Orígenes del cristianismo en Alejandría. La sede episcopal de A. ocupó un puesto de honor desde los primeros tiempos del cristianismo. El can. 6 del conc. de Nicea (a. 325), primero ecuménico, le atribuye un puesto especial, casi a la par con Roma y Antioquía (v.). Y cuando, en el conc. Constantinopolitano del a. 381 y en el Calcedonense del 451, Constantinopla pedía para sí un rango de honor que le colocara en el segundo puesto, después de Roma, los mismos Papas defendieron los derechos primordiales de A. y Antioquía.
Los libros del N. T. no dejan constancia de una actividad misional en África (V. ÁFRICA VI), aunque se insinúan varios contactos. Desde luego, como se deduce al leer la S. E., Egipto era harto conocido para el pueblo judío, desde el patriarca José, y desde Moisés (v. v). Además de la estancia de la Sagrada Familia en Egipto, hay otras referencias en el N. T. De Cirenaica habla en diversos pasajes el libro de los Hechos, citando a veces juntos a cirenaicos y alejandrinos (Act 6, 9); Apolo, natural de A., predicaba en Corinto y en Éfeso, sin que podamos saber la fecha de su entrada en el cristianismo (Act 18, 24-19, 1). Se atribuye la fundación de la Iglesia-Madre de A. al propio evangelista S. Marcos (v.), tradición que recoge Eusebio de Cesarea como muy antigua, pero con la acotación significativa de «se dice». Otros suponen que su origen se debe a los neocristianos alejandrinos presentes y convertidos en Jerusalén el día de Pentecostés (Act 2, 10, habla expresamente de algunos de Egipto). Desde luego, extraña que S. Pablo no visitara A., que era entonces, más que la misma Atenas, capital del helenismo; al menos sí que tuvo entre sus primeros colaboradores al joven alejandrino Apolo. Dos circunstancias persuaden la pronta entrada del cristianismo en Egipto: su facilidad de comunicaciones con Palestina, y la existencia de numerosas colonias judías en sus principales ciudades (v. V); se llega a decir que sólo A. albergaba unos 200.000 judíos (y los primitivos predicadores del Evangelio solían acudir primero a las sinagogas judías).
Historia. La Iglesia alejandrina aparece a fines del s. I y comienzos del II como una Iglesia floreciente, y cabeza de las demás circunvecinas, según documento del emperador Adriano (a. 131), que habla de la cristiandad de A. como cosa ya bien conocida. Sin embargo, su especial significación y fama comenzaría principalmente a fines del s. II, con la fundación de la Escuela Catequética.(v. VI), a la que tanto relieve habían de dar Orígenes (v.) y S. Clemente de Alejandría (v.). Hasta la época del obispo Demetrio (189-232), que reclama una jurisdicción sobre toda la comarca egipcia, no se entra en el campo objetivo de la Historia. El mismo Demetrio parece haber designado tres obispos, que eran ya 23 en tiempos de su inmediato sucesor. Habría que distinguir el núcleo de los cristianos griegos, pues A. era una ciudad helenizada y prácticamente griega, y el de los nativos, que más tarde se llamarían coptos. La cristiandad inicial se fijaría sobre todo en el primero, y lo mismo que en otras partes, crecería regada con la sangre de numerosos mártires. Hacia el a. 320 se reunieron en sínodo casi un centenar de obispos; y en el conc. de Sárdica había 94 obispos de Egipto. No hemos de olvidar que precisamente en Egipto tendría su origen el monaquismo (v.).
El historiador Eusebio nos transmite la lista de los primeros obispos: Marcos (su fundador), Amiano, Abilio, Cerdón, Primo, justo, Eumenio, Marcos II, Celadión, Agripino y Juliano; nombres no ligados a ningún hecho histórico, hasta el obispo Demetrio. El s. III fue de pruebas para la Iglesia de A., que ya en el siglo anterior había padecido la plaga del gnosticismo (v.): comenzaron las persecuciones suscitadas por Septimio Severo, Decio, Valeriano y Diocleciano (v. PERSECUCIONES A LOS CRISTIANOS). A pesar de todo, se mantenía aquella Iglesia a una inconmensurable, para su tiempo, altura científica, bien probada en la conocida Escuela de Alejandría (v. VI). Entonces precisamente comenzarían sus hondas divergencias internas, primero con el cisma de Melecio, y luego con la herejía de Arrio (v.), sacerdote de Bancalis (una de las iglesias de la ciudad), condenado en seguida por un concilio de unos 100 obispos, reunidos en torno a S. Alejandro (v.). No se obtuvo por ello la paz, y hubo de convocarse el primer conc. ecuménico, reunido en Nicea (v.). En A. existieron grandes impugnadores del arrianismo, como el citado S. Alejandro y S. Atanasio (v.), ambos obispos.
Los s. IV y V fueron de paz, aunque perturbada por las aspiraciones de la nueva Sede constantinopolitana contra las de A. y Antioquía. Cuando poco después del primer concilio, el patriarca Nestorio (v.) de Constantinopla caía en la herejía, su principal impugnador sería precisamente S. Cirilo de Alejandría (v.). A la herejía nestoriana seguiría la monofisita, en la que había de tener un influjo capital la sede de A. (v. EUTIQUES), CUYO patriarca Dióscoro cayó en ella precisamente por defender la doctrina de S. Cirilo, que creía atacada por las definiciones del conc. de Calcedonia (v.). He ahí la razón de.por qué la importante Iglesia de A. se convirtió en una Iglesia monofisita, monofisismo (nominal) que dura en la Iglesia copta de nuestros días (v. MONOFISISMO).
Patriarcados disidentes y católicos. En la actualidad existen en A. cuatro Patriarcados, dos disidentes, monofisitas, y dos católicos, el copto y el melquita.
El destierro del citado patriarca Dióscoro, decretado por las autoridades bizantinas, molestó a los fieles alejandrinos, que rechazaron obstinadamente la fórmula de Calcedonia, más quizá por antipatía a la Iglesia oficial y al Gobierno bizantino del que dependían, que por convicción religiosa o teológica. Se notó desde un principio una doble corriente; el elemento propiamente bizantino, conocido con el apelativo genérico de melquita (v.) o partidario del Emperador, que permanecía generalmente adepto a Constantinopla en una postura doctrinal perfectamente ortodoxa; y el elemento nativo, que iba trai sformando su particularismo nacional en una profesión de herejía. Situación de ficción que duró hasta la ocupación árabe en el a. 640. Unos y otros seguían, sin embargo, el mismo rito litúrgico, llamado alejandrino, o copto (v. VIII), hasta que los melquitas lo abandonaron totalmente en el s. XIII, adoptando el rito bizantino (v. CONSTANTINOPLA IV), aun dentro de la Iglesia de A. (v. MELQUITAS).
Al llegar los árabes a Egipto, había unos seis millones de monofisitas, y unos 200.000 ó 300.000 ortodoxos o católicos, en su mayoría melquitas. Los mahometanos fueron bien recibidos por los coptos (casi todos monofisitas), más inclinados a ver en su llegada el fin del dominio bizantino que la ruina del cristianismo. Pero la persecución comenzaría pronto. Además, la laxitud de la moral mahometana fue consiguiendo que un buen número de monofisitas se pasaran al mahometismo. En 1517 se apoderaron del país los turcos, que no modificaron el estatuto de los cristianos (v. LUKARIS, CIRILO). En 1798 se dibuja una nueva etapa con el paso de los franceses a las órdenes de Napoleón, y desde 1811 Muahamad Alí aseguraba a todas las confesiones religiosas del país al menos cierta tranquilidad. Los coptos monofisitas eran unos 150.000 en 1842. Entonces mismo comenzaba una renovación religiosa, y en la actualidad el Patriarcado copto monofisita tiene 23 eparquías con unos 2.500.000 fieles.
Los melquitas que se separaron de Roma constituyen el Patriarcado ortodoxo melquita, de menos importancia. También los melquitas, y con mayor razón, quedaron expuestos a las iras árabes. Hoy son unos 100.000. Su patriarca ortodoxo, que reside en A., lleva el título de Papa y Patriarca de la gran ciudad de A., de Libia, de Pentápolis, de Egipto y de Etiopía. Tiene 11 eparquías y unos 100.000 fieles. Pero muchos de estos melquitas han salido de Egipto en los últimos años; después de 1961 no quedaban más que unos 35.000.
En cuanto a los católicos, el Patriarcado melquita alejandrino tiene poca importancia, pues sus fieles apenas sobrepasan los 25.000 y no tienen patriarca propio. Desde Máximo III Mazloum, en 1838, se vienen acumulando personalmente en el de Antioquía los otros dos Patriarcados melquitas, el de A. y el de Jerusalén, gobernados por vicarios patriarcales, dos para Sudán y Egipto, y uno para Jerusalén (V. ANTIOQUÍA DE SIRIA V).
Más importancia tiene el Patriarcado copio católico alejandrino, restablecido definitivamente por León XIII en 1895. El primer patriarca designado, Cirilo Makarios, decayó en su celo después de varios años de apostolado fructuoso y dimitió en 1908. Se sometería nuevamente en 1912, y moriría en Beirut en 1922. Pero el Patriarcado quedó vacante hasta agosto de 1947, en que fue nombrado patriarca mons. Marcos II Khouzam. Hoy lo es el card. Esteban I Sidarous. En la actualidad el Patriarcado tiene tres eparquías sufragáneas: Assiut, Minya y Tebe; en total, 106 parroquias, 88 sacerdotes seculares, 58 religiosos y 82.894 fieles. |