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R. tiene sus orígenes en el principado de Novgorod (s. IX), pronto trasladado a Kiev (v.) y en el S. XIII a Moscú (v.). La expansión rusa llegará a formar un imperio de enormes dimensiones. Con Iván III comienza la denominación de Zar a la máxima autoridad política rusa. El zar Pedro I (v.) traslada en 1712 la capital a San Petersburgo (v. LENINGRADO). La revolución comunista de 1917 liquidó el zarismo y convirtió a R. en República Socialista Federativa Soviética, dentro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (V. UNIÓN SOVIÉTICA), con capital en Moscú desde 1918 por decisión de Lenin. Esta Unión Soviética se descompone en 1991 y R. se asocia con Bielorrusia (v.), Ucrania (v.) y otras Repúblicas independientes, ex-soviéticas, creando una Unión o espacio común político y económico.
R. con 17.07.5.400 Km2 es con mucho el país más extenso de la tierra. Abarca desde la parte más oriental de Europa hasta el océano Pacífico, comprendiendo toda la inmensa Siberia (v.) y el norte del continente asiático al completo. Su población en 1970 era de 130.079.000 hab. y en 1989 de 147.386.000 hab., distribuidos en 57 provincias y 13 territorios (de los cuales algunos se denominan «territorios», otros «provincias autónomas» y otros «circunscripciones nacionales»).
El medio físico. Cuatro enormes conjuntos morfológicos caracterizan a esta ¡nmensa unidad político-administrativa. En primer lugar, la llanura de la R. europea, que se prolonga en la Siberia occidental, separada por el umbral de los Urales (v.). Sobre el viejo zócalo de terrenos precámbricos y cristalinos, se extiende en la R. europea una débil cobertera de sedimentos primario-terciarios a la que apenas han afectado los movimientos poshercinianos y que aparecen en forma de plataformas y cuencas sobre las que se han insta¬lado los amplios valles del Dnieper (v.), Don (v.) y Volga (v.); la acción glaciar ha sido importante en las latitudes altas y medias, sobre todo por medio de depósitos morrénicos. La cuenca de Moscú y la Tabla rusa, donde la planitud adquiere gran perfección, se individualizan claramente. La llanura siberiana es mucho más perfecta; en ella, el proceso de acumulación sedimentaria está inacabado, y los grandes ríos Obi (v.) y Yenisei (v.), con sus afluentes, drenan con dificultad la región. En la Siberia central aparece el zócalo, entre el Yenisei y el Lena (v.); los afluentes de arribos ríos han desecado una plataforma, cuyas altitudes oscilan entre los 600 y 700 m., aunque excepcionalmente el zócalo se levanta y da lugar a relieves de hasta 2.000 m.
El mundo herciniano sigue caracterizando a los Urales, montaña de dirección N-S rejuvenecida por el movimiento alpino, y cuyas altitudes oscilan entre los 1.500 y 1.900 m. Por contraste, las montañas del Asia central comprenden conjuntos de arcos montañosos entre los que destacan el Altai (v.; 5.500 m. en el Tarskei Ala-Tau), el Alai (5.800 m.) el alto Pamir (hasta 6.000 m.), alcanzando hasta 7.500 m. en el pico Comunismo. Al N de este conjunto, rriontañas más suaves (Yablonoi, v.; Stanovoi, v.) enlazan con las de Extremo Oriente, que como las anteriores pertenecen al mundo alpino que ha rejuvenecido todo el conjunto. La atmósfera es siempre continental; las precipitaciones disminuyen de O a E (450-600 mm. en Europa, 300 mm. en Siberia) y aumentan en las altas montañas, a la vez que el frío es una constante que aumenta hacia el N, sobre todo en el septentrión siberiano. Este carácter latitudinal de las temperaturas ocasiona que la franja septentrional esté ocupada por la tundra, a la que sucede la zona de la taiga, que al S de Moscú pasa al bosque mixto, para a mediodía aparecer en Europa y Asia los principios de la estepa. En montaña, los bosques templados y alpinos son extremadamente variados, para rondar en las cumbres de nuevo la tundra e incluso los glaciares.
La población. Destaca sobremanera el contraste violento que opone la R. europea, núcleo forjador del Estado ruso, frente a las tierras asiáticas. Salvo en las zonas desoladas del Norte, R. ofrece un alto grado de ocupación del suelo, incluyendo una prolija estela de ciudades que siguen pegadas a los gandes ríos y Sus afluentes. En la región de Moscú (v.). la densidad supera los 65 hah/Km2. y el porcentaje de población urbana alcanza el 90%; el Volga medio cuenta con una densidad de 35 y una población urbana de 60%; en el Norte, sin embargo, la densidad desciende a 7, aunque el porcentaje urbano se mantiene alto. Los Urales tienen también una densidad mediana (30), pero una población urbana del 70%. Frente a estas cifras relativamente altas, R. presenta enormes espacios vacíos, salpicados ocasionalmente por contados núcleos de poblamiento minero o maderero. Sólo en las márgenes meridionales, las franjas de poblamiento agrario que siguen los ferrocarriles transiberianos, y las regiones industriales del piedemonte de las montañas del Asia central (Kuznets sobre todo) suponen importantes islotes de poblamiento, por otra parte de creación reciente.
Las regiones. Cuatro grandes conjuntos pueden distinguirse en Europa. De un lado, las regiones del Oeste y del Norte. En la primera, la región de San Petersburgo (v. LENINGRADO) aparece como un islote urbano e industrial en medio de una región agrícola, hecho que se repite en Bielorrusia (v.), aunque la población urbana se dispersa en más centros industriales. El Norte sólo cuenta con pequeñas áreas agrícolas entre enormes espacios forestales, de tundra, y pantanosos. Carelia y la península de Kola son las áreas más significativas. La región industrial central o región de Moscú está dominada por la capital, que posee un cinturón urbano e industrial a distancias de 150 a 200 Km. Se trata de un complejo de industria transformadora, muy diversificada y cualificada, potenciada por la capital y una infraestructura férrea extraordinariamente densa, más una apoyatura de canales con base en el Volga medio. Sobre este valle, la República continúa hasta el Caspio, marginado de un complejo urbano e industrial, y abierto a los mares internacionales por medio de canales. Gorki (v.), Kazán (v.), Kuibysev (v.), Volgogrado (v.) y Astracán son los centros vitales de una guirnalda de ciudades definidas por su función industrial. La actividad agrícola en esta región ocupa un lugar secundario en el plano económico. El Ural, finalmente, es también una región industrial, que cuenta además con una buena base minera y energética. lceljabinsk (v.) y Sverdlovsk (v.) capitanean un mundo urbano apenas trabado entre sí.
Siberia (v.) y Extremo Oriente pueden ser incluidas en el antiecúmene ruso, ya que abarcan la mitad del territorio del país y sólo albergan el 4,5% de la población. A mediodía de Extremo Oriente se encuentra una región nueva presidida por Vladivostok. En Asia central, la región de Kuzbass y la franja Krasnojarsk-lago Baikal son otras dos regiones industriales nuevas que destacan en medio de los vacíos áridos y montañosos en que se encuentran ubicadas. No cabe una unidad político-territorial donde puedan darse mayores contrastes geográficos, aunque éstos se verifiquen a una escala distinta de los de Europa occidental. Resultan importantes los contrastes entre áreas fuertemente industrializadas y otras vacías o semivacías. La agricultura europea se caracteriza por su estrecha vinculación a la explotación ganadera, por la variedad de cultivos de tipo templado (cereales, patatas, remolacha azucarera, productos textiles, en especial lino) y por las explotaciones extensivas (con pocas excepciones en algunos regadíos). En Asia, por el contrario, si los espacios agrarios se reducen en forma de islotes (salvo en la franja del mediodía de Siberia occidental), al igual que los industriales, la agricultura es intensiva en las regiones de remolacha siberianas, y en las ricas áreas de cultivos regados de los piedemontes del Asia central (algodón, frutales).
Estos contrastes permiten hablar, a escala de la República, de una zona desarrollada, la europea, y otra subdesarrollada, en la que están creándose regiones nodales que permitan el despegue y el inicio del poblamiento de tan grandes espacios por conquistar. En esta labor de promoción de los territorios no europeos, la aportación de los europeos no sólo procede de causas políticas y económicas, sino también del propio acervo étnico. Los 147,386 millones de rusos (censo de 1989) no sólo residen en sus regiones europeas de origen sino que forman la base dinámica y creadora de las regiones nuevas del Este. La contribución de la europea a la conquista de Asia ha sido, pues, variada y continúa estando en la base la planificación regional a lo largo del s. xx. A partir de la II Guerra mundial, se inició una acción descentralizadora que tiende a que la porción europea tenga cada vez menos peso en la estructura económica, fenómeno en el que han intervenido decisivamente las devastaciones bélicas en las áreas neurálgicas del Oeste. Este esfuerzo se obstaculiza por una infraestructura férrea que opone la gran densidad de las regiones europeas de R. y la pobreza o carencia de las asiáticas. El enlace con Asia central y Extremo Oriente está asegurado por el ferrocarril transiberiano y sus ramales, pero, en cuanto a Siberia, los escasos ramales suponen trayectos muy cortos relacionados con algunas explotaciones mineras no demasiado alejadas.
Estas dificultades en la relación de las regiones oriental y occidental son tanto más acusadas porque la riqueza minera y energética de las segundas contrasta con el comienzo del agotamiento o disminución de las reservas en las primeras. De ahí que, a pesar de las nuevas regiones industriales establecidas en la porción asiática, esta última siga funcionando como abastecedora semicolonial de todo el complejo industrial del Oeste. Las distancias son muy largas entre los mercados de consumo y las regiones productoras de materias primas y energía, lo que supone una amenaza para la economía, aparentemente complementaria, de ambos sectores. En el futuro, la expansión de la industria en los focos asiáticos del Asia central, así como la conquista de nuevas tierras agrícolas en Siberia, será uno de los grandes objetivos para este país de proporciones tan extensas. El fracaso de las experiencias siberianas para la conquista agrícola de espacios fríos no puede ser obstáculo para reemprender un camino en el que las nuevas técnicas pueden conseguir resultados espectaculares. |