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Estudio etnológico. La etnología de A. ha suscitado siempre el interés de los investigadores por las peculiaridades raciales y culturales de los grupos aborígenes australianos. Antropológicamente, se caracteriza el australiano por una estatura media de 1,67 m. y la mujer 10 cm. menos, piel de color bronceado, cabello negro rizado, ondulado o lacio, pero nunca crespo como el de los negros (en algunos grupos los niños pueden tener el cabello rubio, que se oscurece posteriormente), pilosidad abundante, paladar y dientes grandes, especialmente los molares, labios gruesos, dolicocefalia, bóveda craneal baja y frente huidiza con arcos superciliares notables, con los ojos y arranque de la nariz hundidos, lo que les da un aspecto «primitivo». El tronco es corto y las extremidades largas. Peculiaridad racial destacable es la ausencia del grupo sanguíneo B, a diferencia del resto de Oceanía. Es difícil su encuadramiento en alguno de los troncos raciales conocidos. Algunos antropólogos han considerado que este tipo racial no pertenece a la especie sapiens y que es el resultado de un proceso evolutivo independiente del hombre de Neanderthal (v.), por lo que nos encontraríamos ante un verdadero caso de «fósil viviente». No obstante, las diferencias entre los esqueletos son notables, y el del australiano actual se asemeja más al de los sapiens que a los neanderthaloides, pese a los caracteres de primitivismo de la constitución somática del aborigen australiano.
Problema relacionado con ello es la antigüedad del hombre australiano; en base a los hallazgos fósiles de Talgai, Cohuna y Keilor, que representan formas antiguas de antecesores de los actuales australianos y de los que no difieren fundamentalmente, en terrenos que según algunos investigadores se pueden correlacionar con el periodo interglaciar RissWürm, han defendido los antropólogos Mahony y Edwards la remota antigüedad del australiano. La consecuencia de ello sería considerar también anteriores al pleistoceno las industrias líticas halladas en asociación con el cráneo de Keilor, semejantes a las del Paleolítico superior europeo, resultando así estas industrias las más antiguas desarrolladas por variedades de homínidos que puedan considerarse sapiens y A. la cuna del propio homo sapiens. Esta posición ha sido rechazada, dado que la evolución zoológica en A. se detiene en los marsupiales y, por tanto, los dos únicos mamíferos placentarios de su fauna, el hombre y el dingo o warrigal (perro australiano), no pueden haberse originado en el continente contra toda norma evolutiva y lógicamente debe ser inmigrado. Por otra parte, las observaciones hechas sobre las condiciones de los hallazgos fósiles australianos no fueron todo lo precisas y rigurosamente científicas que se habría deseado. Al respecto, Weidenreich ha relacionado el cráneo de Talgai con los hallazgos fósiles de Wadjack (Java) que quizá representen ya una forma o prototipo sapiens de los fósiles australianos antes citados, y que en ningún caso pueden ser considerados cronológicamente anteriores a la glaciación Würm, e incluso pospleistocénico, por lo que estos remotos antecesores no pudieron emigrar a A. en fecha anterior a la citada glaciación, lo que reafirma la posición negativa a la consideración de una gran antigüedad del hombre en A.
Los antecesores de los actuales aborígenes australianos debieron mezclarse a su llegada al continente con elementos tasmanios (v.) que probablemente precedieron a los australianos en su emigración. No es posible señalar ninguna ruta migratoria, pues los aborígenes no conservan ninguna leyenda sobre ello; verosímilmente debió acaecer a través de Nueva Guinea. Los grupos aborígenes australianos, que ocupan en la actualidad las zonas más inhóspitas del continente, desarrollan una existencia nómada de cazadores, basada económicamente en esta actividad y la recolección. Conocen ingeniosos procedimientos de caza como la utilización de reclamos, uso de disfraces, etc., y son diestros en manejar las armas arrojadizas, entre las que hemos de citar el uso del bumerán y del propulsor. Las actividades de recolección de elementos vegetales, que realizan las mujeres auxiliándose del bastón de cavar, tienen importancia básica para la subsistencia de los grupos; la alimentación se complementa indispensablemente mediante la captura de pequeños animales, reptiles, orugas, hormigas, etc. La pesca se practica allí donde es posible, capturando los peces con la mano y mediante el uso de nasas, anzuelos e incluso el envenenamiento de aguas, Es notable la pesca con rémora que al adherirse a la presa señala el lugar donde se encuentra y así es capturada con la lanza de pescar, que también utilizan para hacer presas de tortugas, vacas marinas y otros peces.
Los elementos materiales de los aborígenes australianos son pobres y escasos, casi reducidos a la posesión de venablos, propulsores, batea, piedra de moler y palo de cavar, lo que les procura la movilidad necesaria para los constantes desplazamientos que efectúan siempre dentro de un área determinada. También se conocen recipientes de madera o corteza de árboles. No obstante la pobreza de su cultura material, la organización social y familiar de los grupos australianos es sumamente complicada, pese a lo reducido de los grupos que constituyen bandas de unas 40 personas.
Se pueden apreciar dos ciclos culturales en A., que en cierto modo se superponen y mezclan: el ciclo arcaico del bumerán, caracterizado por la posesión de este arma arrojadiza, que tiene la particularidad de volver al punto desde donde ha sido arrojada, si la pieza no es herida; sería el substratum cultural más antiguo apreciable en las zonas del sudeste, sudoeste y borde septentrional australiano. Además del bumerán, tiene este ciclo como elemento cultural, que aparece bajo la superposición de otros correspondientes al ciclo primario totemista, una sociedad familiar monógama con ritos de iniciación para el varón. Las artes se reducirían a la decoración de elementos materiales y a la existencia de una música producida por instrumentos vibrátiles y la característica placa zumbadora, que desempeña un papel ritual en las ceremonias de iniciación. Religiosamente, existe una noción del ser supremo identificado con el primer antepasado, que se pone en relación con la Luna como símbolo de la muerte y resurrección (v. VI). Oleadas posteriores de emigrantes, llegados desde el norte, habrían aportado los elementos propios del otro ciclo cultural: el primario totemista de cazadores, que encontramos en las tribus del centro de A. y en el sur, norte y oeste, superponiéndose al ciclo arcaico. Materialmente, se caracterizaría por la posesión de técnicas de caza perfeccionadas con uso de trampas con artilugios complicados y el uso del propulsor. El vestido lo constituye un simple cinturón abdominal de corteza y el típico estuche fálico propio de este ciclo. La sociedad y la vida religiosa giran en torno a la concepción totemista, por la que los grupos se encuentran relacionados con un animal o planta tótem. Los ritos de iniciación tienen una importancia básica para los hombres de los grupos, practicándose la circuncisión como ceremonia ritual típica. Algunos realizan también la subincisión, que, acompañados de otras pruebas dolorosas, pueden durar bastantes años. Durante este tiempo, el individuo aprende el significado del ritual totémico, los nombres de los antepasados y lugares totémicos, y conoce el churinga, guijarro o madera con dibujos simbólicos donde mora el espíritu de los antepasados, y que se conserva secretamente en lugar sagrado. Entre algunos grupos, el papel de la paternidad física es desconocido, atribuyéndose la fecundidad de la mujer a obra de los espíritus o antepasados totémicos, y de ahí la necesidad del conocimiento de la paternidad totémica. Los ritos de iniciación fomentan la conciencia de las obligaciones del individuo con respecto a la comunidad. De estas ceremonias permanecen rigurosamente apartadas las mujeres y los no iniciados. La sociedad está estructurada en grupos de edad, existiendo totemismo (v.) individual y de grupo. Religiosamente, el Ser Supremo es identificado con el Sol, origen de toda fuerza generadora de la Naturaleza. La magia alcanza un gran incremento y es normalmente practicada por los jefes de grupo que son también hechiceros investidos de poder carismático. Con el culto solar se relacionan discos de concha marina (tridacna), y tiene importancia el culto a los antepasados masculinos.
Prehistoria. La investigación prehistórica de A. es reciente. Pese a no poder trazarse todavía un cuadro completo de las culturas prehistóricas ha sido posible establecer la existencia de diferentes secuencias culturales, que plantean problemas cronológicos aún no resueltos satisfactoriamente. No se conocen en A. vestigios del Paleolítico inferior ni medio. Hasta el momento no hay ningún hallazgo fósil distinto del homo sapiens, por lo que el poblamiento humano parece reciente en esta región, donde no han existido primates de ningún tipo, e incluso los únicos mamíferos placentarios existentes son el hombre y una variedad de perro (dingo o warrigal) seguramente llevado por éste.
De ca. el 16000 a. C. existen industrias de choppers, choppingtools y lascas, según muestran los hallazgos de Hallet Cove, Fulham, Keilor, Talgai, cabo Martin y las islas de Tartanza y Canguro. Posteriormente, se desarrollan industrias caracterizadas por puntas simétricas, monofaciales y foliáceas retocadas, microlitos geométricos (triángulos y trapecios), puntas de dorso rebajado (puntas de Bondi) y puntas hendidas oblicuamente (puntas de Woakwine). Según el radiocarbono, serían fechables entre 2850 y 1750 antes de nuestra Era. Más recientes y enlazando ya con culturas actuales serían las industrias de lascas y hachas pulimentadas que aparecen junto con puntas de Bondi. Existen también grandes concheros formados por acumulación, en toda la costa sur, que precisan de un tiempo largo para formarse; ofrecen toscos utillajes y algunas rudimentarias industrias de hueso, siendo su cronología imprecisa; en la cercana Tasmania, que no fue poblada antes del séptimo milenio antes de Cristo (según los datos del radiocarbono), se encuentran culturas de recolectores de mariscos principalmente.
La existencia de arte rupestre en las regiones del Norte plantea problemas cronológicos y culturales; evidentemente, muchas son obra de los primitivos actuales de fecha relativamente reciente, pero otras parecen de mayor antigüedad. Los hallazgos de la cueva de Kenniff permiten asegurar la utilización de colorantes hace 15.000 años. En Ingalladi se han encontrado grabados en estratos arqueológicos con una posible cronología de una antigüedad de 7 a 5.000 años. En el norte de A., se han realizado hallazgos que revelan los contactos coloniales esporádicos y sin influencia sobre las culturas aborígenes con las civilizaciones superiores de Indonesia y con la China de los Ming. |