Datos biográficos. Escritos. Filósofo alemán, n. en Riga el 20 feb. 1882; m. en Gottinga el 9 oct. 1950. Profesor en Marburgo, Colonia, Berlín y Gottinga, ha sido uno de los filósofos más destacados de los tiempos actuales. Su pensamiento recibió en primer lugar influencias del neokantismo de Marburgo, del que se fue apartando por influjo de Husserl (v.) -la incidencia de la fenomenología es decisiva en la obra de H.- y, en menor grado, de Hegel (v.) y Scheler (v.).
Dentro de su extensa producción filosófica es de destacar Grundzüge einer Methphysik der Erkenntnis (Metafísica del conocimiento) (Berlín 1921), que supone su apartamiento del idealismo de la escuela de Marburgo; su Etnik (Berlín 1926), obra capital dentro de la Axiología; Zur Grundlegung der Ontologie (Fundamentos de Ontología) (Berlín 1935), Móglichkeit und Wirklichkeit (Posibilidad y efectividad) (Berlín 1938), Der Aufbau der realen We1t (La fábrica del mundo real) (Berlín 1940) y Neue Wege der Ontologíe (La nueva ontología) (Stuttgart 1941), consagradas a la construcción de una ontología; Philosophie der Natur (Berlín 1950), donde da una interpretación filosófica de la naturaleza basada íntimamente en el contenido de las ciencias positivas; Teologisches Denken (Pensamiento teleológico) (Berlín 1951) y Asthetik (Berlín 1953), aún sin tener la trascendencia de las anteriores, son básicas para la comprensión del pensamiento de H. Obras de gran interés aunque no tan centrales como las ya citadas, son Philosophische Grumlfragen der Biologie (Cuestiones filosóficas fundamentales de la biología) (Gotinga 1912), Die Philosophie des deutschen Idealismus (La filosofía del idealismo alemán) (2 vol., Berlín 1923-29); Das Problem des geistigen Seins (El problema del ser espiritual) (Berlín 1933); Leibniz als Metaphysiker (Berlín 1946) y los Kleinere Schriften (Escritos menores) (Berlín 1955-58).
Su filosofía. Para H., la filosofía no debe concebirse como una «filosofía de sistema» sino como una «filosofía de problemas»; es decir, el saber filosófico no puede construirse sobre la base de un conjunto de presupuestos previos que den lugar a una estructura sistemática meramente especulativa y en la que forzadamente se dé cabida a los datos, y mediante la cual se intente resolver los problemas de un modo parcialista, de forma que su solución no perturbe la arquitectura del sistema; hay que evitar que el sistema prejuzgue de antemano la solución de los problemas. Y para ello el único camino es prescindir de todo sistema previo y abordar cada uno de los problemas de la Filosofía (v.) directamente y en sí mismo considerado como una totalidad unitaria. Sobre esta base, que al mismo tiempo constituye un principio metódico, H. va a construir su filosofía encauzada entre dos líneas directrices fundamentales, el realismo y la conexión con la ciencia positiva.
La disputa idealismo (v.)-realismo (v.) es resuelta por H. a favor del segundo; en su estudio de las categorías mantendrá reiteradamente que éstas no han de ser entendidas como estructuras del sujeto cognoscente, como condicionamientos insertos por el espíritu en el dato proveniente de lo real y mediante los cuales se construye el objeto de conocimiento. Las categorías son estructuras de la realidad que la mente humana se limita a descubrir y reconocer: «No de conceptos del entendimiento trata la teoría de las categorías, sino de los fundamentos estructurales del ser real, del mundo real (Ontología III, La fábrica del mundo real, México-Buenos Aires 1959, VII).
La preocupación de H. por la ciencia (v.) se pone de relieve, de un lado, por su interés en temas de Filosofía de la Ciencia (manifestado en Philosophische Grundfragen der Biologie, en Des Proclus Diadochus philosophische Angangsgründe der Mathematik nach den ersten 2 Büchern des Eukildskommentars dargestellt, Berlín 1909, y en algunos de los Kleinere Schriften) ; de otro, por su tesis de que todo sistema categorial tiene que regirse por el criterio del numerus apertus, y no del numerus clausus como acontece en Aristóteles o Kant, en virtud de que está sujeto a ulteriores perfeccionamientos gracias al progreso de las ciencias positivas, que van desentrañando nuevos aspectos de lo real; y esta vinculación entre el sistema filosófico de las categorías y los avances de la ciencia es tan íntima, que para H. sólo en la esfera del ser inorgánico, y mediante el alto grado de precisión a que han llegado la Física y la Química, es posible establecer un conjunto categorial de cierta solidez; en, otras esferas, como las de lo orgánico, lo psíquico y lo espiritual, la deficiencia de las ciencias positivas correspondientes, Biología, Psicología, Sociología, etc., impide queel filósofo pueda establecer un sistema categorial de validez apreciable, al menos con respecto al nivel que se puede alcanzar en lo inorgánico.
Dentro de la filosofía de H. se pueden distinguir una pluralidad de esferas en que se divide el saber filosófico; en primer lugar, una Metafísica del conocimiento, encaminada a estudiar la problemática presentada por la relación sujeto cognoscente-objeto conocido; una Ontología, cuyo objeto es el ser, subdividida en dos partes, que se ocupan respectivamente del ser real y del ser ideal; dado que el ser real está estratificado en cuatro niveles, la Ontología del ser real se complementa con la Cosmología (estudio del ser inorgánico), la Organología (del ser orgánico), la Psicología (del ser psíquico) y la Filosofía del espíritu (de lo espiritual); el ciclo del saber filosófico se cierra con la Ética y la Estética.
Metafísica del conocimiento. La teoría del conocimiento de H. está estructurada en tres fases: fenomenológica, aporética y teorética. En la primera, mediante el método fenomenológico, se aborda el problema gnoseológico con una descripción del fenómeno del conocimiento (v.), que se presenta como una relación entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, en la que ni el sujeto determina activa y totalmente al objeto ni éste actúa frente a un sujeto enteramente pasivo. Ahora bien, en la descripción fenomenológica del acto de conocer aparecen una pluralidad de aporías (v.), que constituyen el objeto de la aporética; ésta tiene por misión el desentrañar, en lo posible y sin eliminar arteramente las dificultades planteadas, el conjunto de problemas e incluso aparentes contradicciones que han nacido en la fase fenomenológica. Una vez conseguido esto, se llega a la fase teorética, u ontología del conocimiento, dividida en ontología del conocimiento del objeto y ontología del objeto del conocimiento, cuya última y definitiva conclusión es la afirmación de la aptitud del sujeto cognoscente para captar lo real. Frente al idealismo (v.), H. mantiene que el sujeto no construye el objeto, sino que lo aprehende, en virtud de la identidad que hay entre las categorías del sujeto y las del ser; pero esto no quiere decir que en el conocimiento se agote la totalidad del ser, ya que siempre queda algo irracional, lo transobjetivo, que es incognoscible.
Y precisamente esta región de lo irracional e ininteligible es el objeto de la Metafísica (v.); aunque considerada tradicionalmente como el núcleo central del saber filosófico, la Metafísica es para H., en lo que coincidirá con Kant, imposible como saber científico cierto y necesario. Dado que su objeto, según H., es lo irracional, lo que escapa al ámbito de nuestro conocer, la Metafísica se reduce a plantear una serie de interrogantes que no pueden recibir respuesta adecuada; de ahí que los llamados problemas metafísicos continuamente renazcan y reciban pretendidas soluciones en los diversos pensadores, que son contradictorias entre sí.
Ontología. Frente a la Metafísica, la Ontología trata de los aspectos cognoscibles del ser, de lo inteligible en el ser (v.). Según H. hay que considerar en el ser distintos aspectos, tales como los momentos del ser, Seinsmomente (la esencia, Sosein, y la existencia, Dasein); las maneras del ser, Seinsweisen (la idealidad y la realidad); los modos del ser, Seinsmodi (posibilidad, realidad, necesidad, contingencia, imposibilidad e irrealidad).
Para H., el ser ideal tiene como notas características la objetividad y la universalidad, pudiendo distinguirse tres tipos de seres ideales: los objetos lógicos, los objetos matemáticos y los valores. Pero la vocación más firme de la Ontología es el ser real; el primer problema que éste plantea es el de trascendencia, el de su existencia objetiva con independencia del sujeto cognoscente; H. mantiene con firmeza esta trascendencia del ser real, basándose en el acto del conocimiento, en cuanto acto trascendente que rebasa los límites de la conciencia y pone en contacto al sujeto con algo que existe independientemente de él. Pero hay otra vía para poder llegar a captar la presencia de lo real como algo dado al sujeto y no puesto por él: los actos emotivos, sufrimiento, esperanza, temor, etc., en los que el sujeto choca con lo real experimentando su «dureza», en los que captamos de una manera inmediata e indiscutible la densidad óntica de lo real, gracias a la oposición y a la resistencia que nos ofrece.
El ser real se presenta en cuatro estratos o capas: lo físico, lo orgánico, lo psíquico y lo espiritual. Frente a todo intento monista, H. destaca la peculiaridad de cada uno de los estratos; la diferenciación entre lo físicoinorgánico y lo orgánico está asegurada en virtud de la índole peculiar del fenómeno vital (v. VIDA), irreductible a meros fenómenos físico-químicos; la distinción entre lo orgánico y lo psíquico se basa en la intimidad, inespacialidad e intencionalidad del hecho de conciencia (v.); lo espiritual (v.) es algo que trasciende la pura individualidad psíquica, aunque se apoye y funde en ella.
Mas el ente real no es amorfo, sino que está estructurado mediante una pluralidad de categorías (v.); éstas son para H. consitutivas y modeladoras de lo real y no «formas del entendimiento». Si las categorías son elementos estructuradores de lo real, la determinación de cuántas y cuáles sean tiene que realizarse con un detenido análisis de lo real que estructuran; pero el conocimiento de lo real, adquirido gracias a las ciencias positivas, es muy imperfecto, por lo que, si la realidad conformada por las categorías es mal conocida, éstas, que realizan la función configurante, no podrán ser determinadas con precisión. Por ello el sistema de las categorías que se establezca tendrá que ser incompleto e imperfecto; incompleto, porque algunas de las categorías no serán captadas por carencia de un conocimiento adecuado de lo real; imperfecto, dado que la naturaleza de algunas de las categorías alcanzadas será aprehendida de manera inapropiada. De aquí que un sistema categorial debe basarse en el numerus upertus, para que pueda ser enriquecido con posteriores aportaciones.
Las categorías se dividen en dos grandes grupos: dado que una categoría es un elemento configurante de lo real, y que lo real está estructurado en cuatro estratos, habrá categorías cuyo ámbito de validez se extienda a todos ellos y otras cuyo campo de aplicación esté limitado. De donde la distinción entre categorías generales y categorías especiales, estudiadas respectivamente por la teoría general de las categorías (allgemeine Kategorienlehre) y por la teoría especial de las categorías (spezielle Kategorienlehre).
Las categorías generales y fundamentales son aquellas cuya validez se extiende a toda la realidad; son las que están insertas en los cuatro estratos de lo real: lo inorgánico, lo orgánico, lo psíquico y lo espiritual. Estas categorías generales se caracterizan por su índole polar, es decir, porque cada una de ellas tiene su opuesta correspondiente; se distribuyen en doce parejas: principio-concreto, estructura-modo, forma-materia, interior-exterior, predeterminación-dependencia, cualidad-cantidad, unidad-multiplicidad, armonía-pugna, oposición-dimensión discreción-continuidad, sustrato-relación, elemento-complejo. Las categorías especiales son aquellas que, en sentido estricto, estructuran únicamente uno de los estratos de lo real (si bien y en virtud de la ley categorial del«retorno» algunas pueden tener cierta validez en un estrato diferente de aquel en el que propiamente se aplican); dado que hay cuatro estratos, hay cuatro grupos de categorías especiales: cosmológico-dimensionales, organológicas, psicológicas y pneumatológicas. Sólo las primeras, estructurantes del estrato inorgánico, pueden establecerse con una elevada perfección, debido a la menor complejidad del ser inorgánico y al enorme progreso de las ciencias positivas referentes a este estrato; este grupo categorial se subdivide en dos tipos, las categorías dimensionales y las cosmológicas. Las dimensionales son el espacio (v.), el tiempo (v.) y el movimiento (v.), y se caracterizan por extender su ámbito de validez, en sentido estricto, al estrato de lo inorgánico, pero ampliando en cierto modo su esfera de aplicación a otros estratos. Las categorías cosmológicas son las que únicamente tienen validez en lo inorgánico; son once: relación real, estado, proceso, acción recíproca, causalidad, sustancia, legalidad, complejo dinámico, equilibrio dinámico, orden de grados y forma de predeterminación.
Pero la pluralidad de categorías no constituye un conjunto inconexo, sino que están ligadas entre sí por una serie de relaciones, no arbitrarias, sino sometidas a normas determinadas: las leyes categoriales. Una ley categorial es una norma que regula la peculiar estructura y naturaleza de una categoría, aclarando qué es dicha categoría en sí misma considerada y en su relación con las demás; toda ley categorial realiza una triple función: delimitar la esencia de las diversas categorías; ser, a su vez, una categoría fundamentalísima; regular directamente una o varias categorías e indirectamente el ser real. La fijación de cuántas y cuáles sean estas leyes categoriales está sujeta a las mismas dificultades que en las categorías, por lo que también están regidas por el principio del numerus apertus; establecido esto, H. dirá que las leyes categoriales se dividen en dos grupos, las fundamentales y las derivadas. Las primeras son cuatro: ley de validez (referente a la índole ontológica de las categorías), ley de coherencia (que regula horizontalmente la pluralidad categoría]), leyes de estratificación y de dependencia (que dan normas a las relaciones en verticalidad, es decir, en estratos diferentes, entre las categorías); cada una de estas leyes fundamentales se explícita en otras cuatro derivadas.
La formulación que da H. de las cuatro primeras leyes, muy clara y significativa, es la siguiente: ley de validez: «las categorías sólo son lo que son como principios de algo; no son nada sin su concretum, como esto no es nada sin ellas» (La fábrica del mundo real, 457); ley de coherencia: «las categorías no existen sueltas cada una para sí, sino sólo en la asociación del estrato de categorías, por la cual están unidas y codeterminadas» (o. c. 457-58); ley de estratificación: «las categorías de los estratos inferiores están ampliamente contenidas en los estratos superiores, pero no a la inversa éstos en aquéllas» (o. c. 458); ley de dependencia: «dependencia sólo existe unilateralmente como dependencia de las categorías superiores respecto de las inferiores; pero es una dependencia meramente parcial que deja un amplio espacio libre a la autarquía propia de las categorías superiores» (o. c. 458). El intento de H. de establecer las leyes categoriales es de gran interés y, hasta cierto punto, sin precedentes, salvo quizá la afirmación platónica del carácter iluminador y rector de la Idea del Bien, algunas tesis tomistas sobre las relaciones entre sustancia-accidente o la teoría kantiana del esquematismo de los conceptos del entendimiento puro.
De los otros tres estratos de lo real, H. dedica preferente atención al espiritual; el espíritu (v.) constituye el estrato de más firmes peculiaridades y que sólo se presenta en el ser humano, siendo su categoría básica la de proceso: el espíritu no está, sino que es proceso. Hay tres modalidades de espíritu, el individual, el objetivo y el objetivado; el primero se caracteriza por la conciencia espiritual y por la personalidad; el segundo se manifiesta en el lenguaje, en el derecho, en las costumbres; el tercero se expresa en la ciencia, en la filosofía, en la religión.
Ética. La Ética de H. está muy influida por las de Aristóteles (v.) y Max Scheler (v.), aunque tiene una muy propia personalidad. H. defiende, frente a Kant, una ética material de los valores y, conforme con Aristóteles, aceptará la noción de virtud (v.) como término medio (mesótes). El núcleo central de la Ética (v.) es la teoría del valor; éste es uno de los tipos de ser ideal, por lo que goza de objetividad y universalidad, con lo que H. se enfrenta a todo subjetivismo y relativismo axiológicos. Los valores constituyen un reino separado, similar al de las Ideas platónicas; la misión de la persona (v.), del ser humano, individual, es la de realizar estos valores, y en esta realización consistirá la conducta moral, conducta que se fundamenta en la libertad humana. Esta última es posible porque el hombre, en cuanto espíritu, escapa a la determinación causal eficiente imperante en la Naturaleza, y por la inexistencia de Dios, ya que H. considera erróneamente su existencia como contradictoria e incompatible con la libertad de la voluntad (V. LIBERTAD).
Puede decirse, para terminar, que H. exagera en la cuestión de la antinomia libertad-providencia divina; ésta es incompatible sólo con una libertad humana entendida de modo absoluto; pero la libertad humana es relativa. La libertad no la entiende H. en un sentido puramente negativo, sino positivamente, como un plus de determinación; mas para ello no debe existir ninguna determinación finalista, ningún ideal o modelo propuesto a la naturaleza humana. La libertad humana es posible en el marco de la naturaleza física, debido únicamente a que el acontecer natural está determinado causalmente, no finalísticamente. «Hartmann tiene, como se ve, un concepto exagerado de la determinación finalística. La concibe exactamente según el esquema de la determinación causal física, como si la dirección finalista fuera necesariamente una moción irresistible; por ello no cabe libertad... (V. FIN). H. está prendido al pensamiento mecanicista (v.) del moderno positivismo (v.) científico más de lo que a primera vista podría parecer. Su ontología contiene todo el corpus metaphysicum de la historia del espíritu occidental, pero este cuerpo está sin alma» (1. Hirschberger, Historia de la Filosofía, II, Barcelona 1965, 371).
V. t.: FENOMENOLOGÍA; AXIOLOGÍA; METAFÍSICA; KANTISMO. |