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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Fidias
Categoria:
Biografía GER
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Vida. Junto con Policleto fue considerado como el más genial artista griego del s. V a. C. caracterizándose por su fuerte poder de creación de tipos divinos. Según una inscripción grabada por él mismo en el pedestal del Zeus de Olimpia, F. era ateniense e hijo de un tal Charmides. De su juventud, y de su vida en general, se conoce muy poco, ya que los escritores de la Antigüedad no le dedicaron ninguna biografía. Par°_ce ser que había empezado como pintor en la escuela de Polignoto, de donde pasó más tarde al taller de Hegias o de Ageladas, aprendiendo allí el arte en que llegó a ser maestro. Con estos cambios, la formación artística de F. se enriqueció sobremanera, alcanzando gran maestría en el dominio de todas las técnicas. La amistad que le unió a Pericles -amistad por la que más tarde se le producirían graves trastornos- le llevó a colaborar estrechamente con él en la magna obra de la reconstrucción de Atenas (v. ATENAS II). F. centró su actividad en los trabajos de la Acrópolis (v.), de los que fue intendente e inspector general. La desaparición de parte de los materiales dedicados a la estatua crisoelefantina de su Atenea Parthenos, a él confiados, hizo que se le denunciara a la Asamblea como responsable de robo. En realidad, esta acusación no fue sino un pretexto del que se sirvieron los enemigos políticos de Pericles (v.) para minar la confianza del pueblo ateniense en la obra del gobernante. Sin embargo, los re:,ultados del proceso obligaron a F. a abandonar Atenas. Se ignora hacia dónde se dirigió, pero algo más tarde se encontraba en Olimpia ocupado en los trabajos de una gran estatua de Zeus. A partir de este momento y hasta la época de su muerte, que debió acaecer hacia el 430 a. C., las noticias que de él se tienen son muy escasas y bastante confusas.
      Obra escultórica. De sus obras no ha llegado hasta nosotros ningún original, y en la mayoría de los casos, las copias son atribuciones, sin que pueda determinarse hasta qué punto responden a la obra del maestro. Su actividad debió comenzar hacia el 470 a. C. Son varias las estatuas crisoelefantinas que se le atribuyen; con cierta exactitud se conocen tres Ateneas, el Zeus de Olimpia, la Afrodita Urania, el Apolo Parnopios y la Amazona de Éfeso.
      La primera que cronológicamente se le atribuye, obra de juventud, es la Athenea Prómachos, la estatua metálica de mayores proporciones que jamás se fundiera en Atenas. Su existencia aparece registrada en algunos documentos. Parece ser que fue hecha hacia el 460 a. C. En sus representaciones en la numismática sólo puede apreciarse que esta estatua llevaba un peplos por vestimenta, un casco corintio, lanza y escudo. A través de las monedas no pueden apreciarse más detalles, pero, al parecer, se trata de una representación ideal de Atenea que marca la pauta a las nuevas Ateneas, que surgen a mediados del s. V en el arte ático. La estatua era de gigantescas proporciones y medía unos 15 m. de altura; citas literarias recuerdan que los barcos que navegaban con destino a la ciudad de Atenas distinguían perfectamente, desde la altura del cabo de Sounion, el casco y la parte superior de la gran escultura de la Acrópolis. De ella se conserva parte del pedestal, pero no hay ninguna copia, digna de especial crédito, que la reproduzca. Una posible copia, que sólo puede atribuirse a F. con muchas reservas, es un relieve hallado en la Acrópolis ateniense, en el que aparece una Atenea apoyada en la lanza y con casco corintio con cimera, pensativa y con la mirada puesta en una piedra hincada en el suelo. Una copia romana de este relieve se encuentra formando parte de la decoración de la llamada Casa de Livia.
      La segunda gran obra de F. es la llamada Atenea Leinnia, estatua dedicada por los colonos atenienses residentes en la isla de Lemnos a su ciudad materna hacia el 450 a. C. Se encontraba sobre un pedestal, al aire libre, en la Acrópolis de Atenas. Era de bronce y de dimensiones poco mayores que el natural. Atenea Lemnia aparece sin lanza y con el casco en la mano. En su cabeza se aprecian ya los rasgos típicos del rostro clásico: barbilla pequeña, labios carnosos y reducidos y frente medianamente alta; como complemento del peinado aparece un elemento que a partir de entonces se encontrará frecuentemente en el arte clásico, consistente en una cinta ancha (taenia), que sujeta los cabellos. La parte alta de la cabeza de esta estatua resulta bastante abultada si no se contempla puesta sobre un alto pedestal, revelando que F. había tenido en cuenta la perspectiva. Como copias del original fueron reconocidas un torso del Museo de Dresde y una cabeza del Museo Cívico de Bolonia.
      La tercera de las Ateneas atribuidas a F. es la Atenea Parthenos, estatua crisoelefantina, de unos 12 m. de altura, situada en la cella del Partenón ateniense, que vino a sustituir al viejo ídolo de madera. El escultor, que la había concebido como una obra para ser hecha en mármol, hubo de realizarla en marfil y oro, accediendo así a los deseos del pueblo. Inició los trabajos en el 447 a. C., terminándolos en el 430, año en que fue dedicada. Las copias que de ella se hicieron en la Antigüedad son sólo reproducciones de tamaño pequeño, pero las fuentes literarias, la numismática y las gemas, dan ocasión para conocer los rasgos más importantes y característicos del original, que ya no existe. La Atenea Parthenos se presentaba como guardiana de la ciudad, o sea, con las armas tradicionales de escudo y lanza, casco y égida. Iba vestida con un peplos ático abierto por un lado, cuyos pliegues caían verticales. Los pies asomaban bajo el peplos, e iban calzados con unas sandalias de suela muy alta, orladas, según las descripciones literarias, con escenas de la centauromaquia. En una mano sostenía a una Victoria y con la otra se apoyaba en el escudo, quedando la lanza sobre su hombro. En el escudo aparecía, por un lado, una decoración en relieve con la amazonomaquia, y, por dentro, una gigantomaquia pintada. El casco, profusamente decorado, era ático, con cimera de tres penachos sostenidos el del centro por una esfinge, y los de los lados por dos caballos.
      De tan famosa escultura sólo quedan pequeñas copias de época romana, que además difieren bastante entre sí. Unas imitan el primer estilo clásico, como la Atenea del Varvakeion y otras, entre ellas la Atenea Lenormant, la época cumbre del periodo clásico. Otra copia de la Atenea Parthenos, que imitando el estilo del periodo helenístico, es la Atenea de Pérgamo. La copia que mejor refleja los rasgos de la cabeza del original de F. es la existente en el Museo del Prado, la cual presenta gran similitud con la Atenea Lemnia.
      El Apolo Parnopios, del que es probable copia el Apolo de Kassel, y que se encontraba en la Acrópolis ateniense, es una obra de F. un poco anterior al 450 a. C. Apolo, desnudo, sostiene un arco en su mano derecha y una rama de árbol en la izquierda. Sus rasgos faciales de labios gruesos y barbilla enérgica e incluso el peinado, bastante convencional, están todavía lejos del ideal de la forma clásica.
      El Zeus dé Olimpia fue la escultura más admirada y, a juicio de los antiguos, la obra más perfecta de F. La estatua, crisoelefantina y de 12 m. de altura, estaba destinada al santuario de Olimpia. Zeus aparece sentado en un trono, envuelto en un manto de oro, y sosteniendo en su mano derecha una Victoria, y en la izquierda el cetro terminado en un águila. La estatua ya no existe, pero algunas descripciones de autores antiguos y su representación en las monedas y en las gemas de la Élida, permiten tener una idea somera de lo que fue en realidad el gran coloso de Olimpia.
      La estatua de Afrodita Urania, esculpida con un pie encima de una tortuga, se encontraba en la parte baja de la ciudad de Atenas. Probablemente es una de las obras finales de F., quizá de hacia el 430 a. C.
      Los relieves que adornaban a la Atenea Parthenos y al Zeus de Olimpia son también muestras de la gran técnica y genio fidiacos. Los relieves del Partenón, a pesar de ir unidos siempre al nombre de F., ningún autor de la Antigüedad los atribuyó jamás personalmente a él.
      El Partenón. El espíritu y la dirección de F. son palpables en el Partenón, iniciado en el 477 a. C., dedicado en el 438 y terminado en el 432. Las 92 metopas, esculpidas hacia el 438 y diseminadas, las que se conservan actualmente, entre los Museos Británico, Louvre, el de la Acrópolis y el de Copenhague, representaban una amazonomaquia en el lado O, una gigantomaquia en el E, la lucha de lapitas y centauros en el S y, desde la mitad del lado S hasta el N, escenas de la guerra de Troya. El friso jónico reproducía una procesión panatenaica. En el extremo O permanece in situ el grupo de los jinetes, compuesto de jóvenes a caballo, soldados en carro o a pie y muchachas llevando ánforas. En la parte E la procesión está encabezada por sacerdotes y jóvenes con instrumentos de ceremonia, entre los que destacan dos grupos de 10 héroes epónimos de las tribus áticas, probablemente, y a los lados, seis figuras sentadas de las grandes divinidades, además de un grupo de sacerdotes en el centro. La técnica utilizada de altorrelieve en las metopas y de bajorrelieve en el friso se acomodaba perfectamente con los ángulos de luz. El relieve, por otra parte, estaba resaltado por policromía y por incrustaciones metálicas.
      De los frontones se tiene noticia por Pausanias, según el cual, en el oriental estaba esculpido el nacimiento de Atenea y en el occidental la lucha de Poseidón y Atenea por la conquista del Ática. Según las descripciones que conocemos, también estarían representados Zeus, Hefaistos, las Eilithyae, Niké, Iris, Deméter, Perséfone, las Horas, Dionisos, el Olimpo, Helios, las Parcas, Selene, Anfitrite, Hermes, el Cefiso y Callirrhce formando un conjunto escénico de una perfección asombrosa comparado con el anterior frontón de Olimpia. Dado el volumen de la obra escultórica del Partenón, aunque participase en su ejecución un gran equipo de artistas, la idea y el espíritu que en ella reina mantiene una unidad atribuible a F.
M. PELLICER CATALÁN.
    BIBL.: A. BLANCO, Arte griego, Madrid 1967; P. DEVAMBEz, La sculpture grecque, París 1938; 1. CHARBONNEAUX, La sculpture grecque, París 1950; ÍD, la sculpture grecque classique, París 1948; CH. PICARD, La sculpture antique, 11, De Phidias a 1'ére byzantine, París 1926; ÍD, Manuel d'Archéologie grecque. La sculpture ll, période classique, V, siécle, París 1939; H. SCHRADER, Phidias, Francfort 1924; E. LANGLOTZ, Phidiasprobleme, Francfort 1948.
     

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
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