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Mal conocida la prehistoria de la región de los tres ríos (Sarthe, Loira y Mayenne), debemos señalar, sin embargo, los yacimientos prehistóricos de Louverne, Saulges y Mézangers, y los restos megalíticos de Duneau, la Lande des Soucis y la Mayenne.
Hacia el s. VI o V a. C., la región estuvo poblada por los aulerques diablintos, con capital en Noviodunos (actual Jublains), y los aulerques cenomanos, con capital en Vindinon (Le Mans), vencidos por Craso en el 57 a. C. y definitivamente incorporados a Roma por Fabio en la campaña de Alesia, en la provincia lyonense. A mediados del s. V, las invasiones germánicas unificaron el territorio bajo la denominación de Pagus Cenomannicus y, hasta las invasiones normandas del s. X, nada sabemos de la región en su época merovingia y carolingia, excepto que la cristianización debió de producirse ya en el s. IV. Hacia el 865, según el único testimonio de los Annales de S. Bertin, los normandos realizan su primera incursión al M., que se repetirá en las decenas siguientes hasta el 91l. Como consecuencia de esta época de inseguridad, se afirma el régimen feudal en la persona de los primeros condes, Roger y su hijo Hugo, hacia el 890. Pero estos orígenes oscuros no se concretan hasta el s. XI, con Herbert Eveille-Chien y otras dinastías feudales en Sablé, Mayenne, Laval, la Ferté, la Suze, Montfort, etc. Los s. XI y XII trascurren en luchas intestinas de estas familias, mientras aparecen numerosas abadías como las de la Couture, Evron y Saint-Calais, entre las benedictinas, y Le Louroux Bellebranche y Clermont, cistercienses.
Al finalizar el s. XIII, la monarquía francesa se inmiscuye en las guerras feudales y pone el país bajo su autoridad (1288); y poco después, en la guerra de los Cien Años (v.), pocas regiones sufrieron como el M., situada entre Normandía y Bretaña y, por tanto, zona de fricción por excelencia, asolada por las tropas de Du Guesclin que obtuvo en M. resonantes éxitos (1370). Con la locura de Carlos VI y la lucha entre armagnacs y borgoñones, M. fue devastada por la guerra entre el duque de Alen~on y Luis de Anjou, titulado conde de M. Una vez más, en el s. XV, la invasión inglesa produjo otra etapa de dominación extranjera (en la que el regente Bedford se atribuyó el condado de M., 1425), que habría de durar hasta 1450. El reinado de Luis XI presencia las últimas luchas feudales, encabezadas por su propio hermano el duque de Berry unido a Carlos el Temerario, pero, a la muerte de Carlos V de Anjou, conde de M., el país fue definitivamente incorporado a Francia (1481).
Con la paz se inicia un resurgimiento industrial-textil en los centros de Laval (lino), Mayenne y Cháteau-Gontier, que se mantendrá potente hasta el s. XVIII; y, junto a este progreso, un renacimiento cultural que, en el s. XVI, ofrece la instalación de la imprenta hacia 1560 en Le Mans (por Denys Gaignot) y la producción literaria de los hermanos Greban, canónigos de esta ciudad, entre 1420 y 1450, autores de magníficos Misterios; con ellos sobresalen el poeta Jacques Tahureau y el precúrsor de la tragedia clásica, Robert Garnier, junto al padre de la cirugía francesa, Ambroise Paré, y el sabio Pierre Belon. Pero el s. XVI no fue sólo de esplendor cultural: la crisis de las guerras de Religión tuvieron en el Diable de Bressault, el hugonote René de la Rouvraye, su héroe. En el s. XVII, absolutamente absorbido por la vida francesa, el N. quedaba enclavado en la «Generalidad de Tours», junto a Turena y Anjou (1618); su actividad económica seguía siendo principalmente agrícola (forestal) y textil, con alguna industria metalúrgica en la zona de Le Mans.
En 1790, el decreto de la Constituyente desgajaba dos departamentos de M., los de Sarthe y Mayenne, y la venta de bienes nacionales alcanzaba, sobre todo en Mayenne, proporciones importantísimas. Como reacción, en 1792 la región se encontraba a la cabeza de las sublevaciones contra las medidas religiosas y militares vigentes, bajo la dirección de los hermanos Cottereau, llamados Chouans, apoyados por el marqués de la Rouerie, jefe de la Asociación Bretona. La Chouanerie con la Vendée, fueron las más peligrosas reacciones antirrevolucionarias. La situación permaneció irreductible, a pesar de la ofensiva del general revolucionario Hoche, hasta 1813 (en que aún existía la guerrilla de Fran9ois Norin); y todavía volvió a florecer de nuevo en 1832. Como consecuencia de las guerras napoleónicas, la industria textil de M. quedó total y brutalmente arruinada, al igual que la industria tradicional de la metalurgia, mientras, como contrapartida, el cultivo agrícola ha sufrido una verdadera revolución, acrecentando de un modo espectacular las tierras de cultivo, apoyada por la aceleración y ampliación de las vías de comunicación. |