Cabecera
 
Viernes, 24 de Mayo de 2013
Documento sin título
 INICIO
  SECCIONES
    Actualidad
    Artículos
    Biografías
    Monografías
    Enciclopedia GER
    Hemeroteca
    Cartas al director
  CULTURA
    Cine
    Libros
    Video/DVD
    Música
  SERVICIOS
    Quienes somos
    Publicidad
    Suscripción al boletín
        Escriba su e-mail
Visitantes únicos / Mes
278.627
Visitantes únicos / Día
9.436







Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
  Búsqueda avanzada
 Listar todas las voces
  Inicio > Enciclopedia GER > Voz  print Imprimir
Britania
Categoria:
Geografía
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Nombre latino, en origen, de la Gran Bretaña; más tarde el término B. se restringió en su uso para indicar solamente el territorio romano (análogamente, britanni frente a picti o scotii) distinguiéndolo de la zona no romana. El inglés actual, quizá por razones culteranas, ha adoptado contraposiciones análogas, BritainScotland; BritonsScots.

      Poblada por tribus celtas (v.), que los romanos agrupaban bajo el término britanni sin distinguir entre los distintos grupos al igual que en otras nationes, B. era antes de la conquista romana y aparte de ciertas relaciones con el norte de España, un apéndice cultural de las Galias, unión que se ampliaba a ciertos aspectos religiosos, como la organización de los druidas. La consideración de los druidas británicos como estímulo de los galos y fautores de una política antirromana fue la justificación oficial de César para intentar la ocupación de B. La expedición de César, interrumpida por la política romana y el comienzo de la lucha con Pompeyo, no se tradujo en una conquista efectiva, pero sí acentuó la vinculación de algunas tribus del sur a la Galia romana en condición de feudatarias. Es indicativa en este sentido la posición de Cunnobelinus, el Cimbelino de Shakespeare, acuñando moneda inspirada en los patrones monetarios de las Galias y con tipos y letreros romanos.

      La compleja política de Augusto (v.) impidió reanudar las campañas de César (v.), que en principio vinculaban una parte de B. a Roma en condición de tributaria, empresa intentada formalmente por Calígula (v.) y realizada por Claudio (v.) a partir del a. 43 d. C. La conquista fue difícil. Bajo Claudio fue dominado el territorio de los brigantes, aunque algunas expediciones alcanzaron las tierras de los escotos, más allá del So1way, y las naves romanas reconocieran la costa de Caledonia. Sublevaciones indígenas, como la capitaneada por la reina Budica, destruyeron ciudades romanizadas y comprometieron la expansión romana. El gran fautor de la expansión del Imperio en B. fue Agrícola, bajo la dinastía Flavia (v.). A 61 se debió la sumisión del territorio al sur del Forth y posibles planes para la ocupación de Irlanda. Esta empresa no pudo completarse y sólo en el s. v la actividad misional de los monjes uniría espiritual e indisolublemente a Irlanda con el mundo romano. Pese al esfuerzo de Agrícola, el peligro de *revueltas internas, excitadas por los druidas de Irlanda y apoyadas por las tribus insumisas del norte, no pudo evitarse. Adriano construyó la llamada muralla, en realidad una raya fortificada, en la línea de Solway. Un intento ulterior de Antonino Pío de desplazar la frontera más al N defendiéndola con una nueva línea de fortificaciones entre los f irths de Clyde y Forth no pudo mantenerse. Septimio Severo, muerto en la ciudad británica de Eboracum (hoy York) el a. 209, tuvo que luchar arduamente para defender la vieja linea de Adriano, que robusteció con nuevos trabajos de fortificación destinados a tener amplia repercusión en las doctrinas militares del ejército romano en el campo de las defensas estáticas. En realidad, el peligro de agresión a la B. romana no procedía sólo del territorio norteño, de pictos y escotos (actual Escocia), pues la zona del actual Gales, habitada por la tribu de los silures, fue un área de ocupación militar durante todo el Imperio. A estos focos de inseguridad deben añadirse los motivados a partir del s. ui d. C., por las expediciones de los piratas anglos y sajones. Por todo ello, B. fue una provincia eminentemente militar que, si en sus tierras llanas del sur, era en cierto modo «una prolongación de las Galias«» (Rostovzeff), en lo social y económico, en su sector norte y oeste fue una versión de los territorios militares del Rin. Su defensa exigía una numerosa guarnición de legiones, hasta cuatro en ciertos momentos, y auxilia, entre los cuales había varias unidades de origen hispánico.

      B. fue gobernada como provincia imperial, por un legado consular. Hasta fines del s. iii d. C. el ejército de B. siguió la política del ejército del Rin. Por ello aceptó como emperadores a Vitelio y Clodio Albino, lo cual dio lugar a que, durante un cierto tiempo, Septimio Severo dividiera B. en dos provincias. Después del 260 d. C., B. perteneció, hasta Aureliano, al Imperio de las Galias, gobernado por. Póstumo y sus sucesores. Durante la Tetrarquía, B. tiene dos emperadores propios: Carausio y Alecto, en cuya política se ha querido ver un precedente de la habitual política marinera del futuro reino de la Gran Bretaña.

      Bajo Constancio Cloro, B. fue dividida en cinco provincias B. I, B. II, B. Maxima, B. Flavia C&sariensis y B. Valentia, al parecer, una zona de dominio un tanto teórico situada al N de las defensas fronterizas. A mediados del s. iv, una gran sublevación, unida a una expedición de las tribus norteñas, en ocasión de un periodo de singular debilitación de las guarniciones, arrasó B. La pacificó el general Teodosio, padre del futuro Emperador. Esta campaña dio singular prestigio a un miembro de la familia, Máximo, que con este motivo se proclamó más tarde Emperador.

      A comienzos del s. v se apoyó también en B. Constantino III. Durante el s. v d. C. la postura de los habitantes de B., siempre pronta a sublevaciones frente al poder romano, se cambia por una extraordinaria fidelidad. Las embajadas de B., a Roma, o a Constantinopla, se prolongan durante todo el s. v en continua petición de auxilios y tropas frente a las oleadas germanas de piratas anglos y sajones que habían desbordado los grupos indígenas de pictos y escotos. Fue la única área del Imperio de Occidente donde la población opuso una resistencia activa frente a los grupos germánicos, que en B. nunca fueron federados del Imperio. Con frecuencia, resistencia y cristianismo marchan unidos. El caso más evidente es el de S. Álbano, guerrero primero y obispo después y el más conocido en la leyenda del ciclo arturiano. Etapa final de la misma es la emigración de los británicos a una zona de las Galias, Armórica, que a partir de este momento debía tomar el nombre dé Bretaña y mantener durante siglos una población y una lengua célticas.

      Desde el punto de vista social, B. fue en el Imperio un área periférica entre cuyos habitantes no se llegó a ocupar el rango de senador. La coloüizáción itálica, aparte el ensayo realizado bajo Claudio, fue muy reducida. Base de la romanización la constituyó la nobleza indígena, en parte vinculada a la cultura romana desde la época de César. Las grandes ciudades de B. son versiones de viejos centros indígenas reorganizados a la romana como Londinium (Londres), Camulodunum (Colchester), Lindum (Lincoln), Eboracum (York), Deva (Chester) o Calleva Atrebatum (Silchester). Estas ciudades fueron concebidas como centros de la nobleza indígena, pero en general se convirtieron en focos administrativos y comerciales. Con la excepción de Londres, no parece que ninguna llegara a satisfacer las esperanzas de quienes establecieron su urbanismo. En general, la nobleza indígena prefirió, hasta los desórdenes del s. iv, establecerse en residencias rurales normalmente suntuosas y en marcado contraste con las pequeñas y pobres aldeas de los campesinos.

      Los hallazgos arqueológicos, singularmente escondrijos de piezas de orfebrería, permiten conocer la riqueza de los grandes señores rurales de B. en contraste con la pobreza del campesinado. Se ha apuntado incluso, con argumentos análogos, la práctica de una «regulación de nacimientos» (Collingwood) entre los campesinos y una diferencia de aculturación entre éstos y los habitantes de las ciudades. Tales discrepancias explicarían quizá el estado de inseguridad, latente o patente, en ciertas áreas de la B. romana. La ocupación romana no alteró el desarrollo de los cultos indígenas (uno de ellos, el de Conventina, quizá se transmitió hasta Galicia) a excepción del colegio de los druidas, no por motivos religiosos, sino por su posición antirromana. La introducción del cristianismo en el s. iv queda hoy bien documentada. Las manifestaciones artísticas de B. muestran una evidente disparidad entre campo y ciudad, entre producción indígena y obras importadas, entre actividad de artesanos galos (relieves de Aquae Sulis, hoy Bath) y escuelas locales. El carácter militar de B. explica fácilmente el gran desarrollo de la red de comunicaciones. V. t.: INGLATERRA II; GRAN BRETAÑA III; RomANo, IMPERIO

     

     
ALBERTO BALIL.
    BIBL.: I. A. RICHMOND, Roman Britain, Hardmonsworth 1955; A. R. BIRLEY, Life in Roman Britain, Londres 1964.

     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio

 
© Copyright. Todos los derechos reservados. Montané Comunicación, S.L. C/ Escultor Peresejo, 70 - 28023 Madrid - España