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Gran Enciclopedia Rialp: Humanidades y Ciencia. Última actualización 1991
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Acólito
Categoria:
Religión Cristiana
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
    Etimológicamente, a. es un término griego compuesto de à y kèleuzos, cuya significación es: el que acompaña de cerca. En cuanto a su naturaleza, el a., según testimonio del Liber Pontificalis (ed. Duchesne, París 1884, I, p. 161), aparece como el grado inmediatamente anterior al subdiaconado dentro de la jerarquía del Orden (v.) sagrado. El Catecismo Tridentino lo considera como la última y suprema de las órdenes llamadas menores (II, 7, 18).
      El origen del a. es ciertamente romano, no obstante su denominación griega. Y no parece que su institución sea anterior a la primera mitad del s. III. En cuanto a sus funciones, no tenemos testimonios claros anteriores al s. IV. Parece ser que en Cartago se les utilizaba para llevar auxilios pecuniarios a los cristianos condenados a las minas. Por otra parte, el martirio de S. Tarsicio (v.) ha permitido a algunos conjeturar que en Roma, en circunstancias especiales, se encomendaba al a. llevar la Eucaristía a los cristianos encarcelados. Pero, en realidad, sólo a partir del s. IV aparecen con mayor claridad las funciones del a. El papa Siricio (m. 398) señala los 20 años, más o menos, para la admisión en el acolitado (PL 13, 1142). Inocencio I (401-417) afirma en carta a Decencio de Gubbio (PL 20, 556) que los a. llevan el fermentum a los sacerdotes titulares que por atender a sus iglesias no pueden acudir a la misa del Pontífice. Esta función directamente relacionada con la Eucaristía fue, sin duda, la más característica de este grado jerárquico. Pero, en tiempo del papa Gelasio (m. 496), había ya desaparecido. S. Isidoro de Sevilla (m. 636) llama a los a. ceroferarios, porque «llevan cirios encendidos cuando se canta el Evangelio» (De eccles. offic.: PL 83, 793).
      En nuestros días las funciones del a. se reducen, de acuerdo con el rito de la Ordenación, a llevar el cirial, encender las luces de la Iglesia y servir el agua y el vino para la Eucaristía. No obstante, no son funciones de su exclusiva competencia, ya que cualquier varón suficientemente preparado puede también ejercerlas.
RAÚL ARRIETA.
    BIBL.: H. LECLERCQ, Acolyte, en DACL I, 348-356; R. MONITOR, El espíritu del sacramento del Orden, Bilbao 1960, 175-207.

Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991.
Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L.
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