Destacado escritor servio, en cuya producción la escasez de títulos está compensada por la calidad; se le ha llamado el «Turgueniev» servio. Nace el 1 mayo 1851 en Sabac, pequeño pueblo eminentemente campesino, por lo que se ha hallado siempre ligado al ambiente rural. Se cría en un ambiente tradicional, de costumbres patriarcales, donde existen reglas inquebrantables y una obediencia absoluta a los mayores. Pero sus estudios le llevan a Berlín, donde conoce un mundo diferente, y cuando vuelve con su diploma de médico, dispone ya de puntos de comparación y de una capacidad de observación crítica. No escapan a su atención los cambios sociales que se están produciendo en Servia, evolución de las costumbres, afán de la burguesía en mejorar su situación económica, etc.
Muere el 28 dic. 1890 en Belgrado. En 1879 publica su primera novela corta: Cómo, por primera vez, fui yo a los maitines con mi padre; siguen en cortos intervalos Salud, jayduki! (1880), Al lado del pozo (1881), Werter (1881) y bastante más tarde El viento (1890).
En su obra figura una buena pintura de las costumbres patriarcales servias de entonces, basada en un arte muy fino de observación psicológica y representada con verdadera maestría descriptiva. Aparece en toda su importancia la zadruga (comunidad familiar) servia, un idilio campesino, la gente ávida de diversiones sencillas, la visión patriarcal del mundo, etc. Aparecen también los conflictos con las nuevas corrientes y con el individualismo de los intelectuales. El contacto con Occidente convierte a estos últimos, según L., en débiles y sentimentales muñecos sin voluntad. Los caracteres están fina pero certeramente trazados, se nota la cuidadosa reflexión y el sopesar de cada palabra que se plasma de un modo claro y original. El argumento se desarrolla asaz calmosamente al principio, retrasado por la toma de posiciones de los demás elementos. Insensiblemente se complica la trama y en el momento elegido por el autor para causar el máximo efecto, estalla el nudo o conflicto; luego se suaviza, y el lector respira con alivio, cuando llega el final, cuyo efecto está calculado con maestría. No todos los críticos apreciaron esta manera de escribir, pero subsiste el hecho de que cada novela corta constituye un cuadro terminado y da la impresión de una obra maestra. |