Escultor castellano del s. XVlli. Vive en momento neoclásico, pero en su obra todavía perviven claras influencias barrocas tradicionales, junto a las importadas de Francia e Italia. De sus dos vertientes, de escultor neoclásico-director de la Academia, y de escultor imaginero, es en ésta en la que consigue mayor fama y éxito. N. en Nava del Rey (Valladolid), en 1709. Pronto empezaron a manifestarse sus cualidades artísticas, y fue un canónigo de Segovia quien lo llevó a Madrid y lo puso a aprender escultura con el artista Juan Ron. Seis años estuvo de aprendiz, y muy pronto comenzó a colaborar con el maestro. A la muerte de éste se unió a su yerno José Galbán. Contrajo matrimonio en 1731 y, muerta su primera mujer, volvió a casarse en 1755. Ya en 1748 se le había concedido un «asiento en la Sala de los Estudios de la Academia de las Bellas Artes», primer paso que le llevaría a conseguir, el 12 abr. 1752, el cargo de teniente director de la Escultura en la Academia, cargo que ostentó hasta su jubilación por enfermedad, el 10 nov. 1765. M. en Madrid el 3 en. 1767.
Por su producción, su arte encaja más en el capítulo de la imaginería del barroquismo español que en la escultura de tema profano. Su estilo entronca lo tradicional del último barroco castellano, con claras influencias del rococó francés y del arte de los continuadores del Bernini. Hay en su arte, en palabras del prof. Martín González «un compromiso entre lo popular y lo aristocrático» que a veces le hace caer en el virtuosismo sin alma de la escultura neoclásica. Trabaja predominantemente la madera, sobre la que coloca rica policromía de oro, plata y postizos de encajes, ojos de cristal y pestañas. El plegado de las telas lo hace muy movido y entrecortado, más de acuerdo con lo rococó que con lo neoclásico. Busca a veces en los maestros del barroco andaluz y castellano sus tipos iconográficos, y así algunas de sus composiciones nos recuerdan obras de Pedro de Mena, la Roldana, Pereira y Gregorio Fernández. El estudio de sus cabezas denota más preocupación por el equilibrio y la serenidad, que por la fuerza expresiva.
Gran parte de su producción la dejó en los templos madrileños, aunque por desgracia mucho de ella se perdió en 1936. De su primera época son las figuras en piedra de S. Isidro y S. María de la Cabeza del puente de Toledo en Madrid, y el S. Fernando de la portada del Hospicio, colocado el 1 jun. 1726. También trabajó en la impersonal serie de figuras de reyes para el Palacio Real de Madrid, de la que hizo seis de ellas, así como diversos elementos decorativos de sus fachadas. También es suyo el criticado grupo del S. Sebastián y el sayón, de la iglesia del santo. En la también madrileña de S. Fermín de los Navarros, existió un conjunto de 15 de sus mejores obras. Destacaban el S. Francisco Javier (1746) del que existe otro muy parecido en la iglesia de N. S. del Rosario de La Granja, la Virgen del Pilar (1747), de la que también existe réplica en La Granja. Para este real sitio hizo también una muy bella Dolorosa, que en algo nos recuerda a las de Mena, el Cristo del Perdón (1751), muy parecido a otro que existió en Madrid, obra de Pereira, S. Rita de Casia, S. Inés (1754), S. Mateo (1757), N. S. del Rosario y unos relieves de los retablos. Por encargo del rey hizo el medallón relieve del Cristo de la Victoria, para el panteón de Felipe V, de complicada composición y de fuerte claroscuro. Muy bella es la Virgen de la Asunción del pueblo de Serradilla (Cáceres) firmada en 1749. En Salamanca destacan su bella y serena Piedad de la catedral, muy parecida a la que existió en el oratorio madrileño del Olivar, y su Cristo de Pasión de la Clerecía. Muy realista y sentida es la cabeza de S. Francisco del Mus. de León. Bello y muy correcto es el Crucificado del Mus. de Valladolid. Otras obras de este artista se encuentran en el monasterio del Paular, Navarra, Vizcaya, y distintos pueblos de Madrid.
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BIBL.: E. LoRD, Luis Salvador Carmona en el Real sitio de S. Ildefonso de la Granja, «Archivo Español de Arte», XXXVI, 101 (1953); ID, Una obra desconocida de Luis Salvador Carmona, ib. XXIV, 95 (1951); J. J. MARTÍN GONZÁLEZ,, Escultura Barroca Castellana, Madrid 1959; F. J. SÁNCHEz CANTEN, Escultura y Pintura del s. XVIII, en Ars Hispaniae, XVII, Madrid 1965.
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