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Martes, 9 de Febrero de 2010
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Alfonso X de Castilla y León, el Sabio
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    I.    Historia. II. Literatura.
     
      l. HISTORIA. N. en Toledo el 23 nov. 1221, hijo de Fernando III de Castilla y León, el Santo y de su primera mujer, Beatriz de Suabia, nieta de Federico II de Alemania. Sucede a su padre, como rey de Castilla León, a los 31 años (Sevilla, 1 jun. 1252). En 1249 casa con Violante de Aragón, hija de Jaime I, de la que tiene 10 hijos (el primogénito Fernando de la Cerda, casado con una hija de S. Luis IX de Francia, v., muere antes que su padre, por lo que sucede a éste el segundogénito Sancho IV). M. en Sevilla el 4 abr. 1284, después de casi 32 años de reinado.
          En vida de su padre interviene en varios acontecimientos. Es notable la sumisión del reino musulmán de Murcia (1243), mediante pacto con su rey moro Abenhud, por el que los castellanos ocupan varias fortalezas y perciben la mitad de las rentas públicas, quedando el resto del territorio en la misma situación anterior; la verdadera reconquista la lleva a cabo Jaime I en 1266, tras la gran sublevación de los mudéjares.
          Contemporáneos suyos son: en la corona de Aragón, Jaime I y Pedro III el Grande; en el reino de Portugal, Alfonso III y D. Dionís; en el reino de Navarra, Teobaldo I y II, Enrique I y Juana I; en el reino moro de Granada, Muhammad ben al-Ahmar y Muhammad II; en el reino de Francia, Luis IX el Santo y Felipe III el Atrevido; y en el Pontificado, 10 papas desde Inocencio IV a Martín IV.
          El sueño imperial. Representante de los derechos de la casa de Suabia, a la muerte de Conrado IV (1254) una embajada de Pisa ofrece a A. el título de Rey de Romanos (1256). Con ello se mete de lleno en el avispero italoalemán y en las luchas de güelfos y gibelinos; derrocha los caudales castellanos en la compra de votos y en ganarse la voluntad de los personajes, personajillos y oportunistas que infestan entonces el Sacro Imperio Romano Germánico. El fecho del Imperio es impopular en Castilla y contribuye a aumentar la ya poderosa inflación y al estallido de las sublevaciones interiores.
          Los hechos parten de la doble elección, efectuada en Francfort (1257), en favor de A. y Ricardo de Cornualles, hermano de Enrique III de Inglaterra. El Pontificado pasa de una inicial actitud neutral a otra de franca hostilidad hacia la causa alfonsina, que por el contrario recibe el apoyo de las ciudades gibelinas italianas. Carlos de Anjou (hermano de S. Luis), apoyado por los papas, liquida en las batallas de Benevento y Tagliacozzo (1266 y 1268) a los restos de la familia de Federico II. Ni aun la muerte de Ricardo de Cornualles consigue inclinar la balanza en favor del pretendiente castellano. Su entrevista de Beaucaire (1275) con el papa Gregorio X sólo conduce a la definitiva renuncia de A. al Sacro Imperio Romano Germánico, cuando ya ha sido elegido y reconocido Rodolfo de Habsburgo.
          La Reconquista. No está claro si conquistó o sólo recuperó las poblaciones de Niebla (1262), Ecija, Carmona, Motón, jerez, Cádiz (1262), Medina Sidonia y Arcos, alguna de las cuales se habían perdido con las sublevaciones mudéjares. Una escuadra castellana tomó y saqueó la plaza norteafricana de Salé (1260), que se abandonó a los pocos días. El infante D. Sancho sitió infructuosamente Algeciras (1278).
          La política interior. En 1264 tiene lugar el levantamiento general de los mudéjares andaluces y de los reinos tributarios y vasallos de Murcia y Granada, que pone en peligro las conquistas de S. Fernando. No se ha estudiado a fondo esta revolución, cuyas raíces creemos están en el trato injusto que se dio a la población mora sometida. Entre 1271 y 1273 se rebelan los nobles, capitaneados por el infante D. Felipe, hermano del monarca, que se refugian en Granada y se desnaturalizan de Castilla. Sus causas son muy complejas: económicas, políticas y jurídicas.
          El problema sucesorio es sintomático para el conocimiento de este periodo. Mientras A. fracasa en Beaucaire, los benimerines invaden Castilla, formando pirámides con las cabezas de los cristianos. Dan muerte al adelantado del_ reino y al arzobispo de Toledo y fallece el primogénito Fernando. Su hermano Sancho, de 17 años de edad, toma las riendas del Gobierno y hace retroceder a los invasores, mientras el monarca parece tener miedo al regreso y lo hace con calma. ¿Intenta aplicar el derecho de representación de Las Partidas en favor de sus nietos, los infantes de la Cerda, y en perjuicio del príncipe D. Sancho? No vemos tan clara la respuesta afirmativa de los historiadores. Lo cierto es que los infantes se convierten en motivo de banderías, divisiones y discordias; toman partido por ellos Felipe III de Francia, en apoyo de su hermana Blanca, madre de los infantes, y Pedro III de Aragón, en ayuda de su hermana, la reina Violante, que huye con sus nietos al vecino reino. A. recrudece la justicia oculta y ejecuta, sin juicio, a su hermano D. Fadrique, al yerno de éste, Simón Ruiz de los Cameros, y al recaudador judío Zaz de la Maleha.
      En 1282 estalla el malestar del reino, capitaneado por el príncipe D. Sancho, al que sigue casi todo el país, menos Sevilla y Murcia. En las cortes de Valladolid (1282) se priva a A. de la administración de justicia, de la percepción de rentas y de la potestad militar, que se otorgan a D. Sancho. Contra la opinión de los historiadores, excesivamente influenciados por Antonio Ballesteros, hay que afirmar que A. no fue depuesto, ni Sancho tomó el título de rey; los documentos le designan «fijo mayor heredero del muy noble e alto rey don Alfonso».
          Juicio crítico de Alfonso X: su labor cultural y jurídica. Como todas las figuras históricas, el Rey Sabio tiene facetas negativas y positivas. Idealista, con poca habilidad política y militar, contrasta con su padre S. Fernando y con sus contemporáneos Jaime I y Pedro III. Indeciso y derrochador, acelera el proceso inflacionista castellano, pero aplica -quizá por primera vez- un verdadero plan de estabilización, por lo que puede considerársele como el iniciador de la economía dirigida. Sus defectos se aceleran al final de su vida; introduce como aliados a las hordas marroquíes, deshereda y maldice al infante D. Sancho («desheredado sea de Dios e Santa María...; que sea maldito de Dios et de Santa María et de toda la corte celestial, et de nos») y otorga el reino a su nieto el infante de la Cerda, nada menos que bajo la tutela del rey de Francia, al que reconoce el derecho de sucesión.
          Contrasta su actuación política con su labor legislativa y cultural, en la que se adelanta a su tiempo y eleva el castellano a la categoría de lengua de la cultura. Renueva la escuela de traductores de Toledo, impulsa y cultiva las ciencias astronómicas y cosmogónicas, sistematiza y unifica el Derecho y crea la prosa histórica castellana. Su obra representa la fusión cultural de Oriente con Occidente y de las tres comunidades religiosas de la Reconquista: cristianos, moros y judíos.
     
      BIBL.: Abruma la historiografía y bibliografía alfonsinas, que reducimos a lo más fundamental. ALFONSO X EL SABIO, Crónica General de España, ed. C. ROSELL, Madrid 1875; Indices de la crónica general de España, ed. M. DEL RIVERO, «Hispania», 1942; Los documentos de su reinado figuran en los vol. 1 y 2 del Memorial Histórico Español, a los que hay que agregar los publicados por J. Torres FONTES, Murcia 1963, autor que ha editado también el Repartimiento de Murcia, Madrid 1960. Las principales ediciones de las obras alfonsinas se deben, entre otros, a MENÉNDEZ PIDAL, SOLALINDE, STEIGER, VANDERFORD, HILTY y la R. A. DE LA HISTORIA.
      Falta un trabajo moderno y crítico, al que no llega la reciente biografía sobre A. BALLESTEROS de Alfonso X el Sabio, Barcelona 1963, por lo que aún deben consultarse las clásicas Memorias históricas del rey don Alfonso el Sabio, del MARQUÉS DE MONDÉJAR, Madrid 1777. La opción al imperio alemán ha sido estudiada por A. y P. BALLESTEROS, Alfonso X de Castilla y la Corona de Alemania, «Revista de Archivos», 1916-19; A. Ballesteros, Alfonso X Emperador (electo) de Alemania, Madrid 1918; E. MONTES, Federico II de Sicilia y Alfonso X de Castilla, Madrid 1943; F. VON SCHOEN, Alfonso X de Castilla. [Un rey alemán sin corona], Madrid 1966.
      Otros aspectos de su reinado: E. S. PROCTER, The Castilian Chancellery during the reign of Alfonso X, Oxford 1934; F. VALLS TABERNER, Relacions familiars i polítiques entre laume el Conqueridor i Anfós el Savi, «Bulletin Hispanique», 1919; A. BALLESTEROS, Itinerario de Alfonso X, «Bol. de la R. A. de la Historia», 1934-36;J. GUERRERO LOBILLO, Las Cantigas. Estudio arqueológico de sus miniaturas, Madrid 1949; A. GARCÍA GALLO, El Libro de las Leyes de Alfonso el Sabio. Del Espéculo a Las Partidas, «Anuario de Historia del Derecho Español», 1951-52, 345-528.
     
      M.    GUAL CAMARENA.
     
     
     
      II.     LITERATURA. El mérito excepcional de A. no hemos de buscarlo en su vida política, plagada de altibajos, sino en su vida literaria. Su obra representa una de las más elevadas cimas culturales de la Edad Media europea. Su figura no puede separarse del grupo de traductores de Toledo, que se convierte, con su impulso, en la que luego se llamará escuela alfonsí, primer centro de investigaciones científico-literarias de Europa. Con criterio de jerarquía y universalidad se rodea de sabios de diferentes razas y lenguas, fundiendo las tradiciones culturales hebraica, árabe, clásica y cristiana como base de una nueva cultura castellana, a la que dota de expresión literaria en la prosa. De esta forma, A. es el cimentador de la prosa castellana. El cultivo anterior de la poesía había tenido un carácter popular de orden lírico y épico, pero la prosa, cuyo uso literario se inicia en el s. XIII, aparece con un matiz más erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, y trae nuevos asuntos con los que la literatura medieval puede ensanchar los campos por dominios hasta entonces limitados al latín y al árabe: la ciencia, la historia y el pensamiento. El camino del gran impulso de la prosa castellana que representa la obra del Rey Sabio se había señalado antes, en el reinado de Fernando III, con algunas obras que, sin embargo, carecen de importancia literaria. El mismo A., siendo infante, había mandado traducir del árabe al castellano el Libro de Calila e Dimna, colección de fábulas indias, procedentes casi todas del Panchatantra, que ocupa un gran lugar como obra narrativa en prosa.
          Cuando sube al trono A. corren por Europa aires que favorecen la secularización de la cultura. En Espafía se hablaban varios romances, pero se escribía en latín, y por ello la cultura quedaba reducida a los ámbitos menacales. El gran acierto del monarca es impulsar el empleo de la lengua vulgar como lengua de cultura. La ingente obra del rey tiene un carácter de sistematización en las líneas trazadas por la tradición isidoriana, y, a pesar de la diversidad de temas que abarca, se descubre en toda ella tendencia a la unidad y armonía sustanciales. Su labor no es la de un autor, pero tiene en las obras una intervención personal y directa. Como ha notado Solalinde, el gran estudioso de la obra alfonsí, el Rey Sabio ejercía un señorío espiritual superior que coordinaba los esfuerzos de muchos colaboradores, cuyos nombres no oculta. Su quehacer específico consiste en la dirección, iniciativa y coordinación de los trabajos, y sus esfuerzos se dirigen especialmente a la corrección y pulimento de la prosa, que adquiere con ello unidad estilística. En el Libro de la esfera deja bien claro esta actividad real: «Tolló las razones que entendió eran sovejadas et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendió que complían; et quanto al lenguaje endregolo él por sise». En otro aspecto, su participación representa el primer esfuerzo de sistematización de la ortografía castellana. El sistema ráfico de la corte alfonsí se caracteriza por la precisión y sencillez. Su obra de orden enciclopédico responde al espíritu medieval, en cuanto que aspira a resumir todo el saber humano en grandes síntesis. Se puede dividir en cuatro grandes grupos.
          Obras jurídicas. Las Partidas o Libro de las Leyes es el código más importante de la Edad Media y la más amplia recopilación legislativa desde el Derecho romano. Con él se propone llevar a cabo la reforma jurídica deseada por S. Fernando, dirigir a los juristas posteriores y difundir entre los súbditos el conocimiento del Derecho y la razón. Las Partidas se dividen en siete apartados que corresponden a otras tantas materias jurídicas. De esta forma facilita un vastísimo conjunto de normas que regulan las más diversas actividades del hombre y las relaciones mutuas de los individuos y clases sociales. El propósito supremo de justicia y rectitud del Rey Sabio está enmarcado por un espíritu de moderación y tolerancia. Por otro lado, Las Partidas representan un amplio cuadro de costumbres de los españoles del s. XIII, en las que caben referencias a sus oficios y profesiones, y hasta a sus entretenimientos y diversiones. Por esto se convierten en una panorámica informativa sobre los más variados aspectos del vivir medieval. Sus fuentes más importantes son el Derecho romano y las obras de Justiniano, Aristóteles, Séneca y S. Isidoro.
      Tratados científicos y obras de recreo. Representan una serie de obras que le dieron gran fama en su época. Los Libros de Saber de Astronomía tratan de sistematizar según las doctrinas de Ptolomeo, los movimientos de los astros y de las constelaciones. Del mismo carácter son las Tablas alfonsíes, que recopilan las observaciones realizadas en el observatorio que manda construir el rey en el castillo de San Servando, en Toledo. Con tal motivo inventa nuevos aparatos de investigación y complicados relojes para la medida del tiempo. Las fuentes principales de estos tratados son textos traducidos del árabe y del hebreo. El Lapidario se ocupa de las propiedades de las piedras preciosas, relacionadas con las influencias de las estrellas, en una mezcla de ciencia y superstición medievales. Igualmente sus fuentes son árabes.
          Del mismo modo, los libros recreativos, Libros de Ajedrez, Dados y Tablas, son traducciones y arreglos de textos árabes. El Libro de Ajedrez es, sin duda, «la obra más importante que de la Edad Media se nos ha conservado sobre tales juegos. Representa en su materia un avance sobre algunos libros orientales y un paso para llegar al moderno ajedrez de problemas» (Solalinde). Las miniaturas del códice muestran las jugadas que explica el texto.
          Obras históricas. La Primera Crónica General, el mayor intento hasta entonces de escribir la historia española, comienza a redactarse en 1270. Consta de dos partes, de las cuales sólo la primera, según M. Pidal, que ha hecho su edición y estudio definitivos, pertenece a la época de A. Abarca desde los primeros pobladores de España hasta la derrota de D. Rodrigo y la entrada de los árabes en la Península. La segunda parte, que continúa hasta S. Fernando, se redacta en el reinado de Sancho IV, quizá a partir de 1289. Aunque esta segunda parte ofrece mayor interés por la utilización de las fuentes épicas (cantares de gesta prosificados), las líneas básicas las proporciona el Rey Sabio. Las fuentes de esta Crónica son muy diversas. Como núcleo central combina las crónicas anteriores del Toledano y del Tudense, y para la época romana, que merece una especial atención al historiador, utiliza las obras de Suetonio, Pompeyo, Trogo, Paulo Orosio, S. Isidoro y otros. Esta Primera Crónica General es el punto de partida de la historiografía española hasta los Siglos de Oro. En 1541 la publica, con numerosos errores, Florián de Campo, historiador de Carlos V. Las ediciones definitivas (1906 y 1955) se deben a Menéndez Pidal.
          La Grande e General Estoria es un intento de historia universal de amplios vuelos -la primera obra de esta índole escrita en una lengua vulgar- que abarca desde la creación del mundo hasta su tiempo, pero sólo alcanza hasta el N. T. Su fuente principal es la Biblia.
          Obras poéticas. Las 420 Cantigas de Santa María, consideradas como obras enteramente personales del rey, se conservan en cuatro códices (Toledo, Florencia y dos en El Escorial), ricos en miniaturas, inapreciables para el estudio de las costumbres de la época, en especial juglarescas, y con las anotaciones musicales. Para algunos autores, las Cantigas son obras juveniles del monarca; para otros abarcan espaciados años de su vida. Escritas en galaico-portugués, lengua poética de la lírica, representan la obra más notable de A. como creador literario. Se dividen en dos grupos: las líricas, «cantigas de loor», que son unas 40; y las narrativas, mucho más numerosas, que relatan leyendas piadosas marianas. Las Cantigas están dentro de la larga tradición poética mariana de la Edad Media y, como en los Milagros de Berce, pretenden demostrar la eficacia de la devoción a la Virgen, que nunca desampara a sus devotos. Sus fuentes principales son el Speculum historiase, de Vicente de Beauvais, y los Miracles de Sainte Vierge, de Gautier de Coincy. Se le atribuyen también alrededor de 30 Cantigas profanas, conservadas en los Cancioneros de la Vaticana y ColocciBrancuti, escritas en galaico-portugués y de carácter ingenioso, picante e incluso obsceno, muy de aquella época.
     
      BIBL.:     ALFONSO X EL SABIO, Primera Crónica General, Madrid 1955; Antología de Alfonso X el Sabio, ed. y est. A. CARCÍA SOLALINDE, 5 ed. Madrid 1965; A. GARCÍA SOLALINDE, Intervención de Alfonso X en la redacción de sus obras, «Rev. de Filología Española», Il, 1915; R. MENÉNDEZ PIDAL, La Crónica General de España que mandó componer Alfonso el Sabio, Madrid 1916.
     
      P. M. PIÑERO RAMÍREZ.

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
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