|
Introducción. La historia de los a. es la de un pueblo, de estirpe indoeuropea (v. INDOEUROPEOS I), que va a jugar un papel importante, pero casi desconocido, durante el s. v; después desaparecerá, diluido entre los invasores bárbaros del Imperio romano (v. BÁRBAROS, PUEBLOS), y la historia no le volverá a incluir entre sus páginas. Sin embargo, antes de la época de las invasiones y destrucción del Imperio, las fuentes históricas romanas empiezan a acusar su presencia. De ellos nos hablan Tolomeo, Plinio, Flavio Josefo, Ovidio, etc. El gran historiador Amiano Marcelino (v.), que los conoció en su antigua residencia, entre Europa y Asia, nos los describe rubios, arrogantes, esbeltos, de hermosas facciones; relata cómo adoraban una espada clavada en tierra y carecían de templos, nos habla de su amor a la libertad, hasta el punto de desconocer la esclavitud, y señala su carácter guerrero, añadiendo que su gloria mayor era matar a un enemigo; se gobernaban los a. (siempre siguiendo a Amiano Marcelino) por un Consejo de ancianos elegidos entre los más valientes. Lucharon contra Pompeyo, aliados a Mitrídates, y contra ellos se enfrentaron los emperadores de la dinastía Flavia (v.) y también Adriano y Marco Aurelio. Sin embargo, los a. no lograrán penetrar en el Imperio por Oriente, sino, años más tarde, por las fronteras del Rin y del Danubio, unidos a los invasores germanos.
Historia. Por las costas del Azof y del Caspio, al norte del Cáucaso, junto a las riberas del Don y del Ural, una serie de tribus iranias -escitas, sármatas, iazygos, etc.- dedicadas al pastoreo y a la rapiña, vagan en lucha constante atacando las fronteras del Imperio romano o, al sur, del Imperio parto. Una de estas tribus es la de los a., que, cuando en el a. 226, el débil Estado parto del sur del Cáucaso, es sustituido por el poderoso Imperio sasánida, mira hacia el N. Por un momento parece que los a. van a constituir un estado al norte de la cordillera caucásica, pero la llegada de un pueblo feroz y con un formidable espíritu expansivo, los hunos (v.), a fines del s. IV, destruye toda posibilidad de estabilización, de unidad política. A partir de este momento, bandas de a., independientes, dirigidas por diferentes caudillos, recorrerán indecisas Europa e incluso África del Norte. Efectivamente, entre los a. 374 y 375, los hunos derrotan a los a. y éstos optan por abandonar su región de origen; sólo unos pocos se refugian en las estribaciones septentrionales del Cáucaso y toman el nombre, que todavía hoy perdura, de Ossetes; la mayoría, sin embargo, se une a los godos y ambos pueblos, codo a codo, se encaminan hacia Occidente. Después, una parte importante de los a. aparecerá también unida a los vándalos (v.). Sin embargo, los a. y sus ocasionales aliados caminarán a lo largo del s. V unidos, pero insolidarios: aparecerán con sus propios caudillos al frente, y los encontraremos junto a los godos o los vándalos, pero también formando parte de los ejércitos romanos, bizantinos e incluso al lado de los hunos. Pese a todo, la cultura de los a. influirá de forma bastante clara en el pueblo godo (v. VISIGODOS; OSTROGODOS), al que transmitieron una serie de elementos que les eran propios, como la técnica del combate a caballo o los trajes de pieles, y sobre todo influirán en el arte. Así sucede que muchos autores de la Antigüedad (Josefo, Tolomeo, Estrabón, Tácito, etc.) les confundirán con los godos.
En el a. 377, los a., que se habían unido a los godos para hacer frente a los hunos, huyeron derrotados hacia el O. Parece que los a. llevan al frente a su caudillo Safrac y los godos al suyo, Alatheos. Sin embargo, no todos los a. emprenden la ruta: unos, como ya hemos indicado, formarán un pequeño Estado en el norte del Cáucaso y otros se pasarán al ejército de los hunos. La gran masa invasora franquea el Rin en la noche del 31 dic. 406. A partir de este momento comienza una dispersión total del pueblo a. Un núcleo importante va a permanecer unido a los godos, pero diversas bandas marcharán junto a otros invasores: Respendial lleva tras sí grupos que jugarán un relevante papel los años siguientes, al lado de vándalos y suevos; otro caudillo, Goar, pasará con sus fieles al servicio de Roma. Otros, por último, se convertirán en guerreros-bandidos y durante 30 años merodearán por la región del Ródano, al mando de Gambida. Incluso tenemos noticias de cómo en el a. 430 un alano, Aspar, intentó administrar el poder en Bizancio, y lo retuvo en su mano cerca de 17 años, hasta que el general Taracodisas, jefe de los montañeses del Asia Menor, pasó a cuchillo a todos los a. de Bizancio e instauró la dinastía Isáurica (v.), tomando el nombre de Zenón.
Los a. que permanecieron junto a los visigodos, y los que se aliaron al ejército romano, son unidos por Aecio, frente a los hunos. Efectivamente, en la batalla de los Campos Mauriacos (o Cataláunicos) el papel de godos y a. va a ser decisivo. El 14 jun. 451, cuando la vanguardia del ejército huno penetra ya por las calles de Orleáns, godos y a. al mismo tiempo, agotados por una cabalgada de muchas horas a uña de caballo, se abalanzan sobre los hunos. El combate es feroz y sin tregua. Para muchos historiadores a. y godos se vengaban de la derrota del a. 375 en las lejanas tierras a orillas del Caspio. Nuevamente los a. se dispersan. Su caudillo Sangiban no puede retenerlos. Unos vagabundean por la Galia; algunos toman tierras como campesinos; otros pasan a las Islas Británicas; otros llegan incluso a Escandinavia.
Los alanos en España. Los a. que se unieron a suevos y vándalos aparecen en España ca. el a. 409. Del 411 al 418 conocemos el nombre de su rey Adax, y formaron un efímero e inestable reino en Lusitania y quizá en la Cartaginense. Recibieron tierras para establecerse como sedentarios, pero fueron incapaces de adaptarse. El rey visigodo Walia, a instancias del emperador Constancio, les expulsó de estas regiones. Un grupo se refugió junto a los suevos (v.) en Galicia, pero la mayor parte se unió a los vándalos asdingos y con ellos asoló la Bética, arrasó Sevilla y pasó después a África. Los reyes vándalos llevaron el nombre de Rex vandalorum et alanorum durante muchos años. Con ellos confunden su historia (v. VÁNDALOS). A partir del s. VI desaparecen las noticias; su rastro termina por perderse; los a., siempre en minoría, acabaron por olvidarse de su lejano origen. Entre los s. XII y XIII, sabemos que los a. del Cáucaso se hicieron mahometanos y, sin renunciar a su trágico destino histórico, se unieron a los ejércitos de Gengis Khan (v.) y Tamerlán (v.) y emprendieron, como sus antepasados, la marcha hacia Occidente.
V. t.: VISIGODOS;OSTROGODOS;BÁRBAROS, PUEBLOS I. |