|
Los a. (al-murábitún) son los hombres del ribát, monasterios con carácter guerrero en los que se preparaban para la guerra santa. A semejanza de las órdenes militares de la cristiandad, tienen como misión combatir a los infieles y propagar la fe musulmana. Reciben también el nombre de Mulattimún porque cubrían su rostro con un velo o litám.
El movimiento almorávide se remonta a la fundación de un ribát a orillas del Atlántico, unos 500 Km. al norte de la desembocadura del río Senegal. Los comienzos de esta pequeña comunidad son muy oscuros y se han ido deformando por las leyendas. Poco a poco acuden nuevos adeptos y hacia el 1050 ya han sometido los a. todo el Sahara occidental. La jefatura política está en manos de Yahyá b. ‘Umtar; la religiosa, en manos de ‘Abd Alláh b. Yasín. La reforma religiosa de los a. se limitó a suprimir los impuestos y a castigar las infracciones señaladas por la ley, predicando la más rigurosa ortodoxia. La expansión a. tiene tres etapas claramente definidas: en la primera, que comprende desde 1053 hasta 1062, se conquista el sur de Marruecos; en la segunda, 1062 a 1082, los a. ocupan el norte del país y parte de Argelia, y en la tercera, después de colaborar con los reyes de taifas de al-Andalus para detener la amenaza del avance cristiano por Extremadura (Zalaca, 1086) y Murcia (Aledo, 1088), destronan a los reyes de taifas y conquistan al-Andalus.
La conquista de Marruecos. El primer objetivo a. fue la ocupación de los oasis del sur de Marruecos. Siyilmása, en la región de Tafilete, cayó en su poder hacia el 1053. En el 1062, Yúsuf b. Tásfín fundó Marrákus (Marrakech), situada en una de las grandes rutas comerciales que a través del Atlas enlazan con el sur marroquí y el desierto. Resolvieron el problema del agua excavando pozos o jattara, y crearon un oasis de una riqueza extraordinaria. Rápidamente emprendió la conquista del norte marroquí y en 1069 conquistó definitivamente Fez, después de vencer completamente a los zanátas. Al conquistar todo el norte de Marruecos se enfrentó con el reyezuelo de Ceuta, Suqút al-Bargawátí, que al mismo tiempo comunicó a los reyes de taifas el peligro que representaba el avance a. Al-Mu'tamid, rey de Sevilla, ordenó al gobernador de Algeciras que fortificara la costa y que la flota vigilara las aguas del Estrecho. Por otra parte los cristianos ponían en grave situación a los reyes de taifas (v. TAIFAS, REINOS DE). En 1079 Alfonso VI atacó las tierras del rey de Badajoz y conquistó la importante ciudad de Coria, apoderándose al año siguiente de la fortaleza de Zorita de Cáceres. Con este motivo, al-Mutawakkil, rey de Badajoz, escribió al emir a. solicitando su ayuda para hacer frente a las amenazas del rey castellano, y en dicha carta se decía que el portador informaría detalladamente sobre la situación de al-Andalus.
La intervención en al-Andalus. La conquista cristiana de Toledo en mayo de 1085 decidió a Yúsuf b. Tásfín a cruzar el Estrecho al mando de sus tropas. El ejército a. se dirigió a Badajoz, la zona más amenazada, mientras Alfonso VI se veía obligado a levantar el sitio de Zaragoza y a detener el avance musulmán. El ejército a., reforzado con contingentes peninsulares, venció completamente a los cristianos en la famosa batalla de Zalaca (v.) o Sagrajas el 23 oct. 1086. La victoria musulmana no tuvo grandes consecuencias, pues Yúsuf b. Tásfín regresó rápidamente a Marruecos, donde acababa de morir el príncipe heredero, y las incursiones dirigidas por Alfonso VI no se interrumpieron, aunque ahora iban orientadas hacia la región levantina. Un contingente castellano se instaló en la plaza fuerte de Aledo, en la provincia de Murcia, y los intentos del rey de Sevilla para recuperarla, fracasaron. De nuevo al-Mu’tamid solicitó la ayuda del emir a., que desembarcó por segunda vez en Algeciras.
El sitio de Aledo se prolongó indefinidamente y muy pronto surgieron rivalidades entre los reyes de taifas. Ante la llegada de un ejército cristiano mandado por Alfonso VI, Yúsuf b. Tásfín se vio obligado a retirarse, embarcando poco después para Marruecos, con la intención de deshacerse de los reyes de taifas y adueñarse de al-Andalus. Fácilmente obtuvo de los alfaquíes sendas fatwas en las que se condenaban a los reyes de Granada y Málaga, acusando al primero de ceder a la presión de Alfonso VI. En 1090, Y5lsuf cruzó de nuevo el Estrecho y destronó a los citados reyes. Atemorizados por esta medida, los príncipes musulmanes buscaron la alianza cristiana, ocasión que aprovechó el emir a. para lanzar nuevas fatwas acusándoles de impíos, de poner impuestos ilegales a sus súbditos y de aliarse a los enemigos del Islam. El general Sir b. Abú Bakr fue encargado de destronar a los reyes de taifas y ocupar sus Estados.
Por lo que respecta a la Reconquista, los cristianos sufrieron graves derrotas, aunque la frontera permaneció inalterable. Durante el reinado del segundo emir a., ‘Alí b. Yúsuf, tuvo lugar la batalla de Uclés (27 mayo 1108) en la que murió el infante D. Sancho, hijo de Alfonso VI y de la mora Zaida. Esta victoria permitió a los a. ocupar Uclés, Huete y Cuenca, amenazando Toledo, que resistió el sitio a. de 1109. En 1110, los a. incorporaron a sus dominios Zaragoza, último reino de taifa pero no pudieron defenderla de los continuos ataques de Alfonso I que entró en la ciudad en diciembre de 1118.
La decadencia almorávide. A partir de este momento se pone de manifiesto la impotencia de los a. para contener los ataques de los cristianos. Después de la victoria de Alfonso I en Cutanda, en el verano de 1120, aparecen los primeros síntomas de descontento en la España musulmana y en Marruecos comienza su actividad religiosa y política Ibn Túmart, fundador de la doctrina almohade (v. ALMOHADES). La famosa expedición de Alfonso I el Batallador por tierras de Andalucía en 1126 pone de manifiesto la debilidad de los a.
La colaboración de los mozárabes con el rey de Zaragoza, movió al emir a. a deportarlos a Marruecos. No obstante, cabe señalar la inesperada victoria de Fraga en 1134, donde fue derrotado Alfonso I. Durante los últimos años del reinado de ’Alí, los almohades son ya dueños de las zonas montañosas del Atlas y amenazan seriamente los llanos. Es decisivo el año de 1145, cuando es muerto por los almohades el catalán Reverter, jefe de las milicias cristianas al servicio de los a. Después de la muerte de `Ali b. Yúsuf en enero de 1143, los últimos emires a. Tásfín, Ibráhím e Isháq no pueden detener la expansión de los almohades, que van ocupando Orán, Tremecén, Fez y finalmente, Marrakés en marzo de 1147, donde tiene lugar la decapitación del último emir, Isháq.
La cultura almorávide. El Imperio a. representa el dominio de la gran tribu beréber de los sanháya sobre los zanáta y masmúda y el apogeo del Islam beréber. A ellos se debe la creación de Marruecos como unidad política. En el aspecto religioso, imponen la ortodoxia, eliminando las tendencias heréticas. Por primera vez se consigue en Marruecos la unidad religiosa. En España detienen la Reconquista y reaniman al Islam español, pero con la deportación de los mozárabes rompen el clima de tolerancia entre cristianos y musulmanes que hasta entonces había imperado en la Península.
Aunque los a., a pesar de su puritanismo, se dejaron captar por la superior cultura arábigo-andaluza, el brillante periodo literario de los taifas sufrió una especie de colapso. Es la época de las grandes antologías, en las que se reúnen los versos y las noticias de los mejores literatos. Señalemos la Dajíra de ben Bassán (v.) de Santarem (m. 1147) y los Qalá'id al-‘Iqyán de Ibn Jáqán. Quizá como reacción, es digno de destacar el apogeo de la poesía popular. En tiempo de los a. vive el gran zejelero Ibn Quzmán y en la región levantina se siguen componiendo maravillosas poesías florales.
En el aspecto artístico, los a. llevaron al norte de África las principales características del arte arábigo-andaluz, introduciendo algunos cambios en la estructura de las mezquitas como el empleo de pilares de ladrillo en vez de columnas para separar las naves y la supresión de los tirantes de madera. La influencia de la arquitectura andaluza en Marruecos podemos encontrarla de modo especial en la mezquita de Tremecén, en la de al-Qarawiyyín de Fez y en la Qubba al-Baradiyyín de Marrakés.
V. t.: AL-ANDALUS; BERÉBERES; ALMOHADES; TAIFAS, REINOS DE. |