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Lunes, 20 de Mayo de 2013
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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Albéniz, Isaac
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Vida. Compositor y pianista español; n. en Camprodón (Gerona) el 29 mayo 1860; m. en Cambo-les Bains (Francia) el 18 mayo 1909. Recibe de su hermana las primeras lecciones de piano y con sólo cuatro años se presenta en el teatro Romea de Barcelona. Estudia en esta ciudad con Narciso Oliveras, pero su espíritu inquieto, feliz con la aventura, se manifiesta, a pesar de sus pocos años, en sus viajes y escapadas. Conoce París a los seis años sin lograr ingresar en el Conservatorio por sus travesuras infantiles. De vuelta a España da una serie de Conciertos por algunas ciudades del norte. A los ocho años se traslada con su familia a Madrid, asistiendo a las clases de Mendizábal en el Conservatorio. Repite sus giras artísticas por Ávila, Zamora, Salamanca, Barcelona y Valencia. En Cádiz embarca como polizón para Costa Rica. Recorre en brillantes actuaciones Argentina, Brasil, Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos. De vuelta a Europa perfecciona su técnica con Reinecke en Leipzig (1874), Gevaert en Bruselas (1876) y Liszt, cuyos consejos son importantes en la formación del joven artista, en Weimar y Budapest (1878). En 1880 recorre de nuevo América. En 1883 regresa a Barcelona contrayendo matrimonio con Rosita Jordana, de la que tuvo tres hijos. Aquí entabla una provechosa amistad con Felipe Pedrell. Después de un fracasado intento en los negocios, reanuda sus conciertos en giras internacionales y en compañía de Fernández Arbós, alcanzando grandes éxitos. Su repertorio comprende obras de todos los estilos y épocas, destacando en la interpretación de los clavecinistas, como improvisador y, naturalmente, como intérprete de sus propias obras.

      En 1891 se instala en Londres y en 1893 fija en París su casi habitual residencia; amigo de D'Indy, Chauson, Fauré, Dukas, Debussy y Ravel, recibe de ellos indudables influencias, pero ninguno logra suplantar la fuerte personalidad del músico español. La Schola Cantorum, donde él había sido alumno, le ofrece una cátedra de piano. Su actividad de compositor le ocupa en detrimento de su carrera de virtuoso. El empresario y banquero inglés Francis Money-Coutts le compromete en la composición de óperas para sus libretos a cambio de una buena renta anual; productos de este contrato son las óperas Merlín y Henry Clifford, de un carácter y estilo que no se adaptan a la personalidad de A. Distinta es la suerte de Pepita Jiménez, su más importante obra dramática. Iberia, lanzada por los pianistas Malats y Blanca Selva, marca un punto culminante de su obra. Apenas concluida ésta y a causa de la enfermedad que mina su salud y hace funestos progresos, se traslada a los Bajos Pirineos, donde termina su vida. Pocos días antes de su muerte, el Gobierno francés, a propuesta de los más prestigiosos músicos franceses del momento, le concede la Cruz de la Legión de Honor.

      Características. Los factores determinantes de la música de A. son el folklore de España y muy especialmente de Andalucía, y el piano. El elemento popular estuvo siempre presente de algún modo en la música culta española: así, los polifonistas del Renacimiento y los clavecinistas del s. XVIII, que encontraron en el folklore hispano una fuente inagotable de inspiración. Pero es en este momento cuando los cantos de Andalucía, y muy concretamente el «cante jondo, tiene una influencia directa en el presente y futuro de la música española. Sus características eran muy aptas para fundirse con las estéticas de más fuerza en estos años; el impresionismo especialmente encuentra en la música andaluza una serie de elementos técnicos y expresivos que serían decisivos para la obra de Debussy y Ravel. Es un camino que en España inicia Pedrell y que A. descubre para él y para sus continuadores. A. se erige en jefe de la escuela nacionalista española. El folklore es utilizado frecuentemente como cita literal, pero su influencia es mucho más profunda: los ritmos, cadencias, giros melódicos y modos de la música popular dan vida interna a toda una serie de páginas que en sus mismos títulos evocan los lugares, cantos y danzas de España y que marcan la trayectoria que, cada uno según su propia estética, seguirán Granados, Falla y Turina.

      La música de A. nació en y para el piano, el piano romántico heredado de Chopin y Liszt, aunque esto no quiere decir que su interés quede encerrado en la técnica del teclado, puesto que, con ser de un valor extraordinario, está siempre al servicio y en función de su contenido musical. Un paralelismo con Chopin hace que su obra se entienda sólo en el teclado y que las orquestaciones realizadas hasta hoy (Fernández Arbós, Argenta, Ansermet, Dorati, Frühbeck y Roshental, entre otros) no logren traducir toda la belleza del original. Sólo al principio pudo hablarse de un antipianismo en A. Respondía esta afirmación a una sorpresa ante la novedad de procedimientos, especialmente en Iberia, y a las dificultades técnicas, que exigían una nueva manera de tocar.

      Obras. Siguiendo a Collet, pueden estudiarse en ella tres etapas: la primera comprende páginas muy del gusto de salón de la época; sencillas, pero no exentas de encanto: valses, pavanas, minués, estudios, mazurcas, impromptus, piezas características, Rapsodia Española, instrumentada por G. Enesco y A. Casella, Recuerdos de viaje (1887), una de cuyas páginas es Rumores de la Caleta. Destacan dos Suites españolas (1886 y 1889-93, respectivamente), especialmente la primera, que incluye Granada, Cataluña, Sevilla, Cádiz, Asturias, Aragón, Castilla y Cuba, y que revela ya toda la fantasía del autor de Iberia. Aún no estamos ante el A. más trascendental de su tercera época, pero en estas sencillas obras están ya en germen todos los elementos determinantes de su genio. Muchas de estas partituras no han perdido todavía el encanto de su novedad y espontaneidad. Para comprender el significado total de A. es indispensable conocerlas y estudiarlas. La segunda época agrupa las obras dramáticas San Antonio de la Florida, Henry Clifford (1895) y Pepita Jiménez (1897). Para piano, La Vega, y, para orquesta, Catalonia (1899). La tercera época corresponde al A. en la plenitud de su técnica y medios expresivos. Comprende los cuatro cuadernos de Iberia (1905-1909): el primero, Evocación, El Puerto y Corpus Christi en Sevilla; el segundo, Triana, Almería y Rondeña; el tercero, El Albaicín, El Polo y Lavapiés; el cuarto, Málaga, Jerez y Eritaña. Hay que añadir las dos obras póstumas, Navarra y Azulejos, concluidas por D. de Sévérac y Granados, respectivamente.

      Todo el mundo colorista y el refinamiento de escritura de los franceses, amigos y admiradores del músico español, se une a su musicalidad netamente hispana. Ibería, a pesar de mantenerse dentro de los límites de la pequeña forma y de un esquema repetido, es hasta hoy la obra española más importante para el piano. Se han señalado algunas características de Iberia (T. Andrade): La originalidad de escritura, la audacia del dibujo; hasta entonces ninguna música había sido trazada con un barroquismo tal que, sin embargo, no es agobiante. Su pianismo huye de fórmulas estereotipadas. No encontramos series de terceros, sextas, octavas, trinos, trémolos ni dificultades de exhibición pianística. Las dificultades emanan de sus exigencias musicales.
MANUEL CASTILLO.
    BIBL.: M. RAUX DELEDICQUE, Albéniz y su vida inquieta y ardorosa, Buenos Aires 1950; H. COLLET, Albéniz y Granados, París 1926; V. RUIZ ALBÉNIZ, Isaac Albéniz, Madrid 1948; A. DE LAS HERAS, Vida de Albéniz, Madrid 1941; T. ANDRADE, El piano de Albéniz, «Música» 2, Madrid 1952, 71 ss.; J. LAPLANE, Albéniz, sa vie et son oeuvre, París 1956; J. PAHISSA, Sendas y cumbres de la música española, Buenos Aires 1955; G. JEANAUBRY, La música y las naciones, Buenos Aires 1946; E. FERNÁNDEZ ARBÓS, Memorias, Madrid 1963; A. SALAZAR, La música en la sociedad europea, México 1946; F. SOPEÑA, La Vega, «Música» 1 (1952) 146 ss.; L. DE PABLO, G. GOMBAU, J. ALFONSO, M. CARRA, F. RUIZ COCA, «La Estafeta Literaria» 196 (1961) en el Centenario de Albéniz.

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio

 
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