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El continente americano tiene una extensión casi tan grande como Asia (42.035.238 Km2), pero su población es cuatro veces inferior (674.150.000 hab. en 1985; 470.000.000 en 1967). En términos generales, las tierras americanas representan el 28 % de los continentes emergidos y su población el 14 % de la mundial. Al norte del istmo de Panamá se encuentran A. Central y A. del Norte, que reúnen 24.242.726 Km2 y una población de 400.615.000 hab. en 1985; 292.034.000 en 1967. Al sur del istmo, se extiende A. del Sur sobre 17.792.512 Km2, con una masa humana de 273.543.000 hab. en 1985; 174.000.000 en 1967. Habitualmente se suele hablar de A. anglosajona y A. hispana (o latina) para separar los pueblos que se encuentran a ambos lados del Río Grande, frontera entre los EE.UU. de Norteamérica y México. Bajo la primera denominación se incluyen los EE.UU. y Canadá, naciones de habla inglesa, a excepción de la provincia canadiense de Québec, donde se habla francés. En la segunda denominación quedan comprendidos 33 Estados independientes de habla castellana, a excepción de Brasil donde se habla portugués (hay algunos pequeños Estados del Caribe en los que se habla inglés, en Haití se habla francés y en Surinam holandés). En el continente americano, y particularmente en el Caribe (v. ANTILLAS), hay también algunas pequeñas islas que son posesiones británicas, francesas, holandesas, estadounidenses y danesas.
A. MEDIO NATURAL. El hecho físico fundamental en A. es la presencia de una gran cadena montañosa N-S de 12.000 Km. de largo que bordea el Pacífico desde Alaska hasta la Antártida. En A. Central las tierras montañosas ocupan casi toda la extensión del puente continental que une A. boreal con A. meridional. Como consecuencia de la extensión y disposición de esta cadena, surge un Marcado contraste entre una extensa vertiente orientada al Atlántico y una _breve e imponente fachada que domina el Pacífico. Al contraste del relieve se superpone un contraste hidrológico. Las grandes cuencas hidrográficas vacían sus aguas en el Atlántico, mientras que al Pacífico llegan sistemas hidrográficos de menor importancia. La disposición submeridiana de la barrera montañosa occidental influye, por último, sobre el clima. Los vientos, principalmente los que provienen del O, son interceptados por este biombo orográfico, provocando importantes disimetrías pluviométricas y vegetacionales.
1. La estructura y el relieve. A. presenta un grandioso contraste arquitectural entre la joven cadena montañosa occidental y las viejas unidades estructurales del Oriente. Las montañas que bordean el Pacífico se presentan como un gran eje, fino y alto en el tramo centroamericano y especialmente en las latitudes centrales de Chile; ancho y macizo en la latitud de 40° N, donde ocupa los dos tercios del continente, y a los 200 S, sector altiplánico de los Andes centrales. En su disposición, el conjunto montañoso aparece organizado en cordones paralelos, digitados a veces, separados por grandes fosas. En ambos extremos este sistema se prolonga en áreas insulares: las Aleutianas al N, y el Arco de Scotia al S. En el sector dé A. Central un nuevo arco insular, el de las Antillas, suelda las unidades montañosas de A. del Norte y de A. del Sur. Las viejas unidades orientales comprenden grandes escudos compuestos de rocas muy antiguas, arrasadas por la erosión. En ellas predominan los paisajes abiertos de amplios horizontes. Entre estos dos conjuntos se desarrollan extensas llanuras de relleno detrítico, algunas de las cuales aún se encuentran en su fase de sedimentación, como es el caso de la cuenca del Amazonas.
a) América del Norte. Presenta cuatro grandes unidades estructurales: el escudo canadiense al NE, los Apalaches al E, la Gran Depresión Central y las montañas Rocosas al O.
1.0 El escudo canadiense. Es una vieja plataforma de casi 5.000.000 de Km2. Está compuesta de rocas precámbricas cristalinas que representan, junto con la porción que se encuentra cubierta por depósitos detríticos, el núcleo fundamental de la estructura continental norteamericana. Cubre la mitad de la superficie del Canadá y sus márgenes se extienden hasta el río San Lorenzo por el S, y hasta la línea de los Grandes Lagos y el río Mackenzie por el O. Tienen un aspecto monótono, propio de los relieves tabulares muy extensos, con débiles alturas de aspecto acolinado. En su conjunto tiene la forma de una gigantesca herradura cuyo sector deprimido central corresponde a la bahía de Hudson. La superficie del Escudo se eleva suavemente hacia el O y con mayor vigor hacia las tierras noroccidentales del Labrador, donde alcanzan 1.600 m. Este arqueamiento y la sucesión alternada de capas duras y blandas débilmente inclinadas hacia el exterior, explican la presencia de relieves disimétricos de tipo «cuesta» en los bordes, particularmente desarrollados en el sector de los Grandes Lagos. En gran parte se encuentra modelado por la acción del hielo, y sembrado de lagos que resultan del retroceso de éstos durante el Cuaternario. Igual origen tienen los grandes lagos del S y del O, que constituyen un rosario lacustre unido por ríos que funcionan como espléndidas vías de comunicación y, en sus caídas, como excelentes fuentes de energía hidroeléctrica. Hacia el O y hacia el S el Escudo Canadiense se prolonga por debajo de potentes series sedimentarias. A esta región, de sectores cristalinos emergidos y de sectores ahogados por detritos, la llamó el geólogo Suess Laurentia. La parte oriental del archipiélago polar ártico y gran parte de Groenlandia deben agregarse también a este vasto elemento estructural de A. del Norte.
2.0 Los Apalaches (v.). Se extienden al este de A. del Norte, desde el centro del Estado de Alabama hasta el centro del Estado de Nueva York, con una orientación casi paralela a la costa atlántica. Toda la historia geológica de este macizo se desarrolla durante el Primario y compromete un conjunto de rocas cristalinas y metamórficas al E, y sedimentarias plegadas o más o menos tabulares al O. Las fases diastróficas tuvieron lugar durante el periodo siluriano-carbonífero. Con posterioridad a lo largo del Permo-Trías, la masa estructural fue arrasada por violentas acciones erosivas que generaron una extensa superficie de erosión Esta superficie fue reanimada luego por acciones erosivas, por nuevos desniveles surgidos entre el continente y el océano. La acción diferenciada de la erosión fue muy eficaz en las rocas sedimentarias blandas y muy modesta en aquellas que eran resistentes. En las rocas calizas, margas y areniscas se excavaron profundos surcos. Las rocas duras quedaron intactas como cumbres largas, paralelas y romas, restos de la antigua superficie de erosión. Esto es lo que se denomina «relieve apalachiano». Al noroeste de esta zona plegada sedimentaria se sitúa una región de estructura simple y relieve tabular. Es la meseta apalachiana denominada Allegheny al N y Cumberland al S. Hacia el SE la zona deviene más o menos metamórfica y más resistente. El relieve es también más vigoroso. Son los llamados Montes Azules y las montañas de Great Smoky. Los Apalaches limitan hacia el sector litoral atlántico con las llanuras costeras. El Piedemonte, rampa amesetada construida sobre rocas cristalinas, separa ambas unidades. En el área de contacto los ríos se encajonan fuertemente creando rápidos a lo largo de una extensa zona llamada Fall Line.
3.0 Las llanuras del centro. Esta unidad, de relieve monótono, ocupa casi la cuarta parte del continente norteamericano. Las llanuras del centro se encuentran enmarcadas al N y al NE por el Escudo Canadiense, al SE por los Apalaches y al O por las Rocosas. Muy angostas en el sector boreal, ganan en amplitud hacia el golfo de México. Las débiles ondulaciones de su topografía traducen la existencia de una estructura casi tabular que comprenden sedimentos cretáceos, terciarios y paleozoicos. Sobre estos terrenos se depositó durante el pleistoceno una cubierta detrítica compuesta en el sector N por materiales de origen glacial y, en el tramo S, por aportes aluviales. Este último sector ha sido constantemente una tierra baja sometida a los vaivenes del nivel oceánico. Aún en la actualidad el delta del Misisipí constituye una activa área de sedimentación que alimenta el sector de las planicies costeras del golfo. Éstas se prolongan hacia el NE en su margen atlántica. Desde el Ártico al golfo de México, estas planicies centrales están drenadas por dos sistemas fluviales, el del Mackenzie al N y el del Misisipí al S, separados por la meseta de Misuri. En el sentido transversal, las planicies se elevan suavemente hacia el Oriente y con mayor vigor hacia el Occidente. Al oeste del Misisipí, entre Misuri y Arkansas, los terrenos primarios emergen sobre los aluviones generando los montes Ozark, violentamente atacados por la erosión. Al O del meridiano 1000 el levantamiento se acentúa hasta alcanzar 2.000 m. en algunos puntos al pie de las Rocosas. Es el tramo de las altiplanicies del O, formadas principalmente por terrenos primarios.
4.0 Las montañas occidentales. Al N del paralelo 33° y hasta Alaska, se desarrolla el sistema montañoso del Pacífico, de disposición submeridiana. Se distinguen allí varios alineamientos de montañas. Al O, las montañas Rocosas, cadena alta maciza de edad terciaria, que alcanza sus mayores alturas al oeste y sur de Denver (Col.) en P. Blanca 4.384 m.; al O, la Sierra Nevada, que se prolonga hasta el norte de la sierra de las Cascadas. Sus alturas máximas son de igual importancia que las de las Rocosas (4.418 m. el Whitney, nordeste de Los Ángeles; 4.392 m. el Rainier, cerca de Seattle). Estas montañas, continuas y escarpadas, están separadas del océano por una fosa de hundimiento recorrida por los ríos San Joaquín y Sacramento y por las Cadenas Costeras (Coastal Ranges) que se transforma al N, en Canadá, y al S, en California, en penínsulas e islas. Entre ambas cadenas se desarrolla una zona de altas mesetas y cuencas intermontanas caracterizadas por su extrema aridez. Son las mesetas de Columbia y Colorado, la meseta de lava de Oregón y la Gran Cuenca. Al norte de esta zona intermontana, las Rocosas y las cadenas occidentales convergen constituyendo un sistema de altas montañas (monte Mac Kinley, 6.187 m.) que alberga también algunas altas mesetas como la de Alaska y Yukon. Todas las altas cumbres de las Rocosas, Cascadas y Sierra Nevada estuvieron afectadas por la glaciación cuaternaria. En la zona litoral, la amplia costa de fiordos que se desarrolla al norte de Puget Sound o de Vancouver testimonia la importancia de la acción glacial en esas latitudes.
b) México. Las unidades estructurales que existen en el sector de las montañas occidentales norteamericanas se prolongan en México hasta los 200N, es decir, hasta la cordillera Neovolcánica, eje que corta el territorio mexicano en dos unidades.
1.0 México septentrional. Dos conjuntos serranos, la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental, encierran la Meseta Central Mexicana. La Sierra Madre Occidental es un dominio de rocas cristalinas plegadas en numerosas ocasiones y atravesadas por rocas magmáticas durante los movimientos orogénicos. Dichos movimientos generaron también, a lo largo de líneas de falla orientadas de NO a SE, efusiones de lava andesíticas y basálticas, lavas muy fluidas que cubren gran parte de la Sierra Madre Occidental. Predominan, entonces, en este sector occidental, episodios tectónicos y rocas antiguas. Las grandes líneas del relieve se establecen en dos fases relativamente recientes; la primera se realiza durante el Terciario medio y tiene el carácter de una tectónica diferencial de bloques. La segunda corresponde a un retoque de la anterior y se realiza durante el periodo miopliocénico. Estas líneas de fractura explican el gran escalón que limita la Sierra Madre Occidental por el O y el reborde interno de esta montaña. Este último es menos nítido que el anterior, porque la meseta central tiene una altura media de 2.000 m.
La Sierra -Madre Oriental. Predominan en ella terrenos sedimentarios de edad jurásica y cretácica, plegados por compresión entre el cretáceoo y el eoceno inferior (fáse larámica). El reducido vigor del plegamiento se traduce en ondulaciones amplias y regulares que no generaron relieves. Éstos surgen sólo a mediados del Terciario cuando movimientos orogénicos' verticales solevantan la Sierra Madre Oriental y la Meseta Central Mexicana. El levantamiento de estas unidades plegadas desencadena una activa acción erosiva que destruye los sectores más elevados de los anticlinales y rellena con esos sedimentos la cuenca de la Meseta Central.
La Meseta Central Mexicana. Encerrada entre estas dos sierras, la Meseta Central alcanza, en su sector de máximo desarrollo, 500 Km. de ancho. Es la mayor unidad de relieve y la que más importancia representa en la historia de los pueblos mexicanos. En ella se distinguen tres unidades: un sector occidental, de mayor altura cercana a los 2:000 m. en la región de Chihuahua, un sector oriental, de menor altura, que se extiende entre Monterrey y Río Grande, y un sector de bolsones cuyas alturas oscilan entre 900 y 1.200 m. Por el S, la Meseta Central termina en la cordillera Neovolcánica, cuya disposición E-O coincide con una gran falla escalonada, que representa el mayor accidente estructural de México central. Coronan esta unidad imponentes volcanes como el Popocatépetl (5.450 m.) y el Pico de Orizaba (5.700 m.). Las sierras del este y del oeste mexicano se encuentran separadas del océano por dos planicies litorales. La del Pacífico es de reducida importancia. La del Atlántico es, en cambio, muy extensa. Ocupa ésta la costa oriental de los EE. UU. y avanza al sur del golfo hasta la península de Yucatán.
2.0 México meridional. Es una zona de transición donde alternan áreas serranas con zonas deprimidas. Las primeras, la Sierra Madre del Sur y la Sierra Madre de Chiapas, son las unidades morfoestructurales de mayor importancia. Están constituidas por viejas rocas cristalinas y metamórficas paleozoicas que fueron afectadas posteriormente por una importante tectónica de fractura. Las segundas están representadas por la depresión de Balsas y el istmo de Tehuantepec. La depresión de Balsas, que separa la cordillera Neovolcánica de la Sierra Madre del Sur, aparece probablemente como la consecuencia de una actividad volcánico-tectónica del Terciario inferior y medio. El excavado fue guiado por líneas de debilidad estructural de dirección N-S y SO-NE, de donde se deduce la orientación general de la depresión. El istmo de Tehuantepec corresponde también a una zona de debilidad tectónica. Diversas fallas de orientación N-S dejaron este sector debajo del mar hasta el Terciario superior. El levantamiento general del sector en esa época hizo emerger este tramo para convertirlo en un corredor llano, inclinado al S y al N a partir de sólo 260 m. de altura. La península de Yucatán forma en este conjunto una entidad completamente original. Es una amplia meseta coralina de edad eocena y pliocena, aureolada por sedimentos cuaternarios. Carece de valles. Las aguas se infiltran y escurren en profundidad como ocurre en otras regiones cársticas, es decir, evolucionadas por disolución de las rocas calizas del sustrato.
c) En América Central, entre Chiapas y la sierra de Darién, se distinguen dos sectores montañosos separados por la cuenca de Nicaragua. Esta cuenca es una depresión tectónica que permaneció ocupada por el mar hasta principios del Cuaternario. En esta época, la actividad volcánica obturó la comunicación con el océano, generando el lago Nicaragua.
1.0 El tramo septentrional comprende el área que se extiende entre Guatemala por el N y el lago Nicaragua por el S. Está formado por cadenas montañosas orientadas, grosso modo, de E a O, y por macizos amesetados separados por fosas tectónicas (Altos Cuchumatanes, Alta Vera Cruz). Estas unidades fueron individualizadas por movimientos orogénicos muy recientes que datan sólo del Terciario superior. Importantes acumulaciones de lavas y cenizas volcánicas procedentes de aparatos aún activos estampan la variedad de formas de este sector septentrional.
2.0 El tramo meridional posee, al contrario, los rasgos de una cordillera dividida originalmente en dos cordones: la Cordillera Principal, situada al E, y la Cordillera Costera, que bordea el Pacífico. Entre ambas se establecía una Depresión Central. Sin embargo, gran parte del sector costero occidental se encuentra ahogado por el océano y sólo surgen vestigios como las penínsulas de Nicoya, Osa, Burice y Azuero. El arco montañoso dibuja una curvatura cóncavo-convexa que alcanza una respetable altura en Costa Rica: 3.860 m. en la cordillera de Talamanca. Hacia la sierra de Darién la altura decrece rápidamente.
d) El Arco antillano. Dibuja un arco parabólico que se extiende sobre 4.700 m. desde el cabo San Antonio, que es la punta occidental de Cuba, hasta la pequeña isla de Aruba, frente al golfo de Venezuela. Comprende tres grandes unidades: las Antillas Mayores, Cuba, Jamaica, Española y Puerto Rico, alineadas de E a O; las Antillas Menores, orientadas de N a S, en la parte central del arco y las Antillas Venezolanas y Holandesas, alineadas de E a O, desde Trinidad a Aruba. Su estructura es sumamente compleja a causa de la inestabilidad tectónica del sector antillano. El vulcanismo complica aún más el panorama, generando islas montañosas (Guadalupe, Dominica, Martinica) qué se oponen a otras que son sedimentarias y llanas (Barbados, María Galante). El geólogo E. Suess distinguió en ellas tres arcos excéntricos: uno externo, formado por rocas calizas modernas; uno intermedio, de edad más antigua, que forma los grandes macizos montañosos de las Antillas Mayores, y un arco interno que incorpora fundamentalmente las Antillas Menores compuesto por edificios volcánicos jóvenes.
e) América del Sur: elementos fundamentales del relieve. Se ordenan en tres conjuntos fundamentales: la montaña andina occidental, los macizos orientales y las llanuras del céntro.
1.0 La cordillera de los Andes (v.). Es uno de los sistemas montañosos de mayor interés. Entre los 110N y los 560 S sus montañas se extienden sobre 7.500 Km. y culminan en el monte Aconcagua a 6.959 m. Geológicamente es una cadena joven generada en su parte principal por movimientos orogénicos del Terciario superior y del Cuaternario. Su alta sismicidad y la importante actividad volcánica que le caracterizan, atestiguan también su juventud. La organización del relieve se traduce en largas cadenas paralelas, digitadas a veces. Regionalmente, los Andes se agrupan en tres conjuntos principales: los Andes Septentrionales, -situados entre el Caribe y las proximidades del Ecuador; los Andes Centrales, que llegan hasta el norte de Argentina y Chile, y los Andes Meridionales, que terminan en Tierra del Fuego.
2.0 Los macizos orientales. Corresponden a viejas unidades estructurales de rocas cristalinas y cristalófilas arrasadas por poderosas fases de erosión. Al N se encuentran los escudos Guayanés y Brasileño. Al S, el escudo Patagónico. El escudo Guayanés es de pequeña extensión y de topografía muy simple. Está formado fundamentalmente por rocas cristalinas cubiertas de arcillas rojas lateríticas y por un manto de areniscas dispuestas horizontalmente. Culmina en el cerro Auyan Pepui, a 2.985 m., en el este venezolano. El escudo brasileño, arrasado durante la Era Primaria, está afectado por una red de fracturas en que dominan dos direcciones: NNE-SSO y ESE-ONO. Los ejes del relieve y la orientación de las costas traducen con toda fidelidad estas orientaciones predominantes. El sector interior del escudo brasileño. se presenta como amplias mesetas poco disectadas. En ellas afloran directamente las rocas cristalinas o están fosilizadas por vastas cubiertas de areniscas subhorizontales que terminan en abruptas laderas; estas formas se conocen con el nombre de chapadas. En el sector atlántico la topografía es más compleja como consecuencia de los levantamientos, movimientos de báscula y fractura ocurridos durante el Terciario. En el borde oceánico atlántico se alza la Serra do Mar, importante burlete marginal que toma diferentes nombres (sierra da Estrella, sierra dos Orgóes). Delante de ella, en el sector de Río de Janeiro, varios macizos litorales graníticos como Pedra Gávea, Corcovado, Tijuca, Páo de Agucar, levantan sus curiosas siluetas sobre pequeñas llanuras aluviales, a veces pantanosas. La meseta patagónica, situada al S, es una zona tabular elaborada durante el Terciario superior por cuanto la superficie topográfica recorta terrenos sedimentarios terciarios y cretáceos, además de otros de origen cristalino. Se presenta como una superficie inclinada desde el pie de los Andes hacia el Atlántico, recortada por amplios valles orientados de E a O.
3.0 Las llanuras. Hacia el O, los escudos guayanés y brasileño se encuentran bordeados por una zona deprimida, recorrida por grandes ríos. Dicha zona forma un ancho corredor entre éstos, los Andes y el macizo patagónico. Son regiones planas, rellenas de materiales sedimentarios, denominados llanos del Orinoco al N, llanura Amazónica al centro y la llanura Chaco-Pampeana al S.
2. Hidrografía. De acuerdo con la disposición de las grandes unidades de relieve, la mayor parte de las aguas del continente americano es evacuada hacia el Atlánti
co. Tres de las cuatro mayores cuencas fluviales del mundo (la segunda es la del Congo) se hallan en A. y desaguan en dicho gran océano: la del Amazonas-Ucayali, con 7.050.000 Km2; la del Misisipí-Misuri (v.), con 3.690.000 Km2; y la del Río de la Plata-Paraná (v.), con 3.140.000 Km2. El mismo lugar privilegiado ocupa A. por cuanto concierne a la longitud de los ríos; después del Nilo-Kagera (6.671 Km.) viene, en la lista de los ríos mundiales, el Amazonas-Ucayali (según algunos autores éste es el más largo), con 6.280 Km. y el MisisipíMisuri-Red Rock, con 5.970. Enormes cuencas fluviales son también las del Mackenzie (1.760.000 Km'), tributario del océano Glacial Ártico, Yukon (855.000 Km2) y Columbia (772.000 Km'), tributarios del Pacífico, y Orinoco (944.000 Km2; v.) y Río Bravo o Río Grande (580.000 Km2), que lo son del Atlántico. Y ríos muy largos el Plata-Paraná (4.700 Km.), el Mackenzie (4.241), el Purús (3.200), afluente del Amazonas, el Nelson-Saskatchewan (3.103), que desemboca en la bahía de Hudson, el San Lorenzo (3.058), tributario del Atlántico, etc.
A. tiene igualmente algunas de las más extensas cuencas lacustres del mundo, casi todas ellas pertenecientes a los EE. UU. y Canadá: Superior (84.131 Km2), el mayor lago del mundo, después del mar Caspio; Hurón (61.797 Km2), Michigan (58.016 Km2), Erie (29.612 Km2) y Ontario (18.941 Km2), conocidos por el nombre de Grandes Lagos norteamericanos (v.); Oso (31.792 Km2; v.) y Esclavo (28.438 Km2; v.) Winnipeg (24.514 Km2; v.), Athabasca (8.080 Km2), Reindeer (6.390 Km2), Winnipegosis (5.447 Km2), Nipigon (4.843 Km2), Manitoba (4.706 Km2) y Gran Lago Salado (4.690 Km2); en América Central se halla el lago Nicaragua (8.430 Km2; v.) y en la del Sur el Titicaca (8.300 Km2; v.).
Tanto los ríos como los lagos americanos son muy variados desde el punta de vista hidrológico.
3. Climas, suelos y vegetación. La posición en latitud de las tierras americanas explica que A. del Norte esté dominada por climas y asociaciones vegetales herbáceas y forestales de carácter templado, mientras que en A. del Sur son las selvas y las variedades tropicales las que ocupan las mayores superficies.
a) América del Norte. Los 5.000 Km. que separan la desembocadura del Misisipí al S de la del Mackenzie al N, encierran una gran variedad climática y vegetacional, cuyas unidades mayores se ordenan de N a S como consecuencia de la disposición del relieve y la dirección de los vientos dominantes. En general, es posible distinguir en el territorio de A. del Norte cuatro zonas biogeográficas:
1.0 La vertiente occidental de las montañas Rocosas. Forma un biombo a los vientos provenientes del O, hecho que les otorga una abundante humedad, superior a 1.500 mm. anuales al N del paralelo 40° N. La corriente de Kuro Shivo, que proviene de las cálidas latitudes tropicales asiáticas, suaviza los climas de la costa NO desde las Aleutianas hasta el noroeste de los EE. UU. Al S predomina un clima oceánico húmedo, con débiles oscilaciones térmicas diurnas y anuales, con veranos frescos e inviernos suaves; vale decir un régimen típicamente oceánico. Favorecida por estas condiciones climáticas se desarrolla sobre 3.600 Km., desde Alaska hasta el centro de California, un exuberante bosque de coníferas cuyo sector comprendido entre Columbia Británica y California es reconocido como uno de los más extraordinarios y mejor desarrollados del mundo. Este bosque tiene un ancho de unos 500 Km. y su altura varía de acuerdo a la latitud; entre 0 m. al N y 1.500 m. al S se presenta como una formación forestal uniforme, compuesta sólo de coníferas, única por su gigantismo que se mantiene incluso en pleno medio mediterráneo (Sequoia). El bosque de coníferas se caracteriza también por la rapidez de crecimiento de las variedades que allí dominan (Pitea sitchensis, Tsuga heterophylla). Hacia el S, en California, el bosque de coníferas del Pacífico es reemplazado por el chaparral mediterráneo adoptado a la sequedad que impone el clima subtropical (v. ROCOSAS, MONTAÑAS).
2.0 Las altas mesetas y la vertiente oriental de las Rocosas. A diferencia de la vertiente anterior, este sector se encuentra protegido de los vientos del O; por ello es seco. El promedio de las precipitaciones es inferior a 200 mm. al año. La vegetación es, en su mayor parte, pobre. El área central de las montañas y el sector amesetado interior presentan condiciones continentales. Dominan allí las estepas claras alimentadas por lluvias poco abundantes (90-250 mm.) que caracteriza el sector «desértico» norteamericano (Baja California, Arizona, Sonora, Nuevo México, Texas, Chihuahua). Al N, en cambio, domina la estepa con artemisas como la que se encuentra en la Gran Cuenca. En la vertiente occidental se pasa insensiblemente a suelos formados por concreciones salinas, provocadas por el ascenso de soluciones de carbonato de calcio que precipitan en superficie debido a la fuerte evaporación. Son los suelos castaños de estepa, sobre los cuales sólo consiguen sobrevivir hierbas, gramíneas especialmente, organizadas en manojos, más discontinuos y pequeños que la vegetación de pradera, formada por hierbas altas que viven sobre suelos de tipo chernosen y que se desarrollan hacia el E.
3.0 La llanura central. Abierta a las influencias polares del N y tropicales del S, se caracteriza por sus bruscos cambios de temperatura y por las invasiones de ondas de frío que pueden llegar hasta el golfo de México. Sus características climáticas cambian de N a S. El Gran Norte Canadiense. Tiene clima polar con inviernos muy largos y fríos y un periodo de insolación muy breve. Presenta sólo una vegetación de tundra y suelos casi estériles. Predominan allí los musgos y las formaciones herbáceas o de matorral achaparrado sin árboles en medio de amplias superficies sembradas de lagos, estanques, pantanos y turberas. El suelo permanece helado en profundidad la mayor parte del año. El Centro. Al S de una amplia medialuna, de unos 1.500 Km. de anchura media, que va desde Terranova hasta Alaska, se establece uno de los bosques más extensos del mundo: el bosque boreal de coníferas. El sector septentrional, todavía pantanoso, presenta un bosque claro semejante a la taiga asiática que se vigoriza, se hace más denso y variado hacia el S. Sobre suelos más o menos lavados y más o menos empapados en agua se establecen árboles pertenecientes a los géneros Pitea, Pinus, Abies, Larix, que crecen en condiciones climáticas muy rudas con temperaturas medias anuales del orden de 0° y con precipitaciones nivosas variables entre 700 y 400 mm.; presenta un pequeño periodo cálido que le permite cumplir con sus funciones vitales, el crecimiento de los órganos y la renovación de las reservas. Al S, desde Canadá central hasta Texas, la pradera reemplaza al bosque. Predominan las hierbas, en especial gramíneas, además de algunas compuestas y leguminosas. Los suelos podzolizados del bosque son reemplazados por suelos negros y fértiles del tipo chernosen. La pradera es una formación cerrada de altas hierbas al E, entre el pie de los Apalaches y el meridiano 104º O, y de hierbas cortas, debido a la falta de humedad, hacia el O, en dirección de las Rocosas. El Sur. Hacia el golfo de México el clima se torna más cálido e incluso subtropical. Las precipitaciones son análogas a las del monzón y permiten el desarrollo de dos asociaciones forestales: el bosque marítimo de magnolias, que crece en sectores en algo protegidos de los pantanos del Misisipí, y el pinedo sudatlántico, que se desarrolla en el Bajo Misisipí y en la costa de Florida.
4.0 El Este. Tiene este sector una doble influencia del Atlántico. Al N, enfriado por la corriente del Labrador. Al S, atemperado por la corriente dél Golfo (v.). El Labrador tiene un clima frío y se encuentra cubierto ampliamente por asociaciones forestales de, coníferas. La vertiente atlántica de los EE. UU. tiene ya caracteres oceánicos, es un clima homogéneo y las precipitaciones son suficientes (ningún mes tiene menos de 50 mm.). Estas circunstancias favorecen el desarrollo del bosque apalachiano. El bosque apalachiano es una formación forestal estratificada densa, sombría, caducifolia, cuyo vigor proviene de la abundante humedad. Prevalecen allí las especies Quercus alba, Quercus velutina, Carya ovata y Carya cordiformis, que se extienden sobre el 85% de la superficie. Se sitúa al sur del bosque mixto laurentino. La vegetación apalachiana no alcanza al golfo de México. En las cercanías del golfo y en gran parte de la Florida el clima es cálido y húmedo, de carácter subtropical y favorece el desarrollo de una formación forestal siempreverde parecida a la que se encuentra en la China del Sur. A expensas del bosque apalachiano y del bosque siempreverde del S se ha constituido una formación esencialmente antrópica, el pinedo sudatlántico.
b) América Central. Los climas son muy variados y hay grandes contrastes entre regiones de marcada afinidad ecuatorial y otras que presentan clara tendencia a la aridez. Los rasgos más peculiares de los climas centroamericanos son: el notable avance de los climas tropicales húmedos en latitud, en particular en la fachada oriental del continente americano, provocado por la altitud del relieve y por la influencia de las aguas cálidas de la corriente del Golfo (v.); la diversidad climática provocada por la altura y la existencia de un verdadero mosaico de climas que producen una extraordinaria variedad vegetacional. Existen allí paisajes de selva densa ecuatorial que se degrada en sabana o hacia formaciones xerófitas, subáridas y desérticas. En el conjunto al norte de Nicaragua la vegetación de la fachada atlántica húmeda se opone a la vegetación de la fachada pacífica seca. La península de Yucatán y las altas tierras de la meseta central mexicana escapan a este ordenamiento. La altura introduce un escalonamiento que se relaciona directamente con el que presenta el clima. Las islas de las Antillas estaban cubiertas en su origen en forma total por la selva tropical, la cual ha sido degradada en todas partes por la intervención del hombre y reemplazada por sabanas. La vegetación original sólo persiste en regiones montañosas como la Sierra Maestra o Pinar del Río (Cuba).
1.0 La fachada occidental. Tanto Baja California como Sonora corresponden a la prolongación austral de la región árida que impera en el sector norteamericano de Arizona. Las lluvias son aquí invernales aportadas por los grandes vientos del O, pero ellas logran comprometer una estrecha franja costera. Este régimen se mantiene hacia el S hasta el sector atravesado por el Trópico de Cáncer. Allí entran en contacto el área de clima mediterráneo con otra más austral, que tiene caracteres tropicales. Predominan en todo este sector árido estepas herbáceas y vegetación espinosa. En los sectores deprimidos (bolsones) se establece el chaparral formado por especies xerófitas (acacias, mimosas) y plantas adaptadas a la salinidad del suelo. En lugares más húmedos crecen las plantas suculentas: cactus, agaves, yucas. Desde los 20° latitud aproximadamente hasta la latitud de Costa Rica, las precipitaciones son en general escasas, razón por la cual se extiende una sabana que a veces está interrumpida por pequeños manchones de selva húmeda tropical en aquellos sectores más húmedos. Desde Costa Rica hasta Panamá domina en la fachada, del Pacífico la selva tropical, interrumpida por espacios de sabana. Este cambio de vegetación se debe a que en el tramo recién señalado actúa el frente intertropical, es decir, el encuentro de los vientos alisios provenientes del NE con sus congéneres que avanzan desde el SE. El choque de estas masas de aire determinan violentas lluvias de verano y otoño.
2.0 La fachada oriental. En la costa atlántica, la selva tropical se extiende a lo largo de toda la costa del golfo de México y del mar del Caribe. Predominan en el litoral un bosque de manglar asociado a las costas pantanosas. Los manglares presentan cuatro árboles esenciales: Rizophora manglar, Languncularia racimosa, Conocarpus erectus y Pterocarpus officinalis. En la fachada oriental sólo el norte de la peninsula de Yucatán constituye una excepción. La naturaleza de las calizas impide el almacenamiento de agua en el subsuelo, razón por la cual ella presenta una vegetación típica de estepa cálida.
3.0 La meseta mexicana. Esta unidad, que prolonga hacia el S las montañas Rocosas, se encuentra cubierta por numerosos volcanes cuya altura excede 5.000 m. El relieve se resuelve en una serie de cuencas limitadas por estos volcanes y sierras. La meseta central de México es una zona de tierras templadas por su temperatura, pero tropical por el carácter de sus precipitaciones de verano. La altura del sector tabular algo mayor al E (2.200-2.500 m.) que al O (1.500-900 m.) y su prolongación vertical, que son los relieves postizos volcánicos, establecen una serié de estratos vegetacionales que van desde las formaciones tropicales densas hasta el estrato más pobre asociado a las altas montañas. La superficie misma del plánalto mexicano se caracteriza por su vegetación de bosque de pino y encinas en las partes altas, y de tipo desértico y semidesértico (nopales, mesquites y mizaches) en las partes bajas. La estratificación vertical de la vegetación se puede esquematizar en cuatro estratos fundamentales. a) El estrato tropical húmedo, que llega hasta 800 m. de altura, dominio de las «tierras calientes». b) El estrato semitropical, que alcanza hasta 2.000 m. Aparecen allí árboles caducifolios con afinidad templada. Son las «tierras templadas». c) El estrato frío, áreas de las «tierras frías», donde dominan las coníferas. Se pueden dividir en varios subniveles: subnivel inferior con pinos, encinas y cipreses hasta 3.000 m.; subnivel de Abies religiosa hasta 3.500 m. relacionado con una pluviosidad máxima y un clima constantemente nebuloso; subnivel de especies retorcidas de enebros y pinos, que trepan hasta 4.000 m. El estrato frío, sector de la alta montaña donde se encuentra una vegetación de gramíneas (Festuca aires, Eryhgium) situadas entre 4.500 m. y el límite inferior de las nieves perpetuas. A diferencia de estas áreas montañosas, las cuencas son zonas secas, y, además, zonas de anomalías positivas de las temperaturas. Esta área cordillerana del sur ocupa todo el sector comprendido entre el lago Nicaragua y Darién y se caracteriza por la uniformidad vegetacional: la selva húmeda. La oposición entre las fachadas del Atlántico y del Pacífico pierden aquí su influencia. La intervención de las precipitaciones aportadas por el Frente Intertropical y el estrechamiento del continente eliminan las facies que predominaban hacia el N. Sólo la altura interviene como elemento diferenciador.
c) América del Sur. Debido a la extensión N-S del continente (10° N-55° S) las variaciones climáticas son considerables. Sin embargo, como su mayor superficie está comprometida con la zona tropical (4.800 Km. de E a O a 5° S), hay un predominio muy marcado de los climas cálidos. Influyen en los climas sudamericanos en forma fundamental los Andes y las masas oceánicas. La cadena andina, por su disposición marginal, por su orientación en el sentido de los meridianos, y por su altura, constituye una barrera que impide el paso de las masas de aire del Pacífico hacia el interior del continente. Su altura provoca además en la vertical una estratificación de climas anómalos con relación a su latitud. En el borde continental atlántico la faja montañosa del sistema brasileño cumple un papel semejante, pero de intensidad mucho más reducida. En el ámbito oceánico, las aguas cálidas de las corrientes ecuatoriales dominan en toda la costa atlántica hasta los 38° S. En el Pacífico, esta extensión se reduce al terreno situado al N del paralelo 15° S. El resto de las costas de A. del Sur están bañadas por corrientes frías, de Humboldt al O, de Falkland al E, provenientes ambas de ramas derivadas de la gran corriente Circumpolar Antártica. Surgen de estas influencias y de la circulación general de la atmósfera, climas y formaciones vegetales, cuyo ordenamiento regional revela la existencia de notables disimetrías entre la vertiente del Pacífico y la del Atlántico.
1.0 El sector atlántico. En su mayor parte se encuentra afectado por climas cálidos que pueden ser húmedos y secos. Ellos comprometen grosso modo todo el sector intertropical. En las latitudes extratropicales los climas de
tipo subtropical y templado, con la sola excepción de la Pampa húmeda argentino-uruguaya, se encuentran marcados por el sello de la aridez.
El clima ecuatorial, cálido y húmedo durante todo el año, afecta la cuenca del Amazonas, el sur de la cuenca del Orinoco y el macizo de las Guayanas. Las lluvias son allí abundantes (sobre 2.500 mm. de precipitación anual) y las temperaturas altas (superiores a 25°). Es ésta el área de extensión de las selvas amazónicas, que forman un bloque vegetal desde los Andes hasta el Atlántico y desde el macizo de la Guayana por el N hasta la meseta brasileña por el S. En sus bordes esta selva se prolonga en forma de bosques galerías a lo largo de los ríos. Es una selva densa de árboles con hojas persistentes, donde abundan lianas y epifitos que se entrelazan formando conjuntos de variadas especies (8.000 especies para 6.000 Kmz). En ella se desarrolla una intensa vida de aves, animales e insectos. La selva amazónica no es, sin embargo, una formación homogénea. En ella se pueden reconocer numerosas variedades en relación con la mayor o menor avidez de las especies por el agua. Así se reconocen la selva de igapos, que se desarrollan en los terrenos aluvionales, húmedos y pantanosos que bordean los ríos; la selva de varzea que se instala sobre suelos mejor consolidados, de menor humedad, inundables sólo una vez por año; la selva de tierra firme, que ocupa las mesetas bajas que las inundaciones no alcanzan. Tampoco todo es selva densa en el Amazonas. En cuanto la humedad disminuye, el manto forestal se abre y aparecen claros, surge la sabana. En general, cuando el clima ecuatorial es reemplazado por climas de tipo tropical, cuando la influencia de la altura es demasiado marcada o cuando se producen cambios de temperatura, insolación, humedad del aire y del suelo, la selva densa ecuatorial se degrada y es reemplazada por árboles xerófitos o por formaciones mixtas de árboles y gramíneas. Así, en la margen de la selva amazónica aparecen tres formas principales de degradación: la selva densa mixta con árboles de hojas perennes y de hojas caducas; la selva clara, donde existen árboles de hojas caducas con un sotobosque de especies arborescentes y gramíneas, y las sabanas, formaciones vegetales herbáceas con árboles y arbustos en proporciones variables.
El clima tropical. Se caracteriza por la existencia de una estación seca más o menos prolongada. Este clima se encuentra en la meseta brasileña a excepción del NE. También en el macizo guayanés. Sobre la meseta brasileña las precipitaciones son mayores a 1.000 mm. y las temperaturas medias anuales del orden de 24°. Las amplitudes mensuales son de poca importancia, la estación seca es marcada y se ubica entre los meses de junio y septiembre. En el macizo guayanés la sequía es relativa y se extiende entre febrero y abril. Asociada a estos climas tropicales, la sabana ocupa tanto los sectores llanos como áreas de meseta. En el primer caso, cuando son arbustivas, se les denomina en Brasil «campos cerrados», cuando son herbáceas se les llama «campos limpios». En el segundo caso, sobre las chapadas, predominan sabanas herbáceas formadas de hierbas muy poco exigentes debido a la carencia de elementos nutritivos. En el nordeste brasileño, formando una cuña entre dos sectores muy húmedos (Amazonaa y costa sudeste), la rudeza de la estación seca implanta una formación vegetal intermedia compuesta por especies xerófitas. Es la caatinga, mezcla de árboles con arbustos espinosos, más o menos frondosos que se mezclan con plantas suculentas. Familias semejantes se encuentran en los sectores más secos de Venezuela y Colombia, alrededor de Maracaibo. Son, por último, familias muy semejantes a las descritas en Yucatán, al oeste de Guatemala, y en Sonora (México).
El clima subtropical húmedo. Con precipitaciones de verano de estilo tropical e invernales de tipo mediterráneo reina en el sur de Brasil, Uruguay y nordeste de Argentina. Es el área de la Pampa húmeda, pradera herbácea desarrollada sobre los suelos evolucionados a partir de sedimentos finos de origen eólico. La Pampa es un paisaje abierto y sin árboles. En ella se encuentran especies que pertenecen a los géneros Stipa, Melica, Bromus, Poa, Panicum, dispuestas en tres estratos (40-80 cm., menos de 30 cm. y 5 cm.), que se hacen más bajos y más raros hacia el SE y SO. Hacia el interior el aumento de la aridez hace ralear la vegetación herbácea.
El clima subtropical seco. Las llanuras del Chaco poseen también caracteres climáticos de franca tendencia árida. En el Chaco la degradación vegetacional es paulatina y se acrecienta a medida que se progresa hacia el O. Gradualmente se pasa del bosque húmedo oriental a los montes altos del Chaco Central y al bosque secano del Occidente, espinoso y con predominio de cactáceas o al chaparral. La aridez de estilo templado-frío se impone al sur del río Colorado (latitud de Bahía Blanca). Este tramo austral aparece como un desierto de abrigo por cuanto los Andes retienen en la vertiente occidental la humedad de los Vientos Bravos del O. Éstos descienden del lado argentino como vientos secos. La topografía amesetada del sector patagónico y la influencia de la corriente fría de Falkland no hace sino exagerar la importancia de la aridez. Se desarrolla en este medio una estepa arbustiva, normalmente xerófita, compuesta de gramíneas duras, como el coirón, dotado de un amplio sistema radical. Las plantas de mayor alzada son leñosas y provistas de abundantes espinas. La vegetación arbustiva y herbácea más rica se encuentra concentrada en los amplios valles húmedos que atraviesan la meseta de O a E. Hacia el pie de la cordillera la estepa arbustiva se hace cada vez más densa, con arbolillos achaparrados y deformados por el viento.
2.0 La fachada del Pacífico. En su tramo septentrional el borde del Pacífico prolonga hasta el Ecuador los rasgos climáticos y vegetacionales que se encuentran en el istmo de Panamá. El clima ecuatorial cálido y húmedo asociado a la selva densa ecuatorial no se prolonga, a pesar de la latitud. Al S del paralelo de Guayaquil la selva caducifolia de transición desaparece y se implanta el desierto peruano-chileno que alcanza casi 3.000 Km. Este desierto costero se cuenta entre uno de los más rigurosos del mundo y puede tener sequías absolutas de varios años, pero la humedad atmosférica, como en la mayoría de los desiertos litorales, permite el desarrollo de algunos vegetales. Hacia el interior la influencia costera desaparece y el calor del sol calcina permanentemente las rocas desnudas. Entre los 30° S y el paralelo de Santiago de Chile, una breve área transicional esteparia cálida separa el desierto del segmento templado del Pacífico. Las precipitaciones de invierno, las temperaturas veraniegas mesuradas, la existencia de inviernos suaves, establecen entre los 33 y 38° S un clima de tipo mediterráneo con vegetación de matorral. Sobre los árboles de media alzada como el boldo (Boldea boldus), se elevan unos grandes ejemplares como el quillay (Quillaja saponaria). El sotobosque comprende sobre todo plantas espinosas como la acacia (Acacia caven). Al S, entre los 58o y 53° S, se desarrolla la selva de lluvias de tipo templado asociada al clima templado oceánico. Las precipitaciones muy abundantes (2.500 mm. en Valdivia, 40° S) son aportadas por los vientos del O. Las temperaturas son suaves, sin grandes amplitudes anuales (18° media anual. Valdivia, 8,5° amplitud anual). Es ésta la selva de Nothofagus, que alcanza su desarrollo más vigoroso entre los 39° y los 44° S. Es la selva Valdiviana, muy semejante en sus rasgos generales a la selva densa ecuatorial. Diversos ejemplares, entre los que destacan el coihue (N. dombeyi), alcanzan hasta 45 m. Junto a ellos aparecen grandes coníferas (Podocarpus, Araucaria araucana, Libocedrus). Con la altura, la selva Valdiviana se hace menos densa, menos exuberante. Con la latitud, su altura máxima decrece 1.600 m. a la altura del paralelo 41° S; a 500 en Usuhaia, 540S.
3.0 Los Andes. Presentan un cuadro climático y vegetacional sumamente intrincado a causa de las variaciones en latitud, altura y exposición a los vientos húmedos. En Ecuador, p. ej., el clima ecuatorial compromete sólo a la base de la cadena montañosa, presentando una clara degradación hacia 1.500-2.000 m. Más alto, entre 2.000 y 3.500 m., el clima es templado, y frío hacia 4.000 m. Las nieves eternas aparecen hacia 5.000 m. En Tierra del Fuego, las nieves eternas descienden hasta 700 m.
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