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Jueves, 23 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Darío, Rubén
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Poeta nicaragüense, creador y propagador del modernismo literario (v.) en Hispanoamérica y España.

      Vida y obra. N. el 18 en. 1867 en la aldea de Metapa (antes Chocoyos y hoy Darío), pueblecito no lejano de la sierra de Jinotepa. Sus padres fueron Manuel García y Rosa Sarmiento. Desavenidos, el coronel Félix Ramírez Madregil acogió a la madre y al niño y los trasladó a León, donde comenzó la instrucción de R. Félix Rubén fue un niño algo prodigio, según él mismo confiesa, y a los tres años sabía leer. Su primer maestro es una mujer; después, Felipe Ibarra, un joven poeta que le encamina hacia la poesía. Escribe versos antes de cumplir los 13 años, lo que le vale el sobrenombre de «poeta-niño»; pero su familia le coloca de aprendiz en casa de un sastre. El oficio desagrada a R. que prefiere asistir a la escuela. Sigue sus estudios en los padres de la Compañía de Jesús. Con ellos conoce los clásicos castellanos y espiga bastante el latín y algo el griego. Ya adolescente evoca a los cisnes en su poesía. Por entonces empieza a firmar con el nombre Darío, apodo común a los miembros de su familia. A los 15 años, en la República de El Salvador, conoce a Francisco Gavidia (1864-1955), con quien se aficiona a la lectura de autores franceses contemporáneos.

      A los 18 años da a la imprenta, en Managua, su libro Epístolas y poemas, que no circula hasta 1888, cambiado el título por el de Primeras notas. Sus versos son retóricos y brillantes, pero no prometen nada todavía. En 1886 trabaja en los periódicos de Chile, donde lee a los autores franceses contemporáneos. Los versos de ese tiempo revelan, no obstante, la influencia española. Abrojos (1887) recuerda las Humoradas de Campoamor (v.). Publica un folleto de Rimas (1888). En este año da a conocer la primera versión de Azul donde se percibe la inspiración en Francia.

      La vida viajera y diplomática del poeta comienza bastante pronto. Tras su viaje a Chile, se halla en Madrid en 1892 como representante centroamericano en el IV Centenario del Descubrimiento de América. En 1893 es diplomático por vez primera. Colombia le nombra cónsul en Buenos Aires. La permanencia en esta ciudad hasta finales de 1898 señala el momento en que el modernismo inicia su apogeo. En la Argentina encuentra un grupo de escritores y poetas identificados con el movimiento de renovación literaria que él representa. Sin embargo, junto al influjo francés puede advertirse ya el de José Martí (v.), un cubano al que la moderna crítica señala como auténtico padre del modernismo. Así, en su Elogio a Don Vicente Navas (1893) pueden advertirse los modos de Martí; su verso, generalmente ornamental, se vuelve aquí sencillo y reposado como en la poesía martiana. Antes de su primer viaje a España, contrae matrimonio con Rafaela Contreras, el 21 jun. 1890, en Costa Rica; pero enviuda y vuelve a casarse el 8 mar. 1893 con Rosario Murillo, a los cuatro meses de fallecer su primera mujer.

      En 1896 publica un volumen de artículos sobre personalidades literarias que titula Los Raros. Los artículos habían sido previamente publicados en La Nación de Buenos Aires, periódico del que era corresponsal desde 1888. En 1896 aparecen sus Prosas profanas, que causan sensación como estandarte de una revolución poética; algunos amigos piden a D. un manifiesto que se niega a dar. El libro resulta exótico, preciosista y ricamente imaginativo. Con él se inicia la primera etapa versificadora del poeta nicaragüense.

      En 1898 embarca como corresponsal de La Nación rumbo a España. Por segunda vez pisa suelo hispánico en Barcelona el 1 en. 1899. El día 4 está ya en Madrid. El objeto del viaje es transmitir el impacto de la guerra de Cuba, el desastre del 98 en España. Fruto de sus crónicas es el libro España Contemporánea (1901), donde el influjo de la prosa martiana es patente. El contacto con tierra española es bastante profundo. Su crítica al principio es dura, pero al dejar la península en 1900 piensa ya de manera muy distinta. Constata el empuje de las generaciones nuevas; conoce a Benavente y Azorín; polemiza con Unamuno, el cual tacha a R. D. de afrancesado; traba amistad con Valle Inclán y Villaespesa, y cuando estos hombres le llaman a colaborar en sus revistas literarias se suma a ellos sin vacilación. Intima con los Machado (Manuel es secretario suyo, más adelante, en París) y, en definitiva, su diagnóstico cambia. En Tierras solares (1904), otro libro de crónicas sobre España, rectifica: «Cuando os escribí de España fue a raíz de la guerra funesta. Acababa de pasar la tempestad, estaba dolorosa y abatida la raza, agonizaba el país». En Madrid conoce a Francisca Sánchez, de la que hace su amante. Tienen un hijo, Phocas, que muere en 1905. Es el segundo del poeta, a quien ya se le había muerto una niña, Carmen.

      En 1905 publica Cantos de vida y esperanza, el más importante de sus libros en verso. A partir de ahora puede ya considerársele el «poeta de América». Todavía suena como un rumor que le acerca a los simbolistas, pero aquí todas las innovaciones revolucionarias están sancionadas sin titubeos. Los antiguos metros españoles, dodecasílabos, endecasílabos, etc., liberados de acentos fijos, suenan de modo insólito; el alejandrino vuelve a correr por sus cauces y aparecen otros metros nuevos como el hexámetro latino. Todas las innovaciones han adquirido carácter propio, rubenciano. Comienza el libro con una confesión de nuevas normas: «Yo soy aquel que ayer no más decía...» Hay una reacción triunfante contra el afrancesamiento anterior; su pensamiento se tamiza y purifica a través de un fino crisol y su espíritu se modela en nuevos troqueles. Poco tiempo después confesará que su antiguo entusiasmo por los «raros» fue producto de su exaltación juvenil. Pero ahora su sensibilidad se manifiesta mucho más fina y sensible. Su técnica se estiliza y penetra en los rincones más recónditos de su personalidad. Este libro marca el franco retorno hacia España (Ángel del Río). Él mismo lo ha manifestado: «Hay, como he dicho, mucho hispanismo en este libro mío, ya me dirija al Rey Oscar de Suecia, o celebre la aparición de Cyrano en España, o me dirija al presidente Roosevelt... o escriba la Letanía de Nuestro Señor Don Quijote. ¡Hispania por siempre! Yo había vivido allí por algún tiempo y habían revivido en mí alientos ancestrales» (Historia de mis libros, 1912).

      En 1906, R. D. Está en Francia como delegado de Nicaragua en el tercer centenario de Corneille. En 1907 concluye su mandato, iniciado en 1903, como cónsul de Nicaragua en París. Este año publica El canto errante, donde figuran algunas composiciones escritas años antes, pero no recogidas en libros precedentes. Vuelve, por fin, después de quince años, a su tierra donde es recibido triunfalmente. Su breve estancia. en su patria natal es recogida en un libro en prosa y verso El viaje a Nicaragua, publicado en 1909. De Nicaragua regresa a Madrid en 1908, donde va con el rango de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de su país, cargo que ostenta hasta 1910. Este mismo año da a conocer un libro de versos, Poema del otoño y otros poemas, entre los que figuran célebres composiciones como Los motivos del lobo y La cartuja. Poco después se hace cargo de la dirección de «Mundial-Magazine», revista en castellano con sede en París. El primer número circula en abril de 1911 (aunque con fecha de mayo) y la revista obtiene una acogida favorable en América. En 1912 realiza con los patrocinadores de la revista una excursión por las tierras de habla hispánica. El recorrido comienza en España, pero la salud del poeta desfallecía en gran parte debido al abuso del alcohol, y tiene que quedarse en Mallorca, donde consigue descansar y restablecerse.

      En 1914 aparece su último libro de versos Canto a la Argentina y otros poemas. Era la aurora de la I Guerra mundial. Un poeta amigo, Alejandro Bermúdez, le propone dar una gira de conferencias por Estados Unidos. En Nueva York escribe su poema Pax, donde invita al Nuevo Mundo a huir del fantasma de la guerra. Su voz se dirige a todo el continente americano, grandilocuente y sonora, aunque ya su verso no ofrezca la prestancia de sus mejores libros. Sus achaques se agravan. Cae enfermo de pulmonía doble, de la que a duras penas escapa con vida. Regresa a Nicaragua donde m. en León el 6 feb. 1916.

      Significación poética. «Todo el proceso del modernismo está íntegro en la obra de Rubén Darío. Ese movimiento de renovación, bueno es recordarlo una vez más, se inició en el anhelo de alcanzar una nueva y refinada forma de expresión, brindó acogida al amor de lo exótico y al cultivo del juguete elegante, y por un momento pareció que el amaneramiento preciosista representaba la voluntad de estilo del modernismo; después, sin embargo, se acentuó dentro del movimiento la tendencia de dar preferencia a temas de hondo subjetivismo lírico frente a los problemas de la naturaleza y el destino, y la de recoger el legado del americanismo literario, con nuevo estilo y nueva mentalidad. ¿No resume y representa la obra de Rubén Darío todas y cada una de esas etapas del movimiento? El modernismo ya cumplida su misión murió con él» (Henríquez Ureña).

      Pero aun cuando la significación de R. D. es propiamente modernista, es fácil detectar sombras de influencias previas y también un temperamento propio y definido, independiente, como corresponde a todo gran poeta. Comienza con resonancias románticas. Sin embargo, la superación de los excesos románticos será pronto uno de los leitmotivs de la nueva preceptiva. La vocación de reformar el arte poética se observa rápidamente y se comienza a plasmar en su estancia argentina. Ya a partir de Azul se revela una personalidad autónoma, a pesar de estar afincada y de protagonizar el movimiento modernista. «Como casi todo grande y verdadero poeta, Darío es multiforme y ecléctico. Sorprende, con frecuencia, con su busca, con su hallazgo de numerosos caminos expresivos y estéticos. Pronto, y con sorprendente sagacidad, lo comprendió así Juan Valera cuando, con sólo Azul a la vista, escribió la primera de sus Cartas, publicadas en El Imparcial de Madrid en octubre de 1888: Ni es usted romántico ni naturalista, ni neurótico, ni decadente, ni simbólico, ni parnasiano. Usted lo ha revuelto todo: lo ha puesto a cocer en el alambique de su cerebro, y ha sacado de ello una rara quintaesencia» (J. A. Balseiro). No era otra cosa lo que R. D. pretendía, y no hay mejor palabra que la de modernismo para definir esa quintaesencia que Valera intuía pero que no sabía delimitar, porque indudablemente era todavía prematuro hacerlo.

      Aunque D. comience por lo francés acaba, como hemos visto, por lo hispano. Pero su significación más propia reside en su elevación como poeta del Continente.

      La evolución de su pensamiento artístico es clara. Desde el principio es consciente de la necesidad de un programa poético y de la reforma y reacción frente a la tradición clásica española, procurando una actitud de selección y de pureza. Pero luego lo que censura son las formas caducas y convencionales que se habían mantenido merced a estrechos preceptos y prejuicios académicos. Respeta así la calidad de la poesía española del pasado, pero no su preceptiva neoclásica. Entonces su versificar se convierte en una exaltación del arte y de la libertad creadora, engarzada en una nueva forma elegante de expresión. A medida que ese ánimo de liberación toma conciencia en él, se va desprendiendo de la hojarasca francesa, simbolista y parnasiana (v. SIMBOLISMO, II, PARNASIANISMO), que sólo fueron las muletas de su iniciación, para conseguir un movimiento propio y personal que habría de conectar con toda una ansia de expresión renovadora del continente americano de habla hispana. Entonces, el exotismo modernista se llena de indigenismo, de americanismo, pero a la vez se abre hacia un sentir más cosmopolita y universal. La obra de D. es un fiel reflejo de estas transformaciones. «¿Por qué se verifica en tierras americanas el renacimiento poético? Desde luego, para Darío, porque España amurallada y cerrada, se ha estancado dentro de su tradicionalismo» (A. W. Phillips). Sin embargo, este juicio dariano se modificará con sus contactos españoles. El poeta apenas se preocupa por una defensa de sus propios principios estéticos. Para él, su obra y la de otros poetas modernistas era un elocuente testimonio. Por eso, cuando juzga las letras españolas se nota en seguida un fondo de orgullo natural, personal, pero también americano. El canto errante lleva como prólogo unas palabras tituladas Dilucidaciones, dirigidas «A los nuevos poetas de las Españas», que son como una autobiografía literaria, una declaración de principios y un significativo resumen de los móviles de su arte: proclama desde el principio su fe en la poesía; aplaude «lo sincero, lo consciente y apasionado»; y cree que la poesía está destinada a modificarse continuamente en busca de su propia expresión. Repite que nunca se ha propuesto reglas; que no ha deseado convertirse en modelo para los otros poetas; y señala cómo ha deseado combatir la retórica inmovilizada. Al reproche de haberse consagrado a un culto a la forma responde que no se trata de formas sino de ideas, y acaba diciendo que «el don del arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido... No hay escuelas; hay poetas. El verdadero artista comprende todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas. Toda la gloria y toda la eternidad están en nuestra conciencia».
L. NÚÑEZ LADEVÉZE.
    BIBL.: M. HENRíQUEZ UREÑA, Breve historia del Modernismo, México 1964; G. DIAZ PLAZA, Rubén Darío, su vida, su obra, su escuela, Barcelona 1930; A. TORRES RÍOSECO, Vida y poesía de Rubén Darío, Buenos Aires 1944; P. SALINAS, La poesía de Rubén Darío, Boston 1948; R. SILVA CASTRo, Rubén Darío a los veinte años, Madrid 1964; 1. A. BALSEIRO, Seis estudios sobre Rubén Darío, Madrid 1967; A. OLIVER BELMÁs, Este otro Rubén Darío, Madrid 1968; VARIOS, Darío, Santiago de Chile 1968; G. DE TORRE, Vigencia de Rubén Darío, Madrid 1969; V. MARRERO, Nuestro Rubén, Madrid 1970.

     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
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