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Representante peruano de la reacción de la intelectualidad criolla ante la dominación española. Se le considera precursor de la independencia americana. La forma correcta de su primer apellido parece ser Viscardo. N. en 1747 en Pampacolca (departamento de Arequipa), en el seno de una acomodada familia criolla. A los 14 años de edad, en 1761, ingresa en el noviciado de la Compañía de Jesús, en Cuzco, y seis años después, habiendo recibido sólo las órdenes menores, tiene que salir de su país, al decretar Carlos III la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles. En compañía de su hermano José Anselmo, que cursaba estudios con él, se traslada a Massa Carrara, en Italia, y allí se seculariza. Eran malos momentos para la Compañía de Jesús, suprimida por Clemente XIV en 1773, y también para España en sus territorios americanos, donde la intelectualidad criolla comienza a dar síntomas alarmantes de inquietud regionalista. De este estado de cosas está enterado V., que recibe noticias de sus compatriotas peruanos. Las dificultades económicas de V. se agravan al no poder recibir la herencia paterna, a pesar de las gestiones ante las autoridades españolas. Tal vez este hecho influyera en su actitud con respecto al dominio español. También es de pensar que su forzoso exilio le llevara a la idea de buscar una patria; este sentido parecen tener sus palabras de «escoger una patria que me trate al menos con justicia y asegure la tranquilidad civil».
Cuando recibe noticias de la sublevación en Perú (1780-81) de Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui), aparentemente motivada por abusos de los corregidores contra los indios, se pone en contacto con el cónsul inglés en Liorna para que recabe del Gobierno británico ayuda a los rebeldes. En 1782 marcha a Londres con su hermano José Anselmo en busca de apoyo gubernamental para sus planes de sublevación en Perú, pero no consigue nada. También fracasa en su gestión para regresar a su tierra natal. En Londres se relaciona con otros jesuitas expulsados de los dominios españoles y portugueses, y allí vuelve en 1792, para residir protegido y pensionado por el Gobierno inglés, al tiempo que toma contacto con los americanos que, como él, solicitan en Londres la ayuda británica para la emancipación de la América española. Pero el Gobierno de Pitt (v.) estaba en aparentes buenas relaciones con España desde 1793, por la enemistad común contra Francia, que dura hasta 1796, y no quería comprometerse a una abierta cooperación con los gestores de una posible independencia. Ésta es la razón de que la Carta a los españoles americanos, escrita por V. en francés, no se publicara entonces, por impedirlo el primer ministro Pitt.
Al morir V. en Londres, en 1798, sus papeles y documentos pasan a Rufus King, plenipotenciario norteamericano en la capital británica, quien los entrega a Miranda (v.), el cual publica en Londres Carta a los españoles americanos (1799), en su original francés, con falso pie de imprenta, en el que figura como lugar de edición la ciudad de Filadelfia. En 1801 se traduce la Carta al español y comienza a circular entre los conspiradores americanos. V. analiza en ella la conquista española con palabras tan duras como injustas, pues se olvida de sus indudables aspectos positivos. La Carta tiene aceptación algunos años después entre los insurgentes, porque incita al levantamiento y plantea la diferencia entre los pueblos españoles de la Península y de América; hay quien la considera «la primera acta de la independencia o la primera proclama de la revolución, puesto que sintetiza, según opinión de Picón Salas, de modo perfecto, cuanto podía constituir entonces la dialéctica del hombre criollo en su Icha contra la monarquía española» (F. Morales Padrón, Historia de América, en Manual de Historia Universal, VI, Madrid 1962, 92).
Frente a los que opinan que poco pudo influir en la emancipación de la América española el ejemplo de los Estados Unidos de América del Norte con respecto a la corona británica, se olvidan que, ya en la mente de V., la independencia norteamericana actuaba como idea impulsiva, según se desprende del siguiente texto suyo: «El valor con que las colonias inglesas de la América han combatido por la libertad, de que ahora gozan gloriosamente, cubre de vergüenza nuestra indolencia. Nosotros les hemos cedido la palma con que han coronado las primeras el Nuevo Mundo de una soberanía independiente. Agregad el empeño de las cortes de España y Francia en sostener la causa de los ingleses americanos. Aquel valor acusa nuestra insensibilidad, que es ahora el estímulo de nuestro honor provocado con ultrajes que han durado trescientos años».
En V. parece haberse inspirado el también peruano Manuel Vidaurre, que escribe en España su Plan del Perú, publicado en 1823. Al mismo tiempo que V., otro peruano, José Baquíjano (v.; 1751-1817), aboga por la independencia. En definitiva, la actitud de V. responde a ideología autonomista, que comparte la intelectualidad criolla. |