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Lunes, 20 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Gremios I. Historia.
Categoria:
Historia
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Antecedentes. Las asociaciones profesionales en torno a un mismo oficio se remontan a la Antigüedad, tanto en Oriente como en Occidente. Pero las asociaciones constituidas por maestros, oficiales y aprendices, y regidas por unas ordenanzas, surgen en la Edad Media, que es cuando alcanza más vigor el movimiento gremial. Antecedentes de los g. pueden considerarse las corporaciones griegas prehelénicas de comerciantes (emporoi) y armadores (maukleroi), y los collegia romanos constituidos en los últimos años de la República (s. I a. C.) y desaparecidos con la caída del Imperio romano de Occidente (476).

      La tradición de los collegia se mantuvo en Constantinopla. En el reinado del emperador León IV, el Libro del Prefecto (ca. 900) contiene instrucciones sobre la organización corporativa. Paralelamente a esta institución y con un desarrollo también paralelo al de las gildas y cofradías, existieron las hvirf ingr, de hringr (círculo), por la colocación circular de sus miembros en el ritual de la bebida sagrada, que les unía mediante lazos místicos de solidaridad fraternal. Similares fueron en Inglaterra las frith-borh o peacepleadge, asociaciones en defensa de la paz, que también existieron en otros países. Más próximas a los g. existieron en la Francia carolingia (s. VIII-X) las cofradías o asociaciones religiosas, más autónomas que las actuales. Entre los g. y estos antecedentes no parece que haya conexión alguna institucional, de tal modo que no puede aseverarse que los g. suceden a los emporoi, collegia, etc. Ciertamente, todos ellos proceden de la tendencia humana a la asociación.

      Por ello no es extraño que con nombres distintos y aspectos diferenciadores surjan en Oriente y Occidente con total independencia, sin influenciarse mutuamente. Y casi lo mismo ocurre entre los g. de distintos países europeos. En este caso, circunstancias parecidas motivaron instituciones similares, llámense g., guildas (o gildas), etc. Común denominador de estas asociaciones profesionales o corporaciones fue el objetivo de sus miembros de protegerse y ayudarse.

      Conceptos y orígenes. (Del latín gremium, `seno, regazo, protección'). Los g. surgen por un deseo natural de asociación, que encuentra su marco adecuado a partir del s. XI en las estructuras socioeconómicas de la época, sobre todo, en la fase más avanzada de la Baja Edad Media, que es cuando el gremialismo registra mayor vitalidad. Al deseo de asociación profesional, con fines económicos y sociales, se une la posibilidad de un ejercicio en las populares democracias medievales, que nacen al amparo de las ciudades y de los privilegios concedidos a sus moradores por los reyes. Parece ser que los g. tuvieron en principio un carácter mixto, religioso y profano. A través de capitulaciones y decisiones conciliares y sinodales se ha llegado a la conclusión de la existencia de cofradías desde el s. VIII. En estas cofradías se encuentran los gérmenes del derecho de asociación que practicaron los g. Pero no son visibles los lazos de unión que más tarde unirían a los miembros de los g., estrechamente vinculados entre sí por unos estatutos jurídicos y unas ordenanzas en las que el individuo queda absorbido por la institución. Por ello, cuando en el Renacimiento se despierta la conciencia individual y el individuo comienza a contar como tal, se inicia la decadencia de los g.

      Es posible que las asociaciones de mercaderes precedieran a las de artesanos y fueran, por tanto, anteriores al s. XI. Éste es el caso de las Kaufmansgilde germánicas. Las gilda mercatoria de los textos latinos son las gildas (en inglés guild, de ahí guilda) de mercaderes, también llamadas hansa o kopgilde en Alemania y mercanzia en Italia. Pero el empleo del término gilda es más antiguo que las mismas asociaciones de mercaderes. Deriva de la antigua voz germánica gelt, feld (pago), con la que indicaban lo que debían entregar los miembros de la asociación para obtener unos fines comunes. Pero también geld significa sacrificio, ofrenda, banquete y culto. El vocablo fue introducido en Inglaterra, durante los s. V-VI, por los anglosajones procedentes del norte de Europa y dio origen a la palabra guild, equivalente a gremio, en castellano, y que también podemos llamar guilda. En estas gildas o guildas se practicaban ritos de origen pagano, aun después de la conversión al cristianismo. Entre sus miembros era frecuente la libación y el juramento. Y fue precisamente el juramento en común o conjugatorio lo que puso en guardia a los reyes carolingios, que consideraron estas asociaciones como peligrosas.

      Entre los anglosajones, las asociaciones tenían una finalidad de protección de sus miembros, con funciones sociales y religiosas que, desde mediados del s. XI, son reemplazadas por la protección a la vida y a la propiedad. Primitivamente, se prestaba juramento al asociarse, se pagaba una cuota y se efectuaban reuniones periódicas. Según H. Pirenne, los g. (entiéndase también gildas o guildas) de mercaderes iniciaron la autonomía urbana en Occidente. Los g. de artesanos constituyen un fenómeno propiamente urbano y se difunden hacia 1250, época en la que han perdido su primitivo carácter benéfico.

      Evolución. Factor importante en la evolución de los g. en Europa, tanto en Francia como en Inglaterra y Alemania, fue el cristianismo. A medida que el mundo pagano se incorpora a la religión cristiana, abandona costumbres y modos de vida que habían condicionado las estructuras sociales, por la íntima relación de lo sagrado y lo profano entre los pueblos paganos. Por ello, la incorporación social al cristianismo es bastante posterior a la conversión en el norte de Europa y aun entre los francos y entre los anglosajones que invaden Inglaterra. La nueva sociedad cristiana de derecho está impregnada de elementos paganos, que sólo el tiempo hará desaparecer. De ahí las concomitancias entre los g. francos, p. ej., y las concepciones religiosas y sociales del paganismo. Y a medida que el espíritu cristiano penetra en estas asociaciones se purifican de elementos paganos, derivando hacia el plano económico y político en el que han incidido en la Baja Edad Media.

      Los g. estaban concebidos como un sindicato único, que agrupaba a maestros, oficiales y aprendices. Encontraron un marco adecuado en el cristianismo, que predica la solidaridad y la fraternidad entre los hombres. El primitivo carácter benéfico es una proyección de la caridad cristiana. Sin embargo, en la práctica, al menos aparentemente y cada vez más, son razones económicas y sociales las que mueven los hilos de los g., las que promueven su constitución. Pero la idea de fraternidad sigue presente en los g., de tal modo que se convierten en círculos estrechamente cerrados, en castas de difícil acceso que paralizan la economía y contribuyen al despoblamiento de las ciudades, al no dar entrada en ellos a amplios sectores de la población que, por consiguiente, se desplazan a otras zonas de mayores posibilidades de trabajo. Particularmente, son los maestros los que se constituyen en clase hereditaria cerrada, atentos únicamente a su beneficio y al mantenimiento de privilegios.

      El sistema corporativo degenera en luchas sociales a fines del s. XV, sobre todo, en las ciudades industriales de Flandes e Italia, donde los g. son vencidos por la fuerza del capitalismo y del industrialismo. Del conflicto social se pasa al político, reclamando igualdad de derechos e intervención en el gobierno de las ciudades, hasta entonces monopolio de los patricios, en cuyas manos se encontraba también el comercio. Es la lucha entre la pequeña y la alta burguesía, que termina con el triunfo definitivo de esta última. Aun cuando en un principio y en contadas ocasiones los artesanos obtienen el gobierno de la ciudad, acaban perdiéndolo. Y el auge industrial ahoga la artesanía, transformando el artesano en obrero, al pequeño propietario en simple productor. Persisten, en cambio, los g. de comerciantes, cada vez más capitalizados. El régimen corporativo de los oficios fue obligatorio, durante el s. XIV, en Alemania, Francia, Inglaterra e Italia.

      Cuando los g., manejados por los maestros, aspiraban al gobierno de las ciudades, no lo hacían pensando en el pueblo, sino en el beneficio de la clase de los maestros, contra los que hubo coaliciones de oficiales y levantamientos populares (Florencia, 1282-1382), ni tampoco se conformaban con eso. Pretendían también la autonomía política y jurídica de la ciudad. Ello explica la prohibición de los g., bien fueran públicos o clandestinos, en diversas partes de Europa (Arras 1243; Malinas 1304; Leyden 1312). El emperador Federico II llegó a prohibir todo tipo de corporaciones en Alemania. El poder de los g. medievales llegó a ser bastante grande. Sus ejércitos comunales intervinieron en las luchas del Medievo.

      La formación de los g. no se realizó de un modo único. Algunos se constituyeron por evolución de las cofradías y otros surgieron independientemente. En un principio, agrupaban a varios oficios y actividades. En Inglaterra, la palabra guild se refirió durante cierto tiempo a toda actividad económica, tanto mercantil como artesana. A medida que evolucionaron estas instituciones, agruparon en cada una de ellas a los que ejercían una misma actividad. Las organizaciones puramente profesionales se constituyeron en el s. XIII, vinculadas a la ciudad y con un carácter casi oficial en la organización social de la época. El g. ocupaba un lugar intermedio entre la familia y el municipio. Los asociados a un g. podían pertenecer a una u otra cofradía de carácter religioso. Del mismo modo, varios g. se unían en una misma cofradía con fines espirituales. Es indudable que la vinculación entre g. y cofradía no sólo fue de origen.

      Las nuevas formas de capitalismo y la industrialización progresiva, la lucha contra el monopolio y el clasismo, el descrédito del paternalismo, el principio de libertad individual, un mayor respeto y consideración a la persona y a su obra, cte., dieron fin a los g. a partir de la Revolución francesa (1791), aun cuando mucho antes (principios del s. XVIII) llevaban ya una vida apagada, sin apenas intervención en la vida económica, social y política de la mayoría de los pueblos. Se abolieron en 1791, en Francia; en 1807, en Roma; en 1859-60, en Austria y Alemania; subsistieron en los países árabes, India y Extremo Oriente. Antes de su extinción definitiva experimentaron un proceso de oposición por parte de los poderes públicos. El liberalismo ha continuado el sistema gremial, pero de modo distinto, a través de los sindicatos (v.), que si son de libre constitución y formados exclusivamente por obreros, nada tienen que ver con el espíritu gremial de jerarquía.

      La libertad de asociación con fines lícitos y el libre ejercicio profesional son principios defendidos hoy día por la doctrina social de la Iglesia, en evidente contradicción con el gremialismo, uno de cuyos fundamentos era la obligación de agremiarse, hasta el punto de que el que no pertenecía a un g. no podía ejercer su profesión y era fanáticamente perseguido por los agremiados. Desde un punto de vista técnico, la desaparición de los g. supuso la decadencia de la artesanía; y hasta la formación de los sindicatos y las reglamentaciones laborales, el obrero ha estado expuesto a las variaciones de la oferta y la demanda. Además de los factores externos señalados como causa de la desaparición de los g., pueden señalarse como factores internos: los privilegios, el exclusivismo, los escasos medios técnicos en una época de progreso, su estancamiento en el pasado, el excesivo intervencionismo, el monopolio, la insuficiencia de capital, la falta de competencia, la poca libertad de los asociados, etc.

      En España y América. El origen de los g. en España es posterior al del resto de Europa, pero han de considerarse dos regiones, catalano-aragonesa (corona de Aragón) y castellana, perfectamente delimitadas en cuanto al origen y desarrollo de los g. La vinculación de la cofradía al g. y la de ambas asociaciones es una característica muy española, por simples razones de espiritualidad e intervención eclesiástica. Normalmente, cada g. se acogía a la protección de un santo patrono.

      Aunque en el s. XIII existían ya g. en Cataluña, puede decirse que hasta el xiv no estuvieron organizados como g. de carácter profesional, siendo más bien hasta entonces cofradías gremiales, es decir, asociaciones de artesanos y mercaderes que se unían con fines asistenciales y religiosos. El objeto de los g. propiamente dichos fue más bien económico, laboral y técnico. A través de sus ordenanzas, de las que se hicieron recopilaciones en varias poblaciones (Toledo y Sevilla, 1527; Granada, 1552), se regulaba todo lo concerniente a funcionamiento, trabajo, examen para obtener el grado de maestro, salario, horario, calidad, inspección, infracciones, etc. Los g. debían ser aprobados por el rey o por el concejo, en quien delegaba el monarca._ Esta circunstancia impidió que en Castilla no hubiera g. hasta el reinado de los Reyes Católicos. Sus antecesores en el reino castellano habían prohibido los g., por considerarlos contrarios a la libertad de oficio y a la iniciativa privada, y peligrosos para la autoridad real, como fuente de monopolios y abusos. Existía la experiencia de las cofradías, de las que ya en Las Partidas se excluían las que no tuvieran un carácter estrictamente religioso y benéfico.

      El órgano supremo del g. era la junta de gobierno, formada por los magistrados directivos, consejeros, veedores, etc. Los cargos se designaban en la Junta general, a la que también asistía algún representante del municipio. La inspección corría a cargo del veedor, que visitaba los talleres para comprobar si se cumplían las ordenanzas y sancionar en caso contrario. Se podía ingresar en el g. una vez cumplidos los 16 años, como aprendiz. El aprendizaje duraba 2-4 años, al cabo de los cuales, si se había demostrado competencia, el candidato se inscribía como oficial, categoría en la que se permanecía durante dos años, pasados los cuales se adquiría el grado de maestro mediante examen, consistente en la realización de una obra del agrado del tribunal, compuesto por maestros. Sólo éstos podían tener taller a su nombre, taller que hacía las veces de escuela de oficios. Los ingresos de los g. procedían de los encargos que recibían, de las multas a los infractores de las ordenanzas y de los derechos de examen. Los contratos que amparaban a los artesanos ante los cambios económicos datan de 1389, así como los exámenes. Contratos y exámenes se generalizaron entre 1430 y 1462.

      Gran importancia económica tuvieron los Cinco Gremios Mayores de Madrid, compañía de comercio designada con este nombre y que en 1686 se constituyeron como colegio de mercaderes. La decadencia de éstos y otros g. en España se recrudeció con la política reformista de Carlos III, en la segunda mitad del s. XVIII, bastante más tarde que en el resto de Europa. Las Soc. Económicas de Amigos del País pretendieron sustituir a los g. en cuestiones de enseñanza. Pedro Rodríguez Campomanes (v.), ministro de Carlos III, se mostró partidario de una reforma de los g., tan debatidos en su época (combatidos por progresistas y defendidos por conservadores) y que se abolieron definitivamente en 1840. Por Decr. de 3 jun. 1813 fueron extinguidos legalmente por las Cortes de Cádiz. En 1815 volvieron a entrar en vigor las ordenanzas de oficios. En 1836 se estableció la libertad de trabajo. Posteriormente subsistieron como asociaciones de carácter voluntario y con unos fines asistenciales, que luego pasaron a los montepíos y mutualidades. El movimiento corporativista del s. XIX se inspiró en los g.

      Los g. en América surgen con la organización virreinal, desde mediados del s. XVI. El primero conocido fue el de los bordadores de México (1546). Precisamente fue la ciudad de México la que contó con mayor número de g. (50 en 1794). Después del g. de los mercaderes, el más importante fue el de los lateros (México y Lima), en el que no se admitía generalmente a los negros. Después de la independencia de los países hispanoamericanos, los g. fueron evolucionando como en otras partes, al compás de la industrialización y de las nuevas profesiones y oficios: asociaciones de tipo sindical, asociaciones o colegios profesionales de diverso carácter, etc.

      V. t.: II; CORPORATIVISMO; HANSEÁTICA, LIGA; HERMANDADES DEL TRABAJO; SINDICALISMO; SINDICATO; SOCIEDAD II, 4.
CARLOS R. EGUÍA.
    V. t.: II; CORPORATIVISMO; HANSEÁTICA, LIGA; HERMANDADES DEL TRABAJO; SINDICALISMO; SINDICATO; SOCIEDAD II, 4. BIBL.: t::. COORNAERT, Les guildes médiévales, «Rev. historique» (1948) 24 ss.; G. W. F. HEGEL, Stddte und Gilden, Lyon 1939; C. BRENTANO, Essay on the history and development of gilds, Londres 1870; R. S. LÓPEZ, An Aristocracy o/ Money in the Early Middle Ages, «Speculum» 27 (1953) 1-43; 1. DUHR, Les confréries dans la víe de l'Église, «Rev. d'histoire ecclésiastique» (1939) 437 ss.; 1;. MARTIN SAINT-LÉON, Histoire des corporations de métiers, 4 ed. París 1941; J. DESCHAMPS, Les confréries au Moyen Age, Burdeos 1958; G. ESPINAS, Les origines du droit d'association dans les villes de l'Artois et de la Flandre française jusqu'au debut du XVI, siècle, Lille 1941-42; H. VAN DER LINDEN, Les guildes marchandes aux Pays-Bas au Moyen Age, Gante 1896; A. RUMEU DE ARMAS, Historia de la previsión social en España, Madrid 1944; MARQUÉS DE LOZOYA, Los gremios españoles, Madrid 1944; C. BATLLE, La ideología de la Busca, en Estudios de historia moderna, Barcelona 1955-56; M. CAPELLA y A. MATILLA, Los Cinco Gremios Mayores de Madrid, Madrid 1957; S. BAGú, Economía de la sociedad colonial, Buenos Aires 1949; R. KONETZKE, Las Ordenanzas de gremios como documento para la historia social de Hispanoamérica durante la época colonial, «Rev. Int. de Sociología» 18 (1947); F. OLIVIER-MARTIN, L'organisation corporative de la France d'Ancien Régime, París 1938; J. M. FONT Rius, Gremios, en Diccionario de Historia de España, II, 2 ed. Madrid 1968, 248-251.

     

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