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Lunes, 20 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Pinzón, Hermanos
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Navegantes españoles del s. XV. Constituyen una familia de gran raigambre y trascendencia descubridora. Los tres hermanos -Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín- tomaron parte activa en el viaje del descubrimiento de América. Naturales de Palos, villa situada en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, son el mejor exponente de los marinos andaluces de la época, herederos de una tradición de siglos. Dedicados desde jóvenes al tráfico marítimo lícito e ilícito, habían adquirido en la época del descubrimiento de América una gran experiencia marinera y gozaban de estimación y fortuna, con la cual contribuyeron a una de las mayores epopeyas de todos los tiempos.

      Martín Alonso, en opinión de muchos el más insigne de esta familia, era el mayor de los tres hermanos. Había nacido en Palos en 1440 y estaba casado con María Álvarez, de condición hidalga, de la que tenía seis hijos. Era, además de un incansable navegante, un experto en técnica de navegación, conocedor de los vientos y de las formas de tomar la altura del sol. En sus frecuentes viajes a las costas de África, había mantenido contacto con los portugueses. Poseía un gran interés náutico, hasta el punto de que en uno de sus viajes por el Mediterráneo estuvo en Roma estudiando los mapas y manuscritos de la Bibl. Vaticana, donde logró obtener copias de un mapamundi y de un libro que contenía «avisos para saber la navegación de las Indias». No es extraño que un hombre con tales conocimientos y aficiones acogiese con entusiasmo el plan colombino de navegar a Oriente por Poniente. Fue presentado a Cristóbal Colón (v.) por los franciscanos del monasterio de la Rábida, los cuales adivinaron en el marino paleño la persona idónea para apoyar al genovés, el cual necesitaba barcos, hombres, dinero y fe en sus proyectos. Todo ello le fue proporcionado por los P. Algunos testigos presenciales cuentan que, una vez realizado el acuerdo entre Colón y Martín Alonso, en el que se asegura que el primero prometía al segundo la mitad de lo que se consiguiera en la expedición, éste animaba a sus convecinos y amigos a enrolarse en la audaz empresa con estas palabras: «amigos, andad acá, idos con nosotros esta jornada que andais aquí miserando. Haced esta jornada que según fama habemos de fallar las casas con tejas de oro, e todos verneis ricos o de buena ventura».

      Lo cierto es que gracias a la intervención de Martín Alonso se consiguió reunir la tripulación y que, aunque ninguna de las tres naves que se aprestaron para el viaje pertenecía a los P. (La Pinta era de Cristóbal Quintero, de Palos; La Niña, de Juan Niño, de Moguer; y La Santa María, de Juan de La Cosa, natural de Santoña y avecindado en el Puerto de Santa María), fueron ellos los que con su apoyo material, personal y moral hicieron posible el plan colombino. No sólo ayudaron eficazmente a la creación de la armadilla, sino que apoyaron en toda la travesía del Atlántico los planes de Colón, levantando su ánimo y poniéndose a su lado cuando la tripulación comenzó a presentar síntomas de descontento. Por todo lo expuesto, es imprescindible resaltar el importante papel de Martín Alonso en el descubrimiento de América, papel que queda un poco oscurecido por causa de su posterior enemistad con el almirante. Era natural que tal hecho ocurriera debido a la talla y carácter de los dos marinos. Martín Alonso era capitán de La Pinta y, después de haber llegado al Caribe, en la travesía de la isla de Cuba a La Española, el de Palos parece que desobedeció las órdenes de Colón y, en lugar de fondear en Cuba, siguió adelante tocando el primero en La Española, donde estuvo cierto tiempo descubriendo y rescatando por su cuenta. ¿Fue un hecho voluntario o involuntario? Según el Diario de Colón, única fuente para conocer este primer viaje a América, fue premeditado porque después de relatar el hecho dice: «otras muchas cosas me tiene dicho y hecho». Sin embargo, ésta no es una fuente imparcial para juzgar a Martín Alonso. Cabe la posibilidad de que P. no divisara las señales que hacía la nave capitana y, debido a ello, siguiera adelante. Fuera por una razón o por otra, Colón no perdonó nunca al de Palos que, desde el 21 nov. 1492 hasta el 6 de enero del año siguiente, actuara por su cuenta, separado de la flota; tal enemistad se refleja en el Diario de Colón.

      Gran información sobre este tema se halla recogida en los llamados Pleitos colombinos, en los que los P. testificaron en contra de la familia Colón para defender sus intereses. De ellos puede deducirse que, aunque la separación en el Caribe hubiera sido involuntaria, la enemistad estaba planteada desde el momento en que Martín Alonso se percató de la trascendencia de su intervención en la gesta colombina y quiso hacer valer sus derechos. De todos modos, la rápida muerte de Martín Alonso a su regreso a España restó posibilidades a la gloria de su nombre, y su figura ha quedado un tantoapagada por el brillo de la de Colón. P. puede considerarse por sus conocimientos, su talla de marino y su actuación, como el segundo personaje del descubrimiento americano. Fue el primero, siempre capitaneando La Pinta, en tocar las costas españolas en el viaje de regreso, entrando en Bayona (Galicia). Desde allí quiso trasladarse a Barcelona, para dar cuenta a los reyes de lo ocurrido, pero éstos no quisieron recibirle sin el almirante. En vista de ello, cansado y enfermo se dirigió a Palos, adonde llegó el 15 de marzo. En sus últimos momentos, pidió ser trasladado al convento de la Rábida donde murió, según Las Casas, el 31 mar. 1493.

      Vicente Yáñez, el segundo de los hermanos, comparte con el anterior la gloria de haber cooperado a la gesta colombina, aunque su puesto de segundón de la familia y su carácter menos impetuoso le hicieron permanecer en un segundo plano. Actuó durante todo el viaje como capitán de La Niña, la más marinera de las tres carabelas. Se mantuvo todo el tiempo adicto al almirante y le prestó un gran servicio cuando ocurrió el naufragio de La Santa María, recogiendo en su nave parte de la tripulación y al propio Colón, quien pudo contar con todos los medios necesarios para mantener su posición y autoridad. Su lealtad demostrada durante todo el viaje no fue apreciada por el genovés, que no le dedica en su Diario ni una sola frase de elogio. La labor descubridora de Vicente Yáñez no termina, afortunadamente, después del descubrimiento de América. Sus posteriores navegaciones le acreditan como un gran marino y le hacen destacar entre los descubridores más célebres.

      En 1499, Vicente Yáñez consiguió una capitulación para ir a Indias. Unido a sus sobrinos Arias Pérez y Diego Fernández Colmenaro, equipó cuatro carabelas, exclusivamente a sus expensas. Tal viaje, tentativa de la familia P., que no se resignaba a quedar marginada de los beneficios del descubrimiento, supuso un tremendo fracaso económico, que dejó a los P. agobiados de deudas. Geográficamente, sin embargo, los resultados fueron óptimos. Empujados por una tormenta, arribaron al cabo de San Agustín en Brasil, tres meses antes de que lo hiciera Cabral. Fueron, por tanto, sus descubridores y los primeros en cruzar el Ecuador. Desde el cabo de San Agustín las naves enfilaron sus proas hacia las Antillas, descubriendo en tal recorrido la desembocadura del Amazonas.

      Vuelto a España en 1500, estuvo presente en la junta de Toro (1505), en la que se planeó oficialmente la búsqueda de un «paso» que condujera a las Especierías. En ese mismo año obtuvo un corregimiento en Puerto Rico y una capitulación para navegar «a otras cualesquiera islas o tierra firme, en la que no hubiese gobernador». Solventados algunos obstáculos de índole económica, Vicente Yáñez dio comienzo a su discutido tercer viaje. Según Pedro Martín de Anglería, marchó a La Española y Cuba, cuya circunnavegación efectuó, demostrando la insularidad negada por Colón. Después se dirigió a Yucatán, recorriendo su litoral oriental, así como la costa centroamericana y norte de Sudamérica hasta el cabo de San Agustín.

      En 1508, tuvo lugar la junta de Burgos, en la que Vicente Yáñez también tomó parte y en la que, además de tratarse otros asuntos referentes a Indias, se decidió enviar a Tierra Firme, para buscar el «paso», una expedición capitaneada por Solís y P. La ruta seguida por esta expedición resulta dudosa. Según un testimonio fehaciente, el de Pedro de Ledesma, piloto de la expedición, viajaron a Canarias, Antillas y Honduras, desde donde se dirigieron en busca del seno mexicano, llegando a la altura de Tampico y volviendo a España en 1509. Sin embargo, la bibliografía tradicional, siguiendo al cronista Antonio de Herrera, les hace recalar en el cabo de San Agustín y navegar hasta la altura de 40° de lat. S. Fuera una u otra su derrota, cualquiera de los dos viajes resulta de un gran interés geográfico. En el primer caso, serían los descubridores del Imperio azteca; en el segundo, habrían sido los primeros españoles que navegaron hasta tal altitud y los descubridores del río de la Plata. También se atribuye a Vicente Yáñez la participación en un dudoso periplo realizado a las costas del golfo de México en 1497-98, en compañía de Vespucio y Solís.

      Los últimos años de la vida de Vicente Yáñez son poco conocidos, por falta de noticias. Se sabe que, después del viaje realizado con Solís en 1509, salió bien parado de un proceso por ciertas desavenencias entre ambos marinos y que, en 1510, se le concedieron 100 indios de repartimiento en Puerto Rico, siempre que fuera a residir a la isla ¿Fue? Se ignora. En cambio, se sabe, por su participación como testigo en los Pleitos colombinos, que en febrero de 1513 estaba avecindado en Sevilla y que murió antes de 1519, probablemente en alguna otra expedición, según se deduce del texto de la cédula por la que Carlos I concedía escudo de armas a los P. y que fue expedida el 23 sept. 1519. Decía así: «y somos ciertos y certificados que en todas estas conquistas fallecieron y fueron muertos en nuestro servicio, los dichos tres capitanes de vuestro linaje, y otros muchos parientes, algunos de ellos de flecha con yerba que los indios caribes les tiraban...».

      El último de los tres hermanos, Francisco Martín, no alcanzó la fama de los otros dos. Poco se sabe de su vida, salvo su participación en el primer viaje a América, en el que actuó como maestre de la carabela La Pinta, capitaneada por su hermano Martín Alonso.

      La familia de los P., representada por estos tres hermanos, es un claro exponente del alto grado alcanzado por la marina española del s. xv, gracias a la cual fue posible que las naves españolas surcaran tantos mares.
E. VILA VILAR.
    BIBL.: J. M. ASENSIO, Martín Alonso Pinzón, Madrid 1892; C. FERNÁNDEZ DURO, Los hermanos Pinzón, Buenos Aires 1944; C. RIVERA, Martín Alonso Pinzón, Ayamonte 1945; R. MAJÓ FRAMIS, Los Pinzones, Madrid 1947; F. MORALES PADRóN, Historia del descubrimiento y conquista de América, 2 ed. Madrid 1971; A. GOULD, Documentos inéditos sobre la hidalguía y genealogía de la familia Pinzón, «Bol. de la R. A. de la Historia», XCI, 319-375; A. MURO OREJÓN, La primera capitulación con Vicente Yáñez Pinzón para descubrir las Indias, «Anuario de Estudios Americanos», IV, Sevilla 1947.

     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
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