Cabecera
 
Lunes, 20 de Mayo de 2013
Documento sin título
 INICIO
  SECCIONES
    Actualidad
    Artículos
    Biografías
    Monografías
    Enciclopedia GER
    Hemeroteca
    Cartas al director
  CULTURA
    Cine
    Libros
    Video/DVD
    Música
  SERVICIOS
    Quienes somos
    Publicidad
    Suscripción al boletín
        Escriba su e-mail
Visitantes únicos / Mes
278.627
Visitantes únicos / Día
9.454







Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
  Búsqueda avanzada
 Listar todas las voces
  Inicio > Enciclopedia GER > Voz  print Imprimir
América
Categoria:
Geología
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    América del Norte. Desde el punto de vista geológico, A. del Norte comprende tres grandes unidades: el cratón Norteamericano, que ocupa la mayor parte del continente; los Apalaches, que bordean al cratón por el SE; y la cordillera Norteamericana, que lo separa del Pacífico, por el O.

      El cratón Norteamericano. Es uno de los mayores eratones (v.) conocidos. Su elemento fundamental es el zócalo, constituido por terrenos precámbricos. Predominan las rocas metamórficas e ígneas. En este zócalo se pueden distinguir, a su vez, diversos elementos estructurales, correspondientes a cordilleras de plegamiento de edades muy antiguas, arrasadas sucesivamente. Aflora -o apenas está recubierto por materiales sedimentarios modernos, sobre todo de origen glaciar-, en la mayor parte del Canadá y en la región de los Grandes Lagos en EE. UU. Constituye así el llamado escudo Canadiense. Más al S, el zócalo se hunde suavemente debajo de una cobertera de espesor creciente. Ésta comprende terrenos de edad diversa según los puntos: del Precámbrico (v.) terminal, primarios y posteriores. Toda esta área, que comprende los Estados centrales de la Unión, tiene por tanto el carácter de plataforma -(V. TECTÓNICA). Por efecto de movimientos epirogénicos (v. EPIROGÉNESIS) y, más localmente, de fallas del zócalo, la potencia de la cobertera puede variar notablemente de unas regiones a otras, y existen verdaderas cuencas bien individualizadas, en las que dicha potencia puede alcanzar varios kilómetros. Las estructuras dominantes son las tabulares, aunque existen también algunas regiones, como p. ej. los montes de Ouachita, en las que la cobertera paleozoica fue moderadamente plegada en el carbonífero medio. Más al S, al aproximarse el golfo de México, la cobertera se hace todavía más potente. Aumenta en ella la participación de terrenos más modernos y enlaza con la que ocupa el fondo del Golfo y que va engrosándose todavía con la sedimentación actual.

      Los Apalaches. En sentido lato, la denominación de Apalaches (v.) se aplica a todo el sistema montañoso que se extiende desde Terranova y Nueva Escocia hasta Alabama. Comprende, en realidad, dos segmentos de diferentes caracteres geológicos, cuyo límite se sitúa aproximadamente en el valle del Hudson: El segmento meridional está constituido por los Apalaches propiamente dichos. Se distinguen en el mismo cuatro zonas longitudinales, de diferente constitución y estilo tectónico. De O a E, son: la denominada meseta Apalachiense (Appalachian Plateau), la zona llamada de valles y crestas (Valley and Ridge Province), la zona de la Blue Ridge y la del Piedmont. A pesar de su denominación, la primera de esas zonas no es realmente una meseta; comprende amplios sectores verdaderamente montañosos, mientras que en otros el relieve está profundamente degradado y pasa sin solución de continuidad a las tierras bajas vecinas del escudo canadiense o de la plataforma central. Lbs terrenos representados son, sobre todo, primarios. Están apenas plegados en muchos sectores; en otros, la estructura se complica un poco, con pliegues más apretados y fallas. La denominada zona de valles y crestas se caracteriza por una potentísima serie que comprende desde el cámbrico hasta el carbonífero, la cual fue depositada en el gran geosinclinal que, desde' los últimos tiempos del Precámbrico (v.), bordeaba por el SE el gran cratón Norteamericano. Esta serie está plegada regularmente, pero el rasgo más notable de la estructura es el despegue generalizado de una parte muy considerable de aquéllas con respecto a sus niveles más profundos. La parte despegada está corrida hacia el O y forma varios mantos y escamas, que pueden llegar hasta solapar una parte de la llamada meseta Apalachiense.

      La zona de la Blue Ridge está esencialmente constituida por terrenos metamórficos, cámbricos o más antiguos. La estructura es bastante complicada. Esta zona está representada solamente desde Georgia hasta Pensilvania. La zona del Piedmont, muy poco conocida, está constituida sobre todo por rocas cristalinas de edad precámbrica y presenta una estructura sumamente complicada. Más al SE los materiales antiguos de la zona del Piedmont se ocultan progresivamente debajo de los secundarios y más modernos que llegan a enlazar con los de la plataforma de la margen del Atlántico.

      Al norte del valle del Hudson, el segmento septentrional de los Apalaches muestra una estructura y una constitución más uniformes que las del segmento meridional. Sólo están representadas las continuaciones de las zonas de la Blue Ridge y del Piedmont. La estructura de este segmento septentrional se debe esencialmente a los movimientos orogénicos tacónicos (ordovícico superior) y acádicos (devónico medio y superior). Los primeros también afectaron las zonas más occidentales del segmento meridional, pero el conjunto de éste fue intensamente afectado por los movimientos denominados apaláchicos, del final del carbonífero y en el pérmico.

      La cordillera Norteamericana. Pertenece al conjunto de las circumpacíficas. Extendida en toda la longitud del borde occidental del Continente, puede alcanzar una anchura de hasta 1.000 Km. Desde el punto de vista geológico se trata de un conjunto un tanto heterogéneo, en el que se pueden distinguir, sin embargo, tres zonas longitudinales, bien individualizadas en la parte correspondiente á EE. UU.; de E a O son: la rocóside o de las montañas Rocosas (v.); la nevádide, también llamada del Pacífico, y la de las sierras costeras (Coastal Ranges).

      La zona rocóside se individualizó como cordillera con los plegamientos Larámicos, ocurridos a finales del cretáceo (v. SECUNDARIA, ERA) y primeros tiempos de la Era Terciaria, que afectaron la potente serie primaria y secundaria acumulada en el geosinclinal que bordeaba por el O el cratón Norteamericano. El plegamiento se acompañó de actividad magmática relativamente importante, con formación de numerosos plutones graníticos. Al oeste de la zona rocóside, en sentido estricto, y separándola de la nevádide, se encuentra una zona 'apenas o nada plegada, aunque sí puede estar muy fracturada en ciertas regiones (Great Basin, Basin and Range Province). También pertenecen a esa zona las grandes mesetas del Colorado y de Yukón.

      La zona nevádide se caracteriza por la participación que en los materiales tienen las rocas volcánicas, especialmente formadas por grandes erupciones submarinas ocurridas en el fondo del geosinclinal correspondiente, a finales de la Era Primaria y principios de la Secundaria. Los plegamientos fueron en esta zona más precoces que en la rocóside, pues ocurrieron en el jurásico superior. Subsiguientemente se formaron gigantescos plutones graníticos, como los de Alaska, región occidental del Canadá y Sierra Nevada.

      Junto al litoral pacífico de los Estados de Washington, Oregón y California y penetrando un poco en México, lás Sierras Costeras constituyen otra unidad individualizada por los plegamientos muy enérgicos ocurridos en el neógeno. Predominan los terrenos cretáceos y paleógenos.

      En la parte correspondiente a México, la cordillera Norteamericana muestra algunas variaciones. La Sierra Madre Oriental (v.) puede ser considerada como continuación de la zona rocóside, aunque el geosinclinal correspondiente tuvo un desarrollo más retrasado con respecto a aquélla. La Sierra Madre Occidental (v.) continúa en cierto modo la zona intermedia de mesetas y montañas en bloques de más al N; el gran desarrollo del volcanismo le confiere características propias. La zona nevádide parece terminarse en Baja California y la Sierra Madre del Sur constituye una unidad aparte.

      Este resumen quedaría muy incompleto si no se aludiese a la estructura determinada por las grandes fallas de desgarre que afectan la parte occidental del Continente, con indiferencia respecto a las estructuras de la propia cordillera. Varias de ellas se continúan por el Pacífico y, en conjunto, han determinado deslizamientos horizontales relativos, de unos bloques con respecto a otros, que pueden alcanzar varios centenares de kilómetros, como se ha comprobado para la famosa falla de San Andrés, de California. Esta estructura guarda relación causal con la notable actividad sísmica de la región.

      América Central. A pesar de lo que puede sugerir el relieve, no existe una cordillera continua, desde el punto de vista geológico, en A. Central. Hay dos regiones distintas, separadas por el istmo de Nicaragua.

      En la península de Yucatán, y sobre todo en Guatemala, se continúan los pliegues de Sierra Madre Occidental, pero, en lugar de seguir hacia Honduras, tuercen su rumbo hacia el NE, de modo que su continuación, en todo caso, debe estar en el arco de las Antillas. En Honduras se advierte así una interrupción de las cordilleras Circumpacíficas. La estructura de plegamiento más moderna es la que afecta a los terrenos primarios, pero los secundarios y terciarios no están plegados; sólo están afectados por fallas, varias de ellas importantes y de edad relativamente reciente.

      Al este del istmo de Nicaragua comienza una cordillera que recuerda, por la gran participación de materiales volcánicos interestratificados en la serie mesozoica y paleógena plegada, la zona nevádide de la cordillera Norteamericana. Pero la edad del plegamiento (mioceno), lo mismo que la de los terrenos afectados, es netamente más moderna y no puede, por tanto, tratarse de la continuación de aquella zona. Esta cordillera moderna parece, en cambio, enlazar con alguna de las zonas de los Andes (v.), según, algunos autores. Del mioceno hasta la actualidad, grandes extensiones de A. Central han sido afectadas por una importante tectónica de fractura, acompañada de un notable desarrollo del volcanismo y de una intensa actividad sísmica, que tienen frecuentes manifestaciones en los tiempos actuales.

      América del Sur. Desde el punto de vista geológico, A. del Sur comprende dos partes muy desiguales en extensión y características: los Andes (v.) y el resto del Continente. Esta parte extraandina de A. del Sur comprende, a su vez, varias unidades: el cratón de Brasilia, el de Patagonia y unas unidades intermedias.

      El cratón de Brasilia es el más extenso de A. del Sur y, análogamente al africano, es considerado como uno de los grandes fragmentos resultantes de la división del antiguo continente de Gondwana (v. PRIMARIA, ERA). Tiene como elemento esencial un zócalo constituido por terrenos precámbricos cristalinos. Este zócalo aflora extensamente en las Guayanas y parte adyacente del Brasil; es el escudo denominado de las Guayanas. También aflora en el centro del Brasil 3 en los Estados de la costa atlántica desde Río de Janeiro hasta Río Grande del Norte, constituyendo el llamado escudo Brasileño, propiamente dicho. En otras regiones, el zócalo queda oculto debajo de una cobertera más o menos potente, en la que se halla una representación más o menos completa de terrenos de edad primaria y posterior, los cuales, en parte considerable, muestran facies continentales. En todo caso, esta cobertera apenas si ha sido levemente ondulada en algunos sectores, lo que muestra bien la gran estabilidad del cratón. Ello no impide que,en ciertas regiones, existan fracturas importantes, a favor de las cuales ha podido desarrollarse una importante actividad volcánica: en. el sur del Brasil, las coladas basálticas, producto de tal actividad (desarrollada allí en el Triásico y Jurásico) llegan a cubrir un área de más de 700.000 Km2.

      En el cratón de Patagonia (v.) el zócalo, comparable en todo al anterior, aflora sólo en áreas relativamente pequeñas. En general, tiene el carácter de plataforma. La cobertera comprende, sobre todo, materiales continentales del trías, marinos del cretáceo y, tanto marinos como continentales, de diversos terrenos terciarios. Se debe mencionar también la importante representación, en Patagonia, de los terrenos cuaternarios. Existen también intercalaciones de coladas volcánicas importantes, pero no tan extensas como las del Brasil; su edad es aquí terciaria.

      Entre los cratones de Brasilia y de Patagonia se intercalan los restos de dos cordilleras de plegamiento de edad posterior al Precámbrico (v.). En la provincia de Buenos Aires, las sierras de Tandil y de la Ventana corresponden a una de ellas, formada por terrenos paleozoicos y del trías, que fueron plegados al final de este último periodo. Más al NO, las montañas de San Juan y de Mendoza muestran también estructuras de plegamiento, de edad algo más antigua (paleozoica superior), cuyos ejes son netamente oblicuos, con respecto a la dirección general de los Andes.

     

      V. t.: PRECÁMBRICO; PRIMARIA, ERA; SECUNDARIA, ERA.

     
J. M. FONTBOTÉ MUSOLAS.
    BIBL.: M. ALVAREZ, Tectónica profunda de México, «Bol. Asoc. Mex. Geología de Petróleo», 10, México 1964, 163-82; 0. E. CHILDS y B. W. BEEBE (ed.), Backbone of the Americas, a symposium, «American Association Petroleum Geology Memories», 2, Tulsa 1963; VARIOs AuToREs, Handbook of South American Geology, «Memories Geological Society of America», 65, Nueva York 1962; J. GILLÜLY, The tectonic evolution of the western United States, «Quaterly Jour. Geological Society London», 119, Londres 1963, 133-74; B. KING, The evolution of North America, Princeton (N. J.) 1959; W. D. LOwRY (ed.), Tectónics of the southern Appalachians, a symposium, Roanoke (Virginia) 1964; R. WEYL, Die Geologie Mittelamerikas, Berlín 1961; L. U. DE SITTER, Geología Estructural, Barcelona 1962; A. HOLMEs, Geología física, Barcelona 1962; L. C. KING, The morphology of the Earth, Londres 1967.

     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio

 
© Copyright. Todos los derechos reservados. Montané Comunicación, S.L. C/ Escultor Peresejo, 70 - 28023 Madrid - España