Cabecera
 
Martes, 21 de Mayo de 2013
Documento sin título
 INICIO
  SECCIONES
    Actualidad
    Artículos
    Biografías
    Monografías
    Enciclopedia GER
    Hemeroteca
    Cartas al director
  CULTURA
    Cine
    Libros
    Video/DVD
    Música
  SERVICIOS
    Quienes somos
    Publicidad
    Suscripción al boletín
        Escriba su e-mail
Visitantes únicos / Mes
278.627
Visitantes únicos / Día
9.409







Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
  Búsqueda avanzada
 Listar todas las voces
  Inicio > Enciclopedia GER > Voz  print Imprimir
García Lorca, Federico
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Poeta y dramaturgo español, n. en Fuente Vaqueros (Granada) el 5 jun. 1898 y m. en Víznar, cerca de Granada, víctima de la guerra civil, el 19 ag. 1936. El más universal de los líricos contemporáneos españoles, completó su quehacer literario con incursiones afortunadas en el campo de la música, la crítica y el dibujo. Modernidad en la tradición y recreación popular en la modernidad serán las bases de una prodigiosa síntesis elaborada a lo largo de toda su obra.

      Biografía. Cursó los estudios primarios en la escuela de su pueblo. El bachiller, en los institutos de Almería y Granada; completó la enseñanza media en una academia particular. Se licenció en Derecho en la Univ. de Granada y cursó también algunos estudios de Filosofía y Letras. Su formación universitaria acabó en 1923. En esta etapa estudiantil han apuntado ya sus otras pasiones, el dibujo y la música; demostró una especial habilidad para la oratoria conversacional y soñaba con teatros de marionetas especialmente diseñados para el público infantil. El a. 1919 fue una fecha crucial en su biografía poética. Se traslada a Madrid y la Residencia de Estudiantes le abre una panorámica cultural desconocida. El cineasta Buñuel (v.) y el pintor Dalí (v.) figurarán entre sus primeras amistades. En 1920 hace su primera incursión seria en el campo del teatro: El maleficio de la mariposa, que constituyó un fracaso. En comunión de ideales artísticos, prepara, en 1922, con su amigo M. de Falla (v.), el Primer festival de cante jondo. Entregado de lleno a su quehacer literario, aunque reside en Madrid, le vemos continuamente por Granada y otras ciudades andaluzas animando y colaborando en revistas poéticas, como Horizonte, índice y Litoral, o bien conviviendo literariamente con sus compañeros de generación. Es la época de la amistad entrañable con R. Alberti (v.), P. Salinas (v.), J. Guillén (v.), G. Diego (v.), D. Alonso (v.), V. Aleixandre (v.), los malagueños E. Prados, J. Moreno Villa, M. Altolaguirre y otras muchas figuras, como el prosista J. Bergamín y el sevillano F. Villalón (v. GENERACtóN DEL 27). Fue el portavoz de sus compañeros en la conmemoración del tercer centenario de la muerte de Góngora. En el Ateneo sevillano pronunció una brillante conferencia: La imagen poética en Don Luis de Góngora (1927). Una crisis espiritual le obligó a buscar nuevos ambientes y, así, le vemos en Nueva York (1929), asistiendo a las clases de la Columbia Univ. y de donde se trajo uno de sus más decisivos poemarios. A su regreso, hizo una escala detenida en Cuba. A partir de 1930 se le agudiza su pasión por el teatro. En 1932, recorre España con su teatrito universitario «La Barraca» y en 1933, como director de la compañía de M. Xirgú (v.), presencia los continuados éxitos de sus obras en distintos teatros bonaerenses. La poesía lírica vuelve a obsesionarle y trabaja febrilmente en nuevos libros ya viejos; algunos vieron la luz entre 1935-36 y otros quedaron en proyecto e informes, en esbozo.

      Obras líricas. La poesía lorquiana es el resultado de una lenta gestación. Su primer cancionero, Libro de poemas (1921) es, según confesión del propio poeta, «todo ardor juvenil, y tortura, y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi misma infancia reciente». Lírica inmadura de grandes posibilidades; junto a una entrañable originalidad, encontramos .frecuente lastre de lecturas. Toques al estilo de S. Rueda; mucho del primer J. R. Jiménez (v.), esfumante e impreciso; algo de R. Darío (v.) y temas románticos de evocación granadina. A pesar de todo, sentimos al poeta enamorado de los niños, íntimo y recoleto en la Balada de la placeta, audaz en El lagarto viejo, y en disposición de ir depurando sus poemas menores hasta llegar a las audacias sorpresivas de Canciones (1921-24, publicado en 1927) y Primeras canciones (1922). La prodigiosa técnica desplegada en brillantes imágenes y metáforas ha fundido el intimismo desgarrador andaluz con el universalismo europeo. La nostalgia de su tierra se ha trasmutado ante el contacto de nuevas posibilidades poéticas conocidas en el ambiente intelectual de la Residencia. No es extraño que por estas fechas esté gestando su genial Poema del cante jondo (1931), cuyas primeras muestras datan de 1921. Andalucía, eterna en su dramatismo, adquiere una calidad artística, conceptual y gongorina, que deslumbra tras el tenue rasgueo de la Baladilla de los tres ríos, la hondura del Poema de la saeta, el desgarramiento del Gráfico de la Petenera o el misterio de las Tres ciudades. No encontraremos tópicos; sólo poemas breves quintaesenciados, cargados del mismo intenso dramatismo que el del Romancero gitano (1924-27). Es la época de las Suites y las Odas, nunca publicadas en forma de libros, aunque las muestras son bien significativas de un cambio de técnica y estilo; se sincretiza su popularismo y da cabida a las audacias surrealistas. Tienen entidad propia la Oda a Salvador Dalí (1926) y Oda al Santísimo Sacramento del Altar (1928). Su lírica ha llegado a una cima con el Romancero, donde la tradicional estrofa ha adquirido nuevas tonalidades; lo narrativo se supedita a la intensidad dramática y la anécdota se reduce a la mínima expresión. No hay folklore, sino gitanos «de bronce y sueño» sorprendidos velando a una niño, simbolizados en Antoñito el Camborio, hechos belleza religiosa en la monja gitana, imaginados en los tres arcángeles o recordados a través de la Preciosa cervantina. Cierran su prodigioso Romancero tres romances históricos, uno de los cuales, Thamar y Amnón es de una honda intensidad trágica, comparable sólo a algunos de los momentos más dramáticos de su teatro.

      Poeta en Nueva York (1929-30, publicado en 1940) está considerado por buena parte de la crítica como el mayor logro del lírico. El vértigo de la metrópoli con sus grandezas y miserias alucinó el alma del poeta, vertida hacia la intimidad de su Andalucía esencial. Un surrealismo (v.) emotivo e imaginista lucha contra el cerebralismo que tal movimiento impone. Sus negros de la Oda al rey de Harlem tienen muchos resabios gitanos y un mundo esencialmente trágico se adivina en Iglesia abandonada, La aurora e Introducción a la muerte, para quebrarse en el juguetón y obsesivo ritmo afroantillano del Son de negros en Cuba. La amistad al torero escritor le dicta emocionalmente el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), hasta hoy la más sentida evocación funeral de la lengua castellana. Seguirán Seis poemas galegos (1935) y el Diván del Tamarit (1936), obra póstuma, cargada de ricas sensualidades, de un tenue arabismo granadino más perceptible en las «Gacelas» que en las «Casidas». Elegancia y finura estilizada matizan la belleza frágil de este cancionero.

      Obras dramáticas. Muy temprana fue su vocación teatral. El mundo infantil le sirvió de adecuado marco para creaciones populares como La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón o la bella estampa de El misterio de los Reyes Magos. Su vena dramática se adensa en la tradición española y a ella debe lo más logrado de sus comedias y dramas. El maleficio de la mariposa es una linda fantasía y, según confesión del propio autor, «humilde e inquietante, comedia rota del que quiere arañar a la luna y se araña su corazón». El amor y la muerte se dan la mano, como en tantas obras lorquianas, pero aquí con equilibrio en verdad prodigioso. Los títeres de Cachiporra. Tragicomedia de Don Cristóbal y la señá Rosita es una farsa guiñolesca, y también dentro de esta veta humorística, fina y elegante, situamos La zapatera prodigiosa (1930), donde el ritmo de ballet sirve de contrapunto al contraste entre verdad y ensueño; Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1931), Retablillo de don Cristóbal (1931) y Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores (1935). Esta última representa una cima dentro de la tradición de comedia de salón. La fina ironía desplegada salva el trasfondo costumbrista de una época de polisones y miriñaques que pasaba de la vulgaridad a la cursilería. Un delicado gracejo andaluz transcurre por el campo simbólico del amor y las flores.

      Otra poderosa corriente dramática estalla vibrante en cuatro obras definitivas- Mariana Pineda (1927), Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa ele Bernarda Alba (1936). La primera constituye por sí sola un mundo aparte; subtitulada «Romance popular en tres estampas», enraíza en la tradición romántica del s. XIX. No hay exaltación revolucionaria porque el autor ha destacado el mundo del sentimiento y la pasión primaria, la pureza de corazón e ideales, en las vidas tan opuestas de Pedrosa y Mariana. Una profunda humanidad, levemente sentimentalo ¡de, no impide ver en el nudo gordiano de la obra un problema eterno. La España hondamente trágica, de drama rural intuido por Lope de Vega, vive en las tres obras restantes. Bodas de sangre significó una profunda renovación, trascendental para el teatro español contemporáneo, porque en ella se han fundido el estoicismo de raza con valores trágicos dotados de una extraña cosmicidad. Se ha suprimido la anécdota; el drama brota puro, desnudo, esquemático y directo. La madre, la novia, el novio, la suegra, son símbolos, ideas universales de pasiones hispanas presagiadas por la muerte o la luna. Un fatalismo andaluz recorre la espina dorsal del drama desde los primeros diálogos. El realismo más estremecedor hace sentir la obra como una densa tragedia griega, salpicada de diálogos precisos por su concisión y levemente líricos en los sugestivos versos de cancionero tradicional. La sobriedad se ahonda en Yerma, eterno tema de la maternidad frustrada. La íntima tragedia que desgarra las entrañas de la esposa, resuelta salvajemente con la muerte violenta del marido, se adensa en un oscuro problema de honra a la manera del teatro clásico español. La desnudez del drama es muy intensa y contribuyen a ella los obsesivos cantares evocadores del lirismo hispano. La casa de Bernarda Alba, considerado como el más perfecto drama español contemporáneo, representa la síntesis lorquiana de lo trágico. El contraste entre la hondura existencial de la madre y el vitalismo juvenil de las hijas es de una austera sobriedad rayana en lo imposible. El estremecedor silencio de la casona muerta, el luto que entierra en vida el exultante erotismo femenino, llega a su máxima tensión cuando Bernarda impone a sus hijas la terrible soledad de la callada tragedia. Hoy se está mucho más cerca de G. L. como dramaturgo que como poeta. Podríamos completar esta nómina con otras obras menos significativas: Teatro breve (1928), Así que pasen cinco años (1931) y El público (1933).

      Obras en prosa. Su primer libro fue Impresiones y paisajes (1918), demasiado modernista; recuerdos juveniles de una excursión realizada por Castilla y Andalucía. Si no vemos en él despuntar al genio, admiramos la sinceridad de sus confesiones y cierta contenida emoción ante el horizonte de unas tierras entrañablemente humanas. Muy significativas, para la comprensión de su mundo poético, fueron las conferencias Teoría y juego del duende y Las nanas infantiles. Un intento de profundización en el alma andaluza lo encontramos en El cante jondo (Primitivo cante andaluz) y Arquitectura del cante jondo.

      Valoración. «Pero ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué te voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más... Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (como nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca... Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema». Esta confesión fue hecha por el propio poeta a su compañero G. Diego. Es verdad que en su obra hay mucho oficio, constante selección de motivos, pero por encima de todo sorprendemos una inspiración virgen siempre, recreadora continua del lenguaje en su lucha por expresar el alma española. Creó una nueva musicalidad; cadencias y ritmos intuidos que unían una vena tradicional y rica, la de los cancioneros (v.) y romanceros (v.), con lo más nuevo de los vanguardismos (v.) de época. Por eso, no puede ser un poeta popular. La riqueza de su rima asonante, la variedad estrófica, los motivos populares y folklóricos, las audacias barrocas, se remodelaron y adquirieron una extraña personalidad. Su castellano poético ensanchó los dominios del idioma lírico y tuvo honda repercusión en las obras de numerosos poetas hispanoamericanos y españoles. Se ha dicho que a través de su poesía no canta su propia alma, sino la de Andalucía, y con ella, la de España. La creciente admiración que suscitó antaño el sugestivo Romancero, el Llanto o el Poema, se vive hoy en su teatro, donde encontramos eternas pasiones de hombres para hombres. La dramaturgia contemporánea presenció una nueva tragedia clásica, rediviva, rectilínea y pura, como salida de la inspiración de Sófocles o Eurípides.

      V. t.: GENERACIÓN DEL 27; SURREALISMO II.
P. CORREA RODRÍGUEZ.
    BIBL.: Obras completas, pról. de J. GUILLÉN y epílogo de V. ALEIXANDRE, 15 ed. Madrid 1969; C. RAMOS-GIL, Claves líricas de García Lorca, Madrid 1967; C. ZARDOYA, Poesía española del 98 y del 27. Estudios temáticos y estilísticos, Madrid 1968, 255-93; A. DEL Río, García Lorca: poeta en Nueva York, Madrid 1958; G. CORREA, La poesía mítica de Federico García Lorca, Univ. de Oregón 1957; CH. EICH, Federico García Lorca poeta de la intensidad, Madrid 1958; M. LAFFRANQUE, Les idées esthétiques de Federico García Lorca, París 1967; J. M. FLYS, El lenguaje poético de García Lorca, Madrid 1955; G. DÍAZ-PLAJA, Federico García Lorca, Madrid 1954; J. L. CANo, García Lorca. Biografía ilustrada, Barcelona 1963; J. L. FLECNIAKOSKA, L'Univers poétique de Federico García Lorca, Burdeos 1952; Á. DEL Río, Vida y obras de Federico García Lorca, Zaragoza 1952.

     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio

 
© Copyright. Todos los derechos reservados. Montané Comunicación, S.L. C/ Escultor Peresejo, 70 - 28023 Madrid - España