El polígrafo arabigoandaluz Abú Muhammad b. `Ali b. Hazm (llamado frecuentemente Abenhazam en los libros españoles), n. en Córdoba en el a. 994 en el seno de una familia muladí. Su padre, Ahmad, prestaba sus servicios en la alta administración omeya y mantenía buenas relaciones con Almanzor. Su hijo, B. H. nació en una casa situada en las inmediaciones de la actual plaza de San Lorenzo.
Vida literaria y política. Pasó sus primeros años en el harén, donde aprendió las primeras letras. Al llegar a la pubertad asistió a las clases de los más famosos alfaquíes y trabó amistad con Ibn Suhayd, amistad que se mantuvo hasta la muerte de éste (1035). Estos vínculos y el que Ibn 1uhayd encargara a H. la composición de su elegía fúnebre han hecho pensar a E. García Gómez que los dos amigos tenían el mismo gusto estético y que en torno a ellos se formó un núcleo literario que, tras asimilar las corrientes artísticas procedentes de Oriente, las reelaboraba y las trasformaba, adaptándose a la sensibilidad andaluza, haciendo así una obra típicamente nacional. La vida de este grupo no fue larga, ya que la guerra civil (1009-1031) que había de dar lugar al nacimiento de los reinos de taifas dispersó a sus componentes por toda la Península.
H. intervino activamente en política y apoyó a los pretendientes omeyas, sufriendo las consecuencias de sus aciertos y fracasos. En poco tiempo fue preso, desterrado y alcanzó la dignidad de visir. En este periodo turbulento compuso la obra que mayor fama literaria le ha dado: Kitcib Tawq al-hamama. La consolidación de los reinos de taifas le produjo profunda amargura. Sus aficiones cambiaron, orientándose por el camino jurídico-teológico e histórico. A partir de entonces se dedicó a la redacción de sus grandes obras científicas y a la polémica contra los alfaquíes malequíes, que no podían consentir la existencia, a su lado, de un gran jurista zcthiri como él. Perseguido, vio cómo al-Mu'tadid de Sevilla mandaba quemar sus obras. Ante tal atropello escribió estos versos:«Aunque queméis el papel no podréis quemar lo que encierra porque lo llevo en mi pecho.
Irá dondequiera que vaya, se detendrá donde me detenga y será enterrado conmigo».
Estas persecuciones, la incomprensión de sus compatriotas y el ambiente adverso en que se encontraba le hicieron pensar en exiliarse. Pero, a pesar de todo, resolvió quedarse en su tierra: « ¡Vete en mal hora, perla de la China! Me basta a mí con mi rubí de España». Pero se había desengañado para siempre de las virtudes de sus compatriotas: «sus habitantes (de España) tienen envidia del sabio que entre ellos surge y alcanza maestría en su arte; tienen en poco lo mucho que pueden hacer, rebajan sus aciertos y se ensañan, en cambio, con su caída y tropiezos, sobre todo mientras vive y con doble animosidad que en cualquier otro país» (Risila apologética). Este estado de ánimo le llevó a vivir en un cortijo, Casa Montija (Huelva), donde m. el 15 jul. 1063.
Principales obras. Escribió multitud de obras, muchas de ellas de tipo jurídico-teológico. Descuellan las siguientes: Risilla ft fad1 al-Andalus (Epístola en elogio de al-Andalus), en la cual hace una larga, y a veces seca, enumeración de los sabios más notables que vivieron en la Península. Nagt al-'arús (Bordado de la novia), obra de carácter histórico. Yarnharat anscb al-°arab (Linajes árabes), larga lista de genealogías cuyo interés principal reside en que permite fijar los lugares donde se establecieron los clanes árabes en el momento de la conquista. al-Fisal ft-l-milal wa-l-ahwñ' wa-I-nihal (Historia crítica de las religiones, sectas y escuelas), a la que sólo superó la erudición occidental en el s. XIX. En ella refuta, a veces con palabras duras, las religiones que conoce, para demostrar, finalmente, la veracidad de la religión musulmana. La cantidad de material recogido en esta obra es fabulosa y la agudeza deductiva y racionalista del autor, cuando no se trata de su propia religión, sorprente. Falsafat al-aflclq (Los caracteres y la conducta), en que demuestra sus finas dotes de psicólogo. Risitlat ft radd `alá b. Nagrtla al-Yahud7 (Epístola de polémica religiosa con lbn al-Nagrella; v. SAMUEL BEN NEGRELA), que constituye un violento ataque al judaísmo, contestando así al gran polígrafo judío que se había permitido atacar al Islam.
Prescindiendo de las obras de tipo jurídico, de carácter técnico y específicamente musulmán, hay que destacar la obra que mayor fama le ha dado, al menos entre el gran público contemporáneo: la titulada Tawq al-harnctma fi-l-ulf wa-1-ullctf (Libro del collar de la paloma sobre el amor y los amantes), conservada en un manuscrito único de la biblioteca de la Univ. de Leiden. Editada por Petrov (1914), fue traducida al inglés por primera vez por A. R. Nykl (1931) y desde entonces ha sido traducida a todas las lenguas cultas, entre ellas el español (E. García Gómez, 2 ed. 1967). El éxito de este libro en la actualidad se explica no sólo por el tema tratado, sino también por el modo de exponerlo, ya que H. lo enfoca con una sensibilidad muy parecida a la occidental. Su libro es, en todo caso, un precedente del de Stendhal (v.). Consta de 30 capítulos en los que trata de los fundamentos del amor, de sus atributos y accidentes, de las desgracias que pueden ocurrir y, finalmente, dedica un capítulo a discurrir sobre la fealdad del pecado y otro sobre las excelencias de la castidad.
El libro, tal y como hoy lo conocemos, es un extracto, sobre todo en lo que a los versos respecta, de una redacción más amplia que se ha perdido. Pero, a pesar de esta circunstancia, los datos que da son suficientes para introducirse en los entresijos de los harenes cordobeses y encontrar en ellos numerosos aspectos de la caracterología amorosa que va desde el amor platónico hasta aberraciones patológicas. La riqueza de material que facilita hizo que, poco después de su edición, los arabistas españoles lo emplearan para intentar demostrar las relaciones que, según ellos, existieron entre la naciente lírica provenzal (v.) y la arabigoandaluza, problema vuelto a suscitar recientemente por Américo Castro quien ha apuntado las concomitancias entre El Collar y el Arcipreste de Hita. Ya en este sentido E. García Gómez ha podido demostrar que, al menos el capítulo segundo del texto árabe (Sobre los síntomas del amor), fue conocído, además de por el Arcipreste, por Juan de Aviñón y fray loseph de Jesús María. |