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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Báñez, Domingo
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Dominico español, una de las figuras más preclaras de la Teología del s. XVI, también cultivó la Filosofía y el Derecho.
      1. Datos biográficos. Aunque se le creyó nacido en Mondragón (é1 mismo se intitula Mondragonensis en algunas portadas de sus obras) o en Medina del Campo (así decía el acta de profesión religiosa y la del doctorado por la Univ. de Sigüenza), documentos fehacientes prueban que n. en Valladolid, el 29 feb. 1528. Estudió Artes en Salamanca, en cuyo convento dominicano profesó el 3 mayo 1547. Allí conoció a los grandes teólogos Francisco de Vitoria (v.) y Domingo de Soto (v.), teniendo por Maestros a Diego de Chaves, Melchor Cano (v.), Pedro de Sotomayor, Domingo Cuevas, Barrón, etc., y por condiscípulo a B. de Medina (v.). A petición de Domingo de Soto comenzó a enseñar Artes y Teología en el Convento de S. Esteban, en 1552, profesorado que duró nueve años. En el curso 15él-62 figura como catedrático de Teología en la Univ. de Ávila, donde enseñó hasta terminar el curso 156667. Pasó a Alcalá, mas no parece que fuese catedrático de la Univ. Complutense, sino del Colegio dominicano, y quizá sustituyese alguna vez en la Universidad a Pedro Portocarrero, O. P. 'En mayo 1569 figura como regente de Sto. Tomás de Ávila. Vuelve a Salamanca en 1570, y en 1573 va a regentar S. Gregorio de Valladolid, hasta 1577. Regresa a Salamanca para opositar a la cátedra de Durando, que obtiene en abril de 1577. Cuatro años desempeñó esa cátedra, pues en 1581 oposita a la de Prima, vacante por muerte de Medina, ganándosela al agustino Juan de Guevara. En 1601 obtuvo la jubilación, aunque no llevaba al frente de su cátedra los veinte años requeridos para ello, mas su precaria salud no le permitía seguir enseñando. Se retiró a Medina del Campo, muriendo santamente en el Convento de S. Andrés de dicha villa el 22 oct. 1604.
      Además de su dedicación a la enseñanza, por encargo de la Universidad trabajó en la reforma gregoriana del Calendario; fue vicerrector; intervino en la revisión del índice de libros prohibidos. También fue hombre de confianza de Felipe II, ante quien solventó graves problemas de la Universidad y que le encomendó serios negocios.
      2. Obras de Báñez: Scholastica commentaria in Primam Partem Angelici doctoris D. Thomae (qq. 164), Salamanca 1584, última ed. de L. Urbano, Valencia 1934; Scholastica commentaria super caeteras primae partis quaestiones, Salamanca 1588, cuatro ed. más en Venecia 1588, 1591, 1602 (Zenario) y 1602 (Bertano), y Douai 1él4; Scholastica commentaria in Ham. Hae. quibus quae ad fidem, spem et charitatem spectant, clarissime explicantur usque ad XLVI quaestionem, Salamanca 1584 y 1586, Roma 1586, Venecia 1586 y 1602, Lyon 1588, Douai 1él5; Scholastica commentaria in IIam. Hae. a quaestione LVII ad LXVI77 de jure et justitia decisiones, Salamanca 1584, Venecia 1595, Douai 1él5, Colonia 1él5; Relectio de mérito et augmento charitatís, Salamanca 1590 y 1627; Instituciones minoris Dialecticae, Salamanca 1599, Colonia 1él8, Bolonia 1631; Commentaria in libros de generatione et corruptione, Salamanca 1585, Venecia 1587 y 1596, Colonia 1él6; Apologia fratrum praedicatorum in provincia Hispaníae sacrae theologiae pro f essorum, adversus novas quasdam assertiones cujusdam doctoris Ludovici Molina nuncupati, Madrid 1595, ed. V. Beltrán de Heredia, O. P., en Domingo Báñez y las controversias sobre la gracia (Textos y Documentos), Madrid 1968, p. 115380 (recoge el libro otros muchos documentos bañecianos); Libellus supplex Clementi VIII oblatus, quo totius apologiae sunlma paucis exponitur, 28 oct. 1955, ed. Teodoro Eleuterio, en Historia controversiarum de divinae gratiae auxiliis, 1715, t. I; Responsio ad quinque quaestiones de efficacia divinae gratiae, a. 1599, en V. B. de Heredia, o. c., p. 638642; Respuesta contra una relación compuesta por los Padres de la Compañía de jesús de Valladolid, Medina del Campo 1602 (Biblioteca Angélica, Ms. R. 1.9, fol. 272); De efficacia praevenientis auxilii gratiae, an sit intrinsece et a se vel a libero hominis arbitrio f(Disputatio inter Patres Societatís jesús et magistrum Báñez, ca. 1599-1600), ed. B. de Heredia, o. c., p. 6l3638; Comentarios inéditos a la Prima Secundae de Santo Tomás, ed. V. B. de Heredia, t. I, De fine ultima, de actibus humanis, Madrid 1942, Salamanca 1944; t. II, De vitiis et peccatís, Salamanca 1944; t. III. De gratia Dei et de vera et legitima concordia libera arbitrii cum auxilias gratiae, Madrid 1948; Comentarios inéditos a la tercera parte de Santo Tomás, ed. V. B. de Heredia, 2 vol., Salamanca 1951 y 1953.
      3. Las disputas sobre la gracia. En las disputas que se suscitaron en el s. XVI en torno a la gracia tomó parte muy activa B. El problema estriba en concordar la acción de la gracia (v.) con la libertad (v.) humana. S. Agustín y Sto. Tomás afirmaban que toda acción buena tiene como causa eficiente a Dios, quien mueve al hombre a realizarla, y éste, secundando esa moción, coopera a la acción con causalidad subordinada a la de Dios. El hombre es libre, porque libremente acepta secundar a Dios, y si la moción divina es eficaz, puede rechazarla, aunque de hecho no lo hará. Esto es, en síntesis, lo mantenido por la teología tradicional de las escuelas. Por reacción contra la doctrina luterano calvinista que negaba toda acción libre del hombre, los nuevos teólogos del XVI intentan salir por los fueros de la libertad en el acto de fe (v.) y en la justificación (v.), y afirman que tanto Dios como el hombre concurren, como causas eficientes coordenadas; dependiendo de la libertad humana el que la moción divina consiga o no el efecto intentado. La predestinación (v.), según esta explicación, se realiza en previsión de los méritos. Fueron precursores de estas nuevas doctrinas J. Sadoleto (1534), A. Pighio y A. Catarino (1541, v.). En España las defendió el P. Deza S. J. en Alcalá y M. Marcos S. J. en Salamanca.
      En 1582 chocaron violentamente las dos tendencias. El 20 de enero de ese año tuvo lugar un acto académico en la Univ. salmantina, presidido por el mercedario F. Zumel. El jesuita Prudencio de Montemayor defendió la tesis: si Cristo recibió del Padre el precepto de morir no murió libremente y, por tanto, no hubo mérito en ello.
      Zumel le arguyó diciendo que esa doctrina no podía defenderse, «porque, aunque sea en el sentido compuesto, e instante el precepto que tenía del Padre de morir por los hombres, era libre y libremente moría» (F. Blanco García, Segundo proceso instruido por la Inquisición de Valladolid contra Fr. Luis de León, «La Ciudad de Dios» 41, 1896, 187188). Ante la objeción, Montemayor hizo concesiones de sabor pelagiano. En la disputa intervinieron fr. Luis de León en favor de Montemayor, y B. secundando a Zumel. Luis de León tildó de luterana la doctrina de B. Los ánimos se volvieron a excitar el 27 de enero, agravándose la división de pareceres, «pues comenzando a tocarse en un argumento si conferente Deo aequalia auxilia sufficientia duobus hominibus, absque novo superaddito, poterit alter illorum converti, alter renuere (si dando Dios iguales auxilios suficientes a dos hombres, sin añadir más, podría el uno convertirse, y el otro rechazarlos), respondió el sustentante que sí» (lb.). B. se opuso tenazmente a esta afirmación aduciendo la autoridad de S. Agustín y de Sto. Tomás, la del conc. II de Orange, pasajes de la Escritura y razones teológicas. El asunto pasó al Santo Oficio por denuncia del jerónimo Juan de Santa Cruz, que extractó en 16 proposiciones las doctrinas de Montemayor y de Luis de León, a quienes se les prohibió enseñarlas.
      Contra la doctrina tradicional sobre la eficacia de la gracia ab intrinseco, el jesuita Molina (v.) en su famosa obra Concordia defiende la eficacia de la gracia ab extrínseco, pues de la libertad del hombre depende el que la gracia suficiente llegue o no a ser eficaz de hecho. La acción de Dios queda, por eso, determinada, subordinada y como en suspenso, por el libre albedrío. Se salva éste, pero se atenta contra los atributos divinos. «Según esa doctrina, decía B., la providencia del hombre y su elección va un paso adelante de la divina cooperación». Para atenuar esos inconvenientes Suárez (v.) y S. Roberto Belarmino (v.) propondrán el congruismo (v. BAYO Y BAYANISMO).
      Mientras los consultores del Santo Oficio se ocupaban en dictaminar sobre el contenido de la Concordia, los jesuitas de Valladolid, por iniciativa de A. de Padilla, organizaron un acto público del 5 mar. 1594, defendiendo las tesis molinistas. Arguyeron eficazmente los dominicos Muño, Yanguas y Alvarez. Además pasaron a la ofensiva organizando un acto en el que defendieron las tesis tomistas el 17 de mayo. Los jesuitas denunciaron al Santo Oficio a los PP. Zumel y B., como luteranos, mas obtuvieron sentencia absolutoria. Los dominicos pensaron en la redacción de un memorándum, en el que se refutasen cumplidamente las nuevas doctrinas y se defendiese lo tradicional. Se encomendó a B. la realización del proyecto; es lo que constituye la Apología (cfr. supra, Obras). En 1597 B. compuso el Libellus supplex en el que se pedía a Clemente VIII desligase a los dominicos de la ley del silencio impuesta por el Nuncio a las partes litigantes; el Papa accedió a ello. B. no interviene directamente en las Congregaciones de auxiliis habidas en Roma de 1598 a 1607.
      4. Teología de Báñez. No se puede afirmar que B. tenga una teología propia; él no innova nada, sino que expone de manera personal la doctrina comúnmente aceptada hasta entonces. Lo que se ha dado en llamar bañecianismo no es más, como decía N. del Prado, que pura comedia bañeciana (De gratiae et libero arbitrio, Friburgo 1907, p. 497 ss.). Es verdad que, para aclarar y precisar la doctrina emplea términos nuevos: «premoción física», «con. curso físico», «gracia eficaz físicamente determinante», etcétera. Mas al decir «premoción», «predeterminación» indica simplemente la prioridad de la acción de Dios y de la gracia, y la independencia de la ciencia y providencia divinas. El adjetivo y adverbio «físico», «físicamente» los contrapone a «moral», «moralmente». Premoción física significa, en B., anterioridad de la causalidad divina, a la que concurre subordinadamente la libertad creada, contra el concurso simultáneo de causalidades coordenadas del molinismo. Así lo entendía el card. Madruzzi, presidente de las Congregaciones de auxiliis. (Serry, Historia Congreg. de Auxiliis, Venecia 1740, App. col. 89). Notemos que, posteriormente a B., otros autores tomistas, guardando los principios básicos, han dado otras explicaciones sobre esas cuestiones (p. ej., v. MARÍN SOLA; V. t. BIBLIA III, 9B).
      Al lector libre de prejuicios, B. se le presenta como uno de los genios más preclaros que ha conocido la historia de la Teología. Brillan en él la claridad y la profundidad, el decir sencillo y la metafísica más honda, el discurrir lógico, la fuerza persuasiva del silogismo y la erudición nada común. Su genio metafísico y teológico supera ciertamente el de sus maestros. Diego de Chaves al censurar los Comentarios de B. escribía: «D. Thomas Angelicus Doctor, mihi videtur dignum se nactus interpretem. Maxmmms Doctor Maximum quoque commentatorem est nactus» (Me parece que al Angélico doctor Tomás de Aquino le ha nacido un intérprete digno de él. Un doctor máximo ha conseguido también un máximo comentador). V. t. TOMISMO.
      S. Báñez y S. Teresa de Jesús (Y.). Uno de los capítulos más interesantes de la vida de B. es el de sus relaciones con la reformadora del Carmelo. Llegó B. a Ávila cuando se discutía la obra de S. Teresa (15él62), tomando inmediatamente la defensa de la Santa y de su reforma. A él se debe, en parte, el que fuese adelante. Desde entonces fue su confesor y director espiritual, personalmente o por carta. La influencia de B., como afirma la Santa en sus escritos, fue extraordinaria; frecuentemente recuerda a su Maestro en sus obras. La correspondencia fue abundante, aunque, por desgracia, sólo se conservan cuatro cartas de la Santa a B. y una de éste a aquélla. El director correspondió a esas muestras de afecto y confianza, defendiendo siempre la reforma y dirigiendo su alma con la sabiduría y tino que sólo un teólogo de su talla podía hacer.
C. GARCÍA EXTREMEÑO.
            BIBL. : J. QUETIF-J. ECHARD, Scriptores Ordinis Praedicatorum, t. II, París 1721, 352 55. ; A. TOURON, Histoire des hommes illustres de l'ordre de Saint Dominique, t. IV, París 1743, 750; V. BELTRÁN DE HEREDIA, Actuación del Maestro Fray Domingo Báñez en la Universidad de Salamanca, «La ciencia Tomista» 25 (1922) 208-240, 26 (1922) 63-73 y 199-223, 27 (1923) 40-51 y 361-374, 28 (1924) 36-47; ÍD, El P. Domingo Báñez y Felipe II, Íb. 35 (1927) 1-29; ÍD, El maestro fr. Domingo Báñez y la Inquisición española, ib. 37 (1928) 289-309, 38 (1928) 35-58 y 171-186; ÍD, Vindicando la memoria del maestro fr. Domingo Báñez, ib. 40 (1929) 312-322, 43 (1931) 193-199; ÍD, El maestro fray Domingo Báñez, ib. 47 (1933) 26-39 y 162-179; ÍD, El valor doctrinal de las lecturas de Báñez, ib. 39 (1929) 60-81; V. CARRO, De Pedro de Soto a Domingo Báñez, ib. 37 (1928) 145-178; E. ESPERASE, Historia de la Universidad de Salamanca, t. II, Salamanca 1917; I. CUERVO, Historiadores del Convento de San Esteban de Sala- manca, t. III, Salamanca 1914; S. Muñoz IGLESIAS, Fray Luis de León teólogo, Madrid 1950; L. GETINO, Vida y procesos del Maestro Fr. Luis de León, Salamanca 1907; DE REGNON, Bañez et Molina, París 1883; F. STEGMUELLER, Geschichte des Molinismus, Münster i. W. 1935; P. ALVAREZ, Santa Teresa de Jesús y el P. Báñez, Madrid 1882; F. MARTÍN, Santa Teresa de Jesús y la Orden de Predicadores, Avila 1909; A. GARSAY, Études sur Dominique Bañez, La théorie de l'inspiration biblique, IIRev. Thomiste» 8 (1900) 691-701; A. COLUNGA, Ideas de Báñez sobre la Sagrada Escritura, «La Ciencia Tomista» 37 (1928) 1-17; X. MAQUART, Reflexions sur la chritique suarézienne du Bannezianisme, IIRev. Thomiste» 42 (1937) 413-430; L. GUTIÉRREZ VEGA, Domingo Báñez, filósofo existencial, «Estudios filosóficos» 4 (1954) 83-114.
     

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