El m. representó, en realidad, un nuevo enfoque del quehacer económico, verificado a partir de 1870 y debido, principalmente, a W. Stanley Jevons (v.) autor de The Theory of Political Economy (1871), Karl Menger (v.), autor de Grundsátze der Volkswirtschatelehre (1871) y Léon Walras (v.), que publicó en 1874 sus Éléments d'Économie Politique Pure. La gran similitud de estas tres obras, junto con el hecho de que cada uno de sus autores ignoraba el trabajo de los demás, hace pensar que en esta época ya existía un cierto ambiente propicio al cambio. En rigor, la ortodoxia inglesa que inició Smith (v.), que sustantivizó Ricardo (v.) y que sistematizó y perfeccionó Stuart Mill (v.), se basaba en un conjunto de principios, que empezaban a perder significación en el último tercio del s. XIX.
Sin embargo, con ser la crisis interna de los principios de la economía clásica y los cambios en el marco económico, una razón necesaria para explicar la revolución marginal, quizá no constituya una razón suficiente. También influyeron en la nueva orientación del pensamiento que se da a partir de 1870 las corrientes intelectuales de la época. El m. y, en general, la mayor parte del pensamiento económico posterior a 1870, centró la atención en el análisis del proceso a través del cual un sistema de mercado distribuye los recursos en la economía. El problema económico a resolver es, pues, la asignación óptima que de unos recursos escasos y dados habría de hacerse para maximizar la utilidad de las unidades de decisión económica. Las cuestiones fundamentales que abordaron fueron las del valor y los precios y las de la formación y distribución de la renta. Pero el tratamiento que de las mismas hicieron, utilizando nuevos instrumentos de análisis -las técnicas marginales- sobre el telón de fondo de la teoría de la utilidad, hizo posible, con Walras y Marshall, que se estableciera la concepción de un sistema general de precios interrelacionados.
Lo más fundamental de la moderna teoría de la utilidad puede ser analizado comparando las ideas que sobre los problemas básicos de la teoría poseían los tres economistas fundadores del pensamiento marginalista. Cada uno de- ellos realizó una crítica de la teoría de Ricardo sobre el valor, poniendo de manifiesto sus deficiencias y demostrando la existencia en ella de una Iseria laguna. Todos aceptaban sin excepción la existencia de la utilidad como un hecho de la experiencia común. El problema de la medición de la utilidad fue especialmente tratado por Menger, quien, representando por números las utilidades marginales, utilizó la igualdad de éstas como criterio de la óptica distribución de un producto. Jevons, al abordar el problema de la mensurabilidad de la utilidad, negó que ésta pudiera medirse. Sin embargo, lo que él decía no es que la utilidad no fuera mensurable, sino que por el momento no se podía medir. Por otra parte, Menger ignoró que existiera relación entre la utilidad y la curva de demanda. Procedió a realizar un estudio elemental de los precios bajo monopolio bilateral, duopolio y competencia. Sin embargo, la ausencia de una teoría de la producción, sobre todo en el caso de la competencia, invalidó en gran medida su razonamiento. El intento de Jevons de relacionar la utilidad con la curva de demanda fue un fracaso.
Quien realmente consiguió establecer la relación adecuada entre utilidad y demanda fue Walras, el cual, derivando las ecuaciones de la máxima satisfacción para un individuo, y adoptando un recurso de su inversión -el del numéraire- logró establecer una función de demanda como relación entre las cantidades de un producto y todos los precios, cuando permanecen constante las rentas y los gastos de los sujetos. Para Walras, el problema del equilibrio general ofrecía una solución determinada. Un mercado competitivo estaría en equilibrio cuando el precio fuera tal que igualara la oferta con la demanda. El análisis walrasiano presenta, pues, una interdependencia entre los precios, las demandas y las ofertas.
En lo que se refiere a la distribución, Jevons no elaboró una teoría comprensiva de la misma, limitándose a adoptar sin grandes modificaciones la teoría clásica de la renta. Menger, como Jevons, tampoco logró incorporar en su sistema distributivo el problema del costo, aunque su teoría lo llevó hasta el borde de la ley del costo, o del principio del costo de sustitución. Sin embargo, él fue quien planteó el problema de la imputación, es decir, el problema de cómo obtener el valor de los bienes de producción. La teoría de la producción formulada por Walras no es más que un caso especial de su teoría del valor. Es un intento de aplicar el análisis del equilibrio general al problema de los precios de los factores. Asentada la teoría de la utilidad marginal, se hizo de ella la base de la teoría económica. Lo que siguió no fue más que un proceso de refinamiento de los principios en que ésta se fundamentaba.
Se puede hablar de una segunda generación de marginalistas agrupados en torno a tres escuelas. Son el grupo inglés, el austriaco y el de Lausanne, además de la escuela marginalista americana.
Austria fue el país en que primero consiguió imponerse la teoría de la utilidad; de aquí la identificación de la Escuela austriaca con la doctrina de la utilidad marginal. El gran triunvirato de Viena, Menger, Bdhm-Bawerk (v.) y Wieser (v.) fue el primero en esbozar las líneas maestras de la teoría. En Francia, aunque las demostraciones matemáticas de Walras fueron recibidas desfavorablemente, la teoría se implantó con cierta facilidad. Los economistas italianos, encabezados por Pantaleoni y Pareto (v.), defendieron particularmente las variantes matemáticas de la nueva teoría. Entre los demás escritores continentales, debemos mencionar especialmente a Wicksell (v.) en Suecia, Pierson en Holanda, Birck en Dinamarca y Bilimovic en Rusia. En Inglaterra, la nueva teoría fue popularizada por W. Smart, y P. H. Wircksteed;sin embargo, cabe a A. Marshall (v.) la participación más notable de los economistas británicos en la teoría de la utilidad marginal. Y, por último, EE. UU. encontró un exponente original y profundo en J. B. Clark. Otros escritores americanos que se inclinaron por esta teoría fueron Patten, Fetter, e I. Fisher (v.), todos los cuales hicieron aportaciones originales a problemas específicos. |