIV); y poemas de aventuras y misterio, como King Horn (finales del s. XIII), Have1ok the Dane (Havelok el danés, principios del s. XIV) y Guy of Warwick (principios del s. XIV). En el sector religioso sobresale la sorprendente elegía Pearl (Perla), ca. 1375, dispuesta en estrofas de 12 versos, con rima, aliteración y con el resorte de unión de la última con la primera palabra en cada estrofa.

      Los prosistas del periodo normando son historiadores, teólogos y filósofos que escriben en latín, como G. de Monmouth (1100-54), J. de Salisbury (m. 1180), R. Bacon (v.) y Duns Escoto (v.), entre los que destaca excepcionalmente el gracioso y anecdótico tratado de formación religiosa para monjas, Ancren Riwle (Regla para anacoretas), escrito en inglés medieval primitivo entre 1200-50. Sin embargo, conviene tener en cuenta los primeros balbuceos de la lírica popular, precisos, acertados, frescos y cuajados de emoción, como son los poemitas al cuclillo, a la primavera, el de Alison, o los que cantan a la Virgen o la alegría de vivir, todos del s. XIII.

      Hacia fines del s. XIV aparecen en Inglaterra dos poetas de categoría. W. Langland (v.), esencialmente inglés, profundamente religioso y no demasiado culto, trata de aconsejar y convencer a los hombres de su época que el camino de la salvación está en la humildad, la caridad y el trabajo, siguiendo las huellas de Jesús. G. Chaucer (v.), cortesano y burlón, conocedor de lenguas y literaturas, artífice de la palabra y del verso, pone la literatura inglesa en contacto con las europeas, enriqueciéndola en su temática y elevando su nivel. Por esta época la prosa inglesa ha dado también un paso impresionante con dos obras notables: la traducción al inglés de los divertidísimos Travels of Sir John Mandeville (Viajes de Sir John Mandeville, 1377, y la fascinante recopilación de la Mort D'Arthur de Malory, realizada por Caxton en 1470.

      El s. XV presenta cierta aridez en la poesía de carácter cortesano. Desde J. Gower (1325-1408), la poesía firmada sigue el camino marcado por Chaucer y tanto los poetas ingleses como los escoceses persisten en el modelo y temática chaucerianos sin alcanzar grandes realizaciones. Decididamente, los seguidores de Chaucer en Escocia son de más altura que los de Inglaterra, y el rey Jacobo I (1395-1437) y W. Dunbar (1455-1520) escriben poesía notable. Pero hasta J. Skelton (1460-1529), no se infundirá en la poesía agilidad y frescor. Sin embargo, no se puede describir como poéticamente improductivo un periodo que en el campo de la poesía anónima popular continúa la magnífica tradición del s. XIII y proporciona una floración singular en la lírica, la balada (v.) y el carol (v.). Por otra parte, es evidente la continuidad de la producción dramática medieval inglesa, que, partiendo de sus primeros intentos a principios del s. XII, desarrolla sus tres formas de miracle plays (vidas de santos), mystery plays (temática bíblica y evangélica) y morality plays (drama de simbolismo teológico) hasta los albores del Renacimiento, en que la modalidad religiosa tradicional es sustituida por las formas clásicas de comedia, tragedia y drama histórico. El drama inglés medieval ofrece la interesante singularidad de su regular y abundante producción, recogida sobre todo en los ciclos de York, Wakefield, Chester y Coventry.

      Renacimiento. El Renacimiento en su fase inicial llega a Inglaterra con los intentos que Wyatt (1503-42) y el conde de Surrey (1516-47) realizan para introducir las formas métricas italianas y la temática petrarquista durante el reinado de Enrique VIII; pero el verdadero Renacimiento inglés, que viene refrenado por la actitud medievalista de la Reforma, no ocurrirá hasta llegar a las figuras de P. Sidney (v.) y Spenser (v.), seguidos de un nutrido grupo, en que destacan poetas tan competentes y originales como Drayton (1563-1631), Herrick (v.), Milton (v.) y A. Morvell (1621-78). Sin embargo, en el momento en que parece establecido el estilo poético clásico, arranca un movimiento paralelo antipetrarquista, derivado en parte y en ciertos casos del conceptismo y el misticismo españoles: es la llamada «poesía metafísica» (v. METAFÍSICOS, POETAS), que desde J. Donne (v.), se extiende a lo largo del s. XVII con Herbert (v.), Crashaw (ca. 1612-49), Vaughan (1622-95) y Traherme (1637-74), cuyas obras poseen una inspirada visión religiosa y una indiscutible calidad estética. La prosa renacentista comprende humanistas, predicadores y escritores de la talla de T. Moro (v.), H. Latimer (1485-1555), W. Tyndale (1495-1536), T. Elyot (1499-1546), R. Hooker (1554?1600) e 1. Walton (v.); traductores de los clásicos antiguos, de la Biblia, y de los grandes españoles, franceses e italianos; historiadores, como W. Raleigh (1552-1618), filósofos, como F. Bacon (v.); y narradores, como Ph. Sidney (1554-86), Lyly (ca. 1553-1606), Nashe (ca. 1567ca. 1601) y Deloney (ca. 1543-ca. 1607), que iniciaron el despertar de la novela arcádica, conceptista, picaresca y realista en Inglaterra. Pero el gran milagro del Renacimiento inglés fue su teatro, que, arrancando con Gorboduc (1561) de T. Norton (1552-89) y T. Sackville (1536-1608) y pasando por Marlowe (v.), Kyd (1558-94) y los ingenios universitarios (v.), con Shakespeare (v.), Ben Jonson (v.) y el grupo de continuadores isabelinos (v. ISABELINO, TEATRO), consigue entre 1580 y 1642 las producciones más asombrosas de la historia dramática europea.

      Periodo de la Restauración. Si el Renacimiento inglés recibe influencias sobre todo italianas y españolas, la Restauración de 1660 delata una visible preponderancia francesa neoclásica en ideas estéticas y racionalistas en el pensamiento. Dryden (v.) la acusa en la poesía y en la tragedia; pero la comedia, en manos de Etheredge (1635-91), Wicherley (1664-1716), Vanbrugh (1664-1726) y Congreve (1670-1729), adquiere un elegante cinismo que la separa decididamente de la directa interpretación isabelina. La prosa de la Restauración registra los eminentes nombres de J. Bunyan (1628-88), autor de la iluminada alegoría The Pilgrim's Progress, de los escritores de diarios Evelyn (1620-1702) y Pepys (v.), de los filósofos Hobbes (v.) y Locke (v.), y del historiador Clarendon (160974). Pero no debemos olvidar que este periodo de frivolidad en el drama, descenso en la lírica y condensación en la poesía narrativa fue el creador del movimiento clarificador en cuanto al estilo, y en él se empezó la renovación del lenguaje que había de culminar en el s. XVIII. Además fue en dicho periodo, si bien respondiendo a una inspiración muy peculiar, cuando Milton (v.) escribió El Paraíso perdido.

      Siglo XVIII. El s. XVIII en poesía sigue las directrices marcadas por Dryden, y Pope (v.) consigue vestir las ideas, los modales y los criterios y anhelos estéticos de su época en un verso de una aforística precisión. El neoclasicismo de Pope es continuado por S. Johnson (v.) y Goldsmith (v.); pero este movimiento tiene escasa vitalidad en Inglaterra, y ya en la primera mitad del s. XVIII se desarrolla una corriente paralela de tendencia prerromántica, que, iniciándose en Thomson (1700-48), Young (1683-1765), Gray (1716-71), T. Percy (1729-1811) y Macpherson (1736-96), con su percepción de la Naturaleza, el descubrimiento del nocturno sepulcral, la meditación sentimental a la caída de la tarde y el interés por la poesía popular y ossiánica, culminará en el romanticismo. El teatro del s. XVIII sigue las huellas del de la Restauración en la comedia y la tragedia, pero se distingue por su multitud de géneros, sobre todo por la irrupción del drama sentimental y la iniciación de la comedia musical. Los mejores comediógrafos del periodo son Goldsmith y Sheridan (1751-1816). Una importante aportación en este siglo es la invención del ensayo periodístico, culto y aleccionador, cuyos principales introductores son Steele (1672-1729) y Addison (v.), que tanto contribuyen a la formación del gusto y criterio de sus contemporáneos. Defre (v.) y Swift (v.) son audaces pioneros del periodismo, el folleto y la narración; pero la creación más sobresaliente de esta época es la novela realista, la plasmación novelada del mundo de lo posible, que es la idea que del género novelesco tenemos en la actualidad. Richardson (v.), Fielding (v.), Defoe, Smollett (1721-71), Sterne (v.) y Goldsmith, sobre todo los dos primeros, son los grandes pilares de la novela inglesa y europea modernas.

      Siglo XIX. El romanticismo inglés, que venía preparándose con los prerrománticos citados y el impulso lírico local de K. Bursus (v.) y profético de W. Blake (v.), irrumpe en 1798 con las Lyrical Ballads de Wordsworth (v.) y Coleridge (v.), y al primer triunvirato romántico formado por los lakistas (v.), que poetizan la Naturaleza, el misterio y las leyendas medievales, les suceden Byron (v.), Shelley (v.) y Keats (v.), con su rebelde desplante irónico, sus sueños de ilusionado idealismo y su veneración por la realización perfecta de la belleza poética. Algunos de estos poetas son figuras de gran relevancia, y, por circunstancias del momento, uno de ellos, Byron, sacudió a Europa con el latigazo de su genio. A éstos les siguieron los grandes victorianos, Tennyson (v.) y Browning (v.), que en temática y actitud suponen una continuación por el mismo cauce, perfeccionando la técnica poética o verificando un intento de caracterización y profundidad psicológica. Los prerrafaelistas (v.), a pesar de sus deseos de renovación, inician una decadencia, y la poesía de fines del s. XIX estará mejor representada por Matthew Arnold (1822-88), Hopkins (v.) y C. Patmore (1823-96). La poesía absorbe casi toda la actividad literaria del periodo romántico, por lo que en la novela sólo aparecen dos nombres universales, Walter Scott (v.) y Jane Austen (v.): el romántico novelista del pasado histórico y la clásica plasmadora de las realidades de la vida cotidiana familiar. El teatro permanece casi mudo hasta la segunda mitad del siglo, en que Robertson (1829-71), Jones (1851-1929) y Pinero (1855-1934) consiguen la renovación técnica y temática preconizada por Ibsen (v.). Queda por reconocer la importantísima labor novelística de la época victoriana, que constituye una realización tan grande como la alcanzada por la poesía romántica. La producción novelada que se puede presentar desde Dickens (v.) hasta Hardy (v.) es impresionante, y quien quiera conocer el mundo inglés del s. XIX en sus vertientes real e ideal, tiene que acudir, además de a los citados, a Thackeray (v.), a Trollope (v.), a las hermanas Bronté (v.) y a George Eliot (v.). Frente al positivismo y criticismo dominantes en la época victoriana conviene contraponer el movimiento de Oxford (v.), de carácter religioso, y el exaltado idealismo de Carlyle (v.).

      Siglo XX. El siglo actual presenta material literario en cantidad y calidad que no desmerece del s. XIX, cuando menos hasta rebasada la II Guerra mundial. En poesía sobresalen los nombres de Hardy, Yeats (v.) T. S. Eliot (v.), los poetas de Oxford (v.), Edith Sitwell (v.), Dylan Thomas (v.) y R. Graves (v.), de los que, si algunos de ellos reaccionan con una actitud fatalista o de protesta, la mayoría responde con una poesía de afirmación del individuo en busca de sí mismo y de la cohesión del universo, abriendo caminos de esperanza o advirtiendo la misión del hombre frente a un mundo huérfano de ideales, que ha perdido la fe en Dios y en su propio destino. El teatro, que al entrar el siglo estaba en manos de Oscar Wilde (v.) y Bernard Shaw (v.), estalla en fecundas posibilidades en Dublín con la inauguración del drama realista irlandés de Synge (1871-1909) y Yeats, que continuará Sean O'Casey (n. 1884), y toma direcciones más o menos originales en Ingláterra con Noel Coward (n. 1899), Galsworthy (v.), el propio Bernard Shaw, Priestley (v.) y Graham Greene (v.). C. Fry (n. 1907) y T. S. Eliot proponen un teatro poético que no obtiene la deseada acogida. Y los dramaturgos modernos, Osborne (v.), Wesker (n. 1932) y Pinter (n. 1930) a la cabeza, consiguen éxitos con la presentación de unas formas teatrales que reflejan con habilidad dramática la rudeza y desilusión de los tiempos modernos. La novelística del s. XX cuenta con Kipling (v.), Wells (v.), Galsworthy, Somerset Maugham (v.), Lawrence (v.), Joyce (v.), Virginia Woolf (v.), Forster (n. 1879), Huxley (v.), E. Waugh (v.), Graham Greene, Ivy Compton-Burnett (n. 1892), Elizabeth Bowen (n. 1892), L. P. Hartley (n. 1895), C. P. Snow (n. 1905) y W. Golding (n. 1911), figuras que aportan un enorme caudal artístico recogido en muy diversas zonas de la experiencia humana. Grandes figuras del ensayo y de la prosa histórica y filosófica modernas son Chesterton (v.), Belloc (v.), B. Russell (v.), C. Dawron (v.) y A. Toynbee (v.).V. t.: VII;ANGLOSAJONES II;ANGLONORMANDO.
ESTEBAN PUJALS.
    BIBL.: A. W. WARD y A. R. WALLER (editores), The Cambridge History of English Literature, 15 vol., Cambridge 1907-16; E. A. BAKER, The History of English Novel, 10 vol., Londres 1924-39; A. NICOLL, A History of English Drama 1650-1900, 6 vol., Cambridge 1952-59; British Drama, Londres 1947; H. 1. C. GRIERSON y J. C. SMITH, A Critical History of English Poetry, Londres 1947; E. JENNINGS, Poetry To-Day, Londres 1961; G. SAMPSON, Historia de la literatura inglesa, Madrid 1953] R. GULLÓN, Novelistas ingleses contemporáneos, Zaragoza 1945; R. PÉREZ DE AVALA, Principios y finales de la novela, Madrid 1958; F. M. LORDA, Teatro inglés, desde Osborne hasta hoy, Madrid 1964; E. PUJALS, Drama, pensamiento y poesía en la literatura inglesa, Madrid 1965; 1. MOLINA QUIRÓS, La novela utópica inglesa, Madrid 1967.

     

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