Las inquietudes reformistas de la legislación criminal de la época, que exhiben en sus escritos los pensadores del s. XVIII (de modo muy especial Rousseau, Voltaire, Montesquieu), tienen su manifestación más interesante en la obra Dei delitti e delle pene, que en 1764 publica C. Bonessana, marqués de Beccaria. La significación de este libro está íntimamente vinculada a la vida intelectual de Milán, donde vive su autor, y a la propia peripecia personal de B. En la vida intelectual de Milán se enfrentan, hacia la mitad del setecientos, dos generaciones: la de los hombres maduros, llenos de erudición y de corte conservador (patricios de la ciudad, altos burócratas imperiales, literatos ilustres) y el grupo de los jóvenes de vanguardia que, atentos a cuantas novedades ideológicas llegaban del exterior, especialmente al pensamiento iluminista, miran con desencanto este mundo de ancianos ilustres, y sienten la necesidad de apartarse del ambiente patriarcal que les rodea. Uno de ellos, Pedro Verri, los reúne y discuten de cuantos problemas afectan al mundo, de modo muy especial de la problemática planteada por el Iluminismo. Dentro de ésta merecía un lugar muy destacado la legislación penal, a la que los jóvenes milaneses dedicaron muchas sesiones.
B. n. en Milán, el 15 mar. 1738. Se educa en el Colegio de los jesuitas de Parma, centro de formación de la aristocracia milanesa, y cursa estudios de Jurisprudencia en la Univ. de Pavía, terminándolos en 1758. Sus convicciones le llevan a un enfrentamiento con la familia, que llega a la total ruptura al oponerse su padre a sus relaciones con Teresa Blasco, hija de un coronel español. El viejo marqués, para imponerse, recurre a la autoridad y ésta somete a B. a un arresto domiciliario. El año 17él está lleno de significación para él: el 22 de febrero, a pesar de la oposición familiar, contrae matrimonio y dentro de ese mismo año empieza a interesarse por temas de carácter filosófico y establece contacto con Pedro Verri, que le ayudaría a insertarse en el ambiente intelectual de Milán, incorporándolo a las discusiones de aquellos jóvenes «rebeldes».
Cuando P. Verri piensa que las ideas que allí se habían expuesto sobre los delitos y las penas deben ser salvadas del olvido, resumiéndolas en un libro ágil y combativo que fuera capaz de llegar al gran público, elige a B. como el más idóneo, no por su mayor preparación, sino por sus dotes de claridad y elocuencia, por su combatividad y su fantasía. En poco tiempo remata su obra, Dei delitti e delle pene, que aparece en 1764 en Livorno, como anónimo para evitar así los ataques y persecuciones que eran de prever. Constituye todo él una fuerte crítica del sistema vigente, tratándose con cierto sistema del origen del derecho de castigar, del procedimiento penal, del sistema de penas, de los delitos, de la forma de prevenirlos, y de algunas otras cuestiones de política legislativa, menos relacionadas con la legislación criminal. La obra, como ha observado Valsecchi, no es un libro de Derecho; es un libro de batalla. Posee el acento agresivo y de protesta que era peculiar a su autor.
La obra de B. fue objeto de una explosión de entusiasmo en todo el mundo, al tiempo que sus ideas provocaron el escándalo de la pacatería de la época, surgiendo pronto acervos contradictores. Los mismos componentes de su grupo milanés digirieron mal el éxito del colega. Conocido el nombre del autor, se le rinde ferviente homenaje por los enciclopedistas franceses y algunas cortes europeas 1o llaman para que contribuya a la tarea reformadora en que se encuentran empeñadas. B. se niega, dedicándose a la enseñanza en la escuela palatina de Milán, al ser nombrado profesor de Economía en 1768. Después de desempeñar algunos cargos públicos, m. en Milán el 28 nov. 1794. Además del libro que lo ha hecho célebre, B. publicó Dei disordine e dei remedi delle monete nello stato di Milano nello anna 1762 (1762), Richerche intorno alta natura delta stile (1770) y la obra póstuma Elementi di Economía Pubblica (1804), que recogen sus lecciones en la Escuela palatina. |