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Martes, 21 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Abenguzmán, Cancionero de
Categoria:
Literatura
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Muhammad b. `Abd al-Malik b. Quzman es uno de los mejores poetas árabes de todos los tiempos.

      N. en Córdoba alrededor del a. 1078, pues en el momento de la batalla de Zalaca nos consta que tenía de seis a ocho años. Su nombre Ibn Quzman puede hacer pensar en una posible ascendencia romance y cristiana, pero es difícil afirmarla con certidumbre desde el momento en que en la Arabia de la época del Profeta había ya personajes de ese nombre (cfr. Ibn Hisam, Sirat al-rasul II, 372). Para algunos autores fue un personaje importante, pues el único códice en que se nos ha conservado su diwan (col. de poesías) pequeño (Leningrado, Museo Asiático, 296) le atribuye la dignidad de «nobilísimo visir» y, a pesar de la degradación que este título había experimentado en al-Andalus, aún debía significar algo en el s. XII. Pero tal dignidad no se corresponde con los datos autobiográficos de sus zéjeles: en el 91 se le describe corriendo de un lado a otro con un mono y muchos otros nos lo presentan más como un juglar que como un visir. Desde el punto de vista literario tenemos una idea bastante clara de sus conocimientos: se halla familiarizado con los mejores autores clásicos como Abu Tammam, al-Mutanabbi (v.), Du-1-Rumma, Yamil, etc., y tiene una idea bastante clara de la filosofía, jurisprudencia y retórica. Sea como fuere, nos dice que «era alto de talla, de ojos azules, libertino y mal casado; que fue encarcelado y maltratado por su poca escrupulosidad religiosa; que no sabía nadar ni había visto el mar» (E. García Gómez).

      Posiblemente, y de ser cierta la noticia que nos conserva al-Tifasi acerca de la invención del zéjel (v.), que atribuye a Avempace, Ibn Quzman fue el primer gran escritor que empleó esta estrofa y la retocó: «lo limpié de sus nudos que lo afeaban... lo hice fácil, pero fácil difícil; vulgar y raro al mismo tiempo, arduo de conseguir y obvio». Convencido de su propio valer literario, no vacila en afirmar (zéjel 65 de la ed. de A. R. Nykl): «Mi excelente zéjel / Se oye en el Iraq / ¡Qué genial es esto! / Otros versos no valen / Junto a este donaire».

      Ibn Quzman llevó una vida de libertino; fue homosexual (13, 30, 51, 62 y 123), lo que le llevó a dar cumplidos retratos de sus jóvenes efebos (115, 116) y a vituperar a las mujeres (89):

      «Sólo huyendo de ellas se puede conseguir alguna ganancia. / No creo que ninguna, mientras viva en este mundo, tenga algún valor. / A mí todas me parecen igual, tanto la joven como la vieja, / La despegada o la cariñosa, la gorda o la delgada». Y, en consecuencia, se burla del amor platónico o `udri (123).

      Ocupan buen lugar en sus versos las descripciones de fiestas, p. ej., la del nayruz, de origen persa, que se celebraba en enero (72); enumera los instrumentos musicales de la época: tambores, adufes, castañuelas, flautas, etcétera (12, 147) y cita algunos bailes, como el de las mangas (147).

      Hacia el fin de sus días debió convertirse y prepararse para bien morir (147):

      «Aben Guzmán se arrepintió. ¡Bueno será para él si persevera! / Sus días pasados eran fiestas entre los días. / Pero después del sonar de atabales y adufes y de arremangarse para el baile / Ahora sube y baja por la torre del almuédano. / Se ha hecho imán en la mezquita y reza prosternándose e inclinándose».

      M. en Córdoba en 1160. Nos ha legado unas cuantas poesías clásicas de poco valor y un diwan (el pequeño), que contiene 149 zéjeles (editado fototípicamente por D. Gunzburg, Berlín 1896). El texto árabe transcrito en caracteres latinos y con traducción parcial fue publicado por A. R. Nykl (Madrid 1933). Esta publicación hay que manejarla con mucho cuidado, pues el editor intentó regularizar los textos en árabe dialectal hispánico sin emplear un criterio constante y riguroso; de aquí que una misma palabra diptongue o no; que la imela (fenómeno fonético) aparezca esporádicamente y que determinados fragmentos de la traducción estén influidos por malas lecturas o desconocimiento de la lexicología dialectal de la época. Un nuevo grupo de zéjeles, tomados del diwan grande que hasta ahora sólo conocíamos por citas literarias, ha sido editado y traducido por H. Ritter y W. Hoenerbach («Oriens» III, 1950, 266-315). El texto, correcto científicamente, presenta el inconveniente de haber querido acomodar los versos a una métrica cuantitativa cuando, en rigor, la métrica del zéjel propiamente dicho es isosilábica.

      S. M. Stern («Al-Andalus» XVI, 1951, 379-425), tras un estudio estadístico de los zéjeles quzmanianos, los ha distribuido en dos sistemas estróficos: 1) El zéjel moaxajeño, que es un poema del mismo tipo que la moaxaja, pero escrito en árabe dialectal en vez de clásico, y que constituye un tercio de la producción de nuestro autor. Consta de cinco a siete estrofas y la temática y la jarcha coinciden con las empleadas en la moaxaja. 2) Zéjel propiamente dicho, sin limitación en el número de estrofas y en el que las rimas comunes sólo reproducen la mitad de las rimas del preludio. Constituye los dos tercios de la producción de Ibn Quzman.

      Ibn Quzmán se nos muestra en sus zéjeles renovador, burlón y crítico de los tópicos clásicos. El símil de la mano generosa representada por la nube cargada de lluvia lo rehace así (14):

      «Si metiera la mano en el río, / Por Dios que aquel año se saldría de madre».

      Y sus báquicas no tienen desperdicio y recuerdan a Abu Mihyan (90):

      «Cuando muera éstas son mis instrucciones para el entierro: / Dormiré con una viña entre los párpados / Que me envuelvan entre sus hojas como mortaja / Y me pongan en la cabeza un turbante de pámpanos».
J. VERNET GINÉS.
    BIBL.: Aparte de la citada en el texto, v. E. GARCÍA GÓMEZ, Una voz en la calle (siglo XII), «Cruz y Raya» III (15 un. 1933) 31-59. De este artículo están tomadas casi todas las traducciones dadas más arriba. Ha sido reproducido en el nº 513 de la Col. Austral; A. R. NYKL, Biographische Fragmente über Ibn Quzman, «Der Islam» XXV (1938) 101-133; A. R. NYKL, Algo nuevo sobre Ibn Quzman, «Al-Andalus» XII (1947) 123-126; 0. J. TUULIO, Ibn Quzman poète hispano-arabe bilingüe. Edition critique, partielle et provisoire. Chansons 10, 19, 20, 79, 84, 87, 90, «Studia Orientalia» IX, 2, Helsinki 1941; C. F. SEYBOLD, Ibn Kozman, Encyclopédie de l'Islam, II, París 1908-38, 423; F. BAJRAKTAREVIC, Ibn Kuzman, Supplément de 1'Encyclopédie de l'Islam, París 1908-38 ss. 98-99; J. RIBERA, El cancionero de Abenguzmán (reproducción del discurso de entrada en la Real Academia Española, «Disertaciones y Opúsculos», I, Madrid 1928, 3-92; E. GARCíA GÓMEZ, Ibn Quzman editado por Nykl, «Al-Andalus» I (1933) 453-456; E. LÉVI-PROVENÇAL, De noureau sur Ibn Quzman, «Al-Andalus» IX (1944) 347-369; G. S. COLIN, Qumaniana, «Mélanges E. Lévi-Provençal», vol. I, París 1962, 87-98; O. J. TUULIO, Sur les passages en espagnol de Ibn Quzman, «Neuphilologische Mitteilungen» XXXIX (1938) 261-268.

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
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