Datos biográficos. Escritos. Filósofo y psicólogo encuadrado dentro del neoescolasticismo francés en la línea de la «filosofía del espíritu». N. en Elbeuf-sur-Seine (Seine Maritime) el 18 jul. 1882 y m. en París el 1 oct. 1955. Su relieve intelectual puede señalarse en el campo de la Ética.
Su vida intelectual se reparte entre su función docente, su calidad de escritor de tratados filosóficos y de conferenciante. Dictó conferencias en Austria, Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, Suecia, España, Italia, Dinamarca, etc. Sus obras pueden encuadrarse dentro de personalismo (v.) integral, que F. Sciacca nombra como «metafísica axiológica» y como «idealismo personal»; entre las mismas destacan: Introducción á la philosophie (París 1925; Buenos Aires 1954); Le mensonge et le caractére (París 1930); Le devoir (ib. 1930); Obstacle el valeur (ib. 1934); Traité de morale générale (ib. 1942); Traité de caractérologie (ib. 1945; México s. f.); La destinée personnelle (París 1951); La découverte de Dieu (ib. 1955). Realizó funciones docentes en los Liceos de Chambéry, Marsella y en varios de París. Fue profesor en la Escuela Superior de Sévies y en la Univ. de la Sorbona.
Pensamiento ético, axiológico y metafísico. Desde su primera obra, Introducción a la filosofía, plantea su postura metodológica y la problemática filosófica en su proceso directo: el método es la dialéctica (v.) y la problemática a tratar la constituyen el valor (v. AXIOLOGÍA), el deber (v.) y el ser (v.). La Ética es el centro de la filosofía para Le S., pero toda actitud ética va acompañada -y la implica- de una dimensión metafísica y axiológica. Se trata de una metafísica-ética, porque el valor se configura en el hombre en función del deber y en función del ser; esto es, el ser se gana al realizar el deber en búsqueda del valor.
Le S. defiende una diléctica abierta, que parte según él de una contradicción psicológica y pone en juego nuestra conciencia para conquistar valores, afrontando el deber y realizándonos como ser; porque la conciencia humana es «actividad» y «libertad» (v.), enfrente le aparece a Le S. el deber como una especie de «obstáculo»; así, la armonía se logra creando y descubriendo valores. Esta dialéctica abierta de Le S., en la que algunos señalan ciertas discordancias, no coincide con la de Spinoza (v.), Hegel (v.) y Hamelin, porque la de nuestro autor es una dialéctica psicológica: tesis (conciencia), antítesis (deber-obstáculo-contradicción) y síntesis (valorser). Admite cuatro valores cardinales (Introducción a la filosofía) : la verdad, la belleza, el bien y el amor; y todos ellos radicados en un «valor-fuente» (Dios como valor absoluto o creador de todos los otros valores). El hombre es «transpersonalizado» y «trascendido» a través de los valores hacia un «Valor-aspiración» (Dios). Y, por ello, dice Le S.: «el servicio de un valor parcial arrastra a las almas a la guerra cuando la búsqueda del concurso de los valores y del valor de los valores no las eleva hacia el Espíritu» (ib.).
La ética como una «proversión». El planteamiento que establece Le S. para su Ética general tiene una diferenciación metodológica: «Mientras que en la ciencia existe sumisión del sujeto al objeto, en la acción moral se da un predominio del sujeto sobre el objeto». La Ética (v.) para Le S. surge al hilo de una tensión en nuestra conciencia -una «conciencia turbada» o una «conciencia impaciente»-, que desencadena una acción creadora. La persona moral es un ser que se «proyecta», que vive al ritmo de una «proversión». De ahí que la conciencia moral Le S. la defina «como una tensión, en relación con la desnivelación entre lo que es, lo dado, lo empírico, y lo que debe ser; entre lo real o más bien entre lo realizado que se, constata y lo ideal que se propone. Esta desnivelación es grande, porque la tensión . debe ser fuerte, a fin de ejecutar el paso desde lo que es a lo que debe ser. La conciencia moral se presenta como un fermento de inquietud, como una levadura de impaciencia». Le S. desarrolla una ética creadora, de fecundación, una ética de situación proyectada al futuro, vivida, representada en diez «retratos morales» (cfr. Tratado de moral general). Es una ética tensa entre ideal y realidad, o «ética de proversión», de lo que debe ser, esto es, promocional.
V. t.: ESPIRITUALISMO; NEOESCOLÁSTICOS DEL S. XX; PERSONA; PERSONALISMO.
BIBL, : J. PIRLOT, Destinée et valeur, La philosophie de René Le Senne, Namur 1953; E. CENTINEO, R. Le Senne; idealismo personalistico e metafísica axiologica, Bolonia 1953; íD, Caratterologia e vita morale, La caratterologia de Le Senne, Bolonia 1955; J. PAUMEN, Le spiritualisme existentiel de R. Le Senne, París 1949; VARIOS, René Le Senne, «Les Études philosophiques» X (1955) 361-566; M. GUTIÉRREZ, Estudio del carácter según Le Senne, Madrid 1964; F. SCIACCA, La filosofía hoy, II, Barcelona 1960, 381-393.
**AU
F. VÁZQUEZ FERNÁNDEZ.
**REC
LE SILLON
Revista mensual católica francesa, fundada en París en 1894; años más tarde convertida en diario. Fue órgano principal de expresión de un movimiento de inspiración demócrata-cristiana acaudillado por Marc Sangnier, director y propietario de la publicación. El movimiento fue conocido desde sus comienzos como Mouvement du Sillon y a sus componentes se les llamó sillonistas.
El movimiento del Sillon fue suscitado por el ambiente que crearon las orientaciones políticas y sociales dadas por León XIII (v.) a los franceses. Los sillonistas profesaron que la democracia era el régimen político social exigido por los ideales evangélicos en el momento histórico, y que la República era la forma de gobierno más connatural con la democracia. En la cuestión obrera defendían los sindicatos separados, prefiriéndolos a los mixtos de patronos y obreros, pero la preocupación del movimiento, más que en reivindicaciones concretas, consistía en formar una élite fraternalmente unida, que mediante el ejemplo de vida y la propaganda oral y escrita, incrementase en las masas católicas el sentido de la responsabilidad cívica personal y les llevase a ver la realización de la democracia en todos los campos como una expresión de su espíritu cristiano. Todo ello dio al movimiento un carácter polémico, en contraste con otros grupos católicos coetáneos de mentalidad monárquica en lo político, corporativista en lo social y de sensibilidad autoritaria y paternalista. El ideario sillonista se presenta como continuador de la corriente católico-liberal francesa (redactores de L'Avenir, P. Gratry, etc.), y con ciertas influencias del tolstoísmo (Vogué) y del americanismo (Mons. Ireland).
El movimiento, al que se deben pocas aportaciones en el plano especulativo, destacó en cambio en el campo de la propaganda, e incluso transformó las actitudes vitales de importantes sectores católicos, llegando a su apogeo entre los años 1905-10.
En este último año (el 25 de agosto), el papa Pío X (v.), con su Encíclica Notre Charge Apostolique, condena al movimiento, por pretender actuar fuera del control de la autoridad eclesiástica, y sus tendencias al interconfesionalismo, a la superación de las clases sociales, a situar la autoridad en el pueblo, a proclamar como ideal la emancipación política, económica e intelectual, a promover la participación máxima de cada uno en la vida política. Sangnier y sus compañeros se sometieron plenamente.
Sin duda, la actitud papal estuvo influida por la hostilidad renovada de los republicanos franceses contra Roma, la crisis de los demócratas cristianos italianos conducidos por Murri (v.) y la lucha contra las corrientes modernistas (v. MODERNIsmo) que impulsaron al Vaticano a incrementar el control de la jerarquía sobre todos los aspectos de la vida eclesial, y a exaltar el principio de la autoridad volviendo a las formulaciones de León XIII.
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